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Archivo crítico: el reloj en el tiempo

Méndez, María Agustina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición V Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año VI, Vol. 24, Octubre 2009, Buenos Aires, Argentina | 120 páginas

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Introducción

Todo ser vivo evoluciona en el tiempo y en el espacio. El tiempo rige la duración y secuencias de la vida, las condiciones y modos de su existencia. Actúa imperceptiblemente sobre el organismo vivo, determina los períodos que atraviesa, su sueño, su vejez; sincroniza los procedimientos fisiológicos uniendo esos ritmos internos de los efectos del medio ambiente.

El ser humano posee la noción del tiempo y mejora esta percepción a la par de que evoluciona intelectualmente.

Por lo tanto, el carácter estético de un reloj, se relaciona con una aproximación histórico-artística ampliamente rica y variada.

Representa un campo de estudio bastante más grande que simplemente el desarrollo del mecanismo de relojería y sus particularidades de construcción.

Desde que el homo sapiens pudo comprobar que toda forma de vida sobre este planeta dependía directamente de la existencia del sol, y que éste regía las transformaciones de la naturaleza, constató inmediatamente su importancia para la medición del tiempo. Durante un largo período, el sol sirvió de indicador de ciclos. Varios siglos posteriores, más específicamente a partir de la época de la producción en serie, ese “indicador” se había transformado en algo mucho más alcanzable y utilitario, llegándose a convertir en un objeto de arte único.

En efecto, su construcción estimulaba al artista proponiéndole todo un mundo de posibilidades decorativas. Pero, a menudo, en el momento de la aparición del reloj de rodamientos, el mecanismo mismo presentaba un interés artístico.

La relojería es una disciplina que no rechaza jamás fórmulas que se muestran prácticas y que no han agotado todas las fuentes decorativas.

Hacia fines del siglo XVIII, comenzaron a surgir ciertas innovaciones en la producción, logrando revolucionar la economía.

La mayor parte de estos cambios, consistieron en la mejora de los inventos y máquinas ya conocidos, y aunque los cambios fueron pequeños, lograron resultados notables.

El primer país que experimentó este tipo importante de variación fue Inglaterra, ya que reunía varias condiciones para que el conjunto de profundas transformaciones económicas y sociales, conocido como Revolución Industrial, pudiera producirse y mantenerse con el paso del tiempo.

Una de esas condiciones era la existencia de un mercado interno muy activo, comunicado por un sistema eficiente de transporte, y una gran demanda de productos diversos que activaba la economía.

La invención más importante fue la máquina a vapor, que proporcionó una nueva fuente de energía aplicable a la producción.

Por ejemplo, varios telares mecánicos conectados a una máquina de vapor podían realizar tareas de hilado o tejido de manera automática. En menos tiempo, se producía una mayor cantidad de telas de algodón, con empleo mucho menor de mano de obra.

Por otra parte, las transformaciones agrarias de los siglos previos se profundizaron en el siglo XVIII y provocaron un aumento en la cantidad de personas que dependían del mercado para su subsistencia diaria.

Inglaterra contaba con un amplio y expansivo mercado colonial, siendo la principal potencia marítima y comercial, y el número de consumidores crecía cada vez más. El gobierno británico siempre respaldó las iniciativas de los comerciantes exportadores, incluso a través de la guerra. Por ejemplo, al iniciarse la Revolución Industrial, el gobierno británico impidió la producción y el comercio de las manufacturas de la India, que hasta entonces abastecían al mercado inglés, para que compitieran con las fábricas nacionales.

La inversión en los ferrocarriles fue la solución que los empresarios encontraron para abordar el problema de la caída de los beneficios como consecuencia de la primera crisis mundial.

En las dos primeras décadas del ferrocarril (1930-1950), la producción de hierro se triplicó […] Este impresionante aumento se debía principalmente al tendido de vías, pues cada milla de línea requería unas 300 toneladas de hierro sólo para los rieles. (Eric Hobsbawn. Citado en: Historia de los tiempos contemporáneos –siglos XV y XIX– 2005)1

Mediante la aplicación de máquinas a la producción, la Revolución Industrial redujo la cantidad de trabajadores necesarios para la industria.

