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Contactos y divergencias en los conceptos de arte y diseño

Valberdi, María Graciela; Cárdenas, Inés Ester

Arte - diseño ¿sinónimos o antónimos?

Actas de Diseño Nº1

Actas de Diseño Nº1

ISSN: 1850-2032

I Encuentro Latinoamericano de Diseño "Diseño en Palermo" Comunicaciones Académicas, Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina

Año I, Vol. 1, Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina. | 265 páginas

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Comenzaremos el análisis de esta cuestión desde la perspectiva del significado de ambos conceptos.

El arte, como una manifestación sensible, es un lenguaje destinado a expresar el mundo del hombre, un mundo lleno de visiones personales y sueños, un mundo que revela, por medio de un idioma, un resultado, la creación, la obra, que es única y original, elaborada en base a elementos de la naturaleza o de la fantasía.

En momentos de grandes mutaciones culturales como el actual, cuando muchos códigos han sido transgredidos y muchos conceptos abandonados, cuando las nuevas tecnologías han invadido y transformado nuestro mundo y las tradicionales artes plásticas viven la competencia feroz de la explosión técnica de la imagen, el arte se adapta a las coyunturas que le toca vivir, que ni se crea ni se destruye sino que, como materia, se transforma y conforma de acuerdo a las circunstancias históricas de cada momento.

En lo referente a l diseño, no sólo se tiene en cuenta la acción creadora de su hacedor, sino que dicha acción va más allá de la simple expresión de quien la concibe, pues apunta a un fin, generalmente utilitario, ligado a exigencias prácticas. Lo que determina al diseño es, en primer lugar, la existencia de un problema a resolver, de un fin, de un propósito y, en segundo lugar, el proceso de concepción, el plan mental, el programa para llegar a esa solución. Por lo tanto, la creación resuelve lo funcional y estético, además de reflejar el mundo de la época.

En primer lugar, la principal preocupación del artista es concebir la obra en base a sus necesidades y búsquedas, mientras que el diseñador tiene que agradar a los demás, satisfacer las necesidades del público, de su cliente o de los clientes de su cliente.

En segundo lugar, a los artistas no les agrada que se les diga cómo tiene que ser su obra, mientras que los diseñadores tienen que seguir ciertas instrucciones y pautas en sus trabajos, ya que su papel consiste en prestar un servicio. Una unidad de diseño debe ser colocada frente a ojos del público y transmitir un mensaje preestablecido; un producto industrial debe cubrir las necesidades de un consumidor En tercer lugar, los artistas no tienen porqué estar en sintonía con los valores de la sociedad, ya que buena parte del arte actual, por ejemplo, critica o combate esos valores, mientras que para el diseñador es esencial conectar con su época o, al menos, responder como un eco a sus exigencias, dado que la utilidad del diseñador para un fabricante reside, en buena parte, en su capacidad para detectar el gusto popular de ese momento.

En cuarto lugar, el artista, como ya dijimos, suele crear un producto único, mientras que el diseñador, que apunta más a productos de consumo, ha de tener en cuenta los métodos y costos de producción.

Arte y diseño hubo siempre, pero el diseño como actividad comercial recién adquiere su peculiaridad en el s. XX, con independencia de la producción.

El punto de partida para el diseño como profesión fue el momento en que los diseñadores abrieron sus propios estudios. Por supuesto que primero hubo que convencer a las empresas de que necesitaban diseñadores, lo que se logró a fines de los años 20 cuando los empresarios reconocieron la necesidad del diseño como medio para generar beneficios.

A pesar de ser fieles servidores de sus clientes, los diseñadores gustan venderse a sí mismos. Desde el punto de vista emocional, los diseñadores abogan por un valor individual de su obra.

Y como el diseño, aún más que el arte, está orientado al negocio y al lucro, en el mercado como observaba el crítico inglés Deyan Sudjic, es beneficioso para el negocio, fomentar el mito del diseñador como super-estrella, cosa común en el mundo de los diseñadores de moda como Pierre Cardin, Arman, o el diseñador de muebles Philippe Stark a quien se pide ahora que diseñe cualquier cosa.

Algo similar sucede con los artistas y el arte ya que de acuerdo a lo planteado por Juan Acha, en el circuito comercial, las obras se producen por encargo, se intercambian o se venden directamente a los coleccionistas.

El valor de cambio suplanta al valor de uso y la obra de arte es tomada como inversión financiera. Razones de prestigio incrementan los precios hasta la exageración.

En todo lo hasta ahora expuesto, se plantean tanto divergencias como convergencias entre ambos conceptos.

Ahora veamos qué pasa con ellos en momentos y con personajes claves de la historia.

Como ya dijimos, el artista que trabaja para sí, se complace en su obra sin preocuparse, en un principio, del mercado y, por lo tanto, es casi absolutamente subjetivo, mientras que el diseñador, al tener una preocupación utilitaria y funcional, se orienta hacia una resolución objetiva del producto. Tanto en arte como en diseño, esto no es tan tajante, ya que muchos productos pueden reflejar los gustos subjetivos del diseñador y acomodarse, además, a la función, así como muchas veces el artista puede recibir un encargo específico y tiene que modificar su obra porque ha recibido ese encargo de un cliente que sabe bien lo que quiere y por lo tanto, debe cumplir con un objetivo.

En claro ejemplo son las largas disputas de Miguel Ángel por los encargos que recibió de los Papas Julio II y León X, de los problemas con que tropieza el artista a la hora de controlar sus ideas subjetivas para agradar al patrón.

Sin embargo, nadie se atrevería a afirmar hoy que el Juicio Final, la Creación o el David son obras comerciales.

Los frescos de Miguel Ángel para el techo de la Capilla Sixtina demuestran lo débil de esta dicotomía. El papa, como representante de las necesidades de la Iglesia, influyó en las ideas de Miguel Ángel que también resultaron modificada por la finalidad directa del mural.

Se trataba de una explicación visual de la “Creación” para un público mayoritariamente analfabeto, incapaz de leer la Historia Bíblica y de imaginar el dramatismo de la historia de una manera palpable.

Profundizando esta cuestión, podemos afirmar que todo “creador”, sea artista o diseñador, tiene dos modos de responder a sus impulsos creativos: El primero que apunta a lo subjetivo, expresivo y emocional, a ese sentimiento y mundo interior de fantasía del hombre, y el segundo, que lo hace poner el énfasis en lo racional, lo intelectual y objetivo, que pone el acento en el cálculo, la medida y la matemática, es decir, es más conceptual.

Podríamos seguir analizando ejemplos y encontrando relaciones entre las formas del arte y el diseño, pero, de algún modo, el planteo inicial de esa aparente divergencia, se da fundamentalmente desde el punto de vista de la finalidad de ambos conceptos, pues a la hora de analizar el origen creativo, todas las diferencias desaparecen para dar lugar a la interioridad de su creador que se manifiesta en un sentido más objetivo o más intelectual.


Contactos y divergencias en los conceptos de arte y diseño fue publicado de la página 32 a página33 en Actas de Diseño Nº1

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