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El coaching; su aporte a la comunicación

Taddei, Elisabeth [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

ISSN: 1668-1673

XV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2007: "Experiencias y Propuestas en la Construcción del Estilo Pedagógico en Diseño y Comunicación"

Año VIII, Vol. 8, Febrero 2007, Buenos Aires, Argentina. | 353 páginas

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Llevo varios años trabajando en temas de coaching y es mucha la gente que pregunta de que se trata. En esta oportunidad me dejo llevar por esa pregunta para escribir sobre el espíritu del coaching ya que se relaciona entre otras cosas con el aprendizaje tarea que nos compete a los que ejercemos la docencia y con la comunicación, otro tema central en nuestro rol de docentes en la Facultad de Diseño y Comunicación. Cuando hablamos de coaching partimos por mencionar que se alimenta de la ontología del lenguaje, de la filosofía y de la biología fundamentalmente. El coaching ontológico es una práctica profesional emergente basada en la comprensión de que los seres humanos son seres lingüísticos. De un modo muy general diremos que el coaching ontológico implica siempre, de una u otra manera, hacerse cargo de quiebres que son consecuencia de las limitaciones del ser de las personas como tales. Lo que hace es ampliar el espacio de posibilidades de la persona. Solo nos comprometemos en un proceso de coaching cuando estamos dispuestos a observar, cuestionar y cambiar la persona que somos. El coaching ontológico implica una intervención que modifica él (los) principio fundamental(es) de coherencia que somos. No se relaciona con nuevas habilidades ni con capacidades prácticas concretas. Lo que está en juego es nuestra forma de ser. Estamos acostumbrados a creer que aprender es un asunto de incorporar materias, que el aprendizaje es un asunto de recopilar información, y se nos escapa la sabiduría del proceso mismo. Sabemos en términos de civilización, que el aprendizaje no es sólo recopilar información. Cómo civilización nunca antes hemos tenido tanta información como hoy en día. Y eso no significa que seamos más sabios que antes. Para mí el coaching, no es sólo algo interesante que tiene que ver con conversaciones de cómo ser más eficaz. Parece que la humanidad ha llegado a un punto en que estamos comenzando a darnos cuenta que las interpretaciones en las que hemos estado viviendo se han vuelto insuficientes para afrontar las crisis que se nos presentan.

No es sólo nuestro pensamiento el que es insuficiente, sino también nuestras ideas acerca del aprendizaje. Necesitamos tomar conciencia de que nuestras interpretaciones no bastan, y tampoco basta nuestra enseñanza. Así se empieza a desarrollar esta idea del coaching, porque estamos buscando formas de aprender en un mundo en el que nuestras viejas interpretaciones sobre el aprendizaje ya no funcionan.

Para hablar de coaching debemos compartir una distinción que es: Observador, término clave en esto del coaching. Todos somos observadores en este mundo y como tales actuamos y nos conducimos. Como consecuencia del actuar, se producen ciertos resultados. Cuando este observador actúa, nosotros, ya sea como individuos o como organizaciones, decimos: “Estoy contento con los resultados” o “No estoy contento con los resultados”. Y si no estamos contentos con los resultados revisamos la acción. Muy raramente se nos ocurre cuestionar al observador. Si pones atención sólo en la acción, lo que sucederá es que podrás hacer más, podrás hacerlo mejor, pero siempre harás sólo lo que el observador puede hacer. Dado el observador que soy (y todos somos observadores diferentes), tengo un rango de acciones que me son posibles. Puedo corregirlas, modificarlas, mejorarlas, pero siguen siendo esas acciones. Para comenzar a entender al observador y para luego ser capaces de adentrarnos en lo que es el coaching, debemos prestar atención al lenguaje. El lenguaje tiene el poder de distinguir. Cuando vivimos en el lenguaje, distinguimos; esto es diferente de aquello. Vivimos en una cultura que comparte miles de distinciones. Y que crea espejismos masivos, que luego compartimos. A su vez en este mundo nos topamos y conocemos a personas que provienen de muchos lugares diferentes. Operamos con distinciones muy diferentes. Constituimos mundos diferentes. Cuando nos ponemos a conversar y mutuamente nos proporcionamos distinciones, comienza a surgir, a configurarse, un nuevo mundo, que no estaba antes allí, lo que me permite un rango de acciones posibles que tampoco estaba antes allí. Eso es coaching. De manera que mediante las distinciones, el lenguaje no sólo describe el mundo, sino también lo configura, lo constituye. 

Hay algo más el lenguaje conforma narrativas. La única forma en que hacemos sentido del mundo es mediante narrativas, y las narrativas provienen de la cultura. Un coach debe ser un experto en identificar narrativas, discursos históricos, discursos culturales. 

Vivimos en un mundo de narrativas. Otro tema relevante es el poder de las explicaciones/interpretaciones. Cuando vivimos una experiencia, cuando enfrentamos un fenómeno, una de las cosas que hacemos es explicarlo. Y lo interesante a este respecto es que una vez que hemos dado nuestra explicación se nos olvida que la explicación es sólo nuestra explicación, y comenzamos a creer que la explicación pertenece al fenómeno que acabamos de explicar. 