La mayor parte de los trabajadores industriales procedía del campo. Desplazados de allí por las transformaciones agrarias o bien, atraídos por las posibilidades que ofrecía la industria, muchos campesinos se trasladaron a las ciudades. Allí descubrieron que las diferencias entre su modo tradicional de trabajo y su nuevo ambiente laboral eran muy marcadas. En el campo, el tiempo de trabajo se regía por las estaciones o se medía en semanas; en la fábrica, el reloj y el proceso mismo de trabajo eran los que regulaban la jornada. En el campo, la gente trabajaba a su propio ritmo y de acuerdo a sus necesidades; en la fábrica el ritmo estaba fijado por la velocidad de las máquinas y por el control que ejercían los capataces sobre los empleados, a lo largo de jornadas que superaban las doce horas diarias; incluyendo las condiciones de insalubridad (ambientes húmedos, mal ventilados, contaminados por el ruido constante de las máquinas). La retribución a todo esto, salarios muy bajos.

Para cubrir las necesidades básicas de subsistencia (alimentación, vestimenta y vivienda), debían trabajar todos los miembros de la familia; sin embargo la suma de los ingresos era escasa y las condiciones de vida sumamente precarias.

Hacia 1850, Inglaterra poseía una extensa red de ferrocarriles y hasta 1870, el desarrollo de la producción industrial y el crecimiento de los mercados consumidores de alimentos y manufacturas provocaron un aumento del comercio internacional.

En la segunda mitad del siglo XIX, a medida que la industria iba realizando su mayor expansión y el trabajo artesanal sustituía al mecánico, surgieron las exposiciones de tipo industrial, con el objetivo de presentar, reunidos, productos de este trabajo, poniendo de evidencia los modelos de las nuevas invenciones y así facilitar al público su comparación y adopción.

Estas exposiciones aceleraron el desarrollo de la industria en todas sus diferentes ramas, estando representadas en ellas todas las esferas de la actividad humana.

“Nos guste o no, la máquina fuerza motriz y la electricidad tendrán mucho que decir en el arte ornamental del futuro”. (Lewis Day-seudónimo de Nicolás Blake. Circa 1850. Citado en: Historia de los tiempos contemporáneos –siglos XVIII y XIX–)2 Dichas exposiciones están divididas en dos períodos. El primero, iniciado y terminado en París, entre los años 1798-1849.

Siendo de carácter nacional, se exhibían algunos objetos de lujo como relojes, papel para cubrir paredes, tejidos, hilados de algodón.

El segundo período, que abarca la segunda mitad del siglo XIX, adquirió una nueva categoría: fue internacional. Las grandes ferias se realizaron a lo largo de seis meses, celebrando la tecnología industrial y la potencialidad de la máquina. Comenzando por la Gran Exposición de 1851 en Londres, estas exposiciones se levantaron como testimonio de los cambios estéticos y técnicos, al igual que de la Era. Permitían que los representantes de las naciones industrializadas exhibieran sus mejores producciones.

Los productos variaban desde utensilios de uso diario producidos en forma masiva, a presentaciones de piezas únicas.

Aquellos que pertenecían al primer grupo, generalmente estaban realizados con materiales recientemente desarrollados o mecanismos patentados. Los productos del segundo grupo eran notablemente piezas únicas debido a sus dimensiones, complejidad o inversión en su costo de producción.

Dentro de este grupo puede incluirse el primer objeto a relevar (reloj de sobremesa) de origen inglés, elaborado con piezas de bronce dorado fundido en moldes de coquilla, cincelado y pulido para darle una terminación correspondiente a la producción orfebre. Toda la decoración en esta época se reducía al número de serie y a la firma del fabricante.

Los relojes de sobremesa eran aquellos producidos de forma que pudieran ser vistos de todos los ángulos. Se los ponía sobre pedestales particulares o en la mayor parte de los casos sobre las mesas o escritorios. Del mismo modo que los relojes murales, cambian su aspecto a lo largo de los años.

La elaboración relojera tenía al principio un objetivo puramente utilitario; debía proteger, en efecto, el mecanismo de las influencias exteriores. Pero rápidamente se comenzó a variar su forma y a multiplicar sus detalles decorativos.

