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Diseño, educación y preservación del patrimonio cultural

Ayala, Ángela; González Eliçabe, Ximena [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Experiencias a partir de la integración del diseño como eje de desarrollo en políticas públicas

Actas de Diseño Nº1

Actas de Diseño Nº1

ISSN: 1850-2032

I Encuentro Latinoamericano de Diseño "Diseño en Palermo" Comunicaciones Académicas, Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina

Año I, Vol. 1, Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina. | 265 páginas

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Los pueblos de todo el planeta y de todos los tiempos, desde que los hombres se organizan en sociedad, por pequeña que esta sea, se expresan de diversas maneras, conformando paulatinamente distintas “culturas”.

Cultura es aquello que una comunidad ha creado y lo que ha llegado a ser gracias a esa creación, es el modo particular como en un pueblo los hombres cultivan su relación en la naturaleza, entre si mismos y con lo trascendente.

A lo largo de miles de años allí donde la gente se encontró, se entendió y unió para hacer frente a necesidades concretas y a ciertos sentimientos de trascendencia, crearon formas de expresión: Idiomas, cosmovisión, religión, política, industria, arte, todo lo cual, en una permanente interrelación, les inspiraba y a la vez concebía en ellos, diferentes maneras de explicar el universo que les rodeaba.

La vida en sus manifestaciones más insignificantes y asombrosas, el crecimiento, la muerte y el deseo. Formas diversas de expresarse y sobrevivir de grupos de hombres reunidos para devenir cazadores, recolectores, horticultores o agricultores, cada uno a su manera, produjeron siempre inventos, obras múltiples.

Hoy en la distancia y desde nuestras categorías culturales, identificamos a esta actividad humana como artesanía de utensilios, diseño, y a veces arte. Términos estos relativos que señalan, en todos los casos, expresiones de sus manos inspiradas en su interior y en el contexto, en necesidades concretas personales o del grupo, en su propia cosmovisión.

La artesanía y el arte de los pueblos nativos de nuestro país y el mundo, no constituyen solamente la vidriera de un comercio sino que el arte es entre ellos la respuesta a una necesidad comunitaria que cristaliza en herramientas, ofrendas, instrumentos musicales, vestimentas, adornos, en una respuesta al llamado de trascendencia, de trueque y de unión solidaria, expresado todo ello en fiestas, ceremonias, ritos y organización social.

Utensilios en los que siempre el hombre ha estampado, no como mera decoración sino como significación mágica o dramática, aspectos simbólicos y míticos de la cosmovisión que caracteriza a una u otra comunidad.

La creación llevará la impronta de la estética y simbólica emergente de la cosmovisión del pueblo al que pertenece y no a las suyas propias.

Según dice el artista argentino Emilio Renart la creatividad es un acto de modificación, que sirve para producir hechos originales que luego pueden derivar o no, en factores de consumo, y habla del fenómeno de la “creatividad por se un factor específicamente dinámico”.

Partiendo de los procesos que integran la creatividad al desarrollo del individuo y de las sociedades, la Secretaría de Turismo de la Presidencia de la Nación, a través de su Dirección de Educación y Formación, que Ángela Ayala dirige, puso en marcha programas de apoyo a la producción artesanal en localidades más o menos remotas, criollas e indígenas, más o menos insertas en los circuitos turísticos de las distintas provincias argentinas. La concreción de estas políticas públicas se plasmó en talleres de capacitación, conducidos por Ximena González Eliçabe, cuyo eje conductor es la aplicación del diseño a la producción regional de objetos y la puesta en valor de su patrimonio cultural.

Los objetivos de los talleres de “Diseño y Puesta en valor de las artesanías” son integrar a la producción artística a los circuitos turísticos del País como atractivo para los visitantes y fuente genuina de sustentabilidad para las comunidades. Reafirmar la identidad cultural a partir de la valoración de su patrimonio. Que sus actores desarrollen productos artesanales bajo estándares de calidad, de diseño y producción internacional, capaces de comunicar el atractivo del destino turístico que les dio origen. Que incorporen tecnologías que contemplen la utilización de elementos regionales.

