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Propaganda y cine nazi: sus intenciones y efectos en la sociedad durante el periodo entre guerras

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº55

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº55 [ISSN: 1668-5229]

Ensayos Contemporáneos. Edición XI. Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2013

Año IX, Vol. 55, Septiembre 2013, Buenos Aires, Argentina | 92 páginas

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Rojas Olivera, Francisca; otros

Introducción
Los inicios de la propaganda pueden rastrearse hasta la época romana, utilizada por la curia con la finalidad de difundir diferentes mensajes religiosos. Con el pasar de los siglos, esta forma de comunicación fue evolucionando. Especialmente
con el auge de los regímenes totalitarios en el siglo XX, la propaganda comienza a ser utilizada para la difusión a una audiencia masiva de diferentes mensajes ideológicos. Durante la Primera Guerra Mundial, su rol fue, en efecto, protagónico,
al hacer uso de los medios de masas y generar grandes cambios en la sociedad y en el poder político.
Luego de analizar cómo la propaganda era un método efectivo para poder llegar a los ciudadanos y transmitir así diferentes
ideologías, Hitler decidió hacer uso de este medio –o mejor dicho abuso– durante el periodo de entreguerras transcurrido
entre la primera y la segunda contienda mundial, lo que le permitió sostener y fortalecer su régimen. La idea era transmitir la ideología nazi y poder influir sobre la sociedad, convenciendo al pueblo que las decisiones que se tomaban eran ética y moralmente correctas, orientados a lograr fortalecer al pueblo alemán.
Uno de los principales medios de comunicación utilizados en esa época fue el cine, censurado y manipulado por el régimen
nazi. Su intención era transmitir los ideales nacionalistas y tratar de convencer a la sociedad bajo una ideología que
cambiara el rumbo de la historia de la humanidad.
Como afirman Pratkanis y Aronson (1994):

Para Hitler la propaganda no era más que un medio para conseguir un fin, en su caso la promoción del Estado alemán
y la implantación y perpetuación del gobierno del Partido Nazi. En este marco, la persuasión no conocía ética alguna; no había más norma que la del éxito o la del fracaso.

La Real Academia Española define a la propaganda como “la acción o efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer
adeptos o compradores”. Por su parte, Leonard Doob la define como el “intento sistemático de un individuo o varios de controlar actitudes y, por consiguiente, las acciones de grupos de individuos mediante el empleo de la sugestión”.
En definitiva, y dentro del contexto de la comunicación social, se entenderá por propaganda “la acción sistemática y reiterada, ejercida por múltiples canales, sobre la opinión pública, con una finalidad persuasiva, para promover una ideología/ doctrina o incitar a la acción mediante la canalización de actitudes y opiniones en una determinada sociedad”. Asociaremos, entonces, el término con el control de la opinión pública mediante el uso de medios de comunicación masivos.