Gracias a su belleza, el reloj encontró su rendimiento igualmente en un lugar público como en el interior de una casa, o centro de trabajo. Toda persona que adquiría un reloj, fuese un señor feudal refinado, un burgués o un campesino, exigía no solamente el mecanismo más perfecto posible, sino también una presentación bella y armoniosa del conjunto. Esta estética era valorada por el grabado, la pintura, la talla y marquetería de los detalles decorativos, de los apliques y molduras.

Las exposiciones universales que tuvieron lugar en París en los años 1855, 1863, 1867 y 1889, reflejaban la metamorfosis rápida que atravesaba el modo de vida de los países europeos, que habían influenciado inevitablemente la concepción del armazón del reloj.

Fue la última ocasión donde existía una concepción artística individual y personalizada de las cajas-armazones. La aplicación de los procedimientos industriales en la producción relojera, los intereses comerciales y la ausencia de una corriente estética dominante, impidieron una creación artística original en el terreno de la elaboración del reloj. Específicamente las piezas inglesas representaban en su conjunto una obra de relojería muy fiable, en lo que concierne a la exactitud motriz y refinamiento en cuanto a la elaboración de su indumentaria.

Fue un siglo después, cuando las corrientes artísticas modernas: el Art Nouveau y el cubismo, propusieron nuevas formas para el armazón de los relojes.

Francia formó una parte importante de estos aportes vanguardistas (reloj de sobremesa).

El Art Nouveau, Jugendstil, Sezession, Liberty o modernistos, fueron movimientos análogos difundidos casi contemporáneamente.

Inspirados en las teorías de William Morris, –quien rechazaba la producción industrial en las artes decorativas y la arquitectura, e impulsaba el retorno a la artesanía medieval, considerando que los artesanos merecían el rango de artistas– y su orientación liberalista frente a la estética de los “estilos históricos”, imperantes hasta el momento; junto a repertorios sin referencias a ninguna época anterior, la exaltación hasta los límites de las técnicas artesanas y la aceptación incondicional de la intervención de la máquina. Tejidos, cristales, cerámicas, marquetería, forja o talla, fueron desarrollados en una actitud estética que modificaba la normativa de los criterios clásicos preponderantes, todos ellos basados en la corrección estilística.

La importancia de este estilo, situado en medio de dos siglos, radica en su significado histórico, especialmente en su actitud de rechazo hacia las corrientes clasicistas de finales de siglo, así como también por el liberalismo inventivo de que hizo ostentación y por la proyección de un interés estético y una expresión plástica sobre los objetos de uso. Su vida fue mucho más corta que el período anterior debido a que desde el mismo momento en que surgió se ha considerado como un estilo unitario; y la conclusión de una larga evolución de problemas culturales y de variaciones del gusto predominante en el siglo XIX.

El Art Nouveau fue desarrollado como un estilo internacional revelando la expresión de una cultura de clase, demostrándose en el esteticismo de este estilo el intento de la burguesía de resolver la lucha de clases, la belleza y el bajo costo de los productos manufacturados.

Era notorio el nuevo estilo presentando connotaciones del optimismo progresista, de la alegría de vivir, del gusto por gastar y consumir; las manufacturaciones eran accesibles a toda escala social.

Otro de los aspectos invariantes del Art Nouveau fue el de la completa liberación frente a las formas del pasado, respecto a los paradigmas tradicionales puede considerarse basada en tres componentes principales íntimamente relacionados entre sí: la aceptación de la tecnología moderna.

La producción correspondiente a este estilo, enfocando “intencionalmente” el proceso industrial, determina la relación artista-fabricante o, por lo menos, la del artista y el ejecutor, en la cual se devuelve al primero el objetivo de la “calidad” de los productos manufacturados.

El Art Nouveau logra instaurar una relación aún más estrecha con la naturaleza: la organicidad de ésta impregna e inspira a diversos campos de acción.

Se introduce el concepto de Einfühlung, pudiéndose traducir como “introducción al sentimiento”, “simpatía simbólica”, empatía. “Nada de lo que percibimos actúa puramente por sí mismo, sino que todo actúa en conjunto, como resonancia de la afinidad que hay en nosotros” (Nicco Fasola. Circa 1986)3.

