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Aportes para la formación de seres creativos en nuestra sociedad

Rolando, Fernando Luis; Cabrejas, Julia Inés [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

ISSN: 1668-1673

XV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2007: "Experiencias y Propuestas en la Construcción del Estilo Pedagógico en Diseño y Comunicación"

Año VIII, Vol. 8, Febrero 2007, Buenos Aires, Argentina. | 353 páginas

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El presente escrito ha sido desarrollado de modo interactivo a través de la web, entre los Profesores Fernando Luis Rolando (Facultad de Comunicación UP) y Julia Inés Cabrejas (Facultad de Filosofía y Letras U.B.A) tratando de aportar ideas que arrojen alguna luz sobre el proceso de formación de los seres creativos y las problemáticas que pueden dificultar este proceso dentro de la sociedad.

El mismo no trata de plantear críticas a sistemas, instituciones, personas, grupos, países o gobiernos, ni busca obtener un listado de fórmulas sobre cómo desarrollar la creatividad. Es más bien una indagación desde el profundo campo de la filosofía, tratando de plantear preguntas motivadoras, que nos develen cierta iluminación acerca del proceso creativo en la mente humana desde que nacemos, para que sirva a los docentes y lectores interesados.

Primeras reflexiones

Gaston Bachelard, dijo una vez: “Conocer es aprender a olvidar...”, solo si podemos “olvidar” los patrones preadquiridos, s i podemos jugar a reconstruir lo construido, podremos “ver” un objeto o un problema desde un lugar virgen, que nos permitan abordar la búsqueda de una nueva solución y plantearnos o formularnos nuevas preguntas. Y en este planteo, las preguntas son más importantes que las respuestas. Y a lo largo de estas reflexiones trataremos de encontrar algunas.

En los tiempos que corren el olvido se ha apoderado de nuestras mentes. Pero no la forma de “olvido creativo” y desestructurada planteado por Bachelard necesario para diseñar y resolver las necesidades espirituales y sociales del hombre de hoy.

Es otra forma de olvido porque los adultos hemos olvidado al niño que fuimos, hemos dejado de lado el juego, la exploración, el descubrimiento, la capacidad de sorprendernos con el otro, para adentrarnos en una sociedad repetitiva e indiferente cuyas fórmulas creativas “innovadoras” parecen algunas veces estereotipos de tiempos pasados.

Así, en muchos casos, aunque no siempre, las supuestas vanguardias en realidad son sólo un remixado de un tratado de historia de la comunicación humana escrito, en el mejor de los casos, por algunos personajes innovadores hace más de medio siglo.

Es decir, en muchos casos se enseña el pasado (usando formulas repetitivas perimidas), simulando que se anticipa el futuro.

Pero este pasado “parece futuro”, solo por el desconocimiento que las nuevas generaciones tienen de etapas anteriores.

A veces, no se aprenden aspectos del pasado como un marco de referencia que plantee posibles escenarios futuros. La historia es enseñada y aprendida como una sucesión de hechos cuasi naturales y estáticos, los cambios históricos parecen realizados por grandes héroes inalcanzables y sobrenaturales. Nos olvidamos que la historia permite aprender de los errores del pasado y construir en el presente, nuestro futuro deseado. De esta forma, la realidad actual se presenta y es entendida como la única posible, destruyendo toda posibilidad de proyección y transformación que nos permita pensar un mejor futuro. El pasado está congelado y en muchos casos, cuando este se desconoce, aparece como una transposición casi literal del pasado al presente, para resolver problemáticas de hoy. En el fondo “en la era de las comunicaciones” esto no es más que una forma de estancamiento para los propios docentes y para los jóvenes desprevenidos.

La formación profunda de seres creativos, se vislumbra posible, si los que la reciben son estimulados a pensar desde sí, a ejercer la capacidad de duda acerca del mundo que los rodea, a conocer el pasado como una primera referencia, construyendo y desarrollándose creativamente desde el hoy.

Para algunos creadores, el ejercicio del olvido puede ser un método, una forma de desestructurarse, de sacarse de encima los modelos pre-adquiridos tratando de recuperar a través de lo lúdico, de la multiplicidad de puntos de vista: la capacidad de sorpresa.

Sin embargo, no es esta clase de olvido a la que asistimos en el presente de nuestra sociedad.

No existe el recuerdo, casi se ha dejado de sentir, en un mundo globalizado cuasi anestesiado por la interferencia, por la contaminación visual y auditiva, por “el ruido” que producen las imágenes y los sonidos.