Desarrollo
Adolf Hitler dirigió el Partido Nacional-Socialista Obrero Alemán desde 1921. El partido era de carácter nacionalista, antisemita y totalmente contrario a lo establecido en el Tratado de Versalles. La crisis de 1929 tuvo un gran impacto en Alemania, lo que permitió que Hitler conquistara el apoyo del capital alemán y de vastos grupos de la población. En 1933 fue nombrado canciller y comenzó su plan de terminar con la democracia en Alemania, proclamándose Führer (líder, jefe). (Ocaña, 2010)
Con la prohibición de los partidos, eliminó cualquier tipo de libertad y organizó una de las persecuciones más grandes de la
historia. Los grupos paramilitares del partido nazi, las SA, las SS, y la policía secreta, la Gestapo, organizaron un verdadero
régimen de terror, que permitieron el desarrollo de las convicciones de Hitler en Alemania cambiando así la mentalidad de
una sociedad aterrorizada bajo un régimen del terror.
Como sostiene Ocaña (2010): “al igual que el fascismo italiano, el nazismo implantó el control estatal de la economía,
enfocándola hacia el rearme, y se lanzó a una política expansionista, a la que añadió una brutal política racista”.
La propaganda utilizada durante la Primera Guerra Mundial fue sin lugar a dudas un precedente determinante para el desarrollo del nazismo. Según De Fleur (1993), el desarrollo de la propaganda se produjo en un ambiente intelectual donde
las teorías de comunicación de masas eran simples, ya que suponían que todas las personas percibían los mensajes de
manera similar.
Luego de la experiencia de la Primera Guerra Mundial y observando las repercusiones que tuvo la propaganda en ella,
Lasswell planteó la posibilidad de una persuasión a nivel masivo.
Así nace a teoría de la aguja hipodérmica que se basa en la concepción que los mensajes de los medios, son recibidos
de manera uniforme por todo miembro del público y que las reacciones de éstos serán consecuencia de los estímulos recibidos.
Como sostiene Wright (1975): “Cada miembro del público de masas es personal y directamente atacada por el mensaje”.
La función manipuladora anteriormente mencionada, se percibe como una función que se activa en medio de la sociedad masas, en tanto la sociedad se compone de individuos atomizados. Una sociedad, en la que como sostiene Wolf (1994):”cada individuo es un átomo aislado que reacciona por separado” lleva implícita una “predisposición a la
manipulación, ya sea desde la publicidad, o desde los gobiernos que buscan en la sociedad una conducta determinada y
homogénea”.
El desarrollo de la propaganda debe entenderse dentro de la historia general de la comunicación social, al igual que la
historia del cine, del periodismo (en sus diferentes medios) o la de las telecomunicaciones.
Cada hecho u acontecimiento tendrá diferentes repercusiones al ser observado dentro de determinados contextos; es
por esto que la relevancia del nazismo en la historia de la propaganda adquiere una singular importancia en el desarrollo
histórico de la misma.
Así, podrá comprenderse el rol protagónico de la propaganda dentro del contexto nacionalsocialista desde dos perspectivas; una interna que hace alusión a la gran importancia de la propaganda en el propio sistema nacionalista; y una externa que muestra cómo ésta influyó en la concepción de propaganda utilizada por diferentes países.
Según el historiador Alejandro Pizarroso (1993): “en el régimen hitleriano y en su actividad previa a la toma del poder; la
propaganda no es sólo un aspecto fundamental, sino que en realidad lo es todo”.
Por otro lado y considerando los dichos del propio Hitler en su obra Mein Kampf (Mi lucha, publicado en 1925) el Tercer
Reich implanto la novedad de un régimen construido básicamente sobre la importancia que se le dio a la propaganda.
Esto fue confirmado por el propio Hitler durante el desarrollo del congreso de Nüremberg (1936), cuando sostuvo que “la
propaganda nos ha conducido hasta el poder, la propaganda nos ha permitido conservar después el poder; la propaganda
nos concederá la posibilidad de conquistar el mundo”.
El nazismo como parte de su ideología utilizó el control de la población interna como método de apoyo a sus convicciones,
utilizando a las tecnologías de las comunicaciones como medio de emisión de los mensajes. Como destaca Albert Speer
(ministro de Armamento y arquitecto personal de Hitler), la diferencia entre el régimen nazi y todos sus predecesores en
la historia radica en la gran utilización de los medios.

Fue la primera dictadura del presente periodo de desarrollo técnico moderno, una dictadura que hizo un uso completo
de todos los medios técnicos para la dominación de su propio país. Mediante elementos técnicos como la radio y el alto-parlante, ochenta millones de personas fueron privadas del pensamiento independiente. Es así como se pudo someterlas a la voluntad de un hombre.

Cuando Hitler asumió el poder en 1933, Joseph Goebbels, asumió como ministro del Ministerio del Reich para la ilustración
popular y propaganda. Su primera acción fue apoderarse de los medios de comunicación de masas para inundarlos con
propaganda política. La frase de “Una mentira repetida mil veces se transforma en una gran verdad” refleja la postura que
adoptó Goebbels. El plan era sencillo, una vez en el Gobierno y con la posibilidad de monopolizar el aparato mediático del
país, Goebbels prohibió todas las publicaciones y medios de comunicación que estaban fuera de su control.
Con la creación del Ministerio del Reich para la ilustración popular y propaganda, la concepción de propaganda cambió
completamente, atribuyéndosele ahora un sentido positivo.
Como afirma Emma Rodero (2000):

La principal acción de Hitler consistió en modificar el sentido peyorativo que había adquirido el termino años posteriores
a la I Guerra Mundial, precisamente por el uso y abuso de la mentira durante la contienda”; se puede afirmar entonces que la primera acción propagandística fue cambiar la mentalidad de los alemanes al atribuiré a la propaganda un sentido positivo.

