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La evaluación en talleres de comunicación escrita

Lobos, Andrea [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 12, Agosto 2009, Buenos Aires, Argentina. | 203 páginas

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La evaluación del proceso de enseñanza-aprendizaje suele ser el momento más complejo de la tarea docente, porque es allí donde se juega la promoción o no de una materia. 

Para poder reflexionar sobre los problemas muchas veces es necesario redefinir las palabras que utilizamos, repensarlas, desarmarlas. Es por eso que habría que pensar de qué estamos hablando cuando hablamos de evaluar. 

El sentido común indica que evaluar en el campo educativo es igual a colocar un número o tomar un examen. Desde este punto de vista la evaluación es un instrumento para medir y verificar si los alumnos han adquirido los conocimientos dados en clase, es considerada como algo externo al proceso mismo de la enseñanza y del aprendizaje, es vista como un “apéndice”1 . 

Estas concepciones hacen que la evaluación sea una instancia conflictiva, porque sólo se evalúa el producto de un examen o de un trabajo. El desafío del docente consistirá en quitarle a la evaluación lo que tiene de conflictiva para transformarla en una instancia de diálogo, donde se tenga como principal objetivo enriquecer los procesos de aprendizaje. 

La evaluación puede ser comprendida de dos formas, cada una de ellas implica concepciones de sujetos educativos deferentes. Una concepción que interprete a la evaluación sólo como un instrumento para medir resultados y como medio de acreditación, es una concepción que piensa al alumno, como un receptáculo para recibir información. Una concepción que considere a la evaluación como un proceso, y no como la forma de “aprobar” la materia, considera al alumno como un sujeto capaz de elaborar sus propias relaciones. 

Otro aspecto a considerar es el lugar que tiene el error en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Para el docente, cuando los alumnos reprueban es porque no estudiaron lo suficiente y no dijeron lo que ellos esperaban. 

Tomemos el ejemplo de los talleres de comunicación escrita. En estas materias evaluar implica mucho más que tomar un examen y colocar un nota. La producción de textos escritos es mucho más que la construcción sintáctica y los conocimientos de ortografía. Por cierto que estos conocimientos son importantes y necesarios, pero no es menos importante que el alumno adquiera la habilidad de argumentar sus ideas por escrito, o de escribir textos expresivos. 

 Muchas veces se ha escuchado decir “este alumno no tiene errores de ortografía, sino horrores de ortografía”. En algunas disciplinas, como la enseñanza de lenguas extranjeras, se utiliza la “pedagogía del error”. En el caso de nuestra lengua, todavía se sigue considerando la “falta” de ortografía, o de sintaxis como los únicos elementos que se que pueden evaluar para llegar a la calificación final. La falta se opone a la “no falta” y en el medio no hay opciones. Si consideramos el error como parte integrante del texto, estimularemos al alumno a que desarrolle su capacidad de autocorrección. Comunicarse, conversar, hablar, interpretar un discurso, ponen en juego muchas habilidades que puede ser evaluables. La sensación que se tiene es que los alumnos están más preocupados por la nota que el profesor “les va a poner “que por elaborar algo propio. Es más sienten miedo de decir lo que piensan. Muchas veces frente a consignas abiertas que implican que ellos expresen sus pensamientos, se sienten inseguros, buscan el acuerdo con el profesor, repitiendo sus mismas palabras. 

El temor a la página en blanco, a no ser creativos, son las preocupaciones más habituales que expresan los alumnos. Frente a estos temores, la pregunta que surge es: ¿Se puede aprender a escribir? La respuesta, es sí, se puede ¿Cómo? Leyendo, y mucho. La escritura y la lectura están íntimamente asociadas, una implica a la otra. Porque es a través de la lectura que podemos observar los procesos que llevaron a la escritura de esos cuentos, novelas, ensayos o cualquier otro tipo de texto. Una anécdota cuenta que el escritor ruso Isaac Babel escribió y rescribió cien veces un cuento de diez páginas. Como vemos hasta los escritores más consagrados tienen problemas con sus textos. 

Todas estas habilidades se desarrollan en lo largo de un tiempo, implican un proceso no exento de dudas y de escrituras fallidas, pero estos errores tenemos que considerarlos parte del proceso de enseñanza-aprendizaje. 

La lectura y la reescritura son dos estrategias que podemos implementar para que los alumnos desarrollen sus propias escrituras.

Entonces es posible evaluar en talleres de escritura o comunicación escrita, siempre y cuando consideremos al error, y a los textos borradores, como parte de un proceso que llevará al alumno a producir textos donde pueda desarrollar su creatividad o argumentar. 

Notas 

1 Dice Celman (1998: 37) “La evaluación no es ni puede ser un apéndice de la enseñanza ni del aprendizaje, es parte de la enseñanza y del aprendizaje. En la medida en que un sujeto aprende, simultáneamente evalúa, discrimina, valora, critica, opina, razona, fundamenta, decide, enjuicia, opta, entre lo que considera que tiene un valor en sí y aquello que carece de él. Esta actitud evaluadora, que se aprende, es parte del proceso educativo que, como tal, es continuamente formativo.

Vocabulario relacionado al artículo:

escritura . evolución . sentido común .

La evaluación en talleres de comunicación escrita fue publicado de la página 60 a página61 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

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