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La lectura y la escritura en la universidad, dos necesidades unidas

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI [ISSN: 1668-1673]

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 11, Febrero 2009, Buenos Aires, Argentina. | 195 páginas

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Bianchi Bustos, Marcelo Emilio [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

“La lengua es, sin duda, el constructor más poderosos de identidad comunitaria, es el reflejo inapelable de la propia miseria y riqueza interior, de las tensiones culturales que se viven en una nación, particularmente cuando se atraviesan circunstancias de innegable crisis social económica” (Bordelois, 2006: 15) 

La idea del poder de la lengua y de su importancia para la construcción de la identidad no es algo extraño sino que, como señalan investigadoras en la temática, la lengua actúa como un documento de identidad, es un poderoso instrumento que genera y muestra (al mismo tiempo, aunque parezca extraño) identidades. Con ese escenario tan complejo de esa función de la lengua como fondo se intentará pensar en este artículo por qué y de que forma se puede trabajar en el aula de la universidad con la lectura y la escritura. 
Enseñar lengua en el mundo de hoy es un verdadero desafío que implica pensar, desde la perspectiva de Barman, que el lenguaje “es una forma de vida y que cada lenguaje es una forma de vida con derecho propio” (Bauman, 1994: 228). Ahí está el desafío en su más grande demostración: hay que considerar todas y cada una de esas lenguas por lo que significan en el proceso de identidad pero, al mismo tiempo y sin intentar dominar, hacer pensar en la utilidad de la lengua estándar y en la importancia que la misma adquiere para la comunicación. Trabajar con la escritura y con la lectura en la universidad es una necesidad pues significa habilitar a los estudiantes para que sean capaces de interpretar y producir textos adecuados a sus necesidades comunicacionales. Si, tal como se sabe, la sociedad ha tenido cambios tan profundos, la lengua, que es una de las bases de la cultura, a pesar de seguir “existiendo” fue modificada y ya no se utiliza de la misma manera pues como lo señaló Alvarado (2004), entre el rollo de papiro y la pantalla de la computadora ha habido una serie de mutaciones en el soporte material del texto escrito que han incidido en los modos de leer y escribir”. Basta tan sólo mirar una serie de mails escritos por adolescentes y mensajes de texto del celular para poder confirmar esta hipótesis. No se trata sólo de un cambio a nivel del cronolecto de los hablantes (diferencias en el habla de acuerdo a las edad cronológica de un hablante) o sino de algo mucho más profundo y generalizado con lo que se debe trabajar si se comprende realmente que el tratamiento de la lectura, la escritura y la oralidad son una verdadera necesidad. 
Trabajar con los dos aspectos que se mencionaron en el título de este trabajo no implica sólo enseñar aquellos contenidos que históricamente conformaron el objeto de enseñanza sino que también involucra otros aspectos como los medios de comunicación y a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). Pero, ¿Por qué incluirlos cuando se critica socialmente lo que “los medios generaron”? Una causa posible es pensar que algunos avances tecnológicos trajeron aparejados cambios en la lengua, con nuevas competencias lingüísticas y culturales. Después de la publicación en la década del 80 de la obra de Walter Benjamín (1982) en la cual se refería a la pérdida del aura de la obra de arte ante su reproducción masiva, el tema de las relaciones entre la literatura y la cultura letrada (precisamente aquella que es transmitida por la escuela y en particular en el área de Lengua) con los medios masivos, ha suscitado y suscita distintos debates. Ya no se trata de apocalípticos e integrados, y más allá de cualquier opinión sobre el tema, hay que considerar dos aspectos centrales para poder comenzar a pensar en estos cambios en la cultura letrada. En primer lugar que no se puede negar que la enseñanza de la lengua en íntima relación con la comprensión lectora de los medios de comunicación es fundamental para el desarrollo de una serie de saberes socialmente válidos. Por otro lado hay que considerar que esa visión apocalíptica deriva del simple hecho de que se trata de una cuestión de paradigmas: para aquellos que se criaron en la época de los libros en formato papel y de las bibliotecas plagadas de silencio les cuesta trabajo pensar que hay otras lecturas y otros modos de leer (y para los que viven tan sólo en está época miran como lejano un pasado al que muchas veces hay que volver para seguir leyendo y seguir escribiendo). Como se señaló anteriormente, ya no se enseña sólo aquellos contenidos cinglados con la lengua que históricamente se trabajaron sino que hoy se intenta pensar en las prácticas sociales de la lengua. Si se hace referencia a la práctica social se piensa en el enfoque comunicativo de la lengua. Al respecto, Cassany, Luna y Sanz (1994) señalan que uno de los objetivos de la lengua es que los estudiantes puedan comunicarse mejor. Al desarrollar este modelo, señalan algunas características que es importante tener en cuenta. La primera de ellas tiene que ver con la concepción del lenguaje como uso, como acción. Lengua en uso, lengua su práctica, prácticas del lenguaje son términos que hoy pueblan los estudios de los especialistas y que son “nuevos” intentos de buscar la significatividad a lo que históricamente se buscó pero que tal vez no se logró. Otra característica es que se debe perseguir la obtención de determinados saberes. Estos son, desde otras perspectivas teóricas menos críticas, los que algunos autores han denominado competencias. Marta Marín (1995) ha definido a éstas últimas como “el término empleado por la sociolingüística para referirse a los conocimientos y aptitudes necesarios para que un individuo pueda utilizar todos los sistemas de signos de su comunidad sociocultural” (...) Incluye la competencia lingüística (…) pero va más allá de ella, en cuanto es el conocimiento del uso apropiado del lenguaje en distintas circunstancias. Incluye la competencia textual y la competencia discursiva, pero va más allá de ellas porque la comunicación incluye el conocimiento acerca de las estructuras textuales y de la selección del discurso apropiado para la situación comunicativa.” 
Es decir, que al trabajar con la Lengua en la universidad no sólo se vuelve a pensar en la lectura y en la escritura sino que, al mismo tiempo, se le abre al estudiante las puertas del mundo de la cultura letrada que por extensión incluye también a toda la nueva cultura de estos tiempos, es decir la de internet, del cine, del video, de los games, etc. Sin lugar a dudas hoy es necesario pensar, además, qué implica leer y escribir en el contexto de la hipermedialidad. 
Como se sostuvo anteriormente, la tarea de trabajar con estos temas no es sencilla pues implica el tratamiento de la oralidad, la escritura y la lectura. Si bien todas pertenecen al ámbito de estudio formal de la lengua, cuando se hace referencia a ellas en la educación, las mismas no son parte del territorio de esta materia sino que todas las áreas curriculares deben – en mayor o menor medida – trabajar con esa tríada. En este artículo sólo se considerarán dos de estos aspectos, la lectura y la escritura.