Vivimos en la inercia de una sociedad vertiginosa proyectada desde las pantallas, cualquiera sea la forma que estas conlleven: celulares, monitores, televisores.

Además la necesidad mediática de nuestra sociedad de construir “simulacros de bienestar” hace que se generen modelos de conducta que atentan contra las posibilidades de formación de seres creativos.

Sistemáticamente, los medios de comunicación generan “fórmulas” para sentirse bien, estimulando a que la gente adquiera algo diseñado por los imagólogos en el territorio de la pantalla, a través de la publicidad vacía con mensajes predeterminados, carentes de contenido, confiriéndole al mundo de las imágenes (modelos, cigarrillos, autos, etc) un significado que no tienen, suponiendo que a través de esas adquisiciones se puede obtener el bienestar y la felicidad. Es decir, estos significados, modelos y “formulas” les son conferidos desde los medios, no parten de una necesidad interior de resolver un problema o avanzar en determinada dirección, sino más bien en ir en la dirección dada que anula la capacidad de decisión y por lo tanto de creación.

Estas “fórmulas” y modelos, muchas veces hacen sentir una plenitud superficial, un cierto nivel de conformidad, vacío de valores, de humanidad y de motivaciones trascendentes, que de alguna forma disminuyen o anulan el nivel de búsqueda.

Esto se da frecuentemente en los adolescentes, y en muchos casos se extiende a la vida adulta, planteándoles que los “logros” y el “bienestar interior” vendrán dados por alcanzar ciertos parámetros externos cuasimatemáticos. Así, la sociedad de consumo les promete que si poseen tal medida corporal, edad, peso, altura, color de piel, color de ojos, consumen tal cigarrillo, usan tal perfume, equis marca de automóvil o tienen esta o aquella tarjeta, lograrán llenar de “contenido” sus vidas produciéndoles una especie de “bienestar instantáneo”, porque responden a ciertos parámetros definidos en función de intereses ajenos e individualistas.

De todas maneras es importante explicitar lo agotado de este modelo, que fue puesto a prueba en la sociedad de consumo norteamericana hace ya varias décadas y tuvo en uno de los grandes revolucionarios del pop, el descendiente de polacos, Andreas Warhol una definición contundente cuando dijo al respecto: “Comprar es mas americano que pensar...” preanunciando los resultados nefastos que esta operación produciría (y produjo) sobre esta sociedad.

Sin embargo, a pesar de esta sintética y lúcida definición acerca de lo que este tipo de modelos producen a futuro en una sociedad, vemos como hoy esta actitud hacia la “gratificación envasada e instantánea” definida por intereses ajenos, se ha globalizado desde el poder y los medios. Y es así.

Sin embargo, en el sentido opuesto a este cuadro de situación, cuanto más las personas sean capaces de acercarse a su interioridad, buscando la introspección, independizándose de modelos externos prefabricados, tendrán más posibilidades de ser libres y creativos, de construir y relacionarse con los otros desde aspectos más profundos y humanos. Pero también ocurre que serán menos manejables desde el poder; es mucho más fácil operar sobre millones de personas a través de eslóganes vacíos de contenido, que educar para formar seres creativos que luego serán mucho más difíciles de domesticar dentro de un determinado sistema.

¿Y dónde queda situado el crecimiento de los seres humanos en nuestra sociedad con todo esto?

El panorama es dramático constituyéndose en una verdadera trampa intelectual dada por el supuesto avance de la formación, basándose en la influencia de los modelos transmitidos por los nuevos medios de comunicación y la globalización, como si la novedad por sí sola bastase para comunicar. Transformándose la comunicación en incomunicación y la información (información falsa y exceso de información) en desinformación.

Y quienes caen en esta trampa, dejan de crecer y se vuelven arquetipos de la insensibilidad que transitan, como pueden, en un mundo fantasmal de información prefabricada y elaborada a medida, envueltos en una especie de ensoñación (que a veces parece pesadilla) y de la que muchas veces no pueden despertar. Es una especie de “matriz”, una realidad virtual construida desde la sociedad de la información, que opera sobre el mundo real e induce comportamientos desde la niñez, siendo esta en primer lugar, a la que debemos ayudar. Asistimos a esto en el día a día, cuando vemos las conductas que se generan en los jóvenes, de cualquier condición, bombardeados por la “realidad electrónica”, de la que son objeto, generando casi siempre inmovilismo espiritual y modelos estereotipados.

