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Los Jardines Italianos del Renacimiento y el Jardín Japonés. Características, diferencias y similitudes

Di Leoni, Virginia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición V Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año VI, Vol. 24, Octubre 2009, Buenos Aires, Argentina | 120 páginas

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Mediante la elección de este tema, me propongo ver cómo los jardines reflejaban las características sociales, religiosas de cada cultura en determinada época y a partir de allí encontrar diferencias y similitudes entre ambas.

Desde la antigüedad, el jardín fue un elemento que relaciona al hombre y la naturaleza en el extremo Oriente. Esta concepción la encontramos en los jardines japoneses, donde hace más de dos mil años se originó una cultura centrada en el jardín. Por otro lado en Occidente, esta idea integradora no surge hasta el Renacimiento, que es cuando se marcan las primeras pautas de esta relación entre arquitectura y paisaje.

He elegido los jardines del Renacimiento italiano ya que constituyen una piedra fundamental en la arquitectura de paisajes por las ideas que generaron, así como por las técnicas de composición que usaron a las que nunca antes se le había dado tanta atención en Occidente.

Jardín del Renacimiento

Durante el siglo XV se produce en Italia un movimiento de renovación general que fue acompañado de un profundo análisis de la civilización clásica culminando en el Renacimiento.

Las nuevas condiciones socio-económicas fueron las que propiciaron esta explosión cultural, la cual estuvo patrocinada por las familias aristocráticas en la Toscana y por la Iglesia en Roma.

Los valores y logros de la edad clásica se vieron también en el redescubrimiento de una vida más feliz y placentera, llena de diversidad junto con los encantos de los paisajes de campo.

Varios autores como Boccaccio y Petrarca escribieron sobre esta nueva interpretación de la naturaleza más amigable para el hombre, donde uno se podía mover sin miedo y sentirse como en su casa. Petrarca, quien escaló montañas para disfrutar de espectaculares vistas, puede verse como el primer artista europeo en vaticinar este nuevo acercamiento a la naturaleza.

Las descripciones de esta experiencia reflejan una genuina actitud renacentista por la naturaleza. Esta apertura hacia los encantos del paisaje de la campiña sugirió la ubicación de casas en las laderas de las colinas.

Este cambio de actitud se vio reflejado en las pinturas, donde no sólo cambiaron los temas sino también la forma en que se pintaban los cuadros. La pintura renacentista tuvo un variado repertorio de paisajes, así como la inclusión de rocas, madera, vegetación que dejaron de tener un valor simbólico. Fue muy importante el uso de la perspectiva y una composición organizada y geométrica dentro de un todo integrado sobre los principios de jerarquía. Estos aspectos junto a la idea de paisaje abierto fueron tomados, aunque con cierto retraso, por la arquitectura de paisajes.

Esta creciente fuerza impulsora que se vio tanto en aspectos culturales como artísticos también influyó en la jardinería que comenzaba a despegarse de esquemas medievales, lo que se evidencia al ir dejando su carácter rústico y utilitario así como por la aparición en el jardín de nuevos y ricos elementos ornamentales. La jardinería del Renacimiento supone una ruptura y una contraposición con el jardín de la Edad Media. El espíritu medieval forjó un tipo de paisajismo cerrado que favorecía el aislamiento y la reflexión necesarios para la oración.

El hombre de esa época vivía confinado a pequeños y cerrados jardines en sus cuatro lados por galerías con columnas.

El más típico era el de los claustros o monasterios destinado al cultivo de hierbas medicinales y vegetales. En cambio, el jardín renacentista se abre al mundo exterior y su uso está destinado al disfrute. Lo que se conservan son la simetría y el uso de formas geométricas.

Los tratadistas y el jardín de Polifilo

Los primeros jardines del Renacimiento continuaron y desarrollaron las tendencias que habían comenzado en la Edad Media. El registro de esos jardines está escritos en varios tratados los cuales dan indicaciones de cómo había que implantarlos.

León Batista Alberti (1402-1472) fue el primero que escribió un tratado llamado De Re Aedificatoria (1440), donde da indicaciones respecto a la implantación del jardín. Uno de sus principios más fuertes, adoptados de la antigüedad clásica, fue la preferencia de la villa construida en una ladera, para aprovechar la vista panorámica. Otra idea importante fue la unidad de la casa y el jardín conectada por logias o columnatas.