La escritura 
La escritura es tal vez la más tradicional de las partes que componen a la lengua en tanto objeto de enseñanza y es – muchas veces – uno de los principales obstáculos con los que se encuentran los estudiantes. Como se sabe, ella abarca diversos dominios como la ortografía, la caligrafía y la composición. Para que los alumnos que llegan a la universidad hay que considerar varios aspectos. El primero de ellos es que ya tienen un importante capital como escritores y que se han comunicado a lo largo de varios años usando la lengua. En muchos casos se presenta el desafío de “reparar” la escritura, de mejorar cuestiones vinculadas con el estilo, con la ortografía, con la puntuación, etc. Lo que se busca a partir de las actividades de escritura universitaria es que se transformen en competentes escritores, capaces de valorar la escritura como forma de comunicación social, de expresión personal y como medio de organización de las ideas, produciendo textos completos (además de complejos) y variados con adecuación a las circunstancias comunicativas. Por estos motivos, en el aula de la universidad se debe generar el espacio para que cada uno de los alumnos pueda, en primer lugar, producir y reproducir (mediante la técnica del resumen y para utilizar en la escritura y la oralidad) textos completos de circulación social atendiendo siempre a propósitos determinados (de cada uno de los mensajes que produce) y destinatarios reales pues de esa forma se adecuarán las estrategias de comunicación en función de las competencias, en el sentido de conocimientos básicos que posee, del receptor. Pensar en el receptor al escribir no es un hecho sin importancia sino que implica considerar que la escritura, por su carácter diferido va a ser leída por otros que deben valorar lo escrito por mí al mismo tiempo lleva a aquel que escribe a considerar el texto que está realizando como una pieza fundamental en cuya elaboración debe considerar las competencias psicológicas del auditorio, su conocimiento del mundo y las perspectivas socioculturales que cada uno posee. Además, desde el momento en que la necesidad de comunicarse (de escribir un texto y que el mismo llegue a ser comprendido en todos los aspectos por el destinatario del mismo) problematiza un aspecto de su realidad que lo hace pensar qué estrategias deberá poner en juego, cuál es la tipología más adecuada para comunicar su mensaje, etc., el estudiante irá hacia una etapa de exploración del medio que promueve el encuentro con el objeto por conocer y de cuáles son las características que debe poseer su mensaje. Esta operación de escritura es la que algunos especialistas (Cassany) han denominado la de los escritores expertos. Como sostienen Marro y Dellamea (1994: 20) “redactar es tener algo que decir a alguien y buscar con esfuerzo la mejor forma de lograr esa meta”. No es fácil hacerlo, pero ese es el sentido que se debe seguir al trabajar con la escritura. 
El segundo de los aspectos consiste en utilizar la escritura para registrar y conservar memoria. Ya Platón en el célebre y siempre citado Fedro argumentó sobre la importancia (criticándola al mismo tiempo) de la escritura y como ésta le posibilitaría al hombre perpetuarse y borrar la barrera de la memoria y del tiempo. Son muchas las posibilidades de que la palabra sirva para ese registro y se debe capacitar para que realmente dicha operación sea exitosa. Otra posibilidad es para comunicarse a distancia. Aquí entra en juego la característica principal de la escritura que, tal como se ha mencionado anteriormente, es su carácter diferido. Que sirva para la comunicación en la distancia implica que el emisor del mensaje debe tener en cuenta este aspecto para poder escribir todo aquello que el destinatario necesite para poder comprender el mensaje, para archivar, clasificar y organizar datos, para incidir en la conducta de los otros, etc. Por último, pero sin que esto signifique una jerarquización en cuanto a su importancia, para expresar sentimientos y emociones, para objetivar el mensaje para el propio escritor. En épocas en las que la globalización es terrible y la vida toda del hombre (el tiempo, sus creaciones, etc.) se mide en el mercado, pensar que la escritura es un medio para poder expresar sentimientos y emociones es darle a la misma más vida, mas sentido desde lo personal. 
