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Regueiro, Agustina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos Ganadores Asignaturas Comunicación Oral y Escrita e Introducción a la Investigación

Año VI, Vol. 28, Junio 2010, Buenos Aires, Argentina | 122 páginas

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Huguette era una joven francesa y muy hermosa que vivía con sus padres en Villeneuve, una pequeña ciudad de provincia en Francia. Ella tenía apenas dieciséis años cuando conoció a Roland. Y estaba orgullosa de que un muchacho cinco años mayor y bien parecido, la cortejara y la luciera por el pueblo. Fue así como, al poco tiempo, Roland le pidió matrimonio y ella aceptó encantada. Huguette sabía que de esa forma podría dejar el colegio, tener una casa propia y no estar obligada a obedecer a sus padres. Y, en efecto, así fue. Esperaron a que ella cumpliera los diecisiete y se casaron.

Poco después, Huguette quedó embarazada por primera vez.

Tuvo un varón que falleció de una infección a los dos días de nacer. Casi muere ella también de la misma infección pero se salvó porque sus padres consiguieron que le mandaran de París, por avión, una de las primeras ampollas de penicilina, que acababan de salir al mercado. Un año después nació Martine y, al igual que el parto anterior, fue en la casa de sus padres, como era la costumbre. Toda la familia estaba muy feliz, menos Roland, al que no pareció importarle mucho. Ni una sola vez se preocupaba cuando la beba lloraba y no ayudaba a su esposa en lo absoluto, es mas, casi nunca estaba en la casa ya que utilizaba la excusa de su trabajo para salir de noche y beber hasta altas horas.

Huguette harta de la frivolidad de Roland, de sus infidelidades conocidas por todos y su afición a la bebida decidió pedirle el divorcio. Al cual él reaccionó de manera agresiva, echándola a ella y su hija de la casa y negándose rotundamente a dejarlas entrar. Por supuesto que ambas se fueron a vivir con los padres de Huguette que, a partir de ese momento, recuperaron a su hija adulta y ayudaron a criar a Martine.

Roland nunca pidió ver a su hija luego de la separación y sus abuelos paternos fueron a visitarla una sola vez. Posiblemente se sintieron avergonzados del comportamiento de su hijo y prefirieron hacerse a un lado por el bien de todos.

Huguette nuevamente soltera, más adulta y con una hija, pero todavía muy joven quiso recuperar el tiempo perdido.

Formó un grupo de teatro junto a unos amigos donde se entretenía mucho y encima tenía unos cuantos pretendientes.

Pero los ensayos eran de noche y luego de un tiempo sus padres no la dejaron asistir más. Creían que una mujer de cente y madre no podía volver de noche junto a un grupo de amigos que incluía varios hombres. Pero lo que sus padres no entendían era que ella aun era muy joven, que tenía ganas de divertirse y que le encantaba que unos cuantos muchachos estuvieran a sus pies.

Al mismo tiempo, ella solía encontrase con Gerard, un primo lejano, con el cual se había reencontrado durante unas vacaciones en la playa. Él era capitán de la marina en una base de guerra que se encontraba en esa playa. Tenía diez años más que ella y era muy buen mozo, con ojos azules y cabello oscuro y ondulado. Durante esas vacaciones, ambos esperaban a que Martine estuviera dormida para que él pudiera entrar por la ventana del cuarto de Huguette y pasar la noche juntos.

Iban siempre a muchas reuniones y bailes de la marina, pero él la seguía presentando como su prima. Y como Gerard no se decidía a hablar de matrimonio y Huguette no podía mantenerse encerrada para siempre en la casa de sus padres, su madre pensó que lo mejor sería alejarla por un tiempo. Entonces Huguette partió hacia la casa de sus primos Paulette y Maurice que vivían en Paris, donde aprendería algún oficio para poder mantenerse.

Dejando a Martine con sus abuelos hasta que ella pudiera tenerla. Es así que a los veintidós años, llegó a Paris llena de ilusiones, de sueños y proyectos. Se imaginaba como secretaria de alguien muy importante y también como modelo muy famosa. Sentía que todo era posible en esa ciudad fantástica.

Sus primos vivían en el quinto piso de un antiguo edificio, sencillo pero muy agradable. Paulette tenía dos años menos que Huguette, era muy tímida y estaba llena de complejos, sin embargo, era muy inteligente. Trabajaba duro y siempre lograba lo que quería. Era secretaria en una gran empresa y además tocaba muy bien el piano con una técnica maravillosa.

Ambas se llevaban muy bien, les gustaba la música, la lectura, el baile y los hombres.

Maurice tenía veinticuatro años, era muy delgado y bastante desaliñado, con un mechón siempre en los ojos, y sacos que le quedaban irremediablemente grandes.

Huguette y él se querían mucho, ella lo encontraba súper divertido y les encantaba salir juntos. Uno de sus paseos favoritos era viajar en el subte.

A todo esto Huguette ya había empezado el curso de secretariado y durante las vacaciones y fines de semana largos visitaba a Martine, que extrañaba mucho. Al finalizar el año, se recibió y Paulette le consiguió un empleo en la empresa donde trabajaba. Se divertían juntas, salían a pasear y aprovechaban para coquetear con algunos muchachos.

Huguette enamoraba fácilmente a los hombres, era muy simpática y además era muy hermosa. Pero todos le aburrían, luego de la tercera salida ella ya no sentía interés.

Posiblemente su único amor hasta el momento había sido Gerard.

Un día, su primo Maurice, le avisó que quería invitar a almorzar a dos ingenieros de la empresa donde él trabajaba como dibujante. La idea era agradecerle a ambos toda la ayuda que le brindaban. Huguette, encantada de colaborar, preparo la mesa con la mejor vajilla, flores en el centro, y cocino para los cinco que serian: Maurice, los dos ingenieros, Paulette y ella.

