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¿Como enseñar a preguntar?

Porro, Silvia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

ISSN: 1668-1673

XII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2004: "Procesos y Productos. Experiencias Pedagógicas en Diseño y Comunicación"

Año V, Vol. 5, Febrero 2004, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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Cuando al alumno se le plantea un tema y se lo aborda desde lo teórico y se va preguntando a lo largo de la clase si entienden, generalmente contesta que sí.

Grande es la sorpresa que nos llevamos cuando al plantear un trabajo, esos alumnos que contestaron afirmativamente comienzan a tener tantas dudas que nos llevan en algunos casos al comienzo del tema ya tratado o lo que es peor, al concepto fundamental del mismo.

Eso hace que cunda el desaliento en el aula y sentimos que la explicación no fue la correcta.

Desaliento para el profesor y para los alumnos que realmente creían haber entendido.

Sin embargo básicamente lo hicieron o creyeron hacerlo, sino, no se entiende porqué no formularon antes esas preguntas.

¿Qué pasó?, la explicación no fue clara?. No estaban escuchando?, ¿no fue amena la clase?, ¿se aburrieron y no nos siguieron hasta el final?, ¿fue demasiado larga la disertación? Sin embargo cuando el alumno al retirarse del aula agradece al profesor, es porque esta fue por lo menos agradable y diría más, si agradece es porque cree haber aprendido y haber sacado provecho de la misma.

¿Por qué entonces en el momento de la aplicación de los conocimientos comienza a dudar? y recién ahí pregunta. Es desidia?, vergüenza ante los compañeros?

Esto me ha pasado muchas veces y me llevó a invertir el orden del aprendizaje para que aprendan a preguntar.

Sobre todo para que se pregunten a sí mismos si es correcto lo que entienden.

Hasta los más sagaces se dan cuenta que el planteo del profesor no iba por ese lado sino por otro, cuando alguien se atreve a hablar y la respuesta no es la que esperaban.

A veces una pregunta capciosa o el interrumpir la clase con un interrogante a uno mismo, hace que todos despierten de la pasividad del pensamiento lineal para dar rienda suelta a la incorporación real del concepto que se está tratando.

Cuando se plantea un trabajo práctico antes de comenzar con el tema designado se obliga al alumno a no pensar en abstracto, sino en la aplicación inmediata de los conceptos que está escuchando y se logra que el problema más importante para él, poder resolver el trabajo para aprobar, lo motive de tal manera que sus preguntas referidas a la práctica lo llevan a la mejor comprensión del tema.

Pero entonces al profesor le surge la duda ¿comprendieron el concepto? Lo podrán aplicar en otro contexto?

Es acá donde con un viraje abrupto puede sacar nuevamente al alumno de la linealidad, planteándosele otra duda sobre lo que entendió y llevándolo al meollo fundamental de la comprensión del tema que desearíamos que fuera total.

Hacer que pregunten no sólo hace la clase más amena, los obliga a participar desde el cuestionamiento a sí mismos y al profesor, lo que por supuesto puede a veces ponernos en un aprieto del que debemos saber salir airosos.

Este proceso de obligarlos a preguntar por el afán de resolver un problema puntual, hace que pierdan el miedo a la pregunta fuera de lugar, pues sin la respuesta puede ser que no aprueben el trabajo que se les planteó, hace que aprendan a escuchar a sus compañeros, pues ahí también pueden estar sus propias dudas, esas que todavía no se plantearon y que en algún momento les surgirán.

El trabajo más difícil es hacerlos sentir seguros ante sus propias dudas, darle importancia al planteo de la pregunta para que sigan cuestionándose el tema y la comprensión del mismo, sin que se sientan disminuidos por sus dilemas ante sus pares.

Promover la respuesta entre ellos para ver cual es la línea de pensamiento que están llevando a cabo y así poder intervenir formándolos en sus cuestionamientos, es nuestro siguiente trabajo.

Pues la información puede extraerse del libro adecuado, pero arribar a la correcta interpretación del conocimiento que nos brinda es posible si se llega al concepto del mismo haciéndonos las preguntas correctas. Dándole al tema tantas vueltas como sea necesario para estar seguro de todas sus implicancias.

No es fácil que pregunten sin hacerse problemas por la pertinencia de lo preguntado, pero es según mi punto de vista necesario y facilita nuestro trabajo, brindándonos una visión más clara de la comprensión de lo expuesto por nosotros y de lo aprendido por los alumnos.


¿Como enseñar a preguntar? fue publicado de la página 151 a página152 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

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