En ese sentido, es tiempo de que los nuevos medios de comunicación fomenten la creatividad y estén al servicio de la revolución de las ideas.

Aquí, el arte puede ser útil como herramienta liberadora en cualquiera de sus formas: textual, sonora, visual. Pero para que esto sea posible el arte mismo debe demoler sus preconceptos, sus plagios, su superficialidad y banalidad dada en función del mercado o mercader de turno. Se debe apuntar a su sentido más profundo. Como plantea Alejandro Jodorowsky en “La danza de la realidad”: “...la finalidad del arte es curar. Si el arte no sana no es arte”. Y este puede ser un punto de partida para emprender realmente un viaje introspectivo en cada uno de nosotros para recuperar lo perdido, lo olvidado antes de que sea demasiado tarde para nuestra sociedad.

Recuperar el sentido perceptivo

Quizás para salir de este marco de situación y formar seres creativos podríamos intentar verdaderamente reencontrarnos entre nosotros como sociedad, a través de la recuperación de la mirada y del sentido perceptivo. Siguiendo esta línea, Joseph Vincent Marqués1 nos propone repensar la forma en que vivimos nuestra vida cotidiana y cómo entendemos los tejidos que construyen una sociedad. Solemos olvidarnos que somos nosotros mismos, como seres biológicos pero también sociales, quienes generamos y reproducimos la sociedad en que habitamos. Es necesario dejar de pensar como natural, y por la tanto inmodificable, aquellos hechos que son propiamente sociales y humanos. Debemos pensar, repensarnos, y dar cuenta de los múltiples escenarios que podemos construir: “No podemos entender cómo trabajamos, consumimos, amamos, nos divertimos, nos frustramos, hacemos amistades, crecemos o envejecemos, si no partimos de la base de que podríamos hacer todo eso de muchas otras formas (...) Lo que hacemos no es, sin embargo, la vida. Muy pocas cosas están programadas por la biología. Nos es preciso, evidentemente, comer, beber y dormir; tenemos capacidad de sentir y dar placer, necesitamos afecto y valoración por parte de los otros, podemos trabajar, pensar y acumular conocimientos. Pero cómo se concrete todo eso depende de las circunstancias sociales en las que somos educados, maleducados, hechos y deshechos.”2

Esa vida “que no hacemos, que no vivimos” tiene su origen en la forma en que “pre-adquirimos conocimientos” acerca de como es el mundo “real” desde el punto de vista perceptivo. Así, la Escuela de Psicología de la Gestalt ha estudiado cómo construimos “patrones” acerca del mundo que nos rodea. Estos “patrones” construyen en el niño (futuro adulto), en fases sucesivas, su forma de percibir la realidad no sólo a nivel sensorial, sino también en el plano psicológico, anulando o disminuyendo ya desde pequeños, la capacidad innata del hombre de inventar mundos nuevos, encerrando la capacidad imaginativa dentro de un campo restringido y delimitado.

Y aquí se plantea un debate: ¿Son estos patrones preadquiridos una base, una estructura que nos permite construir la identidad y la noción de la realidad a nivel perceptivo? ¿Pueden servir como punto de partida para la construcción de una identidad previa, sin la cual todo acto de creación sería imposible? o ¿Podrían generarse identidades perceptivas en base a formas inmateriales alternativas?

Son múltiples las respuestas:

Estos patrones, podrían ser en algún caso, solo un punto de partida que delinee una identidad primigenia acerca del conocimiento humano y su interacción con lo que llama “realidad” en el plano perceptivo. Pero es sólo un primer paso en la búsqueda profunda hacia la comprensión de qué es la realidad, quiénes somos y por qué estamos en este mundo. Y en ese sentido, si queremos elevar los niveles de la conciencia para que opere sobre la sociedad, llevándola quizás hacia un estadio más profundo, es esencial que todos los seres humanos interioricen y comprendan que esta “realidad perceptiva” en que viven día a día, es sólo una “estructura”. Es decir, la “realidad perceptiva” es una estructura diseñada en nuestras mentes y no está dada, no existe exteriormente a nosotros, la generamos, y por lo tanto a veces depende de patrones externos operados desde el poder de turno y podría ser cambiada desde el interior en beneficio nuestro y por ende de los demás3 . De este modo, se darían los primeros pasos para construir una revolución del conocimiento humano y quizás se utilizaría un porcentaje mayor de la capacidad cerebral al que utilizamos hoy día.