De esta manera se lograba determinar una serie de símbolos y de formas cuya presencia permitía una lectura semántica de las producciones. Las líneas verticales, horizontales, oblicuas, las formas geométricas planas y volumétricas, las ilusiones ópticas y los colores se asocian, aceptan o rechazan gracias a las sensaciones análogas preexistentes en el espectador, como el sentido de calma, de equilibrio, de incertidumbre y otros similares. “La línea es una fuerza que actúa de la misma manera que las fuerzas naturales elementales” (Henry Van de Velde. 1902)4. Varias líneas de fuerza que se encuentran, actuando en sentido contrario en las mismas condiciones, logran producir los mismos resultados que las fuerzas naturales en oposición recíproca. Gracias a estas observaciones, se logra establecer no sólo una relación entre acción y reacción que puede encontrarse tanto en la naturaleza como en el cálculo estático. Así, logra explicarse el gusto sinuoso por la línea, denominada “golpe de látigo” o “línea látigo”, refiriéndose a la dinámica de las fuerzas naturales.

Predomina, también, en este período una tendencia a la abstracción, donde existe una evasión del mundo perceptivo para conformar imágenes “conceptuales” y controladas, que entran en el dominio del recorte geométrico.

Algunas producciones de los grandes artistas adeptos a este movimiento, como Joseph Maria Olbrich, Joseph Hoffmann, Víctor Horta, Henri Van de Velde. Guimard, Jorean y Bonnefond, fueron exportados hacia numerosos países, donde sirvió de fuente de inspiración a la relojería local.

Anteriormente se ha hecho mención a cerca de la acción ejercida por las corrientes artísticas modernas, sobre las nuevas formas estéticas propuestas para el armazón de los relojes.

Dentro de estos movimientos se resaltaba el cubismo. El fenómeno del arte vanguardista es uno de los típicos de la cultura contemporánea (desde el principio del siglo hasta la segunda guerra mundial), y se presenta por primera vez en nuestro siglo anticipando y reflejando casi todos los aspectos, las crisis y las contradicciones.

Aunque la fecha de 1907, año de Las señoritas de Avignon (cuadro realizado por Pablo Picasso) puede tomarse como referencia para hablar del cubismo, la verdad es que este cuadro supone la culminación de una serie de experiencias que se iniciaron en 1906.

No se origina por evolución del arte del siglo XIX, sino que fue a partir de una ruptura con los valores del pasado. La unidad espiritual y cultural del siglo XIX se había quebrado. Y de la polémica, la protesta y la revuelta, provocadas en el interior de tal unidad, nace el nuevo arte. Fueron, entonces una serie de razones tanto ideológicas como históricas, las que ocasionaron su desarrollo. Algo había cambiado profundamente, incluso en la interpretación de las ciencias. Los cubistas reprochaban las visiones “sólo de retina y no de cerebro”, como era el caso del impresionismo. No se trataba del registro puro y simple de los datos observables sino de su organización en una “síntesis intelectual” que, al efectuar una selección, destacase los datos esenciales.

La geometría es a las artes plásticas y aplicadas lo que la gramática al arte de escribir. Hoy los científicos ya no se atienen a las tres dimensiones de la geometría euclidiana, sino que es el espacio mismo, la dimensión de lo infinito, lo que plasticidad a los objetos”. (Apollinaire, 1913. Citado en: Historia de la arquitectura contemporánea. p. 116)5

El cubismo se diferencia de la antigua pintura porque no es arte de imitación, sino de pensamiento que tiende a elevarse hasta la creación.

Al presentar la realidad (concebida o creada), el artista puede dar la apariencia de las tres dimensiones, pudiendo en cierta manera: cubicar. No podría hacerlo si ofreciera simplemente la realidad vista, a menos de simularla, deformando la calidad de la forma concebida o creada. Se produce una representación mediante geometría; planos; multiplicidad e interpenetración de las configuraciones que se producen al variar el punto de vista; juegos entre exterior-interior, planta-sección.

Otra de las características invariantes de este estilo se debe a su acentuación al alejamiento de la naturaleza, que podía observarse por ejemplo como una especie de evolución irreversible en el arte moderno hasta la segunda guerra mundial.

“[…] Rompe con la perspectiva tridimensional renacentista.

Considera los objetos relativamente, es decir, desde varios puntos de vista, ninguno de los cuales tiene predomino absoluto.

Los ve simultáneamente por todos lados, logrando sumar una cuarta dimensión, el tiempo”. (Giedion. Citado en: Historia de la arquitectura contemporánea. p. 225)6.

