1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII >
  4. La representación de lo gay dentro del nuevo cine argentino

La representación de lo gay dentro del nuevo cine argentino

Russo, Juan Pablo

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 12, Agosto 2009, Buenos Aires, Argentina. | 203 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

A mediados de los años 90, con la aparición de Pizza, birra, faso de Adrián Caetano y Bruno Stagnaro, Mundo grúa de Pablo Trapero, y Rapado de Matin Rejtman, se inició un movimiento de renovación cinematográfica. Dicho movimiento renegaba de un cine envejecido con olor a rancio, se comenzó a vislumbrar cierta renovación estilística a la hora de filmar. Con recursos mínimos, planos largos, una narración hiperrealista, exceso en el uso de los tiempos muertos y casi sin apoyo oficial, pero con una amplia participación en festivales internacionales, seguido por un fuerte apoyo de estos y de fundaciones europeas, el Nuevo Cine Argentino dejó de ser solo una tendencia para convertirse en un fenómeno. Directores como Lucrecia Martel, Daniel Burman, Rodrigo Moreno, Ariel Rotter, Albertina Carri se manifestaron como referentes de una cinematografía que cada vez es más reconocida en el mundo entero. 

El cine más discursivo de los 70-80 no hizo aportes sustanciales sobre la cuestión gay, solo algunos títulos como Adiós Roberto de Enrique Dawi, Bajo Bandera de Juan José Jusid u Otra Historia de amor de Américo Ortiz de Zarate se animaron a tocar el tema. Recién en los ’90 realizadores como Lucrecia Martel y Anahì Berneri con una micropoética muy particular produjeron un aporte. En el caso de Martel, lo gay fue mostrado potenciando toda ambigüedad, idea central en su cine. Roces, miradas, movimientos que invitan a que el espectador construya una mirada sutil y deductiva acompañaron siempre a su cine. En La niña santa vemos como una joven de clase media salteña se siente extrañada ante una serie de acontecimientos que involucran su sexualidad y que –bajo su perspectiva– asumen una impronta religiosa. 

Es en esta etapa en que se deja de lado cierta solemnidad, ayudada por los medios masivos de comunicación y ciertos protagonistas que no dudan en revelar sus preferencias sexuales y convertirlas en cool, es cuando las películas del Nuevo Cine Argentino comienzan a tratar definitivamente el tema, sin prejuicios y con total naturalidad. 

Anahi Berneri, en su ópera prima Un año sin amor, se atreve a llevar al cine una historia desprejuiciada en la que un gay enfermo de sida (Juan Minujin) ve pasar sus días practicando sadomasoquismo, para aliviar su dolor. Sin embargo, es una película post-sida. Es decir, el sida ya se ha instalado en la sociedad y en la cultura homoerótica, ya ha dejado sus huellas. Mucho tiempo antes Fotos del alma de Diego Muziak, nos presentaba en otro contexto a un enfermo de sida y su lucha por vivir. 

Tan de repente, de Diego Lerman, basada en un cuento de Cesar Aira, nos presenta la primera historia en la que el lesbianismo es alejado del formalismo y la burla, una road movie minimalista lejos de todo prejuicio y solemnidad. El encuentro entre mujeres es desdramatizado pero no deja de ser evidente que se trata de un amor transgresor. Lesbianas de Buenos Aires de Santiago García, documenta como un grupo de mujeres viven los pro y los contra de su elección sexual. “El lesbianismo no es para provocar a los hombres; los hombres no tienen nada que ver”, dice una de las protagonistas de este documental afirmando nuevamente que la esquematización padecida por los personajes homosexuales en el cine poco tiene que ver con la realidad. 

Edgardo Cozarinzky en Ronda Nocturna y Verónica Chen en Vagón Fumador se meten en la vida de los taxi boys urbanos y vincula al cine, por primera vez con el ejercicio de la prostituciòn masculina. Lejos de la ofuscación y mas cerca de la cotidianidad ambos filmes no se dedican a juzgar el porque de dicha elección, solo la muestran como una forma más de vida. 

El director Marcelo Piñeyro va mas allá, en Plata quemada, provoca una ruptura dentro de cine de género poniendo como coprotagonista de un policial a un personaje gay, Edgardo Noriega y Leonardo Sbaraglia interpretan a una pareja de ladrones unidos por una relación homosexual latente, la ambigüedad sexual también es manifestada en su anterior película Cenizas del paraí- so, cuando tres hermanos se ven involucrados en un romance furtivo con una misma mujer. La escena del baile griego deja en claro esta postura. 

Glue de Alexis Dos Santos, nos introduce en la adolescencia de dos chicos confundidos y una chica aburrida que juegan con la ambigüedad y la irreverencia, lo viven sin culpa, un divertimento más, lejos de los prejuicios y el encasillamiento. 

En XXY de Lucía Puenzo, la sexualidad es abordada de manera más explícita, mostrando el impacto en la vida social y en la interioridad de Alex, un adolescente intersexual. En el cine de Ezequiel Acuña (Nadar Solo, Como un avión estrellado) la particularidad está dada por el registro de la vida abúlica de los adolescentes de clase media y media-alta de la sociedad urbana actual. Acuña muestra una amistad, casi dependiente entre dos muchachos, que evitan el roce generando un homoerotismo permanente, algo similar a lo que sucede con Rapado de Martín Rejtman, si bien lo gay no es explícito, esta implícito en sus personajes. 

Vil Romance de José Campusano se adentra en el mundo gay del conurbano (Berazategui, Ezpeleta, Quilmes) y lo hace de una manera cruda. Con visibles desatinos técnicos (encuadres televisivos y un uso abusivo del zoom, por ejemplo) y también interpretativos, la película indaga en la relación entre el joven Roberto y el cuarentón Raúl, un personaje violento dealer de armas y lleva una aparente vida heterosexual, en la que abundan las desgracias personales. La película tiene –pese a sus defectos– gran fuerza narrativa, una suerte de realismo crudo que confía en los personajes y no le teme a los arrebatos. 

La León de Santiago Otheguy en el cual lo “no dicho” cumple un peso dramático relevante. Un gay y un lanchero homofóbico viven con una brutalidad inaudita una relación homosexual. 

La representación de lo gay dentro del Nuevo Cine Argentino, tuvo, tiene y tendrá diferentes enfoques, diferentes maneras de trasladarlo a la ficción o documentarlo desde la realidad. Lejos de los estereotipos y de la burla por primera vez se puede decir que el tema es tratado con el respeto que necesita.

Vocabulario relacionado al artículo:

cine . evolución .

La representación de lo gay dentro del nuevo cine argentino fue publicado de la página 89 a página90 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ver detalle e índice del libro