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El poder transformador del diseño

Berkoff, Silvia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

ISSN: 1668-1673

XVI Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2008.

Año IX, Vol. 9, Febrero 2008, Buenos Aires, Argentina. | 211 páginas

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Durante las últimas décadas del siglo pasado y comienzos del actual, el diseño se ha ido convirtiendo en signo de sofisticación y poder económico. Se basa en los modelos impuestos por las grandes marcas, la publicidad y las modas, imponiendo -a su vez- estilos de vida e ideologías.

El trabajo de la mayoría de los y las diseñadoras se dedica a desarrollar productos y servicios destinados a una pequeña minoría de consumidores con poder adquisitivo, que constituyen alrededor del diez por ciento de los habitantes del planeta. El otro noventa por ciento de la humanidad, no sólo no tiene acceso a estos productos de consumo, sino tampoco -en muchos casos- al agua potable, la electricidad y la educación. Esto sucede, no solamente en los países no industrializados, sino también en los sectores sociales marginados de los llamados países ricos y entre los refugiados climáticos, afectados por catástrofes naturales. Sin embargo, existen diseñadores que trabajando en equipo con arquitectos, ingenieros y hasta científicos, orientan sus proyectos a ese otro noventa por ciento de la población. Sus creaciones innovadoras apuntan a la inclusión social a través del desarrollo de productos que acercan a millones de personas a una vida mejor.

Algunas de estas ideas incluyen el trabajo de la comunidad a la que van dirigidas, proporcionando de esta manera también una fuente laboral. Este es el caso del proyecto de mueblería artesanal desarrollado por docentes y estudiantes de diseño de la Universidad de Texas y del Art Center College of Design (E.U.A.). La idea surgió como respuesta a los efectos del huracán Katrina. En la reconstrucción de la ciudad de Nueva Orleans se utilizó la madera recuperada de las ruinas para fabricar muebles. Se crearon talleres comunitarios donde se enseñaron a los vecinos habilidades básicas de carpintería. En base a los diseños que se les proporcionaron, fabricaron bancos y mesas que sirvieron tanto para su propio uso, como para ser comercializados. El trabajo en común también contribuyó a restaurar lazos sociales y recuperar la autoestima de las personas afectadas por la catástrofe.

El diseñador suizo Torben Vestergaard Fransen creó el life straw (sorbete de vida). Es un sencillo filtro de agua para uso personal, compuesto por un tubo de plástico de alto impacto, con filtros de carbono activado y resinas. Permite beber directamente agua de ríos, pozos, etc., sin peligro para la salud, ya que la potabiliza instantáneamente. Protege a miles de personas del tifus, cólera, disentería e infecciones intestinales. Se utiliza actualmente en varios países de Africa y Pakistán. El mismo diseñador desarrolló la PermaNet (PermaRed). Es una tela para mosquiteros impregnada con un efectivo insecticida de larga duración. La tela dura cuatro años y puede ser lavada veinte veces. Protege contra el mosquito transmisor de la malaria. Se utiliza en América Latina, Africa, Asia y Oceanía.

En Sudáfrica, los diseñadores P.J. y S. Hendrikse, crearon el QDrum (Tambor Q), que es un recipiente de plástico resistente en forma de rueda, para transportar agua. Millones de personas en el mundo, especialmente en Africa, viven a grandes distancias de fuentes de agua potable. Haciendo rodar este recipiente, se pueden transportar setenta y cinco litros de agua con poco esfuerzo.

También en Africa, el diseñador nigeriano Mohammed Bah Abba, ideó un sistema sencillo y de bajísimo costo para conservar verduras y frutas frescas. Consta de dos recipientes concéntricos de cerámica de distintos tamaños. Se ubican uno dentro de otro, y el espacio intermedio se llena con arena mojada. Al evaporarse el agua, se enfría el recipiente interior donde se conservan los productos frescos. Esto resulta vital en zonas rurales sin acceso a la electricidad, donde los granjeros no tienen medios para conservar sus cosechas y llevarlas al mercado.

Con el mismo espíritu de sencillez en el diseño y bajo costo, la organización sin fines de lucro Ceramistas Para la Paz, de Nicaragua, creó un filtro de agua. Consiste en en una vasija de arcilla horneada con aserrín, que al quemarse forma un filtro de poros muy finos, forrado luego con una capa de plata coloidal (bactericida). Este sistema elimina el 99,88 % de gérmenes presentes en el agua. Se fabrica en las mismas comunidades donde se usa, en América Central y Africa.

En el campo de la tecnología, se destacan el audífono solar y los textiles con luz portátil.

El audífono, desarrollado en Botswana por una empresa local, trae una respuesta accesible a los problemas de gran cantidad de personas hipoacúsicas que no pueden utilizar audífonos por el alto costo de las baterías. Este producto, alimentado por una batería recargable con energía solar, permite a las personas afectadas reintegrarse a la sociedad activamente, acceder a la educación y al trabajo. Ya existen siete mil unidades en uso en Africa, Asia y América Latina.

El proyecto Portable Light (Luz portátil) fue desarrollado conjuntamente por una empresa esadounidense y una familia de tejedoras mexicanas de la región de Sierra Madre. La fuente de luz se logra combinando el sistema electrónico LED, usado en carteles luminosos con llaves eléctricas resistentes al agua, adaptadas de lavaplatos, y baterías recargables provenientes de la industria de telefonía celular.

Las tejedoras mexicanas incluyen estos sistemas de luz en la trama de sus textiles tradicionales, logrando piezas de tela luminosa que se transportan fácilmente y se adaptan a distintos usos. De esta manera, el tiempo útil del día, en zonas sin electricidad, se prolonga considerablemente, permitiendo a los pobladores continuar con sus trabajos de tejido, confección de calzados y artesanías, y también estudiar. Estos objetos tienen también un valor agregado, que es su dimensión poética, ya que el producto resultante es de gran belleza y transmite un efecto casi mágico, incluyendo también las tradiciones y creatividad de las artesanas tejedoras.

Algunos de estos diseños se patentan para asegurar su producción a bajo costo y controlar la calidad de los productos. Otros son abiertos a la comunidad, para ser difundidos internacionalmente y adaptarse a las necesidades locales.

Son proyectos que abren nuevos caminos y permiten pensar al diseño como una fuerza transformadora, capaz de conservar el medio ambiente utilizando energías renovables, facilitar la inclusión social, crear fuentes de trabajo y reforzar lazos comunitarios, mejorando así la calidad de vida de una gran cantidad de personas.


El poder transformador del diseño fue publicado de la página 64 a página65 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

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