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Sensación y concepto en la expectación del arte.

Chalkho, Rosa Judith [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

ISSN: 1668-1673

XIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2005. Buenos Aires. Argentina:"Formación de Profesionales Reflexivos en Diseño y Comunicación"

Año VI, Vol. 6, Febrero 2005, Buenos Aires, Argentina | 288 páginas

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Un juego dialéctico entre la sensación y el concepto 

Una señora sale un tanto descontenta de la sala de exposiciones X. La obra que allí se expone prometía ser «audiovisual e interactiva» y, aparentemente la señora en cuestión, tenía la presunción de sentirse envuelta en una atmósfera de sensaciones perceptivas o corporales o metafísicas tal vez. 

«Siento que la obra no me envuelve, no me transporta» fue uno de sus comentarios. 

¿Por qué habría de hacerlo? ¿Es condición para la apreciación del arte sumergirse en una suerte de limbo sensorial? ¿Es quizás una particularidad esperada de las obras que trascienden el marco del cuadro para ocupar el espacio de la sala en una doble (sonoro – visual) y hasta a veces triple (también táctil) sensorialidad?

Lejos de interesarme en contestar esta pregunta por si o por no la anécdota lleva a pensar en las alternativas de la expectación del arte, en una dialéctica planteada entre la conmoción sensorial (pretendida por la señora desilusionada) y la interpretación conceptual donde el goce estético radica en la comprensión de los elementos constitutivos de la obra (estructurales, estilísticos, discursivos, etc.) 

A priori, la postura de una apreciación estética desde la sensación, la emoción o el laissez faire en el abandono conciente y, la postura de una apreciación desde la intelección, el análisis o la conceptualización parecieran opuestas. Por otro lado pensar el arte en general, supone abarcar formatos tan disímiles como la literatura, la música, las artes visuales o diversas combinaciones de estas disciplinas que además conllevan estructuras y mecanismos de relación con el sujeto también muy diferentes. Para acotar el campo de la reflexión, en este artículo me referiré a las obras audiovisuales, a su combinatoria sonido - imagen y a su recepción viso – auditiva. 

Intentaré a partir de aquí, entonces, despejar algunos factores que se vinculan a la expectación estética y que quizás puedan aproximarse a pensar un fenómeno tan complejo y prácticamente irreductible a reglas generales.

Desde la relación sujeto – obra 

La expectación del arte no es una actividad «desde afuera» hacia la obra, ni tampoco una cuestión de finalidad de la obra misma, ni un ofrecimiento hacia el espectador solamente. Mirar – escuchar una obra se constituye en parte de ella misma. La mirada, utilizo mirada como expresión genérica que denota práctica de expectación y que abarca los canales sensoriales afectados cualesquiera sean (vista, oído, tacto) completa la obra, la resignifica en el acto de mirar de la misma forma que el sujeto es mirado por ella. 

Desde aquí podríamos inferir en que cada obra propone entonces una forma de pensarse a sí misma y de mirar al sujeto, de mirar y ser mirada. Hay obras, entonces que desde su ontología o desde el «punctum» por el que son reveladas proponen un intercambio de sensaciones y otras, se plantean mayormente desde conceptos intelectivos. 

El arte actual, quizás por sobre el de otros períodos es rico en este tipo de variantes. Desde el espectro de lo sensorial podemos mencionar como ejemplo al op-art o a las instalaciones de luz y sonido, cuya impronta plantea una inmersión del sujeto en una atmósfera o estado sensitivo particular. 

Desde lo conceptual podemos tomar como caso 3´44" de John Cage, (3´44" de silencio frente al piano) cuya idea entre otras, la no ejecución del sonido, delibera sobre la naturaleza del sonido y el silencio, sobre lo ausente. Esta obra y otras tantas que desnudan «la idea» como propia constitución pueden existir aún con prescindencia de su realización, en ocasiones la obra es la idea, el plano, las instrucciones o su justificación, y su representación material aparece como ejemplificación de sí misma. 

Vale aclarar que la división en «obras de sensaciones» y «obras de conceptos» es una arbitrariedad válida solamente para desglosar este tema, ya que es casi obvio que el arte invita a un doble juego de percepción e intelección; es más, la mirada estética es tanto más rica cuando hay concepto en la sensación e intelección desencadenada por lo sensitivo. Es entonces, que las obras pueden entenderse a partir de reflejarse en quien las mira – escucha, en sensaciones conceptuales o conceptos de lo sensitivo.

La cuestión del significado 

Otro factor que aparece ligado a la expectación es el significado: ¿Qué quiere decir o expresar la obra? o ¿qué quiso transmitir su autor? son preguntas corrientes. A tal punto que muchas personas expresan desconcierto o negación frente a obras, sobre todo ante el arte contemporáneo, que «no entienden». Para empezar interesa tomar en cuenta que no se puede pensar en un significado sino en significados, no sólo porque estos son múltiples sino porque además esta multiplicidad se da en cada uno de los aspectos de las obras; hay multiplicidad en la combinatoria de elementos, en lo formal, en la materia y en el discurso, por citar algunos. 

