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Camila Berta Redher, mi bisabuela

Aradas, Marcela

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos Ganadores Asignaturas Comunicación Oral y Escrita e Introducción a la Investigación

Año VI, Vol. 28, Junio 2010, Buenos Aires, Argentina | 122 páginas

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La noche del 27 de febrero de 1907 nace, en la ciudad de Buenos Aires, mi bisabuela materna Camila Berta Redher.

Fruto del matrimonio entre Camila Margarita Albina Mertens y Ricardo Redher. Como era la costumbre de la época, el nacimiento se produjo en la casa de sus padres y abuelos ubicada en el barrio de Floresta, más precisamente en Joaquín V. González 1027. A los meses de haber nacido, y como consecuencia del auge de la extensión de los ferrocarriles por el territorio de todo el país, se trasladan a la provincia del Chaco, donde su padre se hace cargo de la dirección de parte de la obra. Es así como, la casa del jefe de estación, se convierte en su nuevo hogar. Para la finalización de la extensión de las líneas ferroviarias en aquella zona, regresan a Buenos Aires.

Es en ese viaje de regreso, Camila cae enferma, por lo que deciden bautizarla bajo la religión protestante, en la ciudad de Villa Guillermina, Provincia de Santa Fe. Luego de su recuperación, prosiguen su camino y se instalan definitivamente en Buenos Aires. Su padre comienza a trabajar en la Corporación Anglo-Argentina y su madre se aboca a las tareas de la casa y al cuidado de su educación. Al igual que como habían sido educados ellos y dentro de las posibilidades de la época, considerando que era su única hija, intentan brindarle una educación muy completa, según las tradiciones familiares. El colegio primario lo realiza en la Escuela Nº 2 Distrito 24 “Padre Castañeda”. Allí finaliza 6to grado y de inmediato ingresa para realizar sus estudios secundarios en la Escuela Nacional del Profesorado Lenguas Vivas, donde tiene el privilegio de tener como profesora a Alfonsina Storni.

Para la edad de 17 años conoce a quien se convertiría en su futuro esposo, Salvador Fernando Victorio Itria, quien era seis años mayor que ella. Salvador no provenía de una familia acomodada, al igual que Camila. Nace el 16 de septiembre de 1901 en el seno de una familia católica de un origen más humilde. Era descendiente de italianos, que habían llegado a la Argentina buscando un mejor porvenir. Cuando conoce a Camila, trabajaba como canillita en el puesto de diarios de su padre, pero irónicamente, no sabía leer ni escribir.

La relación entre ambos, nunca fue bien vista por los padres de ambos desde el principio de la misma. Muchas eran las trabas que encontraban para su noviazgo. La familia de ella, consideraba que debía casarse con alguien que tuviese una formación acorde a la que ella había recibido. Asimismo consideraban que por su crianza bajo la religión protestante, no debía noviar y mucho menos casarse con alguien de otra religión.

Por su parte la familia de él también ponía objeciones a la relación. Pero la principal era la diferencia de status social.

Sin embargo, ellos estaban muy enamorados, lo que los llevó, pese a las oposiciones de ambas familia, a escarparse el 14 de mayo de 1925 y casarse en secreto. El casamiento, dado que ambos pertenecían a religiones diferentes, solo se realizó por civil.

Ante los hechos consumados, los padres no tuvieron más opción que aceptarlo, en pos de no perder el contacto con sus hijos. Fueron a vivir a la casa de la familia de Camila, en Floresta. Fue allí que ella, se dedicó a enseñarle a él a leer y escribir, para que pudiese entrar a la Escuela de la Policía Federal, donde se desempeñaría a partir de allí toda su vida como bombero.

Durante sus primeros años de casados, Camila y Salvador, tuvieron 5 hijos. El 9 de marzo de 1928 nace su primera hija, mi abuela, a la cual llamaron Azucena, dejando de lado la costumbre familiar y rompiendo así con generaciones de mujeres que llevaban por nombre “Camila”. El 15 de febrero de 1930 llega su primer hijo varón al que llaman Roberto. Tres años más tarde, el 8 de septiembre de 1933, nace su segundo hijo, al cual le dan el nombre de Eduardo. Pasados otros tres años y otra nena llega al hogar el 4 de septiembre de 1936, Laura. Por último y un tanto más espaciado que el resto de sus hijos, el 11 de noviembre de 1943, nacería Salvador.

Todos sus hijos, pese a que Camila era de religión protestante, fueron bautizados por la iglesia católica.