La importancia histórica de la propaganda nazi sobrepasa incluso los límites del totalitarismo. Más allá de la práctica
propagandística, la teoría nazi de la propaganda se basaba en una lógica simple y directa reflejada en tres pilares fundamentales: anticomunismo, anticapitalismo y antisemitismo.
El primer pilar fundamental de la consistente propaganda nazi se basaba en el rechazo a la organización política de las
democracias y de la Unión Soviética, las cuales eran vistas como fórmulas infectadas de corrupción, afirmando que la
democracia deriva en comunismo, desorden y pérdida de las tradiciones. Todo esto se contraponía con la ideología nazi, en
la que el Estado figuraba sobre el individuo y tenía la función de priorizar y cultivar las tradiciones nacionales. Respecto del
anticapitalismo, el nazismo acusaba al libre mercado de ser el culpable del desempleo y de la crisis económica que hundía
más y más a Alemania.
El tercer pilar de la propaganda nazi fue la convicción de la superioridad de la raza aria sobre el resto de las razas. Esto
era utilizado, a su vez, como una forma de inculpar a algún sector por la gran crisis económica que hundía al país. Fue así
como se comenzó a culpar a la comunidad judía de la desgracia alemana. Se observaba a los a los banqueros judíos como
los responsables de administrar las reparaciones de guerra impuestas a Alemania tras la Primera Guerra, pactado en el
Tratado de Versalles. Sin embargo, el objetivo real de este discurso era eliminar las diferencias grupales entre los propios
alemanes para lograr construir una potente identidad, y así posteriormente enfrentar a un enemigo común, a través de la
utilización del odio étnico.
En este contexto, interesa reflexionar sobre la ética y la moral en la propaganda nazi. El concepto de ética, está vinculado
con la aspiración de una vida cumplida bajo el signo de las acciones consideradas buenas; mientras que el término de
moral se focaliza en el campo de la obligación, de las normas, leyes y prohibiciones.
Paul Ricoeur (2002) define a la ética bajo el alero de tres conceptos principales: “Tender a la vida buena, con y para los
otros, en instituciones justas”. Para poder entender esta definición debemos analizar cada uno de estos tres componentes.
Primero, es primordial entender que el concepto de “tender a la vida buena” está vinculado con el deseo de lo que podríamos hacer o querer. Para eso existen dos fundamentos: el primero se relaciona con la idea de elección por las preferencias y la segunda con la capacidad de introducir cambios para realizar algo nuevo.
El segundo término “con y para todos” hace referencia a que una persona no puede verse a sí misma como un ser único y
aparte de la sociedad, sino más bien debe integrarse con los otros para poder formar parte de la población. La última frase
“en instituciones justas” puede hacer referencia a la necesidad de delegar en estas instituciones el cumplimiento de la
igualdad de derechos.
Por su parte, la moral puede ser definida como la relación entre lo obligatorio y formalismo, la cual se encuentra estrechamente vinculada con los tres términos de la ética. La ética y la moral se componen de valores que se van modificando con el paso del tiempo, para poder así adaptarse a las necesidades de las diferentes generaciones, aunque continúan presentes a lo largo de nuestras vidas. Luego de haber definido estos conceptos principales, es posible preguntarse si la propaganda nazi es vista como ética y moral.
Desde el punto de vista actual, puede afirmarse que al hacer un uso no ético de la propaganda, estimula un modo de desinformación y censura, la cual se vale de la retórica para convencer a los destinatarios. La propaganda nazi es vista como un modelo no ético de información, ya que en sus avisos no existía la verdad; toda información real era irrelevante; la historia y los mensajes de los medios eran sólo una narrativa; y la verdad era lo que se quería creer.
Estas características dejan en claro que la información que deseaban emitir podía ser totalmente falsa, a lo que Goebbels
añade su famosa frase de “mentir, mentir, que algo queda”.
En otras palabras, una vez que comienza a circular una información, sea ésta verdadera o falsa, la sociedad se va a ver
directamente influenciada por ella, pudiendo así ser utilizada como un hecho verdadero y confiable.
Las palabras de Goebbels evidencian que la propaganda nazi fue absolutamente no ética, ya que no cumplía con la premisa
de Ricoeur de “tender a la vida buena con y para los otros, en instituciones justas”.
Los políticos sólo se focalizaban en sus objetivos y no tomaban en consideración los dos últimos términos de la definición
de ética. En principio, la propaganda nazi no estaba orientada hacia todos, ya que se tenía en mente únicamente el beneficio propio del movimiento nazi, y tampoco era mediante instituciones justas ya que también eran manipuladas por los directivos del partido.
Los nazis manipularon todo los medios de comunicaciones.
Uno de los más afectados fue el cine, que a su vez también sufrió la censura. Todas las películas que eran emitidas debían
contener un mensaje pro-nazi. El Estado era quién se ocupaba de emitir películas documentales de propaganda, utilizando
todos los adelantos de la técnica y el arte.
El fin justifica los medios, es la tradición más pura de la propaganda y la política maquiavelianas. O como afirma Pratkanis
(1994), para Hitler:

La propaganda no era más que un medio para conseguir un fin, en su caso la promoción del Estado alemán y la implantación y perpetuación del gobierno del Partido Nazi.
En este marco, la persuasión no conocía ética alguna; no había más norma que la del éxito o la del fracaso.

La propaganda no buscaba sólo fortalecer la fidelidad al régimen o el odio hacia los judíos, sino también difundir formas
culturales consideradas propias o saludables para la nación, identificadas con la raza aria. Los jóvenes fueron los más afectados, porque se crearon instituciones destinadas a su socialización en los términos de la ideología nazi, como las juventudes hitlerianas en las que los jóvenes recibían una cuidadosa educación física y un adoctrinamiento político afín al partido.
Para Hitler (1925), en efecto, “la propaganda intenta forzar una doctrina sobre la gente… La propaganda opera sobre el
público general desde el punto de vista de una idea y los prepara para la victoria de esta idea”.
En el cine del Tercer Reich es posible encontrar elementos en común entre el fascismo y el totalitarismo: el desprecio
por el cine de autor y el mercado de producciones de carácter popular. Como consecuencia del control totalitario de los medios de comunicación, prácticamente toda la prensa era de carácter nacionalista, logrando de esta forma penetrar estas
ideas en el pensamiento de todo el pueblo alemán.
Las producciones rodadas durante este período estaban sometidas a estrictas normas, y sufrían un control permanente
y una censura brutal; sólo se podía mostrar lo que el régimen permitía. El primer gran momento del séptimo arte utilizado
con fines propagandísticos fue en 1933, cuyo propósito fue consolidar la imagen del hombre nacionalsocialista.
Esta etapa fue más bien débil en comparación con el gran salto ocurrido como consecuencia del estallido de la Segunda
Guerra Mundial en 1939. El cine en particular jugó un papel muy importante en diseminar el antisemitismo, la superioridad
del poderío militar alemán, y la maldad intrínseca de los enemigos, tal como eran definidos por la ideología nazi.
La primera producción fue un documental llamado El judío eterno, dirigida por Fritz Hippler, que mostraba cómo el idealismo
alemán se enfrentaba al egoísmo judío. Los judíos son difamados tildándolos de malvados, egoístas o parásitos que
sólo encuentran la felicidad en el dinero; idea que se contrastaba con el prototipo alemán del trabajador honesto.
Line Liefenstahl, nacida en Berlín el 22 de Agosto de 1922, fue una actriz y cineasta alemana, célebre por sus talentosas
producciones propagandísticas del régimen de la Alemania nazi. Line fue una de las pocas cineastas que no se exilió y
que trabajo trabajó codo a codo con el régimen nazi, el cual le brindo todos los medios técnicos y económicos necesarios
para la realización de diferentes proyectos.
Hitler consideraba que la derrota alemana en la Primera Guerra no había sido en el campo de batalla, sino que era la consecuencia directa de la propaganda enemiga. Fue entonces cuando Hitler consideró que una de las mejores formas de
llegar a las masas era a través del cine; y considera a Line Liefenstahl para la realización de un documental que muestre
la concentración del Partido Nazi en el Campo Zeppelín de Núremberg en 1933. Tal propuesta se materializó en lo que hoy se conoce como La Trilogía de Núremberg, uno de los documentales político-propagandísticos más efectivos jamás filmado, compuesto por: Der Sieg des Glaubens (Victoria de fe, 1933); Triumph des Willens (El triunfo de la voluntad, 1934); Tag der Freiheit: Unsere Wehrmacht (Día de libertad: nuestras Fuerzas Armadas, 1935).
Los tres documentales buscan evidenciar la ideología nazi, mostrando además las grandes virtudes de su líder. Se mostraba a masas fanatizadas y enfervorizadas con la presencia del Führer bajo la mirada crítica de jóvenes, que lo escuchaban con respeto y lo clamaban mostrando así una gran masa única.
Junto a la figura del líder se resalta además todo el estilo fascista, su iconografía y simbología: esvásticas, banderas, estandartes, desfiles militares entre otros. Este documental es considerado uno de los mejores de propaganda política de la historia y sentó las bases para futuros filmaciones de eventos masivos.
Posteriormente Riefenstahl recibió otra gran responsabilidad: inmortalizar los Juegos Olímpicos de 1936 desarrollados en el
Estadio Olímpico de Berlín, en la Alemania Nazi. El resultado final de esa misión fue Olympia, el primer largometraje filmado
durante el desarrollo de unos Juegos Olímpicos.
El desarrollo de los Juegos Olímpicos al igual que los medios de comunicación fue utilizado como medio propagandístico
por el régimen nazi. Se buscaba presentar las Olimpíadas mediante coloridos anuncios que mostraban a los atletas de la
Alemania Nazi caracterizados como en la antigua Grecia. La idea final era demostrar el mito racial nazi que sostenía que
la civilización germana era la legítima heredera de una cultura aria de la antigüedad clásica. Los nazis limitaron su visión de
la antigüedad clásica a características raciales arias ideales: personas rubias de ojos azules, de aspecto heroico y facciones delicadas, semejantes a las de las esculturas clásicas.