De manera que las narrativas y las formas de explicarse tienen que ver con el lenguaje, pero hay también otro territorio que constituye al observador, y es el mundo emocional, el mundo de los estados de ánimo y de las emociones. El mundo es distinto si estamos deprimidos o si nos sentimos bien. Es un mundo enteramente diferente. Lo más que somos capaces de decir respecto a las emociones, está relacionado con el mundo de lo que acontece a nivel organizacional, es que la moral en el trabajo está baja o que está alta. Esa es toda la distinción que somos capaces de hacer respecto al mundo de las emociones. Cuando comenzamos a tomar conciencia que esto, es parte del observador que somos, empezamos a darnos cuenta que toda cultura, toda organización, tiene estados de ánimo. Para mí el liderazgo, en buena medida, es el arte de crear ese campo emocional que nos conducirá allí donde queremos ir. Debemos distinguir los estados de ánimo de las emociones. El campo emocional es generador de predisposiciones para la acción. De modo que cuando estás en diferentes estados de ánimo estás predispuesto también a actuar de manera diferente. La cultura también te proporciona estados de ánimo y emociones. Podes conocer algo intelectual o conceptualmente, pero si cambias la emoción en que sabes lo que sabes conceptualmente, entonces cambia para vos. La forma en que enfrentamos emocionalmente lo que sabemos cambia lo que sabemos y por lo tanto cambia nuestro accionar. 

Si en un determinado equipo se mantienen las mismas reglas del juego y lo que varía es el nivel de talento presente, entonces a un mismo nivel de talento probablemente la forma de jugar de cada quien se mantendrá en niveles semejantes. Si lo que cambias es el nivel emocional del equipo, lo que es posible para ellos es enteramente diferente. Se observa esto en las organizaciones, en las empresas y a nivel personal, no sabemos como hacernos cargo de esto. Se intenta a nivel organizacional a través de charlas motivacionales y luego las personas vuelven a hacer su trabajo tal y como lo han venido haciendo, por que dichas charlas eluden lo que es el tema central. No es posible construir una organización sobre la ausencia de sentido y es esa falta de sentido lo que está muy presente actualmente en las organizaciones. En este sentido el coaching está ofreciendo mucha ayuda. Las empresas que se han animado a hacerlo experimentan resultados asombrosos. La razón última de cualquier decisión yace en el territorio emocional. 

Por último hay un tercer dominio del observador, que es el cuerpo, el cual tenemos tendencia a olvidar. La postura del cuerpo habla de nosotros y es más cuando cambiamos nuestra postura es posible que nuestro discurso comience a cambiar, el cuerpo habla. La forma corporal de alguien que tiene resentimiento comienza a ser coherente con ese sentimiento y con las interpretaciones lingüísticas que le corresponden. 

El coaching es, en un sentido muy básico, la creación de nuevas coherencias en las personas. Cuando hacemos coaching estamos generando un contexto en el cual pueden surgir nuevas coherencias. En nuestra cultura no estamos acostumbrados a prestarle atención a los contextos. Nuestra atención se centra en el texto. Estoy convencida que el contexto nos puede enseñar más que el texto. El liderazgo, por ejemplo, es el arte de crear contexto. Quisiera agregar algo a nivel del lenguaje que me parece muy importante. Cuando hablamos, actuamos. Cuando hacemos una petición, no sólo estamos haciendo posible una acción a futuro. Cuando hacemos una promesa, estamos cambiando el presente. Toda la realidad, cuando se toma en serio una promesa, cambia. Por esto es tan importante la coherencia entre lo que decimos y hacemos. 

Las organizaciones son redes de conversación. Todo lo que hacemos es hablar, es sostener conversaciones. Pero hemos desarrollado tantas incapacidades para hablar, y para conversar, que el flujo organizacional colapsa y se hace presente el sufrimiento.

En estos casos es necesario pedir ayuda y poder decir “no sé”, es la puerta de entrada al aprendizaje, tener la humildad de aceptar mi ignorancia. Sin la capacidad de decir no sé, empezar a aprender se vuelve muy difícil. Cuando hablamos el habla nos hace a nosotros más que nosotros al habla. Eso es la cultura. La cultura es una gran conversación que nos tiene a nosotros. Un coach es alguien que, por vez primera, nos hace comenzar a observar el observador que somos y nos hace quebrar la coherencia que somos. El estado de ánimo del coaching es el de una irreverencia respetuosa. Un coach debe ser irreverente y además gentil, no comprarse “los cuentos”, pone en evidencia que esos cuentos no son sino eso, cuentos. Un coach es alguien que sistemáticamente hace conciencia del observador que somos y por lo tanto provoca posibilidades de acción. Y por último el gran desafío es desarrollar una mejor escucha para interpretar mejor a nuestro interlocutor de turno y entender de que se está haciendo cargo cuando dice lo que dice y a partir de allí poner en práctica la empatía que tan bien recibida es para quien necesita ser entendido y mejor escuchado. Como observarán podemos aplicar coaching en todas las áreas de nuestra vida, nos sitúa en un espacio distinto, permitiéndonos desarrollar nuevas miradas, cambiar la perspectiva sobre los temas que nos ocupan.


El coaching; su aporte a la comunicación fue publicado de la página 314 a página316 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

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