La familia completa se muda a Joaquín V. González 1032, la casa de enfrente a la cuál habían vivido toda su vida. Por entonces las casas eran tipo “chorizo”, una habitación a continuación de la otra, la cocina y baño al fondo y una gran galería que daba al patio donde, a su vez, daban las puertas de las habitaciones. Esto hacía factible que en una casa viviesen varias familias, lo que era por demás común, ya que los terrenos eran muy grandes.

Sus hijos se crían en dicha casa. Mi bisabuela Camila, tenía una filosofía de vida muy personal y a la vez particular: ella vivía por y para su marido. Por lo que sus hijos fueron criados mayoritariamente por su madre Camila Margarita, tarea que disfrutaba por ser sus nietos. Pese a ello, más de una vez dejó entrever que parte de esa situación la había promovido ella, al criar a su única hija permitiéndole todos sus caprichos y antojos.

Transcurren los años, sus hijos se vuelven mayores y promediando el siglo XX los hechos que se sucederían cambiarían sus historias…

Un hecho inesperado

Año 1950, para el país año del Libertador, para la familia Itria año de grandes cambios.

Azucena, la hija mayor se casa con Luís Castro, mi abuelo, el 7 de febrero de dicho año. Roberto, su primer hijo varón, es reclutado para el cumplimiento con el servicio militar. Su hijo Eduardo había ingresado a la Escuela de Subterráneos de Buenos Aires donde aprendía el oficio de bobinador. Su hija Laura, había terminado el primario y realizaba cursos de corte y confección. Y el menor de ellos, Salvador, aún se encontraba en la escuela primaria.

Mi bisabuela Camila, por ese entonces tenía 43 años y estaba organizando la reunión que realizaría con motivo de cumplirse 25 años de casada, el 14 de mayo de dicho año. También se celebraría la reciente noticia del embarazo de Azucena, quien la convertiría en abuela por primera vez. Se encontraba embarazada de mi mamá Stella Maris.

Al caer la tarde del 8 de mayo, Camila, comienza a sentirse mal, se descompensa y su marido Salvador y su hijo Roberto, que se encontraba en su día de franco, la llevan al Hospital Vélez Sarfield. Ella siempre decía que tenía un fibroma que le causaba problemas de salud. Por lo que pensaron que ese sería el problema.

El resto de la familia no se encontraba en casa en ese momento, habían salido a comprar el regalo de aniversario: dos flamantes veladores.

Cuando llegan al hospital, es atendida inmediatamente y llevada al quirófano.

En la sala de espera, aguardaba por noticias su hijo Roberto, ya que su marido había salido a buscar un teléfono para poder comunicarse con Don Emilio, dueño del almacén de la esquina para que avisara a la familia lo sucedido. En menos de media hora vuelve el médico que la estaba atendiendo y le pregunta a Roberto cual era su relación con la paciente, él le informa que era su hijo, para su sorpresa ante esa respuesta el médico le contesta: Lo felicito entonces ¡tiene un hermanito! Roberto no comprendía como había llegado su madre a la situación de estar embarazada y no darse cuenta…considerando que era su sexto embarazo. Además se preguntaba como nadie de la familia, podía no haber notada la panza.

Cuando llega su padre, se encuentra en la posición de tener que informarle lo que había dicho el doctor hacia unos minutos.

La sorpresa parecía no haber sorprendido mucho a su padre, quien inmediatamente salió nuevamente por un teléfono para que esta vez, Don Emilio, comunicara a la familia la noticia de que había nacido Ricardo, su sexto hijo.

En la casa la sorpresa fue general. Las mismas preguntas que se había planteado Roberto, se las hacían todos. Mientras tanto Camila, juraba y perjuraba que ella no se había dado cuenta de su embarazo. Lo que dijo aquél día de mayo, lo siguió sosteniendo hasta el día de su muerte.

A la mañana del día siguiente, ya estaban todos en el hospital para conocer al nuevo miembro de la familia. La mamá de Camila primeramente, había salido a comprarle ropa y pañales, ya que no tenían nada para ponerle, los había tomado desprevenidos, o al menos eso parecía… La llegada de Ricardo, lejos de haber sido una linda noticia, pareció ser una complicación para todos. Sus hermanos se hicieron cargo de su crianza y es por ello que nunca llegó a formar con ellos un lazo que los uniera como hermanos que eran.

En enero de 1951 nace Stella Maris, mi mamá, por lo que Ricardo se convertía de esa manera en un tío muy joven, de sólo 8 meses de edad. Ambos se criaron en la misma casa, como si fuesen hermanos.