Por supuesto que, tal como se señaló anteriormente, escribir no es fácil (y cuando se afirma esto no lo hago sólo en el acto inicial de escribir que tiene un niño y todas las operaciones mentales que debe realizar sino que hago referencia a que para poder cumplir con el objetivo de comunicarse es necesario planificar el escrito, organizando las ideas para ponerlos en palabras de la lengua escrita). Esta compleja operación implica poner en marcha un plan (aunque por momentos este parezca extraño es fundamental que exista) para que las palabras y la extensión no sorprendan al escritor sino que sean parte de algo ya planificado, pensado, “masticado”. Así como en Alicia en el país de las Maravillas, el gato le dice: Podrás llegar si sabes donde, en el proceso de escritura también se puede arribar a objetivos siempre que se planifique nuestra acción y que cada uno como escritor sepa adonde quiere llegar para cumplir con los objetivos propuestos. La respuesta del gato además puede servir, llevándola a otro terreno, a pensar en la utilidad de planificar las acciones y conocer cuál es el punto al que queremos arribar cuando nos ponemos a escribir. En el momento de la planificación se debe pensar todo acerca del texto aunque éste, por su dinámica, tal vez pueda llegar a cambiar en el proceso propio de la escritura. De esa forma se planifica desde el objetivo de la comunicación o si es un texto de carecer ficcional (utilizado por ejemplo en algún taller literario o en una materia de escritura de guión teatral), se debe también considerar todo acerca de los personajes. Pero con respecto a éstos, no bastaría con describir como son físicamente –tal vez lo menos importante, excepto que tal descripción sea de relevancia para el desarrollo de la historia- sino en realizar una caracterización desde lo psicológico que los ayude a pensar en la forma en que se comportará ese personaje. Si se siguiera a Pirandello o a Unamuno podríamos decir que los personajes son seres libres y que son ellos los que mueven al escritor como si fuera un dios, pero esta apreciación es importante cuando los alumnos ya saben producir y pueden hacerlo sin ningún tipo de dificultad. Hasta ese momento será necesario manejar a los actores de la historias como marionetas pero siempre teniendo en cuenta que sus comportamientos guarden estrecha relación con la lógica del personaje y con las características que delineamos sobre ellos. Una vez delineados estos pasos previos, llega el momento de plasmar las ideas en el papel (lo que muchos teóricos llaman “la puesta en texto”). Es posible que en esa instancia se genere un momento de tensión seguido de un estancamiento causado por el temor al papel en blanco: no saber qué decir, cómo hacerlo, cómo comenzar, qué palabras utilizar, etc. Si lo que tenemos que producir son textos no ficcionales lo ideal es que los alumnos tengan la idea de que ese texto es para un destinatario real y no para cumplir con una simple actividad incluida en la planificación del docente. Si lo que tenemos que producir son textos ficcionales – el objetivo de este trabajo – lo que hay que hacer es pensar en un lector ideal que al leer la producción pueda llegar a tener una idea cabal de lo que se quiere transmitir, que no queden dudas, que todo sea claro y que forme un cuerpo cohesivo y coherente. 
Revisar lo escrito, opinar sobre los escritos de otros, discutir sugerencias de modificación de la propia escritura para decidir sobre su pertinencia. Reflexionar sobre los problemas que plantea la producción escrita, su proceso de elaboración y sus efectos, teniendo siempre presente que al producir textos siempre hay que hacerlo de acuerdo con las normas de la Lengua Española, es decir con la ortografía y la sintaxis correcta, y cuidando la cohesión y la coherencia textual.

