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La comunicación visual como soporte de conocimiento

Ruiz Medina, Cristóbal

Actas de Diseño Nº1

Actas de Diseño Nº1

ISSN: 1850-2032

I Encuentro Latinoamericano de Diseño "Diseño en Palermo" Comunicaciones Académicas, Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina

Año I, Vol. 1, Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina. | 265 páginas

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En nuestra sociedad observamos, de forma cotidiana, como la comunicación visual mantiene un papel destacado en la divulgación del contenido informativo.

Hasta tal punto puede parecernos significativo, que cabe pensar si, hoy día, el conocimiento se optimiza mejor por otras vías de propagación y almacenamiento que perseverando en la acostumbrada tradición verbal y su forma de edición impresa.

La comunicación se ha transformado en un proceso dinámico, donde la escritura continua siendo el medio primordial de registro aunque dispuesto en un entorno tan inmediato que lo equipara a un proceso coloquial.

Conforme se amplía el ámbito de las telecomunicaciones a dimensiones planetarias también se acorta la respuesta del intercambio informativo. Hasta tal punto este proceso genera una ingente profusión de fuentes informativas que parece imposible e imparable eludir la fragmentación ad infinitum del conocimiento.

Por otro lado, cualquier tecnología requiere un conocimiento práctico que debe trascender la culturalización local de sus usuarios y establecer códigos lo más universales posibles para hacer asequible su aprovechamiento.

En el diálogo que mantenemos con nuestra tecnología cotidiana, los códigos utilizados contienen una profusión de esquemas, gráficos, mapas y modelos que le confieren una trascendencia que excede en mucho una comprensión meramente lingüística.

Sin darnos cuenta, el peso de la experiencia ha escapado de la verbalización hacia la iconicidad, demandando una respuesta rápida ante la dispersión del conocimiento.

En nuestras propias ciudades, se nos educa, mediante convencionalismos señaléticos, hacia una cultura visual donde se diversifican los registros sociales.

En este contexto, los ámbitos de comunicación también se difunden mediante nuevos soportes carentes de sustrato físico y discurren como un fluido donde se experimentan con códigos, en principio algo inusuales, que al final articularán la gramática de un eventual metalenguaje. En nuestra relación con la tecnología, hemos creado nuevos protocolos donde el lenguaje verbal convive junto a símbolos semánticos construyendo metalenguajes cognitivos. En ellos, se conjugan tanto las imágenes verbales como las gráficas, y se producen novedosas metáforas comunicativas. Podemos observar como el argumento ha trascendido de la lógica para diluirse en el discurso holístico de la metáfora, en tanto, las imágenes se constituyen en argumentos primordiales del discurso. Han saltado del pasaje ilustrativo a la transmisión de significado.

Pero, lo que parece haberse perdido en nuestro siglo es la capacidad para extraer conocimiento de los escenarios visuales. Y resulta un tanto absurdo, pues nunca antes estuvimos tan absortos en un contexto donde el registro visual fuera tan significativo. La inmersión iconográfica es constante y sin embargo se minimiza el campo de las experiencias visuales otorgándoles cualidades estéticas y obviando que pueda ser vehículo de conocimiento. Se ha subestimado el lenguaje de las formas como fuente racional de pensamiento. Sin embargo, sin el concurso de esta herramienta cognitiva no es posible el desarrollo de artefactos puesto que la forma y la función fundamentan la base de toda iniciativa tecnológica. Sin ella, no es posible simular una idea de la forma antes de su posible materialización y eso le infiere un alto valor de hipótesis o pensamiento inductivo.

Esta es la base de las ingenierías del diseño.

En este punto, sin el ánimo de alentar el descuido del lenguaje verbal, por otro lado herramienta bien curtida a lo largo de los siglos, nos preguntamos si sigue siendo la única posibilidad de discurso para el conocimiento, incluido el científico. A nadie se le escapa, hoy en día, la experiencia de la comunicación visual en el campo de la publicidad cuanto que ha conseguido sublimar el sueño de todo sofista. Lo que me lleva a reflexionar sobre si dicha experiencia pudiera ser aprovechada a la hora de fomentar y divulgar la ciencia. En este sentido cabe plantearse si el diseño y la comunicación visual pudieran constituirse en dos poderosas herramientas de desarrollo y difusión de la ciencia en la cultura contemporánea.