El libro también aconseja sobre la disposición de las plantas así como el trazado de grutas, pérgolas y fuentes. Alberti pudo plasmar sus ideas en 1446, cuando construyó el Palacio Rucellai en Florencia y en 1459 al diseñar la Villa Quaracchi.

También se destaca Francesco Di Giorgio en su Trattato donde afirma que más allá de la conveniencia del lugar, el diseñador debe llevar el jardín a formas perfectas como círculo, cuadrado y triángulo en primera instancia o a otras como pentágono, hexágono. Estos preceptos no se llevaban a cabo exactamente sino que marcaban una tendencia puramente imaginativa en búsqueda de esquemas abstractos.

La descripción de un jardín ideal es llevada a cabo por Francesco Colonna en su libro Sueño de Polifilo (1467) donde resume en forma exacerbada la tendencia de la época.

Los jardines del siglo XV si bien conservan algo de la traza y de los métodos de los jardines medievales comienzan a presentar otras características que son:

• La casa y el jardín están coordinados por un único eje dominante.

• Se realiza una transición entra la masa mural (casa) y la masa arbórea (jardín) formada por logias, pórticos y gradas.

• En las pendientes se organizan jardines colgantes, terrazas y rampas de enlace.

• Se crean nuevos elementos como jardines secretos, montículos para belvederes y laberintos.

• Se adoptan elementos de la arquitectura de jardín como pérgolas con columnas y se introducen elementos decorativos como fuentes, estatuas de mármol, asientos y jarrones. La reaparición de estos elementos de la jardinería romana responden al fervor humanista de la época.

• Tratamiento de elementos arbóreos con formas tanto geométricas como decorativas con aplicaciones de arte topiaria.

• Los jardines son sobre superficies planas se dieron en la Toscana.

El aporte más significativo de la época es el de considerar al jardín como una composición con fines estéticos, lo cual se va a ir plasmando a medida que se afianzan las relaciones entre los arquitectos y los temas del jardín. Los jardines de la Toscana del siglo XV, pueden ser considerados como un primer paso hacia las glorias del siglo XVI en el Alto Renacimiento.

Siglo XVI

Mientras el florecimiento en la Toscana se vio favorecido por la prosperidad económica de Florencia y el crecimiento del poder político de los Médicis quienes encargaban una enorme cantidad de villas con jardines, en Roma el esplendor se dio con el retorno de los Papas de Avignon y la reafirmación del poder eclesiástico en el siglo XVI. La corte papal asume ciertos tratos de corte secular. Comienza a ser un lugar compartido no sólo por los altos eclesiásticos sino también por artistas como Bramante, Rafael y Miguel Angel. El arte en Roma en el siglo XVI, fue predominantemente religioso en contenido, pero su forma fue más cerca del arte secular. Llegó a su esplendor, monumentalidad e incluso poder. Esto se aplica a todas las artes y llega también al arte de los jardines.

Los jardines más importantes en Roma en esa época fueron encargados por papas y cardinales y marcaron una nueva era, la más brillante en la toda la historia de Italia y posiblemente de Europa en el arte de los jardines. El desarrollo fue comenzado por Bramante en 1530, quien rediseñó el patio del Belvedere entre el Palacio Vaticano y la villa Belvedere para el papa Julio II, un gran patrón de la arquitectura. La planta del jardín incluía un jardín secreto, llamado “atrio del placer”, y una monumental escalera para comunicar los distintos niveles.

Tenía un diseño central que favorecía la simetría axial.

Una segunda contribución revolucionaria fue hecha por Rafael, quien diseñó la Villa Madama en las afueras de la ciudad en 1516 para el Cardinal Giulio de Médicis. La estructura de terrazas dividía el espacio en múltiples niveles, cada uno remarcable por sí mismo. Rafael introdujo dos nuevos conceptos radicales: la variada estructura del jardín en terrazas y su perfecta integración con la villa. Después de una serie de exitosos jardines aterrazados, el nuevo concepto se convirtió en moda y comenzó a ser más popular que los arreglos en un mismo nivel. Se destacaron los jardines de Villa Medici en Fiesole, Villa Madama, Villa Giulia, Villa d’ Este de Caprarola y Villa Lante, donde la articulación vertical de los jardines en las colinas fue desarrollada a la perfección.