La lectura 
Sam Savage, Doctor en Filosofía de la Universidad de Yale, Estados Unidos, publicó en el 2007 un libro muy interesante y que lleva a pensar en el tema de la lectura. ¿Quién no escuchó alguna vez la expresión “ladrón de biblioteca”? Precisamente en el libro Firmín, su protagonista es una rata. Animal solitario que primero devoraba y destruía los libros pero que muy lentamente se fue dando cuenta del valor que los mismos tenían y que podían ser devorados no físicamente sino intelectualmente. Aunque pueda parecer contradictorio hoy en las instituciones educativas se lee menos (nadie es como Firmín) pero los estudiantes leen más. Lo que sucede es que hoy la lectura es funcional, imprescindible para sobrevivir pero contrariamente, se puede afirmar que en las escuelas argentinas hoy se lee menos (y posiblemente también la calidad de las obras literarias sea menor). Estas consecuencias de los consumos de lectura afecta a la escuela pues ella “es una institución creada alrededor del libro y para promover prácticas de lectura y escritura centradas en él” (Alvarado: 2004, 17). Pero quién es responsable de ello ¿Es la televisión, es internet, son los video-games? No hay un responsable único pues una problemática de este estilo no puede analizarse desde el paradigma de la simplicidad sino que intervienen en ella una serie de actores y de factores que trabajan para alejar al alumno de la lectura de los libros. Hoy los medios de comunicación y las TIC (nuevas tecnologías de la información y de la comunicación) están presentes y no se las puede dejar de lado. Hoy, debido a la omnipresencia de los medios de comunicación que intentan (y lo logran) legitimar y universalizar al mismo tiempo los principios de la cultura hegemónica, la universidad debe cumplir una clara función crítica, de contraste, de interrogación de la realidad y de cada una de las opiniones vertidas en/por los medios. Desde está postura, la universidad debe enseñar a leer y no sólo textos (si por éstos entendemos sólo a los libros) y más allá de que nos duela pues la tarea es enseñar a leer la multiplicidad de mensajes que se reciben diariamente. Por supuesto que acompañando esto hay que revalorizar el lugar del libro. Lo ideal sería que no sonara utópico que un alumno pudiera volver a pensar algo del estilo de este pensamiento de Jorge Luis Borges (1995: 9) quien dijo: De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”. 
Isabel Solé (2002: 19) sostiene que “leer es un proceso de interacción entre el lector y el texto, proceso mediante el cual el primero intenta satisfacer (obtener una información pertinente para) los objetivos que guían su lectura”. Si nos referimos solamente a la definición de lectura como “decodificación” caeríamos en una concepción errónea acerca de lo que es la comprensión de un texto puesto que quedaría afuera la inferencia, la deducción o interpretación del lector. La afirmación de Isabel Solé contiene tres palabras que han de ser clave para la comprensión del significado del “acto de leer”, estas son “proceso”, “interacción” y “objetivos”. Ella se refiere a la presencia de un lector activo que procesa y examina el texto y la existencia de uno o varios objetivos que guían la lectura. La lectura es un trabajo de interpretación del texto y forma parte de un hecho de comunicación. La comunicación no es inmediata sino mediatizada, con distancia en el tiempo y en el espacio. Se trata, además, de un hecho cognitivo, de un proceso de conocimiento. La interpretación que el lector realiza de los textos depende en buena medida de los objetivos que presiden su lectura. Aunque el contenido del texto permanece invariable y una o más sean las tesis que el autor desarrolla en el mismo, es posible que dos lectores movidos por finalidades diferentes, extraigan de él distinta información. Estos aspectos llevan a pensar que en realidad el significado de un texto para un lector no es una traducción o una réplica del significado que el autor quiso imprimirle sino que es una construcción que implica al texto, a los conocimientos previos del lector que lo aborda (que se mencionaron anteriormente con el nombre de competencias) y a los objetivos con que se enfrenta a aquél. Esto implica pensar que, desde la perspectiva de Solé y otros teóricos de la lectura, leer es el proceso mediante el cual se comprende el lenguaje escrito. En esta comprensión interviene tanto el texto, su forma y su contenido, como el lector, sus expectativas y sus conocimientos previos. Para leer necesitamos, simultáneamente, manejar con soltura las habilidades de decodificación y aportar al texto nuestros objetivos, ideas y experiencias previas; necesitamos involucrarnos en un proceso de predicción e inferencia continua, que se apoya en la información que brinda el texto, en nuestro propio bagaje y en un proceso que permita encontrar evidencia o rechazar las predicciones e inferencias de que se hablaba. 
Claro que hoy en el mundo de los libros hay gran cantidad de cambios y uno de ellos tiene que ver con la avalancha de conocimientos que lleva a un aumento cada vez mayor de nuevos materiales de lectura que debemos leer. Esto lleva a pensar en distintos tipos de lecturas, entre las que se destacan: 
a. Lectura ambiental (de carteles e indicaciones que aparecen en nuestro tránsito por la ciudad o las rutas y caminos). Esta lectura tal vez parece la más sencilla pero es en ella cuando hay que tener despierto el “olfato semiológico” que desarrolla Eco pues donde hay simplemente palabras es necesario encontrar sentidos y ver que se pretende detrás de una imagen o de una sintagma). 
b. Lectura profesional (de artículos científicos y a la que todo profesional se expone en su vida cotidiana y para la que es necesario disponer de una serie de recursos pues su éxito implica mantenerse actualizado en un mercado laboral cada vez mas competitivo). 
c. Lectura utilitaria (es la que realizamos cuando lo que necesitamos es la búsqueda de un dato o información). 
d. Lectura cognitiva (ligada al deseo de comprensión, más que a la mera información). 
e. La lectura de recreación, distracción o evasión (necesidad de alejarse de las preocupaciones cotidianas, huida al mundo de lo imaginario y los deseos insatisfechos). Esa lectura por placer es la primera que muchas personas recuerdan, es la lectura en la que el aspecto fruitivo es el determinante y en la que no entra la idea de obligatoriedad pues son incompatibles. Leer por placer leva a pensar en la antítesis: no leer porque no da placer. Sobre esa misma lectura por placer, sobre esas ganas de tomar un libro y devorarlo (tal como lo hizo Firmín, la rata que fue mencionada más arriba, y sobre lo que puede generar en una persona, Angélica Gorodischer (2007, 20) escribió: “el haber tenido sueños alimentados por la gran literatura va a alentar a cualquiera de ellos a tomar el camino más imaginativo, más satisfactorio, más feliz en una palabra, cuando se trate de encrucijadas de la vida o de problemas a resolver o incluso de pérdidas, elecciones, tristezas y reencantos”. 
f. Lectura ostentosa (leer un libro de moda o premiado por prestigio cultural). Muchas veces la literatura y el último libro de moda funciona como el lenguaje pues da identidad (o la quita en realidad pues se suprime el gusto personal para trabajar a partir de la demanda de leer un libro pues el miso es la moda, la vanguardia y aquello que debe ser leído).

