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Gimnasio para musas

Sorkin, Diana [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 12, Agosto 2009, Buenos Aires, Argentina. | 203 páginas

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Sabemos, quienes nos dedicamos al diseño, que la creatividad no es resultado de la inspiración. Cuando nuestra intervención profesional requiere de soluciones ingeniosas, allí no hay espacio ni tiempo para esperar la llegada de las musas, aunque en las cabezas de algunos afortunados bailen muy a menudo… En lugar de esperar que asomen, bueno sería tentarlas para que se acerquen, ejerciendo una seducción tal, capaz de tener un grupo bastante nutrido de ellas a disposición, para cuando la necesidad apremie. 

La mejor forma de lograr esa atracción es ejercitarse haciendo la gimnasia que nos propone cada uno de los trabajos prácticos de la Universidad, que son el espacio indicado para probar, experimentar y fomentar el ensayo de soluciones que en la vida laboral sería imposible llevar a cabo (no por irrealizables, sino porque el margen de error muchas veces no nos permite soluciones demasiado arriesgadas, y porque tampoco tenemos siempre a mano a un grupo numeroso de colegas que dediquen su tiempo a reflexionar sobre nuestro trabajo, sinergizando el resultado). El taller funciona como un gran laboratorio de “prueba y error”, en el cual la mirada de los otros enriquece y aporta al trabajo individual, haciendo del mismo un resultado muchísimo más sólido y complejo. Quienes conforman parte de ese grupo son, en cierta forma, “socios creativos” (tanto el docente como los demás alumnos) de cada uno de los proyectos, aportando su propia mirada y experiencia. 

Muchas veces actuando como “abogados del diablo”, cuestionando decisiones, se permite que durante el proceso de aprendizaje el alumno consolide su discurso, aprenda a justificar ordenadamente sus ideas, y se lleve unas cuantas preguntas “para que las musas no se anquilosen” con el tiempo. 

El descubrimiento y la internalización de una metodología de trabajo propia –porque considero que no existe una única forma de abordar los problemas– hacen que el futuro diseñador se aliste para enfrentar una vida profesional sin fisuras. Aprender a diseñar es aprender a pensar, a ordenar las ideas, clasificarlas y jerarquizarlas; pensando por supuesto estas cuestiones en forma visual, buscando una forma eficaz, decodificable y bella para poder comunicarlas. La investigación y relevamiento de datos sobre la temática en cuestión es parte fundamental del proceso de trabajo, para poder arribar a un partido conceptual novedoso. Quienes piensen que diseñar es sólo hacer “bonitos dibujos” se están quedando con una sola parte de la “historia”… Como profesionales de la comunicación, ejercemos una responsabilidad que excede la forma, pero que se vale de ella para poder ser efectiva. Tanto el concepto como la materialidad son partes necesarias de una misma “cosa” (y una sin la otra sería por separado algo diferente a Diseño Gráfico…). 

Resolver problemas de comunicación es nuestro quehacer cotidiano, y podemos jactarnos de optimistas aquellos diseñadores que al recibir un planteo poco claro de un problema, lo buscamos hasta dar con él; porque sabemos que al encontrarlo, la solución está más cerca… La investigación resulta necesaria, ya que a raíz de ella podemos encontrar alternativas válidas para darle entidad. Esa habilidad adquirida de discriminar el asunto en cuestión, nos tranquiliza, y nos permite jugar con las distintas soluciones posibles. Genera angustia y bastante frustración, sobre todo en los primeros años de estudio, tener en mente una solución que tal vez sirva, y verificar que las posibilidades técnicas no le permiten a uno poder “bajar a la realidad” ese concepto. Es por eso fundamental, fomentar en el alumno cierta objetividad respecto al trabajo realizado para que pueda ser permeable a los comentarios que se pudieran hacer sobre el mismo, a fin de aprovechar al máximo el debate y fortificar así la propuesta individual. 

Este punto se trabaja en el taller, siendo una condición importantísima a tener aprendida para los años superiores de la carrera: en la medida en que entendemos que cuando se critica “lo que hice” no se me está juzgando a mí, es cuando puedo opinar libremente yo también sobre lo realizado, defendiendo o modificando aquellos puntos débiles que hacen que la propuesta flaquee, si es que así lo hace. 

El hecho de trabajar todo el taller compartiendo una misma consigna, permite ir chequeando con el resto del grupo las distintas posibilidades de resolución de problemas similares, poniéndonos en el lugar del otro y participando activamente del proceso de trabajo de los demás. Eso multiplica la eficacia de cada ejercicio. Es enriquecedor, tanto para docentes como para los alumnos, y es una experiencia que tiene lugar tan sólo en el marco del grupo. Es por eso que el manejo de la dinámica es fundamental para que el grupo se conforme y todos encuentren el modo de poder participar y expresarse haciendo su aporte. Al verbalizar las ideas el alumno internaliza los conceptos y también puede ir verificando o corrigiendo conceptos certeros o erróneos respectivamente. 

 Así como Steve Zissou embarca a toda una tripulación en busca de ese “tiburón atigrado” del cual ha sido único testigo en la película “La vida acuática” (dirigida por Wes Anderson), los diseñadores somos capaces de lograr un entusiasmo por simpatía cuando tenemos la certeza de haber encontrado una buena idea. Ese mismo esmero se consigue durante la cursada, cuando el alumno encuentra esa idea que tanto estaba buscando. 

Pero esos tiburones, como buenas “musas con disfraces submarinos”, tampoco aparecen solos… para que aparezcan hay que estar buscándolos, producir material generando espacios de encuentro para así poder “pescarlos”… La satisfacción de encontrar una buena solución y la euforia por mostrarla a los otros, es un buen síntoma de cuánto estamos disfrutando nuestro trabajo, y eso es suficientemente tentador para que cualquiera se suba a nuestro barco… 

Estoy convencida que las buenas ideas son contagiosas, y también resulta que hacen nuestras vidas un poco más felices; tanto por solucionar el problema –logrando el objetivo–, como por el placer mismo de la búsqueda (del mismo modo que al elegir un regalo para alguien, disfrutamos a la par del regalado mientras lo buscamos o al saberlo bien recibido). 

Ejercitarse para lograr el “arrime de las musas”, y así ser mejores profesionales es parte del disfrute… Si los alumnos descubren ese goce, la tarea está cumplida.

Vocabulario relacionado al artículo:

creatividad . metodología . taller .

Gimnasio para musas fue publicado de la página 99 a página100 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

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