El jardín como teatro de aguas

El jardín italiano más famoso fue creado alrededor de la villa del Cardinal d’ Este en la época de esplendor del Renacimiento romano. Ligorio, su creador, no sólo se destacó en el arreglo del jardín sino también porque introdujo el uso de motivos con aguas que iban más allá de las fuentes conocidas en la Edad Media y el Bajo Renacimiento.

El agua ahora es tratada como un elemento versátil, plástico, el cual podía ser moldeado en una gran cantidad de formas, en varios tipos de almacenamiento de agua, cada uno independiente o conectado por estatuas. Además de su carácter escultórico el agua también fue tratada en su carácter acústico.

Este repertorio de arreglos se vio complementado por el uso de superficies que servían de espejo tanto de agua quieta o en movimiento. Años más tarde, en los comienzos del Barroco italiano, se destacaron los jardines con distintas formas de almacenamiento de agua en Frascati: Villa Aldobrandini y Villa Torlonia.

El jardín universal

El arte del Renacimiento en los jardines incorporó un variado vocabulario de términos propios. El uso de los esquemas con agua fue sólo una instancia en esta abundante cantidad de formas. Otro punto fuerte fue el uso de esculturas en la composición del jardín. La temática de los jardines estuvo basada en temas y motivos de la antigua mitología, convirtiéndolos en verdaderas galerías de esculturas. La estatua muchas veces jugaba un papel importante en el arreglo espacial, como las cariátides en el jardín secreto en Caprarola. Los motivos de la gruta también pertenecieron a esta temática. Las primeras grutas eran de un diseño regular, más tarde se fue incorporando la irregularidad como mejor escenario para las escenas mitológicas o de poesía pastoral.

La geometría tuvo un papel más que importante en el diseño de jardines. En este sentido, el Renacimiento no sólo continúa una evolución histórica sino que también creó su propio lenguaje. En comparación con períodos previos, el repertorio de diseños geométricos fue significadamente ampliado y perfeccionado.

Por primera vez, aparece un esquema geométrico complejo, perfectamente organizado y desarrollado, donde todos los detalles están estrictamente subordinados. Otra contribución importante al respecto fue la articulación de los jardines mediante terrazas y la escalera de dos rampas de Bramante.

La vegetación también estaba condicionada a la geometría, apareciendo casi exclusivamente en formas recortadas prolijamente, siendo ésta una de las características dominantes.

Mientras que las plantas elegidas eran plantas de hojas perennes como laurel, Quercus ilex, Viburnum tinus, el efecto de claroscuro fue muy relevante creado con elementos alternados de luces y sombras. El jardín del Renacimiento fue predominantemente monocromático donde los colores de las flores fueron usados con restricciones y jugaban un papel limitado en la composición.

Jardín japonés

La especial ubicación geográfica del Japón como una isla, produce un aislamiento que le ha provocado un desarrollo cultural propio e independiente. Esto también queda expresado en el arte de los jardines japoneses, cuyo aporte en estilos y formas es un tesoro para el mundo de la arquitectura de paisajes.

Este arte ha tenido un desarrollo continuado por años lo cual le ha dado esas variantes particulares que expresan las características del país. Al mismo tiempo muestra un amplio espectro desde los diseños similares a escenarios naturales hasta las formas abstractas y extremadamente puras de los jardines secos de los templos zen budistas.

Los jardines en Japón comienzan a desarrollarse a partir de la mitología y de las tempranas creencias de este país insular. Japón como China diseña sus jardines a partir de elementos simbólicos debido a estos aspectos mitológicos. La variedad de plantas y colorida vegetación así como la cantidad de cursos de agua y rocas en su territorio ofrecen atractivas oportunidades para transformar estos paisajes en escenarios mitológicos.

La fe en el sintoísmo enseña que los elementos de la naturaleza tienen poderes especiales donde viven espíritus, por lo que se convierten en objeto de adoración llamados kami.

