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Por una reflexión en movimiento.

Russo, Eduardo A. [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

ISSN: 1668-1673

XIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2005. Buenos Aires. Argentina:"Formación de Profesionales Reflexivos en Diseño y Comunicación"

Año VI, Vol. 6, Febrero 2005, Buenos Aires, Argentina | 288 páginas

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Frente a la expansión de las propuestas de enseñanza universitaria en medios audiovisuales, y considerando la acelerada dinámica que posee este campo, tanto en lo que respecta a los cambios en las competencias profesionales, como en cuanto a los conceptos teóricos, analíticos y críticos en que ellas se enmarcan, nuestra presentación se dirige a realizar algunas consideraciones que contribuyan a la articulación de ideas y praxis, para asentar sobre bases firmes la pertinencia de esta formación en el campo académico.

En primer término cabe resaltar la necesidad de generar y fortalecer un proyecto formativo de los estudiantes de cine y medios audiovisuales que no se reduzca a la capacitación de cuadros técnicos para los requerimientos de una hipotética industria establecida o un presunto mercado —siempre imaginados, y a veces muy distantes de los reales— en un medio altamente inestable como el local. El proyecto a construir debería abrirse hacia un perfil profesional integrador de la técnica con la estética y la producción de sentido (a nivel individual y social), que reúne, por otra parte, el dominio de la especialidad con la capacidad de dar forma a visiones de conjunto, y que también relaciona la creación con la reflexión, el análisis y la crítica productiva del trabajo propio y de pares. 

De acuerdo a esa visión integradora, también resulta conveniente partir de las relaciones y los cruces propios de una entrada a las carreras a través de un ciclo donde las polivalencias y relaciones horizontales entre asignaturas permitan que los estudiantes experimenten, a través de acciones que requieran reflexión para su puesta en marcha, control y evaluación posberior, distintas actividades de tipo analítico y creativo, enfrentándose a interrogantes nuevos a cada paso, más que a respuestas que obliteran toda movilización intelectual, rebajando la enseñanza a un discurso instructivo. Promover a los estudiantes la interrogación continua en plenos procesos de aprendizaje y proyectos de desarrollo, lleva a que el trabajo en las aulas —como luego serán los desafíos profesionales— consista más en tratar de hacer las preguntas precisas para que los problemas se resuelvan, antes que apresurarse por encontrar la famosa «respuesta correcta». Esta idea de reflexión en la acción (ampliamente trabajada por Donald Schön en su obra La formación de profesionales reflexivos) intenta ligar la enseñanza para el desempeño en el ejercicio práctico de una profesión con las ideas necesarias para guiarlo mediante la resolución de problemas, en una propuesta de actividad conceptual permanente, creadora tanto de obras como de nuevas ideas (a veces, por qué no, también diseñadas en formatos audiovisuales). No se trata, en esa perspectiva, tanto de ampararse en marcos teóricos delimitados previamente, como si fueran un encuadre rígido para una acción meramente reproductiva, sino de enseñar y aprender el trabajo de pensar, el diseño de las ideas que hacen falta para que la acción se lleve a cabo y cobre sentido. 

Desde esa primera etapa, altamente fluida, donde el estudiante circula por distintas posiciones y en diferentes proyectos, el avance de los estudios lo llevará a atravesar la elección sobre orientaciones progresivas, hasta llegar a las instancias de formación por especialidad en la última etapa de las carreras. Este tránsito progresivo desde lo universal a lo particular permite desarrollar una visión de conjunto, que se encuentra ausente en las propuestas —a veces altamente favorecidas por una supuesta demanda de mercado— de especialización prematura, donde los sujetos son sólo preparados para servir en un segmento de una línea de montaje cuyo sentido general no llega a visualizar. 

A lo largo del transcurso de los planes de estudios, más allá de la división por especialidades, todas las propuestas didácticas deberán ser travesadas por la integración de aspectos tecnológicos y procedimentales con la capacidad de articularlos y fundamentarlos en términos de estética y de lenguaje. El egresado de una licenciatura o una carrera de diseño, de acuerdo a esta propuesta de formación, debería responder a los desafíos propios del desempeño en las más diversas situaciones profesionales, manteniendo a la vez el margen de libertad y de intervención e independencia creativa propia de las prácticas artísticas. 

Las áreas ligadas a los aspectos conceptuales de la formación universitaria —Teoría y Estética, Análisis del Discurso cinematográfico e Historia del cine, por ejemplo— si bien fundamentales, a menudo en los ciclos iniciales son percibidas como tendientes al divorcio respecto de la práctica, acaso porque suelen ser desarrolladas a partir de un conflicto de perspectivas con las asignaturas técnico-artísticas orientadas a una praxis. Para colmo, no es raro observar que adopten en su dictado una perspectiva «desde arriba» (en la expresión de David Bordwell), explicando el cine desde territorios y propuestas académicas ligadas a la formación de investigadores o profesores de otras disciplinas. 

Una solución viable para esta situación problemática es el trabajo de interrogación a partir de cuestiones prácticas, técnicas y artísticas, en una reflexión «desde abajo», que construya sus nociones en un diálogo permanente entre teoría y praxis. Para ello las áreas de Lenguaje y las de Historia debería sostener una conexión constante entre sus propios contenidos y prácticas reflexivas sobre el trabajo del cine, con la interrogación de esas mismas instancias dentro de cada área, abiertas a enseñar no sólo el «cómo se hace», sino los «qué», los «por qué» y «para qué» del hacer cine, evitando el reduccionismo a lo instrumental. Esto implica que los docentes de áreas técnicas y artísticas deberían interrogar sus recursos y procedimientos en términos de estética y de estilo, además de historizar y contextualizar adecuadamente lo propuesto a enseñar, aunque parezca la más sencilla herramienta. Por otra parte, se abre la posibilidad de que los docentes de esas áreas ligadas a la teoría y el análisis, o al tratamiento de cuestiones que hacen a la relación entre imagen, cultura y sociedad, interroguen distintos aspectos de los procesos de realización en curso. Por otra parte, para eliminar esa frecuente percepción «extraterritorial» de las asignaturas no ligadas a la práctica de hacer films, es conveniente adoptar desde el principio una didáctica que reemplace la aproximación clásica, de exposiciones magistrales, de suministro de contenidos masivos y de alcance enciclopédico, por una enseñanza que permita esa construcción «desde abajo». A lo largo de nuestra experiencia docente, nos hemos desplazado —con logros evidenciables— del dictado de ambiciosos y exhaustivos programas —por lo común incompletos en su puesta real en funcionamiento— hacia una enseñanza de la teoría, el análisis y la estética del cine que, sin ignorar precedentes, marcos y estrategias fundamentales, se liga desde el comienzo con la asunción de que la reflexión sobre el cine no es sino otra forma de práctica, que debe ejercitarse para hacerla viviente y significativa, en fin, para que haga sentido. No se trata tanto de explicar al cine y lo audiovisual, sino de intentar entenderlo. Los logros llegan no cuando se provee de una explicación exhaustiva, que parece tener todo claro desde el principio —y desde arriba de su objeto— sino cuando, entre las obras que nos apasionan, puede advertirse cómo nace la comprensión de su sentido, y del lugar que ellas ocupan en el mundo al que han arribado. Ninguna teoría estandarizada puede capturar esa significación que, de ser exitosa, más bien se relaciona con el desafío a la lógica de la mera reproducción, y el encuentro con algo que contribuye a renovar nuestra percepción del mundo.


Por una reflexión en movimiento. fue publicado de la página 212 a página213 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

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