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Las carreras de diseño en las universidades argentinas, una historia de los comienzos

Devalle, Verónica [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

ISSN: 1668-1673

XVI Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2008.

Año IX, Vol. 9, Febrero 2008, Buenos Aires, Argentina. | 211 páginas

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Las carreras de diseño en la Argentina reconocen, en tanto saber universitario, una serie de etapas que, al modo de capas arqueológicas, dan cuenta del crecimiento y las transformaciones del diseño en el país y los desafíos que actualmente presenta. Así, la primera, la carrera de Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo, creada bajo el espíritu pionero de César Jannello en 1958, respondía a uno de los desafíos desarrollistas que consistía, entre otras cuestiones, en activar las economías regionales y emergentes. El diseño –sin todavía especialización gráfico, indumentaria, industrial- era una respuesta a un incipiente impulso industrialista y, en consecuencia, debía transformarse en la instancia superadora de las escuelas de artes y oficios. Ese fue su primer impulso hasta la llegada de sucesivas reformas curriculares tramitadas entre los años `70 y `80, cuando surgen las ramificaciones en industrial y gráfica.

Por su parte, la Universidad Nacional de La Plata, crea las carreras de Diseño Industrial y Diseño en Comunicación Visual, para el año 1963. Allí las figuras de Daniel Almeida Curth y Roberto Rollié son centrales e indican el fuerte compromiso que también tuvo el diseño en La Plata con un proyecto de crecimiento industrial. No es casual que en los programas y los estudios preliminares para la creación de ambas carreras, abundasen las citas y referencias al Royal College de Londres y a la Hochschule für Gestaltung de la ciudad de Ulm, Alemania donde Tomás Maldonado se desempeñaba como profesor (y luego a partir de 1964 como director). Tampoco es casual el énfasis puesto tanto en el proyecto como configurador de la especificidad del diseño como de la inflexión local que, por lo menos como discurso, presentan los diseños en la Universidad Nacional de La Plata. Efectivamente, siguiendo la misma línea que luego sistematizara Gui Bonsiepe en los años `80, los dise- ños –tempranamente- se preguntan por la factibilidad en una región en crecimiento (América Latina) pero con un claro perfil agroexportador. Hasta allí, y en la medida en que la economía reconocía mayoritariamente al mercado de producción de manufacturas como eje industrial, los servicios eran un complemento de la producción de bienes materiales. Esta situación cambia con los años ’90 y la reconversión de las economías internacionales hacia el mercado de servicios. No está demás, entonces, señalar a modo de anticipo que durante los años `90 el diseño gráfico asumirá un rol protagónico como profesión, tanto en nuestro país, como a nivel internacional.

También durante los años `60, el diseño es desarrollado a modo experimental en el IDI (Instituto de Diseño Industrial) en Rosario, a cargo del Arq. Gastón Breyer y creado como dependencia gubernamental dentro del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) bajo la sigla CIDI (Centro de Investigaciones en Diseño Industrial) a cargo del Ing. Basilio Uribe. En este marco, el diseño es considerado un factor dinamizador de la economía y potenciador del desarrollo industrial. También allí el acento estaba puesto en el diseño industrial, aunque la presencia del diseño gráfico fue importante. Cabe destacar que, en ambos casos (tanto para el diseño industrial como para el diseño gráfico) se seguía, de una forma más bien ortodoxa pero no menos efectiva, la línea conceptual vinculada a la buena forma, de allí la instauración de los premios de Buen Diseño a mediados de los años `60.

A fines de los años `60 el diseño se destaca y desarrolla en otras instituciones educativas privadas. Tal el caso del CAYC (Centro de Arte y Comunicación) donde se forman importantes referentes del diseño a nivel nacional e internacional y la Escuela Panamericana de Arte, sin lugar a dudas uno de los sitios que más impulsó la enseñanza del diseño gráfico, entendiéndolo –de una forma pionera- como Comunicación visual.

La década de los ´70 es definitivamente el momento de expansión del Diseño y los diseñadores, la presencia del diseño en la calle y también el inicio de las tempranas emigraciones hacia Europa y Norteamérica. Jorge Frascara, a posteriori profesor e investigador de la Universidad de Alberta (Canadá) y Presidente de Icograda viaja a Canadá por aquel entonces y diseñadores y comunicadores jóvenes como Juan Carlos (América) Sánchez, Mario Ezkenazi, Norberto Chaves, Ricardo Rousselot viajan hacia Barcelona (España) transformándose en un referente importante del diseño continental.

Luego del gobierno militar se retoman proyectos que habían quedado truncos. Se crean así las carreras de diseño en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad Nacional del Litoral, en la Universidad Nacional del Nordeste, y unos pocos años después se inicia la enseñanza del diseño dentro de las universidades privadas, tal el caso de la Universidad de Palermo. Para los años `90 no quedaban dudas de la importancia que tenía –en términos de demanda, de desarrollo y de investigación- el Diseño Gráfico. Era indudable dado que, entre otras cuestiones, a nivel global se estaba expandiendo el mercado de servicios, las economías nacionales se habían transnacionalizado y el valor de la marca había comenzado a reemplazar la anterior importancia que asumía el objeto. Era el momento de la reflexión en torno a las identidades institucionales, la cultura organizacional y los atributos que –en el plano de lo simbólico- descansaban sobre los objetos y, por sobre todo, sobre los servicios.

Hoy, a más de quince años de todo este proceso, las carreras de diseño en la Argentina gozan de una saludable proyección de futuro. Sus egresados son reconocidos socialmente, crece la demanda de diseño, la variedad de los diseños se ha ampliado al mundo de la indumentaria, el textil, el audiovisual, y particularmente nuestros egresados obtienen premios, ganan concursos y validan sus títulos en un sinnúmero de eventos profesionales y académicos. El desarrollo de las nuevas tecnologías ha sido virtuosamente incorporado, demostrando en cada instancia que la enseñanza del diseño implica un conocimiento tecnológico de base pero no se reduce a esto último. Por el contrario, la formación que brindan las universidades, sus carreras de grado y de postgrado indican que, como resulta habitual en todo dominio de lo práctico –particularmente visible si tenemos en cuenta la historia de las disciplinas- llega el momento en que se produce el salto cualitativo que supone su incorporación al ámbito universitario. Allí, como lo ha demostrado holgadamente el diseño en nuestro país, hay un recorrido de la profesión sumamente sólido. Un recorrido del que conocemos su pasado, evaluamos su promisorio presente y construimos con anhelo su futuro. Por ello, cuando Buenos Aires es designada ciudad de Diseño por la UNESCO (2005) se tributa tanto el recorrido que ha hecho, como también la proyección de crecimiento en un área que moviliza recursos, dinamiza y hace crecer el mercado de servicios, crea puestos de trabajo y reconfigura el espacio público.


Las carreras de diseño en las universidades argentinas, una historia de los comienzos fue publicado de la página 128 a página129 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

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