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La importancia de la evaluación diagnóstica

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII [ISSN: 1668-1673]

XVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2010.

Año XI, Vol. 13, Febrero 2010, Buenos Aires, Argentina. | 202 páginas

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Fernández, Carlos Alberto [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

La evolución tecnológica de la fotografía en los últimos
años ha sido enorme y, por supuesto, no se detiene. Por
lo tanto, es necesario incorporar y modificar contenidos,
pero también introducir cambios en la manera de enseñarlos
a causa, fundamentalmente, del impacto social
que las nuevas tecnologías fotográficas van teniendo.
Desde 2004, como docente de la Facultad de Diseño y
Comunicación de la Universidad de Palermo, he tenido a
mi cargo diferentes asignaturas relacionadas con la fotografía,
algunas de ellas en el ámbito de la carrera Licenciatura
en Fotografía. La que he dictado en más oportunidades
y que tengo actualmente a mi cargo es Taller de
Fotografía I, sobre la que se basa el presente trabajo.
Taller de Fotografía I es una asignatura curricular y
transversal a varias carreras de la Facultad de Diseño
y Comunicación, por lo tanto, los alumnos no tienen,
necesariamente y en su mayoría, un interés especial por
la fotografía.
Son estudiantes de las carreras de Diseño Gráfico, Producción
de Modas, Diseño Textil y de Indumentaria y
de Publicidad y no perciben con claridad qué más pueden
aprender sobre algo que consideran sencillo y sin
mayores complicaciones.
En las últimas tres décadas la fotografía ha ido perdiendo
su estatus de disciplina reservada para especialistas.
Existía una creencia generalizada de que una buena fotografía
solamente podía obtenerla alguien que tuviese
los conocimientos necesarios y una cámara de manejo
complejo. La diferencia entre un profesional y un aficionado,
entonces, radicaba en la “máquina” y su correcto
dominio.
El razonamiento se justificaba por las grandes limitaciones
que presentaban las cámaras más sencillas y por
los fracasos a los que se enfrentaban constantemente los
usuarios. La aparición de las cámaras digitales, completamente
automatizadas, ha modificado sustancialmente
el panorama.
Estos equipos, de alta sofisticación y facilidad de manejo,
permiten obtener imágenes antes imposibles:
fotografías con bajos niveles de iluminación, tomas a
sujetos distantes, acercamientos a pequeños elementos,
correcciones de color… sin necesidad de conocimientos
especiales. Además, la instantaneidad en la observación
de los resultados permite, de ser necesario, repetir las
tomas inmediatamente.
Como estos equipos no requieren película, el costo se
reduce drásticamente, a la vez que las tarjetas de memoria
permiten guardar una gran cantidad de imágenes.
La difusión de la fotografía resultó ampliamente favorecida
y se verifica en la gran cantidad de equipos comercializados
(incluidos los teléfonos con cámara), que
continúa en alza. Las cámaras digitales son fáciles de
transportar –por su reducido tamaño y peso–, y siempre
están listas para su empleo. Esto también impactó
sobre las aplicaciones sociales de la fotografía. Las personas
ya no limitan las tomas a los acontecimientos de
su vida personal, sino que, cada vez más, fotografían en
todo tiempo y lugar. Es habitual encontrar imágenes de
aficionados en los medios de comunicación reflejando
hechos noticiables a los que no han tenido acceso los
profesionales.
Estos cambios radicales promueven ahora la creencia de
que lo único que separa a aficionados y profesionales
es la diferencia en los equipos que poseen unos y otros
y en las oportunidades para obtener tal o cual imagen,
conceptos que son empleados por los fabricantes de
cámaras en sus mensajes. Esta tendencia devalúa a la
fotografía frente a otras disciplinas, porque se entiende