Para esto se hace imprescindible, en primer lugar, que los niños en su etapa formativa conozcan que estos “patrones perceptivos” existen, que en muchos casos los forman, y que si bien pueden contribuir a formar su identidad primigenia, también los pueden afectar y desde lo externo pueden usarse usados para condicionar sus hábitos de pensamiento futuros.

En este plano de referencia, lo “interno” viene dado por el territorio que controla cada ser humano dentro de su mente, su espíritu y la libertad con la que pueda crear, soñar y pensar dentro del mundo inmaterial. Lo “externo” es lo ajeno, lo que habita, que llamaríamos “realidad proyectada”, dada en el mundo material por: el poder, intereses, medios, seudoeducación, etc. que trata de socavar ese mundo interno que cada ser humano posee, tratando de implantarle necesidades que no tiene, influenciándolo lo suficiente para domesticarlo y adaptarlo a cualquier tipo de sistema e incluso en muchos casos haciendo que sus vidas giren en función de necesidades “externas” reduciendo los niveles de tiempo dados para sentir, pensar y crear.

De todos modos, el límite entre lo externo y lo interno lo pone cada ser y su estado de vigilia.

Lo atento que pueda estar a exponer y desestructurar este mecanismo que llamamos “realidad proyectada” desde el afuera y que aparece como natural y dada pero que es artificial e inducida.

Así, vemos lamentablemente, como estas formas perceptivas de las que hablamos, son construidas o delineadas muchas veces desde el poder, siendo aprovechadas por los distintos sistemas para moldear al ser humano abortando su vuelo en el origen. Vale un simple ejemplo de esto: los niños crean formas, dibujan y se imaginan en sus mentes lo que es una casa siendo libres obteniéndose múltiples formas de casas imaginadas antes de que comiencen la escuela. Sin embargo, cuando acceden a la “educación institucio-nalizada” en la etapa del jardín de infantes, tienden todos a representar la misma casa, la del caminito y la chimenea, es decir el mismo “patrón perceptivo”. Esto podría parecer algo elemental, si no fuera porque genera un problema mucho más profundo, si con el correr de los años, la educación modelada desde el poder (escuela, familia, gobierno, medios, etc), opera sobre esos cerebros vírgenes programándolos.

Así, en nuestras sociedades, los niños aprenden desde que nacen acerca de estándares sociales predeterminados, que generalmente responden a intereses estrictamente económicos de un sector reducido de la sociedad; se les enseña qué necesitar y qué desear para alimentar la maquinaria de una sociedad consumista. Se educa a los niños ricos para desear modelos artificiales carentes de significado alguno que les generan angustia y los hacen sufrir, que promueven formas de vida vacía de valores, de sensibilidad y en el fondo los deshumanizan. Se entrena a los niños pobres para acostumbrase a carecer, a sentirse discriminados e incluso culpables de su exclusión, y de este modo también a sufrir. A ambos se los vacía gradualmente de ideas propias (aquellas que la humanidad aún no ha tenido), solo son capaces de “tener ideas propias” y de “imaginar sus vidas” dentro de los modelos parametrizados desde los medios y se reemplazan, estas por modelos prefabricados y estandarizados que los limitan en la posibilidad de explorar sensorialmente la realidad de un modo lúdico.

De esta manera, vemos que a medida que se produce en el ser humano el crecimiento físico, pero no necesariamente interior, (debido al bombardeo permanente de estímulos mediáticos que limitan la capacidad de imaginar algo nuevo y re-imaginarse), se suman patrones cada vez mejor diseñados por el sistema, obteniéndose un adulto final reducido a un modelo parametrado, multiplicado por millones en todo el planeta y con escasas posibilidades de repensar y cuestionar la realidad en que vive, no solo desde el punto de vista espacial, (como en el ejemplo del niño y la casa), sino también en el plano social produciendo un alto grado de ansiedad e inmovilismo.

Ansiedad, porque está entrenado para adquirir (y desear) aquello que el modelo le impone como patrón, e inmovilismo, porque no encuentra salida en aquellos caminos propuestos que surgen del afuera, de las “metas” a alcanzar sugeridas por el modelo de turno y que poco tienen que ver con las propias necesidades interiores.

