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Del museo como bien patrimonial al diseño del museo como contenedor de bienes culturales

Cárdenas, Inés Ester; Valberdi, María Graciela

El diseño de interiores en los museos

Actas de Diseño Nº1

Actas de Diseño Nº1

ISSN: 1850-2032

I Encuentro Latinoamericano de Diseño "Diseño en Palermo" Comunicaciones Académicas, Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina

Año I, Vol. 1, Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina. | 265 páginas

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Originariamente, los museos constituían el ámbito donde se recibían tanto objetos bellos y curiosos como raros, dando origen a la mezcla como esencia de las primeras colecciones.

A través del tiempo y junto al avance de las ciencias y el aumento del volumen de las colecciones, la mezcla de elementos resultaba caótica. Esta situación llevó a tomar decisiones precisas para una mejor disposición de lo acopiado, implementándose así métodos de clasificación de acuerdo a cada una de las colecciones, dando lugar posteriormente a la aparición de museos especializados.

Luego de implementarse el ordenamiento de las colecciones de acuerdo a un tema específico, surgió otra cuestión a resolver: Cómo preservar y conservar las mismas.

La función de conservar los bienes culturales es actualmente, uno de las responsabilidades que ha adquirido el museo desde la perspectiva de su configuración y definición original. El museo así concebido es una institución de relevante importancia, puesto que la sociedad le asigna la misión de salvaguardar el patrimonio cultural para así poder transmitirlo a las generaciones venideras.

La conservación de los bienes culturales es, sin duda, la práctica que posibilita la existencia a través del tiempo de las colecciones. Esta práctica comprende tres áreas o estadios:

1. Preservación.

2. Conservación.

3. Restauración.

Estas fases son las que constituyen el mismo proceso, el museológico y patrimonial, resultando a menudo confusas por la utilización y aplicación arbitraria tanto de la terminología como de sus conceptos y alcances.

Estas ambigüedades se evidencian cuando no se distingue con rigor lo que es la preservación (en relación a las condiciones ambientales, tanto físicas como materiales), de lo que es la conservación preventiva (acciones para evitar el deterioro material de las piezas), de lo que es la restauración (intervención para recuperar o restituir, o para detener el deterioro de una obra, siendo una parte de la conservación material, pero no a la inversa) y de lo que es la conservación museológica o patrimonial (es decir, una conservación integral, por cuanto incluye el cuidado y salvaguarda material de los objetos, pero añadiendo a esta dimensión la conservación y dinamización socio culturales).

Las acciones de preservación mencionadas, necesitan implementarse en un espacio adecuado, cada una de ellas, lo cual impone un criterio de planificación al momento de concebir un museo que responda a las normas correspondientes. Este sería uno de los criterios a adoptar como parte del programa de un proyecto arquitectónico.

Lamentablemente, en nuestro país la mayoría de los museos presentan la particularidad de estar concebidos en edificios históricos y no es frecuente la concepción de los mismos con ese fin.

Cuando realizamos un recorrido por estas salas, reconocemos la divergencia entre continente y contenido.

El edificio que cumple la función de contenedor o depositario, es en algunas ocasiones, un edificio que fue declarado monumento patrimonial, ya sea nacional o provincial, y presenta las características arquitectónicas propias de la época en que fue concebido. En otras ocasiones, se trata de edificios que fueron de cierto modo adoptados por la sociedad, ya sea por su generosidad espacial, por las conveniencias de su ubicación geográfica, etc., todas cualidades que no se relacionan necesariamente con las verdaderas necesidades espaciales, funcionales y estructurales que efectiva y racionalmente debe presentar un museo.

En el caso particular de San Miguel de Tucumán, la mayoría de los museos están concebidos en edificios históricos. Tal es el caso del Museo Casa Histórica de la Independencia, que además de ser una locación declarada patrimonio nacional, alberga un museo histórico de alto contenido simbólico.

En oposición a esta concepción está el Museo Arqueológico de la Universidad Nacional de Tucumán instalado en un 2º piso del Centro Cultural Eugenio Flavio Virla, un edificio que cumple diferentes funciones culturales.

En este Museo arqueológico, se expone un patrimonio arqueológico y etnográfico que no guarda correspondencia con las instalaciones y con el objeto de posibilitar su cometido, se debió adaptar el contenedor al contenido para facilitar el recorrido y dar sentido a la muestra.

Como estos casos, se pueden mencionar algunos más, en donde se comprueban falencias tales como ausencia de iluminación natural, ventilación insuficiente, instalaciones eléctricas inapropiadas, ausencia de salas de preservación y/o conservación, etc. etc.

Esta doble concepción de los museos, lleva a reflexionar sobre la relevancia que los museos representan para la sociedad, ya que no deben ser observados como lugares de moda o de simple interés turístico.

La fuerza más poderosa de un museo nace al constituirse como depositario del patrimonio cultural. El arte y las ciencias de una Nación, su pasado histórico y prehistórico, se comunican a través de los objetos por ellos guardados. La memoria y la emoción, el orgullo y la nostalgia, la admiración y la inspiración se vivencian en sus salas.

Cuánto más tendríamos para apreciar y transmitir a las futuras generaciones, si los museos se proyectaran con ese objetivo, cumpliendo las normas básicas requeridas para un óptimo funcionamiento, con espacios que dialoguen con la obra de arte, con el objeto rescatado de su cotidianeidad, con la historia de la gente y con su memoria colectiva.


Del museo como bien patrimonial al diseño del museo como contenedor de bienes culturales fue publicado de la página 36 a página37 en Actas de Diseño Nº1

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