Las obras son polisémicas y las miradas sobre las obras también lo son. La significación en el arte alude a cuestiones diversas; por un lado a aquellos elementos lingüísticos presentes, los títulos, nombres y palabras, y por el otro a la diversidad de expresiones no verbales que implican grados de sentido puramente estéticos, traducibles con mayor o menor pertinencia a palabras. Estos últimos, a mi entender constituyen materia estética pura, significan algo dentro del universo de las obras y su puesta en palabras es sólo una aproximación. 

El ejercicio de la interpretación estética, entonces, es válido en tanto se asuma como mediación a aquello innominado que es el arte por esencia. Estos significados puramente estéticos son los que se trasuntan del discurso, discurso como devenir de las articulaciones audiovisuales, y están formados por signos estéticos: los sonidos y las imágenes y a su vez el discurso dentro de cada sonido e imagen, la estructura discursiva de la materia en sí. 

Los significados del arte no son comunicacionales, o lo son en menor medida. No es un mensaje lo que dicen, y si esto así fuera para qué utilizar el camino del arte cuando el mensaje expresado en palabras resulta más claro y directo. La metáfora, la poética, no comunica, simplemente habla en su semia de significados dados a la mirada estética.

Lo narrativo 

Algo que surge como ligado a la significación y por ende también a la interpretación y a la mirada es la cuestión de la narratividad. Un criterio taxonómico frente a las artes audiovisuales e independientemente del formato o soporte podría ser el de su estado respecto a lo narrativo. Por ejemplo, cuál es la relación de la obra con el relato: la constituye básicamente, es un elemento más entre otros, deconstruye el relato o simplemente lo ignora o lo niega. 

Un caso particular es el del cine, que se orienta luego de sus orígenes hacia lo narrativo al mismo tiempo en que gana en masividad. ¿Se podría establecer un paralelismo entre el grado de narratividad de las obras y su llegada al gran público? No quizás tan así taxativamente pero sí se advierte una relación entre estas variables. 

Hay cuestiones de la percepción que se articulan entre lo narrativo y lo no narrativo. Mientras se recibe el relato, por ejemplo cinematográfico, la conciencia perceptiva actúa «dentro» de ese relato, el tiempo y el espacio casi no son propios del sujeto, son dados por el devenir temporal de la historia. En formatos audiovisuales no narrativos ¿En qué se ocupa el pensamiento conciente el sujeto?, ¿un monólogo interno en diálogo con la obra? ¿quizás en momentos de concentración sobre estímulos de la obra, quizás en dispersiones sobre cualquier otra cosa?. Aquí podemos volver sobre las motivaciones del comienzo, posiblemente el sujeto decida frenar su pensamiento conciente y se abandone a la percepción de sensaciones o, tal vez decida activar una conciencia estético intelectiva, pensar la obra y encontrar deleite en hallar sus asociaciones.

Dos casos: la música y el cine 

La música ¿la más abstracta de las artes? 

Histórica y culturalmente se ha considerado a la música como un arte esencialmente abstracto. En primer término creo que esta aseveración alude a aquella aparente intangibilidad del fenómeno sonoro y por consiguiente su sensación de inmaterial, aquello que no se «ve» brinda una asociación con la abstracción. En segundo término está la cuestión del devenir temporal, la inscripción de sonidos en el tiempo ofrece a la percepción la condición de impalpable del sonido; lo que estoy escuchando en el presente dejará de ser al instante siguiente para quedar solo pregnado en la memoria. Estas cualidades a nivel perceptivo darían cuenta a primera vista de los índices no materiales de la música. 

En cuanto al significado, tomando la música sólo instrumental (o sin palabras cantadas) surge como evidente la imposibilidad de otorgar a los sonidos constitutivos de un discurso como unidades de significado, ni aún las frases musicales son significantes de otros sentidos. Esta ausencia de narratividad de la música, salvando excepciones es quizás la que le confirió su áurea de abstracción.

El cine como sistema semiótico 

Las teorías de análisis e interpretación cinematográfica han constituido un gran desarrollo al aplicar los modelos de la lingüística al cine, entonces cada uno de los elementos constitutivos es susceptible de observarse como un signo portador de uno o más significados. ¿Porqué este tipo de análisis no ha funcionado con la música? creo que la diferencia está en la narratividad. Probablemente si el cine no contara historias, el modelo semiótico no se aplicaría, de hecho para aquel cine llamado «arte» el sistema no alcanza, son muchos más aquellos elementos que no adhieren a significados verbales, mayormente comparables casi en su grado de no significación con los sonidos. 

¿Qué queda cuando despejamos al cine de la narratividad? signos que se refieren a lo cinematográfico, a una metáfora de su propio discurso, a la materia constitutiva de la semia en la que habla el cine. Signos que no se refieren a significados lingüísticos sino que autoreferencian su status estético. Lo narrativo presente en cualquier soporte audiovisual conduce la percepción, ocupa el devenir de la conciencia y, cuando está ausente, o cuando su presencia es menor deja abierto el interrogante de qué estado asumir frente a las obras: como el de abandono de la conciencia en pos de las sensaciones, o el de la búsqueda de lo conceptual o tal vez un estado perceptivo que bascula entre ambas.


Sensación y concepto en la expectación del arte. fue publicado de la página 67 a página69 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

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