Podemos ejemplificar, de un modo contundente, la noción precedente respecto del crecimiento interior y las posibilidades creativas que esto ofrece, si se ponen en evidencia los patrones perceptivos pre-establecidos, en el caso del físico Stephen Hawkings. Su vida material está confinada a un cuerpo limitado por una distrofia muscular progresiva que le impide mover cualquier parte de su cuerpo excepto respirar. Esto lo ha llevado de algún modo a prescindir por un tiempo del estímulo mediático planteado por la sociedad de consumo. Así, en este mundo limitado desde el punto de vista físico, pero no imaginativo y espiritual, ha sido capaz de desarrollar en el interior de su mente una nueva concepción acerca de lo que es “la realidad” que habitamos, yendo más allá de los patrones pre-establecidos y preadquiridos quizás en su niñez, resignificando y revalorizando la búsqueda profunda del conocimiento humano. Ejemplos como este abundan a lo largo de la historia. La creación y las invenciones a través del tiempo han llegado de la mano de seres que miraron los problemas desde “otro lugar”, o “no lugar” en muchos casos, desafiando el patrón o el modelo que cada época y cada sociedad les planteaba.

Esa dinámica de rebeldía positiva hacia lo establecido, se hace cada vez más necesaria en un mundo en donde cada vez más la sociedad planetaria parece dormida por la indiferencia y los modelos preestablecidos.

Somos casi, como una sociedad de hormigas en una pecera. A veces podemos ver el tejido, el patrón que la conforma, las conductas inducidas, pero poco parece que podemos hacer para cambiarlas.

Estamos “dentro de la pecera” y hemos perdido en nuestra sociedad, la posibilidad del distanciamiento, de estar fuera de ella, de verla, de entender su funcionamiento, de imaginar otras formas de peceras y quizás hasta ninguna, en donde la energía y no la materia sean el vehículo transmisor del cambio.

Otro ejemplo de cómo influyen los “patrones predeterminados” sobre las conductas de los hombres en el mundo en que vivimos, es el caso del reciente Premio Nobel dado al economista Bengalí Muhammad Yunus conocido como el banquero de los pobres. El sentido lógico debería ser que el dinero que prestan los bancos fuera para aquellas personas que no lo tienen, que lo necesitan porque de ese modo pueden mejorar su situación y la sociedad en su conjunto tendería a ser más solidaria y a humanizarse más.

Sin embargo, el patrón preadquirido y transmitido, de un banquero a otro, de generación en generación, en el 99% de los casos es prestarle a aquel que tiene mucho dinero, relegando a la pobreza a millones de personas en nuestro país y en otras latitudes.

¿Y cual es el sentido de esto? el patrón del banquero, su “identidad”, su genotipo, fue adquirido a través de su educación en las “mejores” universidades, “formándolo” (o deformándolo) para pensar de esa manera y creer que “debe” ser así, que “esa” es la realidad, porque es lo que percibe y percibió desde pequeño, es su “realidad perceptiva”. Comprende por su formación que el mundo “debe ser” desigual. Que si alguien es pobre no tiene posibilidades y por lo tanto no “califica” para recibir ayuda.

Y entonces, gracias a este mecanismo, asistimos a que en la época de mayor avance científico y tecnológico de la humanidad, de mayor concentración de recursos y de acumulación de riqueza, tenemos los más altos niveles de pobreza, enfermedades y un nivel de deshumanización jamas visto por el hombre, que piensa en muchos casos de acuerdo a un patrón: el de la máquina, o que directamente “piensa”, si se puede llamar a eso pensar, como “una” máquina.

Y entonces un hombre, formado en esas mismas universidades (Beca Fullbright, Profesor en Estados Unidos), decide quebrar el patrón preadquirido, argumentando que no podía más sentir el privilegio de enseñar grandes teorías en la universidad y ver que en realidad, a su alrededor en las calles de su ciudad, muchos seres humanos morían de hambre.

Así en 1974, Yunus propuso una forma de organización social para las aldeas rurales a las que llamó Gram Sarker (gobierno rural). La propuesta demostró ser practicable y útil por lo que en 1980 fue adoptada oficialmente por el gobierno de Bangladesh. Desde esa época, debido a la hambruna que asolaba Bangladesh (uno de los países más pobres y poblados del mundo), tomó conciencia de que sólo se puede salir del pauperismo superando los patrones ideológicos del mercado, proporcionando microcréditos, créditos solidarios sin garantía, a los más necesitados para que puedan realizar una actividad independiente y creativa.