Precisamente, el tercer reloj analizado, diseñado por el arquitecto Josef Gocár, para el actor Otto Boleska, quien lo contrató para decorar el living de su casa, cumple con las características mencionadas.

Su autor fue el más representativo e importante de los arquitectos del siglo XX del cubismo checo.

Mientras la arquitectura checa se encontraba marcada por la tendencia de imitar los estilos históricos del gótico y del barroco, Josef Gocár decidió emprender su propio camino. Se dedicó, en su mayor parte a la arquitectura, al diseño de mobiliario interior y, en pocas cantidades, de objetos más pequeños.

En su primera etapa, Josep Gocár contribuyó en la forma más radical al nacimiento de una manifestación arquitectónica nueva.

Hacia 1910, con el movimiento cubista en Checoslovaquia (que en realidad era un expresionismo ligado a las corrientes centroeuropeas), Gocár se desvió de su racionalismo original e inició una segunda etapa en su vida artística… El cubismo no fue nunca un arte abstracto. Sus obras no eran reproducciones únicamente de aquello que veían, sino también de lo que sabían. Esta actitud logró aproximarlo a un carácter cognoscitivo de la pura visibilidad y a todas las influencias de la ciencia moderna.

Los instrumentos de medición de tiempo forman parte de numerosas civilizaciones, tanto occidentales como orientales.

Logran esclarecernos sobre los hábitos y costumbres de nuestros ancestros y, ayudados por la extraña mezcla producida entre nuestra imaginación y el constante tic tac, conseguimos evocar instantes placenteros o trágicos.

Pueden ser considerados como objetos de arte o como productos artesanales. Su mecanismo no es nada más que un pretexto para una concepción artística del conjunto que comporta a menudo aspectos educativos o ideológicos.

Es la emanación directa del genio inventivo del ser humano, la materialización misma de la utilidad y la función.

Esta polarización entre el interior puramente funcional y el exterior, que tiene una función decorativa, traduce bien el doble interés que representa un reloj a los ojos de quien lo ve.

Esta función de decoración que permanece en la actualidad, demuestra la evolución de los comportamientos sociales, preferencias artísticas y la habilidad de los artesanos relacionado a la inscripción del objeto como parte de los procesos culturales, en este caso, relacionados con la funcionalidad del tiempo.

Notas

1 AAVV (2005). Historia de los tiempos contemporáneos –siglos XV y XIX– (2ª ed.). Buenos Aires: Puerto de palos.

2 AAVV (2005). Historia de los tiempos contemporáneos– siglos XV y XIX– (2ª ed.). Buenos Aires: Puerto de palos.

3 Renato de Fusco (1996). Historia de la arquitectura contemporánea. España: Hermann Blume 4 Renato de Fusco (1996). Historia de la arquitectura contemporánea. España: Hermann Blume 5 Renato de Fusco (1996). Historia de la arquitectura contemporánea. España: Hermann Blume 6 Renato de Fusco (1996). Historia de la arquitectura contemporánea. España: Hermann Blume

Bibliografía

AAVV (1957). Encyclopédie de I'architecture nouvelle. (2ª ed.) Milán: Ulrico Hoepli Editore.

Benedetto Gravagmolo (1991). Historia del urbanismo en Europa 1750 -1960. Madrid: Akal Arquitectura. Tomo 14.

John McKean (1994). Crystal Palace: Joseph Paxton and Carls Fox. Londres: Phaidon.

Renato de Fusco (1996). Historia de la arquitectura contemporánea. España: Hermann Blume.

Libuse Uresová (1990). El arte de la relojería. Madrid: Libsa.

AAVV (2005). Historia de los tiempos contemporáneos –siglos XV y XIX– (2ª ed.). Buenos Aires: Puerto de palos.

AAVV (2005). Historia de los tiempos contemporáneos –siglos XIX y XX– (1ª ed.). Buenos Aires: Puerto de palos.

Recursos electrónicos

(2008) La invención del reloj. Buenos Aires: Cielo Sur. Disponible en: http://www.cielosur.com/archivos/archisamar.php (2005) La revolución industrial del siglo XVIII. Buenos Aires: La revolución industrial. Primera revolución tecnológica e industrial en el mundo.


Archivo crítico: el reloj en el tiempo fue publicado de la página 53 a página56 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

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