1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24 >
  4. Neoclasicismo en Buenos Aires

Neoclasicismo en Buenos Aires

Ureta Sáenz Peña, Candelaria

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición V Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año VI, Vol. 24, Octubre 2009, Buenos Aires, Argentina | 120 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Este ensayo tiene la intención de plantear las ideas que invadieron el pensamiento del hombre en el siglo XVIII, llamado también “El Siglo de las Luces”; y cçomo en consecuencia, el hombre lo ha manifestado a través de las diferentes representaciones artísticas.

Luego de la observación de este fenómeno, se traslada la atención a cómo el Neoclasicismo emigra hacia América Latina.

El interés principal es mostrar cómo se instala y representa en la Ciudad de Buenos Aires a través del relevamiento y análisis de algunas de las más notables fachadas.

El Siglo de las Luces

El siglo XVIII fue un momento de intenso movimiento ideológico y científico que se conoce como ”La Ilustración“ o ”Siglo de las luces“, cuyo rasgo principal es la corriente intelectual de pensamiento que domina Europa y en especial Francia e Inglaterra.

”La Ilustración“ propone el auge de la razón entendiendo a la razón, como pensamiento generador de nuevas ideas, necesarias para cambiar el presente, en el que reinaba un sistema político de carácter absolutista y de intolerancia religiosa.

Los líderes intelectuales de este movimiento como Montesquieu, Rousseau y Voltaire se consideran a sí mismos la élite de la sociedad, cuyo principal propósito es liderar al mundo hacia el progreso, poniéndole fin al largo periodo de tradiciones, irracionalidad y tiranía.

La expresión estética de este movimiento intelectual se denomina Neoclasicismo, un movimiento cultural que ha tenido gran influencia en los aspectos económico, político y social.

En los inicios del siglo, el Barroco estaba vigente en Europa como así también en América. Paralelamente surge un derivado o variación del Barroco: el llamado estilo Rococó. Este se ha caracterizado por la recarga decorativa y se ve superado hacia mediados del siglo, cuando surge una fuerte tendencia hacia lo clásico y un espíritu renovador que conduce al arte y a la arquitectura europea hacia el Neoclasicismo.

Los artistas neoclásicos representaron nuevas temáticas encontradas en el viejo modelo grecorromano. Esta búsqueda hacia el ideal le permite regresar a una antigüedad más inocente y pura, apartándose de la exacerbada fantasía del Rococó.

No es solo la influencia de la Ilustración la que invade el espíritu de los artistas neoclásicos, sino también un interesante suceso que ocurre entre 1738 y 1748: el hallazgo de las ciudades romanas de Herculano y Pompeya, testimonios fehacientes de la vida, el arte y la arquitectura de aquella lejana cultura romana con influencia griega. El interés por el pasado fomenta entonces, la realización de viajes de estudio hacia Roma y al sur de Italia.

Los hallazgos arqueológicos y artísticos, condujeron a los artistas a un mismo destino, el que relacionará al neoclasicismo con la visión racional originada por: orden, proporción, sobriedad y equilibrio, alcanzando la belleza ideal de la pintura y la escultura y la vuelta a los órdenes clásicos grecolatinos en la arquitectura.

Esta corriente artística surge, esencialmente, de una voluntad de regenerar la sociedad. Así, según Diderot: el arte debe educar y hacer que la virtud resulte atractiva, el vicio odioso y el ridículo estrepitoso

Como movimiento artístico

Siguiendo la máxima de la Ilustración, que concede absoluta prioridad a la concepción del mundo por medio de la comprensión, los artistas también exigieron un arte puro guiado por la razón.

La antigüedad griega y romana vuelve a ocupar el centro de atención de los artistas de mediados del siglo XVIII y Roma se convierte en el centro espiritual y en el lugar de encuentro de los neoclasicistas.

La idea del mundo que tiene el hombre ha cambiado. La Ilustración, la Revolución industrial y la caída de las monarquías absolutistas traen consigo un cambio en la concepción de Dios, del mundo y del hombre. Así pues, la religión cristiana deja de ser el absoluto rector de la sociedad.

Este cambio de valores se ve reflejado en el arte ya que las pinturas sacras, que hasta el Barroco habían sido las dominantes ya no lo eran. La historia sustituye a la mitología por temas de la antigüedad y por visiones del mundo de la burguesía.