En 1976, a pesar de la enorme resistencia y de los numerosos rechazos de las entidades bancarias de Bangladesh, Muhammad Yunus consiguió fundar el Banco Grameen (banco rural), que en 1983 obtuvo la calidad de banco autónomo.

Hasta hoy este “banco de pobres” ha beneficiado a tres millones y medio de personas, propietarias ellas mismas del banco, en su gran mayoría mujeres, que reunidas en grupos de cinco o más, solidarias y responsables, consiguen reembolsar 9 de cada 10 de sus pequeños préstamos en contra de lo esperado por el sistema pautado.

Esta idea de romper el patrón establecido quebrando la “identidad del banquero” se ve como una rareza en este mundo, siendo suficiente, por una acción que debería ser por demás lógica, para otorgarle el Premio Nobel de la Paz (no el de Economía).

Es decir, en los últimos tiempos y cada vez más, proyectamos y vivimos, (desde el punto de vista de la creatividad y la imaginación), en ese mundo plano, cargándonos de pre-conceptos y patrones adquiridos, en función del tipo de entorno limitante en donde nos hallamos formado, dejando de lado cualquier intento de exploración.

Que este mecanismo opere cada día sobre mucha gente en la sociedad es realmente sorprendente, sobre todo si consideramos la finitud de la vida y el sin sentido de repetir modelos ajenos. De este modo, estamos desperdiciando una extraordinaria posibilidad de ser y de crecer de un modo realmente profundo, de replantear este sistema globalizado en su tejido social modificando sus bases desde el origen, desintegrando los prejuicios o pre-conceptos dados, situación que quizás nos ayudaría a revelar un poco más sobre la búsqueda verdaderamente esencial del ser humano.

El poeta surrealista Andre Breton plantea: “El hombre, ese definitivo soñador… (…) si conserva alguna lucidez no puede sino volverse hacia su infancia que, por destrozada que haya sido por sus educadores, no por ello le parece menos plena de encantos. La ausencia de cualquier rigor conocido le permite la perspectiva de varias vidas simultáneas…”

En el pasaje por esta vida no se trata de obtener logros o metas que respondan a un modelo impropio repetitivo. Quizás se trata realmente, de la aventura de “descubrir” esas vidas simultaneas que menciona Breton dentro de nosotros mismos. Tratar de conocer lo que podemos ser capaces de sentir y de crear, en este efímero paso por la vida.

Es por eso que el gran desafío de los que nos toca ejercer hoy el rol de profesores, será rescatar la sensibilidad y la capacidad de sorpresa de nuestros alumnos ante lo que nos rodea, haciendo más sencilla y natural la tarea de ayudar a los otros a buscar sus propios caminos creativos, emprendiendo e iniciando de algún modo, ese viaje, esa aventura con ellos.

Este aprendizaje en el fondo es interior y es tan válido para un docente al frente de un curso, como para un profesional que interactúa con la sociedad y toma decisiones que marcan los destinos de esta, como para un niño que será el creador del mañana.

También para pensar en el proceso creativo es fundamental dar cuenta de las diferencias. Todos los seres humanos somos diferentes, tenemos distintas perspectivas, formaciones, capacidades, inteligencias, entre otras. Si negamos, ignoramos y/o degradamos las diferencias generamos el detrimento del proceso creativo. Por un lado, nos quedamos con una perspectiva única y simplista del objeto a construir, nos perdemos el desafío de encontrar una visión que incluya las diversas perspectivas. Nos ceñimos a ese patrón pre-adquirido. Y por otra parte, nos olvidamos de algo fundamental: para qué y para quiénes estamos creando.

Por ese camino, quizás podemos convertirnos en seres creativos, pero para continuar reproduciendo aspectos de nuestra vida cotidiana y social que nos disgustan. O podemos utilizar nuestra máxima capacidad creadora para contribuir a construir una sociedad más humana, más justa y más solidaria. Podemos desarrollar nuestra capacidad creativa para que unos ganen en detrimento de otros, o podemos desarrollarla para que unos ganen y los otros también, en el sentido más profundo: fomentando la búsqueda de lo esencial, de lo que “poseíamos en nuestro origen”.

Elegir la segunda alternativa, probablemente implique un esfuerzo creativo mucho mayor y la gran aventura de alejarnos del plano meramente utilitario y material para adentrarnos en lo desconocido.