Conclusiones
Hablar de propaganda en el caso del régimen nazi, es hablar de la política en que se basó todo un sistema. La propaganda
no supuso tan sólo un uso masivo, una acción sistemática de métodos y técnicas, sino toda una estrategia política sobre la
que se sustentó todo el régimen.
Desde el fin de la I Guerra Mundial y observando las consecuencias que ésta tuvo para el pueblo alemán, Hitler adquirió
plena conciencia del poder persuasivo y movilizador de un adecuado aparato propagandístico; de la importancia de la
oratoria y en definitiva, de lo que puede lograr una propaganda bien planificada.
Si la magistral aplicación de la propaganda nazi fue causante de gran parte del éxito del régimen, el otro aspecto clave
fueron las peculiaridades propias de la población alemana: no sólo su personalidad, su carácter de sumisión ante la autoridad, cierto antisemitismo, sino también las corrientes de pensamiento alemán, las circunstancias políticas, el sentimiento de culpabilidad tras la guerra, las consecuencias del Tratado de Versalles y la crisis de 1929 fueron un terreno fértil para el auge del nazismo.
Por lo tanto, es posible afirmar que la efectividad de la propaganda nazi se produjo por ambos aspectos; una compleja
maquinaria propagandística que afectaba a todos los ámbitos de la vida de los alemanes; y las características de una sociedad sumida en la culpabilidad, desorientada y sin ilusión, que sucumbió ante un mensaje de esperanza que identificó
enemigos en común, devolviendo la unidad nacional y garantizando poder y seguridad para los amigos y terror y violencia
para los enemigos.


Bibliografía
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Pratkanis, A. y Aronson, E. (1994). La era de la propaganda, traducción de Rafael Andreu y Jorge Vigil. Barcelona: Paidós.
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Tchakhotine, S. (1985). El secreto del éxito de Hitler: La violencia psíquica. En De Moragas Spá, M. (ed.). Sociología de la comunicación de masas III. Propaganda política y opinión pública. Barcelona: Gustavo Gili.
Wolf, M. (1994). La teoría hipodérmica. En: La investigación de la comunicación de masas. Crítica y perspectivas. México DF: Paidós



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