En cuanto a su significado social, el arte se convierte en una cuestión pública. La antigua colección privada de arte del monarca francés, ubicada en su palacio El Louvre, se hace parcialmente accesible a la población en 1789 y con ello se instaura uno de los primeros Museos públicos.

El papel del artista también sufre un cambio importante. Ya no escogen los temas dentro de un canon, sino que cada artista elige sus motivos y les da una expresión que corresponde con su visión de las cosas. La finalidad de los artistas ya no es la apropiación del mundo de la observación, ya sea por imitación o por idealización, sino la de destacar que todas las representaciones eran ante todo portadoras de un mensaje.

La ruptura con la tradición había abierto un campo ilimitado para escoger; en ellos estaba decidir si querían pintar paisajes o dramáticas escenas del pasado.

“Pero cuanto mayor se extienden las márgenes de la elección más difícil se torna que los gustos del artista coincidieran con los de su público”1.

El juramento de los Horacios, de Jacques Louis David es un ejemplo claro de la nueva concepción artística que pone de manifiesto la propia ideología. Representa una escena de la historia romana en que los ciudadanos republicanos toman las armas como personas libres para influir con su propia actitud en el desarrollo del Estado. No son reyes ni príncipes los que toman las decisiones sino ciudadanos libres que defienden el bien de la Nación. Esta obra es una expresión de las exigencias morales y revolucionarias, del sentimiento del deber ciudadano y de patriotismo entusiasmado. David fue el máximo representante del neoclasicismo revolucionario.

Otro de los artistas más característicos de la época y alumno más notable de David fue Jean Auguste Dominique Ingres.

Su obra transmite un claro mensaje ideológico. Su idea es la concepción de la belleza a través de formas clásicas y puras donde encuentra la armonía y el equilibrio absoluto entre los elementos del cuadro.

La iconografía pura del neoclasicismo se convierte para Ingres en la expresión de una belleza casual de las formas elementales.

El espacio pictórico se enriquece con los artificios propios del teatro trágico mediante el recurso de la vestimenta, la postura y la elocuencia de los gestos. Los artistas retoman la construcción frontal de los bajorrelieves clásicos y de los frescos de Herculano. Los personajes, de gran tamaño, en número limitado y espaciado entre sí, se presentan alineados en el primer plano a modo de friso, mientras que en el fondo, se retoma el rectángulo del cuadro mediante la alusión a los motivos geométricos (piedras labradas, pilastras, cornisas y molduras).

En cuanto al segundo plano, se concentra allí, la atención del espectador en las figuras, al tiempo que marca el ritmo de la escena. La ausencia de anécdotas superfluas y el recurso de una decoración sobria resaltan la esencia del tema.

Los artistas corrigen la naturaleza con el fin de alcanzar la perfección pictórica. Este principio conocido como belleza ideal, se inspira en maestros clásicos como Rafael o Nicolás Poussin, uniéndose a un profundo conocimiento de la anatomía y de las proporciones influidas por las obras más perfectas de la estatuaria grecorromana, tales como el Apolo de Belvedere.

Los personajes de modelado escultórico son adornados con majestuosos ropajes, mientras que otros conservan el clásico desnudo heroico.

Los artistas neoclásicos en su mirada de retorno a las viejas fuentes, rechazan todas las concepciones estéticas que implicaran desorden y, desde luego cualquier tipo de exceso emocional al modo del Barroco y del Rococó.

Así, los escultores de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, crean obras en la que prevalece una sencillez y pureza de líneas que los aparta del gusto curvilíneo del Barroco. Los modelos griegos y romanos, los temas tomados de la mitología clásica y las alegorías sobre las virtudes cívicas llenan los relieves de los edificios, los frontones de los pórticos y los monumentos, como arcos de triunfo o columnas conmemorativas.

La arquitectura de la razón

La Ilustración reanuda los planteos intelectuales del Renacimiento y del Humanismo. La recuperación de la edificación de la antigüedad ha sido considerada como el origen de la arquitectura que encierra las leyes eternas de armonía y belleza.

Entre los ilustrados se manifiesta la convicción absoluta de un conocimiento basado en la razón. En este movimiento de humanismo cultural, también aparece un afán enciclopédico de recoger el saber humano; y así es como en este contexto, la antigüedad clásica se convierte en el modelo a seguir, en donde artistas y aficionados viajaban a Roma para tomar modelos de la antigüedad imperial.

