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El rol del docente en la formación de profesionales creativos ¿Es entrar en una dimensión desconocida?

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII [ISSN: 1668-1673]

XIV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2006:"Experimentación, Innovación, Creación. Aportes en la enseñanza del Diseño y la Comunicación"

Año VII, Vol. 7, Febrero 2006, Buenos Aires, Argentina | 272 páginas

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Boeri, María Patricia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

¿Cuántas veces nos hemos preguntado acerca del verdadero rol que como docentes ocupamos y ejercemos en el aula? ¿Cuántas veces tratamos de ajustar el vertiginoso cambio en algunas situaciones y la lentitud con que se suceden en otras, respondiendo adecuadamente al duro momento en que vivimos? y cuántas sentimos, por el ritmo que llevamos, que traspasar el umbral de la puerta del aula es entrar día a día en una dimensión desconocida donde todo puede suceder? Muchos especialistas y estudiosos del tema de amplio prestigio en ese campo nos han ayudado a definir este rol, tales como Zabalza, Díaz Barriga, Tedesco, Shön. Alonso, Bruner, Novak, Morín etc., pero mi pregunta en esta oportunidad tiene un sentido práctico y si se quiere íntimo. Sabemos que más allá de los imperativos legales, la acción educativa se desarrolla entre el educador y el estudiante, el cual independientemente de la época, tiene que lograr una “educación integral, total.” Bajo esta concepción, el docente tiene que ser “mediador”, ofreciendo la forma, la construcción, las estrategias para dominar los significados, modificando estructuras y favoreciendo conciencias reflexivas. 

Nosotros debemos conocer el desarrollo efectivo de nuestros estudiantes por medio de los contenidos (procedimientos, conceptos y actitudes) y poder influir en el desarrollo potencial por los procesos mentales, agudizando el nivel de representación mental,” lo sé pero no sé decirlo”. 
Somos nosotros, los que permanentemente debemos pensar y repensar la forma de llegar a nuestros estudiantes enseñándoles a pensar, a relacionar, a aprender a sintetizar y elaborar estrategias, determinando la calidad de la enseñanza que impartimos, sin olvidar que al tomar a la persona en su totalidad se incluyen como rasgos y valores la autonomía, la libertad y la actividad. Tratando de formar, al mismo tiempo, un mundo de relaciones donde el “nosotros” sea esencial para ir modificando una sociedad más justa y solidaria, ítems que constituyen algunos de los grandes problemas que esta sociedad individualista acarrea a nivel población-país. 
Citando a Montaigne, “vale más una cabeza bien puesta que una cabeza repleta” y es verdad, “una cabeza repleta” es una acumulación apilada de saberes en la que no se puede hacer una selección ni organización que le otorgue sentido a su saber. En cambio, “una cabeza bien puesta” se refiere a que mucho mejor que acumular, es saber disponer de una aptitud general para plantear problemas y disponer de los principios organizadores que permitan vincularlos y darles sentido. 
Para que este plano se desarrolle en libertad, se deben conservar facultades que normalmente la escolaridad primaria cercena, como lo son la curiosidad y la creatividad. Tengamos en cuenta que si queremos desarrollar la inteligencia en general debemos primero que nada “dudar” y es este el germen que provocará una actividad crítica para repensar el pensamiento”, sobre esto Juan Mairena habla de “la duda de la propia duda”. 
Todo conocimiento constituye una duda, al mismo tiempo una traducción y una reconstrucción a partir de señales, signos, símbolos, ideas, teorías, discursos. Por lo tanto el proceso es circular: pasa de la separación a la unión y de la unión a la separación. Del análisis a la síntesis y de la síntesis al análisis, y que este círculo infinito lo utilice para aprender a vivir. Durkheim decía que “la mayor educación no era impartir mayor cantidad de conocimientos sino construir un estado interior profundo para que lo oriente y le dé sentido para toda la vida”. ¿Qué pasa con nosotros, docentes universitarios? La universidad conserva, memoriza, integra, ritualiza nuestra herencia cultural de saberes, ideas y valores, las vuelve a examinar, las actualiza y generando nuevos saberes. De esta manera es conservadora, regeneradora y generadora. Ella tiene una misión y una función, a través del presente ir hacia el pasado y el futuro. 
Si consideramos la función de la universidad, nos podemos preguntar: ¿La universidad debe adaptarse a la sociedad o la sociedad a la universidad? A primera vista vemos complementariedad y antagonismo. La universidad tiene que adaptarse a las necesidades de la sociedad y llevar a cabo su misión de conservación, trasmisión y enriquecimiento de un patrimonio cultural que sin el cual no seríamos sociedad. La educación debe contribuir a la autoformación de la persona para convertirse en ciudadano, por lo tanto tiene que tener arraigado su identidad nacional. Pero pensar en un estado nación es unir lo territorial, lo político, lo social, lo religioso, lo cultural y lo mítico. La nación es una sociedad en sus relaciones de interés, de competencias, de rivalidades, de ambiciones de conflictos políticos y sociales. 
Y acá, junto a todos estos planteos, nos encontramos inmersos los docentes creativos, pensando y repensando nuestro rol, para desempeñarnos mejor en estas situaciones conflictivas, aludiendo a Kant “Las luces dependen de la educación y la educación depende de las luces” y así evitar que a nuestros estudiantes les pase lo que menciona René Daumal, ” sé todo pero no comprendo nada”. Para repensar nuestro rol en la educación me apoyaría en la frase de Pascal, ”es imposible conocer las partes sin conocer él todo y es imposible conocer el todo sin conocer particularmente las partes”. 
A modo de síntesis, los rasgos del perfil del educador actual estarían centrados en tener confianza en la naturaleza cambiante del individuo, para reorientar los procesos educativos e ir construyéndolos. Poder ayudar al estudiante a tomar conciencia de sus propios procesos y hacerles notar sus adelantos; que tomen conciencia de los progresos en su propio proceso de aprendizaje. Aprovechar la fuerza personal del estudiante para configurar su estructura personal. Actuar como mediador entre los contenidos y el estudiante, acercándole de forma simple aquello que es más complejo. No perder el optimismo pedagógico para que el estudiante vaya elaborando una imagen positiva de sí mismo, libre y capaz de comprometerse. Y por último, tener presente que el estudiante pueda recordar perfectamente lo conceptos impartidos en nuestras disciplinas; la primera y más importante mediación es la de ayudar en la formación de personas tratando que esa gravitación durante su construcción sea lo menos dolorosa posible.



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El rol del docente en la formación de profesionales creativos ¿Es entrar en una dimensión desconocida? fue publicado de la página 43 a página43 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

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