Estos elementos debían ser marcados e identificados. Para el sintoísmo el hombre es parte de la naturaleza así como otros elementos como rocas, ríos, árboles, plantas y animales. El significado de los materiales en las doctrinas de diseño es especialmente relevante en la creación de jardines, donde se aceptan sus características naturales y originales y sólo se los transforma excepcionalmente. Por lo tanto, la naturaleza es respetada y los santuarios son ubicados en bosques. Una característica importante de estos recintos es el espacio llamado yuniwa o plano vacío de grava, los cuales son purificados para realizar ceremonias. Cuando el espacio era usado con propósitos seculares, el recinto tomaba el nombre de oniwa. Con el transcurso del tiempo estos espacios también formaron parte de palacios de la aristocracia, sofisticada y viajera, que comenzó a embellecerlo con árboles y rocas que inspiraban escenas paisajísticas. Los jardines se fueron desprendiendo de la austeridad de los espacios sagrados y se crearon en áreas abiertas para realizar actividades y recrear paisajes distantes.

Por esto, podemos decir que los santuarios sagrados son en cierta medida los precursores del jardín japonés.

Los jardines a través de la historia

Antes de la llegada del budismo desde China, varios tipos de jardín existían que podían clasificarse como originalmente japoneses. En la era de Asuka y Nara (siglos VI a VIII) dos importante motivos se destacaron. El primero estaba basado en la noción budista de Montaña Sagrada, Sumeru el cual es el pico más alto y el centro del mundo. Esto era expresado en el jardín por arreglos verticales de rocas. El otro motivo de origen mitológico era la Isla de los Inmortales, llamado horai. Las islas pasaron a ser una parte integral en el diseño de jardines, aún antes de convertirse en un motivo obligatorio en el jardín por ser el lugar simbólico donde habitaban los inmortales.

Con la llegada de nuevas creencias al Japón aparecen nuevas características del jardín japonés, pero sin que desaparecieran las anteriores.

Diferentes tipos de jardín japonés

No podemos hablar de un único tipo de jardín, ya que existen varios a lo largo de la historia. Durante el período Nara (710-794) surgen los primeros indicios dentro del palacio imperial.

Estuvieron influenciados por los modelos chinos, introducidos al Japón por la primera misión diplomática japonesa en China. Aunque no han sobrevivido ninguno de éstos, existen evidencias gráficas de diseño de jardines con lagos e islas que representaban la dualidad del yin-yan. Para unir estos elementos se comenzaron a construir puentes arqueados, por debajo de los cuales podían pasar botes. Este es el único tipo de jardín en la historia de Japón que fue usado con propósitos de esparcimiento y como símbolo de estatus social, así como fue el único libre de temas religiosos sirviendo para uso secular.

Hacia el final del período Heian los jardines comenzaron a cambiar por la influencia del budismo esotérico. Condiciones sociales inciertas, guerras civiles y destrucción fueron las bases para este cambio. Esta rama del budismo ofrecía escapismo de estas situaciones con ideas de volar de este mundo miserable y la búsqueda del paraíso. Con el tiempo, esta idea toma forma terrenal en un nuevo tipo de jardín llamado “Jardín del Paraíso”, el cual se integraba con una arquitectura compuesta de pabellones conectado con corredores. Entre el jardín y el pabellón estaba el plano vacío de grava para realizar eventos y contemplar el paisaje. Ejemplos de éstos se encuentran en el palacio Saga-no-in y el templo Byodo-in en Kyoto.

Otro tipo muy valorado de jardín surge en el período Kamakura (1185-1392), durante el cual llegó la segunda ola de influencia de China y con ella la introducción del budismo Zen en el siglo XIII. El mismo encontró un terreno propicio en épocas de gran inestabilidad, donde predominaban formas militares de gobiernos. Era una doctrina contemplativa que se enfocaba profundamente en cuestiones de la existencia humana. La misma abocaba a la austeridad y la modestia que estaba en sintonía con el espíritu de la época y cercana a las actitudes de las castas militares. Se destaca el monje y creador de jardines Muso Soseki, conocido también como Kokushi. Su obra en el templo de Saihoji en Kyoto muestra un diseño donde integra el clásico jardín del lago con un jardín seco llamado karesanzui, en dos niveles. Además introduce un nuevo concepto donde el lago se contempla desde el exterior dando mayor sensación de relajación que estando dentro. Surge así el jardín Zen tipo “escenario”. La influencia de la pintura paisajista china de la época fue muy importante en este tipo de jardín, lo cual mostraba una idealización del paisaje, profundidad y orientación hacia lo vertical. Saihoji fue muy imitado sobre todo en el período Muromachi (siglos XIV al XVI), donde el arte en los jardines en Japón alcanza un gran florecimiento.