Para poder desarrollar esta serie de saberes necesarios y que realmente los estudiantes puedan ser lectores activos, autónomos y críticos, considerando que a lectura puede ser un medio para satisfacer distinta necesidades, hay que darle posibilidades para: 
• Participar como usuario (cada vez más competente) en varias situaciones de lectura donde se acceda a todo tipo de material escrito (sin despreciar lo masivo y que tal vez no sea lo más apropiado del mundo académico), leyendo según propósitos establecidos (por ejemplo en la presentación de una ponencia, para resolver problemas prácticos, para informarse sobre un tema acerca del que necesita saber; para ampliar su horizonte cultural y el conocimiento sobre un determinado tema; para hallar respuestas a interrogantes específicos tanto propios como de otros que han pensado previamente y que le han dado en herencia dudas e incertidumbres, además de certezas; por placer; para resolver problemas como escritor; y para expandir o resumir un texto).
• Leer, escuchar leer e interpretar distintos tipos de textos completos en diversos contextos comunicativos. Anticipar e inferir interpretaciones posibles valiéndose de la información paratextual (imágenes, títulos, índice, etc.) y utilizando para ello hipótesis de lectura que le permitan ser un conocedor crítico de aquello que lee. 

Como se puede ver cada uno de los dos puntos anteriores significan un sinnúmero de actividades posibles, de aspectos para pensar como trabajar con la lectura en la universidad. A lo largo de todas las lecturas, que deberán incluir – casi como una obligación – las obras canónicas de la literatura universal, española y latinoamericana en particular, los alumnos podrán ir progresando en el conocimiento de obras que forman parte de la cultura. Pero este conocer no será un simple conocer sino un conocer dándose cuenta ¿De qué debe darse cuenta el estudiante lector? Básicamente de que un texto literario admite diversos niveles de lectura, desde el simple entretenimiento hasta la representación y confrontación de la propia experiencia y la adquisición de conocimientos específicos del texto ficcional y estético, y que la comprensión y el posterior disfrute del texto literario será acorde con la competencia cultural desarrollada (a más lecturas, mayor conocimiento y mayor competencia cultural). 