que no se requieren conocimientos especiales para
practicarla; cualquiera puede hacer fotografías.
Cada día se toman más fotografías y, aunque la calidad
técnica pueda ser superior, las fotografías no son mejores.
Se confía completamente en los automatismos y se
aprieta el disparador con rapidez y sin mirar demasiado,
generalmente bajo un impulso emocional.
Ansel Adams, el célebre fotógrafo estadounidense, sostenía,
ya en la década de 1940, que “si la fotografía fuese
realmente difícil –significando con esto que la creación
de una simple fotografía llevase mucho tiempo y esfuerzo,
como la producción de una buena acuarela o un
aguafuerte–, habría una gran mejora en toda la producción
fotográfica”.
La mayoría de los estudiantes toma habitualmente fotografías
y lo hace con equipos digitales. Por sus edades,
son pocos los que han utilizado cámaras analógicas, a
las que consideran, por otra parte, como pertenecientes
a una tecnología del pasado superada por completo.
Así las cosas, la asignatura presenta el desafío de enfrentar
este diagnóstico para modificar los conocimientos
previos de los alumnos.
Es fundamental, primeramente, que el alumno comprenda
cuál es el concepto de fotografía; qué es la fotografía.
Que no se trata de un procedimiento arbitrario, indiscriminado
y automático. Que no es significativo si el
dispositivo con el que se obtiene emplea película o no.
Lo esencial, por sobre todo, es el individuo que opera el
sistema, porque es quien decide aquello que merece ser
aislado de su contexto, aquello que tiene la importancia
suficiente como para ser conservado, guardado o recordado
a través de su fijación definitiva. Una fotografía es
una selección personal, única, que depende exclusivamente
de los significados intransferibles, racionales y/o
emocionales, que devienen del contenido de la fracción
de tiempo y espacio “encuadrada” por quien controla
el sistema.
Pero este discurso, ampliado, ilustrado y debatido en el
aula, no alcanza para producir el aprendizaje significativo
pretendido. Porque no es suficiente que comprenda
la trascendencia del acto fotográfico en su valor teórico,
sino que debe ser capaz de aplicarlo a su propia producción
fotográfica.
Este proceso, para el alumno, no es sencillo porque
siente que no tiene ni domina las herramientas como
para realizarlo. Recordemos que, hasta ahora, la fotografía
para él fue simplemente mirar a través del visor y
hacer “clic”, sin preocuparse, en absoluto, por todo lo
que implicaba esta acción.
El cambio cognitivo no se produce sin resistencia y ésta
se va reduciendo en la medida en que obtienen resultados
que les demuestran que sus fotos son mejores que
las que realizaban antes de la cursada.
En una etapa inicial, parte de los contenidos de la asignatura
el alumno los incorpora por recepción, pero no
resulta sencillo evaluar si el conocimiento adquirido es
realmente significativo para él. Por lo tanto, se propone
un aprendizaje por descubrimiento a través de la resolución
de problemas que exigen la aplicación de este
conocimiento.
Todo el proceso requiere de un seguimiento personalizado
con una evaluación formativa constante que, en
este caso particular de la fotografía, se visualiza a través
de las imágenes que va produciendo el alumno.
En síntesis, el gran desafío que plantea esta asignatura
–que es curricular y transversal para muchas carreras,
pero en ningún caso es troncal–, radica en una modificación
muy fuerte de los conocimientos previos de
los alumnos y en producir un aprendizaje por descubrimiento,
a través de la resolución de problemas, con
una evaluación formativa permanente, que debe tener
en cuenta los diferentes equipos fotográficos que posee
cada estudiante. Esto requiere una dedicación y esfuerzo
importantes, pero que se justifican porque se alcanza
el aprendizaje significativo de la asignatura, que se
aprecia en la producción de los alumnos.