Los jardines de los palacios de Kinkaki-ji (1395) y Ginkaku-ji (1480) promovidos por señores feudales muestran en su trazado la grandeza de los jardines paraíso del período anterior, sin embargo la influencia Zen demandó que hubiera contemplación durante su recorrido. En estos tiempos se puede ver claramente un desarrollo desde los comienzos hacia la madurez de los jardines Zen.

Kare-sanzui puede ser visto como el logro más fino en la tradición japonesa en jardines. Sus antecedentes vienen del pasado, pero es en este período donde encuentran un foco común. Su base espiritual y su estética derivan de la filosofía Zen, y los mismos fueron patrocinados por el shogunato. El surgimiento del jardín Zen vino dado por la necesidad de un lugar de ayuda para la meditación el cual debía seguir con una serie de lineamientos de la estética Zen como ser asimetría, simplicidad, libertad, profundidad, tranquilidad. Estaban realizados en roca y arena en espacios estrechos frente a las salas de meditación. No había presencia de agua, pero ésta se simulaba con ondas en las arenas que representaban ríos y océanos, creando así una abstracción que se contemplaba desde un solo punto de vista induciendo a la sensación de un gran espacio.

Los principales conceptos en la creación de un jardín Zen comienzan a ser la simplificación, condensación, limitación y abstracción lo que lleva gradualmente a la exclusión de todos los elementos que hicieran recordar a algún elemento de la ya conocida realidad. Todos los karen-sanzui son proyectos pequeños y están separados del mundo exterior para proveer una atmósfera que lleve a la contemplación.

El surgimiento de un nuevo tipo de jardín vino en el período Momoyama (1603-1868), el jardín de té o chaniwa, íntimamente relacionado con pabellón del té, usado para la preparación de la ceremonia y toma del té, cha-no-yu, para la cual se necesita una clima de paz y concentración. También deriva del pensamiento Zen y sigue con su estética. El jardín estaba pensado para guiar al invitado al pabellón del té y prepararlo espiritualmente para la ceremonia. El jardín y el pabellón forman una sola unidad indivisible. A diferencia del karen-sanzui no estaba pensado para la contemplación, sino solamente para crear una atmósfera de gran simplicidad y uno pueda refugiarse en pura espiritualidad. El diseño del jardín de té es muy simple y posee un camino empedrado, roji, que lleva al pabellón. A lo largo del camino no había elementos que pudieran perturbar al invitado, salvo unos faroles de piedra a los costados. En la entrada del pabellón se colocaba una pila de agua que simbólicamente indicaba pureza. También vemos la falta de flores y la presencia de arbustos bajos a lo largo del camino para crear la sensación de estar aislados en el bosque. Los nuevos conceptos de la técnica wabi-sabi se emplearon, como ser tranquilidad, simplicidad, rusticidad, así como una sutil sensación del paso del tiempo.

El período Edo trajo la unificación política del país, así como el aislamiento casi total del mismo. En esta época los jardines fueron promovidos por el emperador y los militares feudales dentro de sus propios recintos. Se unificaron las versiones de jardines anteriores, creándose el “jardín de paseo” donde se ofrecían distintos escenarios al irse desplazando por los mismos.

Fundamentos y técnicas del jardín japonés

El jardín japonés expresa espiritualidad ya que no muestra riqueza material, sino la riqueza de elementos simples y austeros.

Dichos elementos son objetos naturales que toman su valor al lograrse una perfecta ubicación de los mismos convirtiéndolos en obras para la contemplación. La espiritualidad también se refleja en el simbolismo de estos objetos, cuya interpretación debería llevar al usuario a tener una intuición mística.

No adopta una forma geométrica a lo largo de su desarrollo a través de los tiempos. Los jardines son consistentemente desarrollados para ser irregulares, orgánicos y basados en una composición cercana a la naturaleza.