Así, cuando nos detenemos a pensar en para qué y para quiénes creamos, damos cuenta del lugar del “otro” en el proceso de creación. Es necesario usar nuestros sentidos para expandir la capacidad sensitiva, para expresar, comunicar, percibir e interactuar con el otro, de diversas formas y con reciprocidad.

Y para llegar profundamente a quien piensa diferente, como dirían los maestros orientales, se hace necesaria la introspección, buscando descender los niveles del yo, para encontrarse con el otro y con la energía propia más allá de lo físico y lo material, en un nivel más profundo de autoconocimiento, así nos veremos como un todo y a la vez como una parte infinitamente pequeña del universo. Sí intentamos cambiar la sociedad del “yo” por la del “nosotros”, quizás daremos un primer paso solidario para construir lazos y un mundo mejor para todos.

También en el ejercicio de la creación es imprescindible alejarnos del temor que producen las ideas y acercarnos a la visión de la libertad. Respecto de ella (de la libertad) lo que vemos en nuestra sociedad, y en otras, es que muchos hoy son prisioneros en cárceles del alma, viven estereotipados, cumplen “roles repetitivos en un escenario”, temiendo pensar o sentir y lo peor es que a veces ni siquiera tienen conciencia de ello. Pasan por la vida en un devenir rutinario y vegetativo sin el menor espacio para la libertad, que en muchos casos, les produce miedo.

Así, vemos que cuando gente como Eduardo Galeano en Uruguay, Miguel Litin en Chile o Luis Buñuel en España se animaron a pensar y repensar la realidad (en cualquiera de esos países), fueron perseguidos, exiliados, denostados, por sociedades que sentían temor a las ideas. Respecto de la conexión entre la libertad y la creatividad, Galeano3 , la ejemplifica de este modo en su escrito: “1976, Cárcel de Libertad: Pájaros prohibidos. Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido, ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar, ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas, ni pájaros”.

Didaskó Perez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros y los sensores se lo rompen a la entrada de la cárcel.

Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos y el dibujo pasa. Digaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

- ¿Son naranjas? ¿Qué frutas son?

La niña lo hace callar:

- Sshhhhh.

Y en secreto le explica:

- Bobo, bobo ¿no ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas”.4

Son los ojos que los carceleros (el orden preestablecido, los verdaderos prisioneros de la sociedad) no pueden ver, es la sensibilidad que poseemos y que muchas veces perdemos, anestesiamos u olvidamos por temor a sentir aunque nos duela, dejando de lado la búsqueda interior. También podríamos avanzar en ese ejercicio necesario de introspección creativa si somos realmente capaces de establecer lazos con otras visiones (quizás alejadas del “modelo occidental”) que han contribuido a lo largo del tiempo al desarrollo del pensamiento humano.

En ese sentido, por ejemplo, la búsqueda creativa dentro del Zen, está más ligada a iniciar un camino hacia (o dar testimonio de) la “iluminación” buscando un goce interior.

Raúl Noro5 dice al respecto: “...un monje budista que contempla un jardín de arena Zen correctamente elaborado, de pronto puede “comprender”, en un chispazo, el sentido de esa obra y hasta del mundo...”

En otras palabras, comprender el porqué algunas piedras así dispuestas en estructura, sobre la arena, develan un horizonte de armonía trascendental. En ocasiones, tal vivencia hasta puede liberar la mente del contemplativo para interiorizar la relación entre el uno y el todo, permitiendo reconocer “un camino espiritual hacia” que quizás a otro observador le sea indiferente.

La experiencia “eleva” el tono psíquico del contemplador e incluso lo puede predisponer a recibir una “revelación” sobre el sentido de la vida misma”.

Este punto lo ilustra muy bien un poema que compuso el monje zen Tianhuang Daowu alrededor del año 780:

“Compórtate de forma natural y ligera;

permite que todo siga su ritmo;

libérate de todo apego.

Eso basta para asegurar el despertar completo.”

Recuperar el plano espiritual permite alejarse del patrón generalizado pre-adquirido, dado que la característica esencialmente externa de este, se diluye rápidamente al entrar en contacto con la búsqueda introspectiva.

Caminos alternativos en el regreso al ser creativo

Quizás podamos recuperar lo que fuimos en nuestro origen: el despertar, cuando la creación se develaba maravillosa y sorpresiva ante nosotros recuperando desde la visión del adulto el niño que fuimos.