Planificación
El currículum de la asignatura Taller de Fotografía I fue
elaborado originalmente para la carrera de Licenciatura
en Fotografía. En ésta los contenidos de la asignatura
son exclusivamente técnicos y tienen como objetivo fundamental
ser el soporte para sus correlativas, que van
ampliando y haciendo cada vez más específica la aplicación
práctica de estos contenidos. En pocas palabras
podríamos decir que tienen por finalidad que el alumno
domine una cámara fotográfica y obtenga fotografías técnicamente
correctas. Por esta razón es una materia del
primer cuatrimestre del primer año de la carrera. No incluye
los aspectos históricos, estéticos y conceptuales de
la fotografía que son tratados en otras asignaturas.
La otra versión de la asignatura, que resulta transversal
a varias carreras de la Facultad de Diseño y Comunicación
–de la que me ocupo en esta ocasión–, además de
los contenidos estrictamente técnicos, debe abordar los
históricos, estéticos y conceptuales que el alumno no
encontrará en otras asignaturas de su carrera.
Siempre la intención ha sido dirigir la asignatura a
grupos de alumnos de una misma carrera, con lo cual
pueden orientarse los contenidos de acuerdo a los intereses
de los mismos. Es decir, “Taller de Fotografía I
para Diseño Gráfico” o “Publicidad” o “Producción de
Modas”, etc. Sin embargo, esta situación es cada vez
menos corriente. En la práctica, por distintas circunstancias,
en un mismo curso hay alumnos de diferentes
carreras y es necesario adaptar la planificación académica
a la diversidad de intereses. Asimismo –y no es
un dato menor–, también se presentan diferentes grados
de experiencia académica. Por una parte porque la asignatura,
en relación con los distintos planes de estudio,
se ubica en primero, segundo o tercer año de las respectivas
carreras. Por otra, por ser una asignatura que
carece de correlativas, los alumnos pueden cursarla en
el momento que deseen, entonces aparecen, no pocos
casos, en los cuales ésta es una de sus últimas materias
antes de egresar.
La enseñanza de la fotografía ha presentado siempre la dificultad
de integrar los aspectos técnicos y estéticos que,
además, no pueden separarse de los conceptuales. En la
Licenciatura en Fotografía estos ejes están claramente diferenciados
en distintas asignaturas, pero en la que nos
ocupa es necesario abordarlos simultáneamente.
Tradicionalmente la fotografía se ha enseñado, al menos
en nuestro país, priorizando los aspectos técnicos, dejando
en un plano muy secundario a los restantes. Recién
en las últimas dos décadas esto se ha venido modificando
en algunos ámbitos, pero no en la mayoría. Además,
esta enseñanza ha mantenido un orden estructural: primeramente
los contenidos técnicos, luego los estéticos y
finalmente los conceptuales. Si bien este criterio puede
seguir siendo válido, creo que no es el mejor –por razones
que se verán luego–, para la asignatura que dicto.
Esta complejidad de aspectos condiciona el diseño de
una planificación académica que involucra numerosos
contenidos que deben dictarse de manera paralela
–distribuyendo los tiempos de cada clase–, que se van
entrelazando para permitir una enseñanza espiralada,
cuyos resultados se verifican en la producción de los
trabajos prácticos.
La planificación está estructurada clase por clase, tal
como lo exige la Facultad, y cada una de ellas contempla
partes de uno o más módulos del programa analítico
de la asignatura. Esta agrupación de módulos o parte de
ellos por clase, indica justamente cómo se combinan los
contenidos que se van dictando y también la manera
en que se vuelve una y otra vez a ellos cada vez que es
necesario.
Los trabajos prácticos están organizados en grados de
complejidad ascendente que requieren la aplicación
progresiva de los conocimientos adquiridos. Los seis
trabajos prácticos de la cursada están concebidos para
permitir una evaluación formativa. Los dos primeros,
además, permiten también una evaluación diagnóstica
que resulta de importancia al inicio de la cursada.