A modo de cierre 
Tanto la lectura y la escritura se encuentran en el día a día y se manifiestan constantemente en lo cotidiano en el contexto de la hipermedialidad. Tomando un fragmento de un sugerente texto de P. San Martín y G. Guarnieri (2007: 20), se puede sostener que hoy la lectura y la escritura en los tiempos de internet se complejizan cada vez más pues aparecen “segmentos conversacionales, interactividad a través de computadoras conectadas a internet con páginas donde podemos dejar nuestras huellas (blog, wikis) vinculadas a móviles telefónicos, cámaras directas, pantallas gigantes, etc., se multiplican los sujetos de la enunciación”. Ese nuevo mundo, esa nueva realidad es un terreno fértil en el cual hay que trabajar y con el cual hay que realizar un cambio para que realmente sirva para la comunicación. 
Desde la perspectiva de Alvarado y Yeannoteguy (1999), al trabajar con estos dos aspectos de la lengua se estará trabajando con el desarrollo de cuatro códigos fundamentales: el sociocultural, pues se pondrán en juego permanentemente los conocimientos que se traen acerca del mundo, tanto de parte de un alumno que escribe como de uno que lee; ideológico pues se comprenderá que en los textos siempre de deslizan sistemas ideológico y de creencias que cada una de las personas pueden proyectarse a través de los textos; retórico pues se pondrán en juego una serie de conocimientos que el lector tiene (o que deberá trabajar para tenerlos) sobre el lenguaje; y por último el lingüístico, es decir todos los conocimientos que se debe tener como hablante de la lengua vinculados con la lengua (fonética, conocimientos léxico – gramaticales, etc.). Tal como lo sostuvo Martin Heidegger (1927) el hombre comenzará a sentirse inmerso en ese mundo de significaciones preexistentes que no le serán ajenas pues estará implicado en él y con las competencias necesarias para poder vivir y, en esa vida, usar la lengua a través de la lectura y la escritura. Para concluir, considero que es necesario que recordemos que el gran desafío del área de la lengua en la escuela fue (aunque no nos lo dijeron), es (aunque muchas veces no lo parezca) y será (aunque suene utópico) formar usuarios autónomos, críticos y creativos del lenguaje, capaces de interpretar y producir cambios en el mundo mediante el uso de la lengua pero no sólo en su ámbito de desempeño cotidiano sino más allá, en el contexto de la aldea global del siglo XXI. En todo momento se debe buscar (Cassany, 1994) que la lengua se use en forma adecuada en diferentes situaciones para llevar a cabo diferentes tipos de tareas en el marco de la interacción social. Ese es el desafío y para lo que se debe trabajar. 