En eso, el estudio de la mente tal vez pueda generar caminos para acercarnos a lo que ya está allí, a lo que olvidamos, como planteábamos al comienzo de este texto. A utilizar la mente en todo su potencial (hoy se supone que apenas usamos en el mejor de los casos un 15%), para aumentar nuestro nivel de sensibilidad frente al estado de desintegración social e indiferencia que nos rodea, buscando construir un mundo mejor para todos.

Posiblemente la exploración del subconsciente nos brinde algunas respuestas dado que es allí donde se generan los procesos creativos. En el capítulo “Entrada de mediums” de su obra: “Los pasos perdidos”, Andre Breton señala: “En 1919 mi atención se había concentrado en las frases más o menos parciales que, en total soledad, próximo al sueño, se vuelven perceptibles para el espíritu sin que sea posible descubrirles una previa determinación. Esas frases, de imágenes muy notables y con una sintaxis perfectamente correcta, me habían parecido elementos poéticos de primera categoría. Al principio, me limité a retenerlas. Más tarde Soupault y yo pensamos en reproducir en nosotros, voluntariamente, el estado en el que se formaban (…) Los Campos magnéticos no son sino la primera aplicación de este descubrimiento…”6

Es decir, quizás deberíamos transmitir a nuestros alumnos la importancia de soñar como otra alternativa para potenciarse como ser humano creativo. No sé si como lo pinto Jodorowsky en las paredes de aquel mayo del 68 en París planteándonos nuevamente: “la imaginación al poder”... Tal vez no haga falta alcanzar el poder exterior. Quizás, el verdadero, al que importa llegar, radica en el desarrollo del pensamiento introspectivo, de la energía para alcanzar el poder interno. Si es así, serán muchos, en muchas partes, de múltiples formas y su dirección no podrá ser dirigida por nadie desde sistema alguno, resguardando la noción de libertad verdaderamente recuperada para todos.

Reflexiones y preguntas finales

En esta “era de la comunicación”, la información y los hechos están circulando a una velocidad cada vez mayor; el exceso de información, las imágenes y los sonidos nos ahogan, los tiempos y los espacios se reducen enormemente. Por ello, ahora más que nunca, es un desafío y una gran necesidad aprender a generar espacios alternativos: espacios físicos, temporales y psicológicos; espacios para pensar y pensarnos, espacios para sentir y espacios para crear.

Y entonces para alcanzar estadios superadores y para construir una sociedad en donde los futuros profesionales se desenvuelvan de un modo más humano y creativo se nos plantean varias preguntas inquietantes: ¿Existe la posibilidad de que no haya patrones perceptivos preestablecidos, o es ilusorio? ¿Puede existir el ser humano sin una programación factible?

¿Cómo sería la humanidad sin patrones de confinamiento que de algún modo limitan la creatividad? ¿Es posible ver el lugar que ocupa el ser humano en la sociedad desde un “no-lugar”? ¿Para conocer realmente acerca de algo hay que primero aprender a “olvidar” el patrón adquirido que posee ese algo? ¿Puede servir la introspección y el autoconocimiento para formar seres más creativos? ¿Debe haber límites pre-impuestos en el territorio de la mente y la imaginación?

Y finalmente: ¿Cuál es el lugar del otro en el proceso creativo?

Si al menos como educadores podemos dar lugar a la duda, a la introspección, a una visión crítica y constructiva, estaremos dando quizás los primeros pasos para formar seres realmente creativos y por ende profesionales que puedan cambiar desde sus actividades el estado de las sociedades en que les toque vivir.

Usted lector, tiene las respuestas...

Notas

1 Marqués, Vincent. No es natural. Para una sociología de la vida cotidiana.

2 Rolando, Fernando Luis. (2005). La resignificación del espacio en la era de la virtualidad. Editorial de Palermo, Buenos Aires. ISSN 1668-1673

3 Galeano, Eduardo. Memoria del fuego

4 Ver: Noro, Raúl. Arte, percepción y sensibilidad y su relación con lo social

6 Los Campos magnéticos (1920) son fruto de la colaboración entre Soupault y Breton y constituyen el primer intento de una escritura automática puesta en práctica en la primavera de 1919.

Bibliografía

- Jodorowsky, Alejandro. (2001) La danza de la realidad. Barcelona: Ediciones Siruela.

- Watzlawick, Paul. (1994) Es real la realidad. Barcelona: Editorial Herder.


Aportes para la formación de seres creativos en nuestra sociedad fue publicado de la página 279 a página285 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

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