A los pocos años de este hecho inesperado, fallece Salvador, su padre, a la edad de 57 años. Para ese entonces él contaba con tan sólo 8 años. Este hecho lo marcaría para siempre.

Según dicen, en los últimos momentos de vida de su marido, Camila le pidió a un sacerdote que los casara por el rito católico.

Pero no hay papeles que certifiquen dicha versión. Tal era la conexión que tenían que el 28 de enero del año que fallece, le da el regalo de cumpleaños a Camila diciéndole que se había equivocado de día. Faltaba exactamente un mes para su cumpleaños…Salvador fallece antes.

Ricardo creció desde entonces sin un papá presente y al igual que sus hermanos fue criado mayoritariamente por su abuela.

Realizó sus estudios secundarios en el colegio católico Nuestra Señora de La Candelaria del barrio de Floresta.

Las vueltas de la vida hacen que sea compañero de colegio de mi papá y que de esa manera, pudieran conocerse mis padres.

Si las cosas hubiesen sucedido de otra manera, quizás yo no estaría ahora narrando precisamente esta historia.

Síntesis

“Una historia de mi familia” se centra en la vida de mi bisabuela, Camila Berta Redher, nacida el 28 de febrero de 1907.

Este relato verídico está cargado de historias de familias al mejor estilo Romeo y Julieta con intrigas y amores prohibidos, cruces de culturas y religiones y en el medio, dos guerras mundiales que traerían tiempos de penuria y desempleo.

Su historia de vida y un hecho puntual a sus 43 años, marcarían y cambiarían el rumbo de la misma. La reconstrucción de los hechos, luego de 102 años de haberse comenzado a gestar, es la historia que elegí. Mi bisabuela es una persona a la que le tuve mucho afecto y que lamentablemente perdí a los 12 años sin haber llegado a conocerla lo suficiente. Vivió sus últimos años en mi casa, lo que nos hizo aún más cercanas.

Su vida siempre fue un misterio, incluso para sus propios hijos. Mi objetivo, poder desempolvar y contar esos viejos relatos familiares, y de esa manera entender cuales de aquellos hechos acontecidos en épocas ya muy lejanas, influenciaron en mi propia historia de vida.

Conclusión

Los años pasaron y cada cual tomó un rumbo diferente. Azucena y Luís tuvieron otro hijo más, Jorge. Roberto y Eduardo nunca se casaron ni tuvieron hijos. Vivieron toda la vida con su madre. Laura se casó con Guillermo, el cuñado de su hermana, y tuvieron un solo hijo, Rubén. Salvador se casó con Susana, con quien tuvo dos hijas, Karina y Andrea. Se divorció y actualmente está en pareja con Laura. Ricardo se casó con Marta y tienen dos hijas, Paula y Soledad. Las diferentes historias hicieron que hoy no se hable con su familia.

Mi mamá, Stella Maris, se casó con Daniel, aquel compañero de colegio de Ricardo. Así es que nació mi hermana Laura y dos años después nací yo. Tardarían quince años para que naciera mi hermano Ignacio, que nunca llegaría a conocer a su bisabuela.

Los recuerdos que tengo de ella son muy lindos y están muy presentes. Vivíamos en Haedo y ella todos los jueves venía a casa a visitarnos. Tomaba el colectivo 166 y llegaba justo antes que el micro pasara a buscarnos para ir al colegio. Nunca olvidaré, sus caramelos de menta y miel que nos traía a mi hermana y a mí, convencida de que nos encantaban. Sus postres Shimmy y la revista Billiken bajo el brazo tampoco pasarán nunca al olvido.

Siguió viviendo en la Capital Federal unos años más, hasta que un día su cabeza le jugó una mala pasada y se perdió en medio del caos de la ciudad. Para desesperación de todos, y luego de mucho insistir, la policía tomó la denuncia, y salió a buscarla.

Apareció recién a la mañana del día siguiente muy cerca del hospital Borda. Le habían robado lo poco que llevaba encima, el resto de lo que sucedió esa noche nunca quiso contarlo.

Desde ese día se mudó a nuestra casa, ya no era seguro que se quedara sola todo el día mientras Eduardo y Roberto estaban en sus trabajos.

Algún tiempo después, precisamente el 23 de diciembre de 1989, su corazón se rindió y se quedó dormida mirando sus novelas, a los 82 años de edad.


Camila Berta Redher, mi bisabuela fue publicado de la página 22 a página24 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

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