Referencias bibliográficas 
- Alvarado, M. y Yeannoteguy, A. (1999) La escritura y sus formas discursivas. Buenos Aires: Eudeba.
- Alvarado, M. (2004). Problemas de la enseñanza de la lengua y la literatura. Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes Editorial. 
- Bauman, Z. (1994) Pensando sociológicamente. Buenos Aires: Nueva visión 
- Benjamín, W. (1982). Discursos Interrumpidos. Madrid: Taurus. 
- Bordelois, I. (2006) El país que nos habla. Buenos Aires: Sudamericana. 
- Borges, J. L. (1995). Borges oral. Buenos Aires: Alianza. 
- Cassany, D. y Luna (1994) Enseñar lengua. Barcelona: Grao.
 - Gomba, M. (1997): “Resignificar la escuela”, en Novedades Educativas, Año 9, n° 81. 
- Gorodischer, A. (2007) A la tarde, cuando llueve. Buenos Aires: Emecé. 
- Heidegger, M. (1927) Ser y tiempo. Buenos Aires: Nueva Visión. 
- Marín, Marta (1995). Conceptos claves. Buenos Aires: Aique Grupo Editor. 
- Marro, M. y A. Dellamea (1994) Producción de textos. Estrategias del escritor y recursos del idioma, Buenos Aires: Fundación Universidad a Distancia Hernandarias. 
- San Martín, P. y G. Guarnieri (2007) “Leer y escribir en el contexto de la hipermedialidad” en: Revista La Crujía, Año 02, Número 05, abril de 2007. 
- Solé, Isabel (2002) Estrategias de lectura, España, Instituto de Ciencia de la Educación, Universidad de Barcelona / Grao.


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escritura . lectura . universidad .

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