Por un lado, podemos afirmar que una parte de este planteamiento ya tiene su respuesta. El campo del diseño, en su apartado editorial, atesora una larga tradición en la consecución de la herramienta primordial del registro, divulgación y almacenamiento de conocimiento en forma escrita desde el advenimiento de la imprenta.

El libro como instrumento universal de contenido sigue siendo pieza clave de la cultura humana que, incluso prescindiendo de su dimensión material, se establece como unidad temática afrontando su realidad virtual de modo perdurable.

Pues bien, el cuidado de su comprensibilidad ha estado en manos de la eficacia profesional de los comunicadores durante siglos. Un ejército anónimo de personas y disciplinas gráficas que han desarrollado y optimizado el interface de la lectura para proyectar la cultura y el pensamiento humano. Sin su concurso, es muy posible que el conocimiento generado no trascendiera, el tiempo y el espacio, hasta nuestros días y continúe evolucionando conforme a entornos tecnológicos posibles. El lenguaje formal de la página, se soporta ahora sobre el formato líquido de la red sin perder su estructura logística aunque se le evalúe en términos de usabilidad.

En el otro frente, la publicidad ha conseguido sublimar la comunicación visual implicando la emotividad en el contenido. En su dimensión comercial y económica ha ido perfeccionando su eficacia a través de una evolución constante de códigos sociales con la intención de comunicar sus contenidos y lograr sus presupuestos.

Casi nadie escapa a su influencia y eso prueba el valor de su eficacia. Desde este punto de vista, ha propiciado que nuestra esfera cognitiva se multiplique y comulgue con la imagen sensible. En parte hemos sido educados, de manera inadvertida, para operar en el interior de una iconosfera. Cabe pensar si hemos de adoptar este rasgo como un contingente temporal o como un indicio evolutivo. ¿Es posible transferir parte del conocimiento a la exclusiva tutoría de las imágenes? Esta cuestión, no nos exige aún una respuesta categórica.

Nos basta con hacer acopio de ciertos indicios cotidianos y por otro lado observar si en el cuerpo de la ciencia se está barajando esta hipótesis evolutiva. Es notorio, en los medios de comunicación de masas la utilización del término infografía para acuñar exposiciones temáticas en las que de manera primordial el conocimiento se concentra en la comprensión visual de las imágenes.

De acuerdo, que su función es altamente descriptiva y necesita del concurso verbal para completar su condición informativa pero también esta es una norma de uso común en la praxis taxonómica de las ciencias naturales.

En el seno de la Filosofía de la Ciencia, se debate sobre el papel de las imágenes en el desarrollo de la ciencia moderna. La cuestión se centra en la posibilidad de extraer modelos de conocimiento estructurado tanto de la lingüística como de la semiótica. El desarrollo histórico de la ciencia está plagada de ilustraciones, diagramas, mapas, modelos y, de manera reciente, de imágenes fotográficas y simulaciones digitales. En tal caso podemos hablar de un universo de representaciones científicas no verbales que se articulan con el contenido desarrollado en la teoría. Las posturas que podemos encontrar al respecto dentro de la comunidad científica son diversas. En un primer nivel, se les considera productos ornamentales, en el mejor de los casos se le atribuye cierta eficacia didáctica o pedagógica pero lo espinoso del asunto es la reflexión de considerarlas vehículo o instrumentos de conocimiento. Si tomamos como base el empirismo lógico, habría que preguntarse si el razonamiento deductivo no es reproducible a partir de un indicio visual o acaso el modelo o prototipo no infieren conocimiento inductivo. Estas cuestiones nos llevarían de forma irremediable a concebir un proceso de hibridación donde la cifra, la gráfica y la lingüística participaran por igual de un metalenguaje científico.


La comunicación visual como soporte de conocimiento fue publicado de la página 223 a página224 en Actas de Diseño Nº1

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