El encerramiento del jardín es mediante paredes, defensas, montículos y arbustos en una forma de mostrar al espacio como privado, y en una atmósfera de calma. Este encerramiento no es absoluto sino que existen aperturas que muestran una conexión visual con el entorno. Esta técnica es llamada shakkei, o técnica del paisaje prestado e implica la apreciación del escenario detrás del jardín, el cual es el prestado, introduciendo así elementos naturales o hechos por el hombre.

Trazado de los jardines basados en los lineamientos que seguían la composición pictórica de la pintura paisajística china.

El espacio tuvo un papel muy importante, donde el vacío creado entre los elementos ayudaba a balancear. Este vacío era captado por la mente mediante la contemplación donde se reveló una preferencia por la asimetría. Esto influyó en aspectos como el número de rocas y árboles nunca iguales, balanceados en forma asimétrica.

El jardín también fue pensado como una forma de miniaturización del cosmos. Los elementos que lo formaban tenían un significado especial, las rocas representaban montañas, el estanque se convertía en océano, el lote de musgo en bosque.

Elementos como el bonsai y el bonkei, árboles y bosques en miniatura eran el foco para la contemplación.

La integración visual y espacial entre la arquitectura y el jardín estaba dada en las casas por el uso de paneles corredizos donde el interior y el exterior pasaban a ser una sola unidad.

Los cambios visuales se dan por el espectador cuando recorre le jardín, así como también por el cambio de estaciones lo cual implica una cuidadosa selección de plantas y contrastes.

Las rocas son los materiales más importantes usados en toda la variedad de jardines japoneses. El musgo tiene un lugar preeminente en el jardín japonés, forma un contraste ideal con las rocas y los caminos empedrados. Necesita gran humedad y sombra parcial, así que necesita ser regado durante los períodos secos. El pino también tiene un lugar importante, ya que siempre está verde y puede adoptar formas pictóricas cuando crece. Otras especies usadas son las coníferas, camelias y bambú. Plantas con flores se destacan sakura, cerezos, azaleas, magnolias cuyos bellos colores se muestran en otoño, así como el color de los cerezos en primavera.

Luego de ver las características de ambos jardines, vemos cómo el jardín japonés tiene un carácter espiritual. Esto se refleja desde sus orígenes y con las posteriores influencias.

Su uso para la meditación, contemplación, búsqueda de la paz interior, bajo los lineamientos de la doctrina Zen, lo lleva a tener una apariencia austera y libre de ornamentaciones que remitan a la realidad, tratando de mantenerlo en el plano de la abstracción. La composición del jardín busca la mirada hacia el mundo interior, para encontrar la introspección necesaria.

En cambio, el Renacimiento lleva a una apertura hacia la naturaleza y el mundo exterior que se vio reflejado en sus jardines.

El hombre de esa época buscaba una vida de disfrute, llena de diversidades, con los encantos de idílicos paisajes en el campo y buscando adentrarse más en el mundo, alcanzado por la razón y por la experiencia artística. El entorno fue integrado a su vida como elemento de disfrute y exaltación.

La composición estaba pensada con fines estéticos, con gran cantidad de elementos ornamentales.

El jardín del Renacimiento tenía una composición geométrica y jerarquizada, donde se veía la mano del hombre y su trabajo.

Esta coherencia estaba dada por la perspectiva redescubierta por los artistas renacentistas. Mientras que en el jardín japonés se seguían formas irregulares y orgánicas ya que buscaba estar lo más posible cerca de la naturaleza, respetando que los materiales fueran usados sin transformación, siguiendo sus creencias y principios.

Referencias bibliográficas

Aristimuño, I.(1999). Principios japoneses del jardín moderno en Latinoamérica. España: Cuadernos Canela.

Fariello, F., Sainz, J. y Aníbarro, M. A. (2004). La arquitectura de los jardines: De la antigüedad al siglo XX. (2º ed.). Barcelona: Ed. Reverté.

Ogrin, D. (1993). The world heritage of gardens. Slovenia: Thames and Hudson.


Los Jardines Italianos del Renacimiento y el Jardín Japonés. Características, diferencias y similitudes fue publicado de la página 35 a página39 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

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