Estimular la producción autogestionada de las comunidades para lograr una mejor calidad de vida.

Durante los talleres se les enseña a realizar sus propios diseños, utilizando la fuente inagotable de recursos iconográficos, sonoros, de mitos y leyendas de tradición oral, de la danza, de las ceremonias y celebraciones, de la relación con su entorno natural, presentes en forma indeleble en su identidad cultural.

El arte es pensamiento visual, sonoro, es expresión de la palabra, del movimiento. La sensibilidad artística de un pueblo se pone de manifiesto en los objetos que produce y utiliza. En la danza, en la música, en el vestido, y en las manifestaciones visuales encontramos indicios de pertenencia a una sociedad entrelazada. Signos de identidad.

La enseñanza del diseño aporta los elementos proyectuales y de funcionalidad necesarios para una mejor eficiencia en la producción de estos bienes culturales.

La aplicación del método proyectual conduce a bucear y a revalorizar la propia identidad, imprescindible para agregar al producto valor de mercado, social y cultural.

Estos valores de pertenencia, garantizan la autenticidad de su producción, y la sustentabilidad de las regiones a las que pertenecen. Les ayuda a perpetuar y comunicar la frescura en su creatividad, a que no se vean obligados a copiar diseños ajenos ni a saturar el mercado con los mismos motivos y tipologías de piezas.

Se instruye a los artesanos en el rescate de antiguas técnicas tradicionales, prácticamente perdidas en la actualidad, como por ejemplo el arte plumario. Tratando de que la sumatoria de estos componentes técnicoestéticos los lleven a innovar y a convertir su arte ancestral en un arte vivo, dinámico como la cultura.

La capacitación brinda a las comunidades nativas y criollas una mayor comprensión del fenómeno turístico, que incluye la comprensión de la experiencia turística en si, el acercamiento a diferentes estilos de vida, el respeto a la integridad y autenticidad culturales, la conservación de los recursos y la integración entre naturaleza y cultura.

El modo de producción artesanal, organizado generalmente en talleres familiares, genera sociedades autosuficientes. Pero para que el ciclo se complete es necesario encontrar quien aprecie y adquiera esta producción artesanal, y esa es la oportunidad que se abre con el turismo. Las comunidades artesanales son puntos claves para atraer al turismo, su modo de vida y producción son cada vez menos frecuentes en los países industrializados. La producción artística y artesanal son parte de la particularidad del lugar a dónde se produce, como el paisaje, la arquitectura o la comida.

El turismo ofrece una experiencia vivencial, un ejemplo de tolerancia y diversidad entre las distintas partes.

Los viajeros pueden entrar en contacto directo con la vida cotidiana de una comunidad artesanal, apreciar su manera de vivir y entender cómo se crean sus productos sin afectar la producción de estos objetos, y al mismo tiempo comprar directamente al artesano, liberándolo de la explotación de los intermediarios. El hecho de haber sido testigo de su manufactura lo enriquece, lo llena de atracción y significado.

El patrimonio es un instrumento vivo que debe darnos una visión de nosotros mismos. Nos permite conducir nuestras vidas conforme a la sabiduría de nuestros antepasados.

Las artes populares aportan considerablemente a la dignidad creativa y a la economía de las comunidades, contribuyen a mantener el equilibrio de una sociedad sana.

Lo que pretendemos desde la Secretaría de Turismo de la Nación es darle legitimidad cultural a la producción de estos pueblos, tan importante para el regreso a la identidad que necesitamos todos, y demostrar que lo folklórico no se determina por una supervivencia a ultranza de lo arqueológico, bajo los cánones establecidos por el mercado de consumo, sino por una nueva creación de “objetos culturales” creados en base a auténticas necesidades del nativo regional, sin manejo codicioso de sectores dominantes o boutiques de lo tradicional que inundan la vitrina de nuestras ciudades.


Diseño, educación y preservación del patrimonio cultural fue publicado de la página 40 a página41 en Actas de Diseño Nº1

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