Así pues, en las últimas décadas del siglo XVIII y en las primeras del siglo XIX, la arquitectura ha estado dominada por los principios de configuración clásicos: claridad y reducción del aspecto exterior y de las plantas, predominio de los ángulos y de las líneas rectas, cuerpos arquitectónicos estereométricos, elementos dispuestos encima y junto a otros, tranquilidad, rigurosidad y grandiosidad adecuados a las ideas o funciones que debían cumplir los edificios. La sobria ornamentación, los resaltes y pilastras dan la impresión de ser pura decoración.

Los edificios simétricos son y sin embargo en la misma medida en que crecen la utilización de pórticos en la fachada se renuncia a resaltar el eje central. Con respecto a las columnas vuelven a utilizarse por motivos constructivos y no sólo como decoración. Su forma debía corresponderse en lo posible con la estructura, por lo que se prefieren los órdenes dórico y jónico al suntuoso corintio e incluso al capitel compuesto.

La nueva situación creada por la revolución industrial y social genera multiplicidad de nuevos temas edilicios. En el siglo XIX, la iglesia y el palacio pierden la importancia como tema principal y son reemplazados por el monumento, el museo, la vivienda, el teatro. Cada uno de ellos ha marcado el surgimiento de una nueva forma de vida, basada en nuevos significados existenciales.

El Panteón de París es una de las obras arquitectónicas más notables de esta época, con ella comienza el neoclasicismo romántico en Francia, el que se ha inspirado en el esplendor de la antigua Roma y considerado por algunos como el primer ejemplo de la arquitectura perfecta. Su enorme cúpula debía dominar toda la zona y señalar el lugar donde se encontraba la tumba de la patrona de la ciudad, Santa Genoveva. La planta de cruz griega sigue el ideal del Renacimiento. En ella ya no son las paredes las que soportan el peso sino las columnas.

El pórtico de columnas sobre el que descansa un frontón clásico está inspirado en el Panteón de Agripa, en Roma. La renuncia por parte del arquitecto a un complejo sistema de pilares, soportes y muros, así como la racionalidad y la pureza de las formas consiguen una construcción impresionante.

El British Museum es otra de las obras más características, representa el punto álgido del neoclasicismo europeo, en donde su estricta monumentalidad en el diseño está en contraposición con la idea de la obra de arte total del Barroco.

De esta manera, la necesidad de crear un edificio ideal en el cual todas sus partes tuvieran una función esencial y práctica y en el que los órdenes arquitectónicos fueran elementos constructivos y no sólo decorativos, conlleva a una arquitectura verdadera: construida con lógica.

Todos los arquitectos parten de unos supuestos comunes como la racionalidad en las construcciones y la vuelta al pasado.

La intención básica que produce la nueva imagen del espacio fue el deseo de liberarse de los sistemas del pasado. El hombre de las Luces no quiere aceptar a priori ni principios ni creencias. Se considera que la razón debe aplicarse a los fenómenos mismos, más que a la deducción de hechos a partir de principios demostrativos, haciendo de la razón el instrumento de una nueva realidad.

Neoclasicismo en Buenos Aires

El neoclasicismo es un movimiento de prolongada duración.

Más de un siglo, con vigencia plena en toda Europa. Irradiándose desde su país de origen, Francia del siglo XVII, llegó a la Argentina y se manifiesta hasta mediados del siglo XIX.

La arquitectura en la Argentina se remonta desde principios de la colonización, cuando las ciudades llegaron a su momento de esplendor. En Buenos Aires las influencias italianas y francesas se incrementan después de la Independencia, aunque el estilo academicista persiste hasta bien entrado el siglo XX. Los intentos de renovación, no obstante, se suceden durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, cuando las tendencias europeas penetran en el país plasmándose en diversos edificios de la ciudad.

A principios del siglo XIX Buenos Aires se configura como una ciudad colonial en muchos de sus aspectos y costumbres. Sin embargo, al mismo tiempo, se reconoce un aferro importante al pasado europeo tradicional que florece en la sociedad.

No resulta extraño, por tanto, que el neoclasicismo al que se hace referencia tuviera amplia adhesión en el medio social y cultural de entonces si se tiene en cuenta que el terreno era propicio por las cualidades de la sociedad.

La arquitectura de la mitad del siglo XX reproduce modelos neoclásicos de procedencia francesa como el Banco Nacional de Buenos Aires construido por Alejandro Bustillo.

Este edificio, es un interesante exponente de cultura y del estilo neoclásico. Su volumen compacto y macizo, monumentalista, con elementos decorativos tomados de los órdenes clásicos.

