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El diseño, un bien de consumo

Reca, Estela [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 11, Febrero 2009, Buenos Aires, Argentina. | 195 páginas

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El hombre actual está transitando un mundo de mayor desarrollo y de mayor complejidad. Demanda por más cantidad de elementos de consumo, algunos sin costo, pero el estar agiornado lo obliga a posicionarse distinto ante los continuos cambios. 

Esos cambios actúan como fuentes de deseos, es decir se está en la búsqueda de nuevas propuestas. 

Ahora bien, qué sucede entonces, los ciclos de vida de cada uno de los productos consumidos son muchísimo más corto. En el siglo pasado (hace solo una década atrás) los ciclos en los que el hombre cambiaba su hábitat (vivienda) era de aproximadamente unos 20 a 25 años, en la actualidad estos ciclos están llegando solo de 10 o 12 años. 

Las causas son fáciles de comprender la industria está brindando aquí y en el exterior fantásticas respuestas en mobiliarios, revestimientos y propuestas de diseño, de manos de la tecnología, con lo cual nos enfrentamos a nuevos productos, a otras texturas, brillos, colores, luminosidad, etc. 

Estos productos, que sobrepasan los estándares actuales, hacen que el hombre joven en pleno desarrollo, aspire a consumir esa nueva tecnología, pues pretende estar inmerso en los nuevos cánones del confort, propios de su contemporaneidad. 

Si bien nada es para siempre en estos tiempos muchísimo menos. 

En realidad cambió la percepción del hombre ante el mundo y de su sistema de vida. 

Desde lo personal hoy queremos consumir ciertas marcas muy bien posicionadas en el mercado, no tenemos un reloj pulsera para toda la vida, sino varios en forma simultánea. 

Al estar en constante cambio el estilo de vida, es muy difícil lograr un parámetro, pues permanentemente estamos alimentando esa demanda con nuevos standars a los que queremos llegar, es decir cambió el paradigma.

Se cumple la demanda creciente, es decir los productos ofrecidos deben ser de mayor calidad y diseño que los consumidos. El diseño ha comenzado a cumplir un rol fundamental, no solo en los espacios, sino en todos los elementos que abarca. Quienes tienen cierto poder adquisitivo se convierten en potenciales consumidores de productos innovadores. 

Este nuevo paradigma también beneficia a los estratos sociales de menor poder adquisitivo, ya que en el proceso de recambio, dejamos cosas con tiempo de vida útil, depreciadas por la aparición de lo “nuevo”. Además en economías con faltantes de confort, estos déficits se pueden cubrir con los elementos factibles de uso, pero que no cumplen con los cánones de la moda. 

Hoy constantemente tenemos nuevos elementos a nuestro alcance que incentivan la demanda; jacuzzis, domótica, automatización sectorial, lofts, sistemas de seguridad, tecnologías a disposición, y hasta barrios con renovadas propuestas socio culturales y urbanísticas. 

La generación constante de elementos innovadores hace dinámica la posición del hombre actual, “estamos conformes por un tiempo más corto”. 

Los cambios de conducta se producen porque nos guste o no, estamos inmersos en la globalización, al igual que nuestros deseos, diseños y modas. 

Hoy en importantes capitales, se realizan proyectos conformes a escala pero con materiales más jóvenes (no magnificentes tipo mármol), sino el uso de la madera, el acero y materiales rústicos, es decir propuestas más informales. 

Otro caso en el cambio de la estética lo vemos por ejemplo en un dormitorio en suite se separa del baño por medio de un cristal esmerilado otorgando una continuidad espacial de diferente calidad visual y táctil. El hombre de hoy prefiere sumarse a este tipo de espacios, no a los compartimentados por los tradicionales límites concretos de mampostería. 

Cabe destacar que en otros ámbitos, como en la hotelería actual también el consumo de diseño es una demanda constante en cada uno de sus espacios privados y públicos. Desde la imagen y el confort de un hall de acceso, nos genera como propuesta diferente, con sectores de estar, sectores con computadoras con wifi a disposición, música como elemento de relax y el especial tratamiento de todos los planos que componen el espacio. Los horizontales, en el caso del cielorraso con interesantes bajadas, de formas exclusivas para ese lugar incorporando la luz como una herramienta de diseño, que juega y serpentea con cada una de las áreas funcionales por su intensidad y por el uso del color. El plano base contempla, escaleras, rampas con distintos tipos de revestimientos, no solo en su cromaticidad, sino en su textura, condicionando así la forma de caminar hasta llegar a la recepción. Los planos verticales indiscutiblemente son los más ricos, aquellos que le dan la característica propia al espacio reforzando con lo anteriormente mencionado el carácter del lugar. Acá es donde se hacen presente las aberturas, los materiales, los elementos accesorios, aquellos que disparan la mirada del observador por ser tratados como centros de interés. 

De cada espacio que consideremos, de cada producto o elemento que llegue a nuestras manos, podemos advertir que a la funcionalidad se le suma el diseño como factor determinante del consumo y que en más de un caso, el cambio se produce por que la intención es poder contar con esa pieza diferente, por estar en ese lugar diferente, para responder o sentirnos inmersos en el diseño del la etapa de la historia que nos toca transitar. 


El diseño, un bien de consumo fue publicado de la página 160 a página161 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

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