Diagnóstico
Es habitual que el grupo de alumnos de cada cursada
de la asignatura sea muy heterogéneo. Pertenecen a diferentes
carreras y su experiencia académica no es la
misma porque, según los casos, toman la materia en
primero, segundo o tercer año. A esto hay que agregar
a quienes la cursan como electiva. También el nivel de
conocimientos previos es variado porque suele haber
alumnos que han realizado algún curso de fotografía.
Por último, muchos son extranjeros, básicamente de
países latinoamericanos.
Hasta hace diez años o un poco más, la enseñanza de la
fotografía podía encararse considerando que los conocimientos
previos de los alumnos eran muy escasos y que
su experiencia al respecto se limitaba al uso de pequeñas
cámaras elementales con capacidades de toma limitadas.
Por consiguiente, primeramente se desarrollaban
los temas técnicos, para obtener un correcto manejo del
equipo, y luego se abordaban los aspectos estéticos y
conceptuales.
Pero los cambios tecnológicos han sido profundos y con
ellos la modificación de los usos sociales de la fotografía
al nivel de los aficionados. Este nuevo panorama no
puede soslayarse en la enseñanza y obliga a una modificación
de las estrategias.
Hoy todas las personas tienen conocimientos previos
sobre fotografía. Todas las personas poseen o bien utilizan
periódicamente una cámara fotográfica. Casi la
totalidad de las cámaras fotográficas diseñadas para aficionados,
son de manejo muy sencillo y encubren los
necesarios parámetros de ajuste bajo sistemas automáticos,
por lo tanto el usuario desconoce qué sucede cuando
toma una fotografía, como también las limitaciones
técnicas de los respectivos dispositivos.
Con la aparición de las nuevas cámaras digitales plenas
de ventajas –pequeño tamaño, peso, eliminación de la
película, inmediatez de la imagen, supresión del proceso
de revelado químico y otras bondades tecnológicas–,
se amplió notablemente el espectro de los consumidores.
Esto ha sido potenciado por las campañas publicitarias
de los diferentes fabricantes, fundamentalmente
aquellos que no proceden del área fotográfica sino de
la electrónica, con un trasfondo de competencia entre
empresas, orientada a demostrar la superioridad de los
sistemas digitales sobre los tradicionales analógicos.
Esta situación ha introducido una cantidad de conceptos
erróneos entre los usuarios que llevan a un alto grado de
desinterés por el conocimiento de los procesos fotográficos
y, en definitiva, una subestimación hacia la fotografía,
porque se considera que no es necesario ningún
conocimiento especial para obtener buenas imágenes.
El criterio generalizado es que la obtención de buenas
fotografías sólo depende de las posibilidades técnicas
del equipo que se posea, de la oportunidad para encontrar
escenas interesantes y de la capacidad del usuario
para verlas y captarlas.
Muchos alumnos llegan a clase con estos conceptos, no
tienen en claro que más pueden aprender sobre fotografía
ni cuál es la trascendencia de la asignatura para su
formación profesional. Toman a la asignatura como una
obligación curricular que tienen que superar sin mayores
inconvenientes. Por otra parte, la mayoría de ellos,
debido a su edad, nunca han empleado otro sistema fotográfico
que no sea el digital, considerando al analógico
como una tecnología del pasado, completamente
anacrónica.
Estas consideraciones surgen de la observación de los
alumnos de 15 cursadas a lo largo de cuatro años en la
Facultad de Diseño y Comunicación.
Por consiguiente, he creído conveniente realizar una
evaluación diagnóstica, al inicio de la cursada, para
verificar los conocimientos previos, a través de dos
trabajos prácticos, que además tienen un objetivo complementario
que es el de intentar generar una reflexión
sobre la complejidad del proceso fotográfico por parte
del alumno. Estos trabajos prácticos también ayudan a
iniciar la enseñanza desde lo estético y conceptual, para
abordar posteriormente los contenidos técnicos, con la
intención de que el alumno pueda lograr la imagen que
desea. Es decir, que se invierte el proceso tradicional de
la enseñanza de la fotografía.


Vocabulario relacionado al artículo:

diagnóstico . evolución . fotografía . tecnología .

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  • La importancia de la evaluación diagnóstica fue publicado de la página 178 a página180 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII
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