Hay presencias renacentistas en el tratamiento exterior de las fachadas, producto del orden corintio de las pilastras, así como en el ritmo de las grandes ventanas verticales y en las cornisas.

Otra obra arquitectónica representativa es la Catedral de Buenos Aires. En la década de 1820 por iniciativa de Rivadavia, llegan al país los primeros ingenieros franceses contratados especialmente por el nuevo gobierno. Prósper Catelin, a quien se considera el introductor del gusto francés en Buenos Aires, realiza el pórtico neoclásico de la catedral. Su construcción, la actual, es iniciada en el siglo XVIII y recién pudo ser concluida a principios del siglo XX pasando por muy diferentes manos (de arquitectos y constructores) quienes fueron cambiando o agregando algo. Este templo impresiona por su volumen y grandiosidad.

La Universidad de Buenos Aires (UBA) fue inaugurada el 12 de agosto de 1821 por iniciativa del entonces ministro de gobierno de la provincia de Buenos Aires, doctor Bernardino Rivadavia. Desde ese año, la institución ha transitado las trayectorias de la historia del país y de la ciudad, primero como Universidad Provincial y luego desde 1881 como Universidad Nacional, así como los caminos más específicos que hacen a la construcción de un centro académico, cultural y científico, espacio de formación de profesionales, de circulación y producción de conocimientos.

Tanto el edificio de la Facultad de Derecho como el de Ingeniería, representan las cualidades arquitectónicas de este período, en donde se puede observar el predominio de las líneas rectas, formas puras, pórtico clásico con predominio de las columnas jónicas y dóricas, y por sobre todas las cosas su monumentalidad, su grandiosidad edilicia.

Es importante tener en cuenta que el Enciclopedismo, espíritu de la revolución francesa, como asimismo la Ilustración, sostienen que la infelicidad del hombre se debe a la ignorancia e irracionalidad y que por lo tanto el único camino viable para conducirlo a la felicidad era llevarle la luz de la razón por medio de la educación. De esta manera, se alzan edificios clásicos para representar al hombre ilustrado, situándolo como espectador frente al mundo natural. La iglesia y los palacios fueron perdiendo su importancia y reemplazados por edificios destinados a servicios públicos, como los ejemplos presentados surgidos del relevamiento de la ciudad de Buenos Aires.

Sin duda el neoclasicismo fue un movimiento universal que influyó en gran medida en la mayor parte del mundo, dejando una huella en la historicidad del pensamiento social y del arte.

Siendo en mi opinión una de las mejores formas de expresión del arte humano, transmitiendo ideas de libertad y de igualdad, buscando retornar a algo que fue mejor que lo actual.

Alcanzando a través de la arquitectura esos antiguos mundos, pudiendo imaginar sin importar nuestras condiciones o estructuras sociales que nos encontramos ahí. Prevaleciendo en la historia como una muestra del eterno retorno.

Asimismo ha marcado una etapa en la que el arte se convierte en una cuestión pública, siendo parte de la sociedad ya que todos los hombres encuentran en el arte la representación de sus valores e ideas.

El Neoclasicismo encuentra su decadencia a finales del siglo XIX con la figura de Napoleón. Las fuerzas imaginativas y dominantes del ser humano han seguido luchando entre sí para crear nuevas formas de pensar y de expresión. El Romanticismo había comenzado a manifestarse dejando atrás a la sobriedad neoclásica.

Notas

1 Gombrich, Ernst (1999). Historia del Arte. Editorial Sudamericana. Madrid. Argan. Jones, Stephen. El siglo XVIII. Gili. Barcelona.

Bibliografía

Bornay, Erika (1996). Cómo reconocer el arte del neoclasicismo. Edunsa. Barcelona.

Giulio Carlo. El arte moderno. Akal. Madrid.

Gympel, Jan (2005). Historia de la arquitectura, de la antigüedad a nuestros días. Köneman.

Gombrich, Ernst (1999). Historia del Arte. Editorial Sudamericana. Madrid. Argan. Jones, Stephen. El siglo XVIII. Gili. Barcelona.

Kraube, Anna - Carola (1995). Historia de la pintura, del renacimiento a nuestros días. Köneman.

Marcadé Isabelle y Carrasat Patricia (1994). Movimientos de la pintura. Larousse Barcelona.

Norberg - Schulz. Arquitectura Occidental. Gustavo Gili. Barcelona.


Neoclasicismo en Buenos Aires fue publicado de la página 63 a página65 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

ver detalle e índice del libro