Cuando llegaron los invitados Maurice, muy nervioso, abrió la puerta y los hizo pasar. Uno era sueco, y usaba pantalones de golf. El otro era el típico argentino: morocho, de pelo ondulado aplacado con gomina, no demasiado alto pero muy elegante.

Tenía un traje cruzado gris con rayitas blancas, zapatos negros, y un sombrero negro de alas anchas, que él llamaba “su plato volador”. Huguette notó enseguida que no le era indiferente al argentino, que se llamaba Jorge. Pero la conversación fué bastante difícil porque él hablaba muy poco francés y ella se limitaba al español aprendido en el colegio. De todos modos, Jorge le pidió una cita. Salieron varias veces solos o con sus primos pero ella volvía con un gran dolor de cabeza por el esfuerzo que debía hacer para entenderlo y hacerse entender.

Un día, tan común como otros días, estaban los dos esperando el subte y, ahí nomás, en el anden, Jorge le pidió a Huguette que se casara con él. Ella se quedo tan sorprendida que no supo qué responder. No se le había cruzado por la cabeza que eso pudiera pasar. Jorge le resultaba muy simpático y le gustaba su compañía pero su libertad era demasiado reciente como para pensar en perderla otra vez. Y así, en pocas palabras, se lo explicó. Cuando llegó el tren, se subió y lo dejo en el anden con su “plato volador” en la mano. Y no lo volvió a ver por varios meses.

Entretanto, Huguette encontró un departamento de dos ambientes en la planta baja de un edificio. Fue entonces cuando pudo traer a Martine que ya tenía dos años a vivir con ella y le pagaba a alguien para que la cuidara mientras iba a trabajar.

Pasaron los meses y volvió a ver a Jorge, que seguía trabajando en la misma empresa que Maurice. Él visitaba a Huguette como amigo y cada vez que se encontraba con Martine jugaba con ella durante horas. Uno de los juegos favoritos era el viaje en tren (en ese caso el sofá) con una valijita con la merienda, que comían sacudiendo el sofá para que pareciera un tren en marcha. Martine se encariño enseguida con él, y lo bautizó “choutou”.

Pero llegaron las vacaciones de verano, y Huguette partió a la casa de sus padres junto a su hija, dejando nuevamente a Jorge solo en Paris. Durante esos meses de distancia, ella se dió cuenta de que lo extrañaba mucho a Jorge; sus visitas diarias, su respeto, sus charlas siempre interesantes sobre diversos temas. Y fue su madre la que la hizo entrar en razón y le hizo notar que realmente le gustaba mucho. Encima, Martine, que ya tenia tres años, no paraba de preguntar cuando lo volvería a ver.

En ese instante, Huguette se dió cuenta de que deseaba pasar con él resto de su vida. Y en ese mismo momento le escribió una carta que decía que si todavía la amaba, ella estaría muy feliz de casarse con él. En cuanto volvió a París, Jorge la visitó ya como novio. Iban al cine, a comer, a pasear con Paulette y Maurice que en el interín ya se habían casado con Vincent y Loren respectivamente.

Una noche, luego de pasar un día espléndido, tomaron el último subte, Jorge la acompaño a su casa y se quedó con ella esa noche y nunca más se fue. Eran muy felices y estaban tan enamorados que cada reencuentro diario, luego de las horas de trabajo, era hermoso. A Huguette le encantaba arreglar la casa y cocinar para él.

Jorge le compró un anillo de compromiso, pero como todavía no se habían terminado los trámites del divorcio, tuvieron que esperar, hasta el 5 de enero de 1952, que llegaron los papeles y pudieron casarse. Como en la empresa donde trabajaba Jorge, pensaban que ya estaban casados porque se lo habían hecho creer al jefe para que le aumenten el sueldo, en el registro civil estaban solamente: Huguette, Jorge, un amigo uruguayo de Jorge que haría de testigo y el otro testigo era un desconocido que les hizo la gauchada. Como ella era divorciada, no podían casarse por iglesia, así que compraron las alianzas y el domingo fueron a la misa de Notre Dame, y una vez bendecidos los anillos, se los pusieron el uno al otro y se dieron casados por iglesia.

El hecho de haberse casado con una francesa le permitió a Jorge conseguir la residencia permanente lo cual mejoro también su posición en la empresa. Esta, también, les abrió la puerta para poder realizar viajes y conocer muchos lugares.

Vivieron cinco años más en Paris hasta que la nacionalización del Canal de Suez, en 1956, por el presidente de Egipto, provocó un conflicto con Israel, Gran Bretaña y Francia, que hizo temer una guerra. Y en ese momento Huguette y Jorge decidieron irse a vivir a Argentina, donde la empresa de Jorge, que pensaba abrir una sucursal en Buenos Aires, le ofreció el puesto de gerente con un sueldo en dólares. Los trámites duraron unos meses, y en mayo de 1957, Huguette, Jorge y la pequeña Martine, embarcaron en el “Conte Biancamano”, un barco italiano que salía de Cannes.

El 7 de junio de 1957, llegaron al puerto de Buenos Aires, donde una nueva locación los llevó a vivir otras historias maravillosas y a tener dos hijos más: Christian y Nathalie.

Síntesis

La historia que voy a contar se basa en la vida de mis abuelos maternos. Me interesó este tema porque es una narración de amor entre dos personas, y uno muy pocas veces se imaginaría que terminarían juntas para siempre.

El relato va a comenzar contando cómo mi abuela Hugette, una hermosa joven francesa, viviendo en Francia, paseó de novio en novio hasta conocer a mi abuelo, un argentino llamado Jorge, de Rosario, ingeniero, muy pintón y perdidamente enamorado de ella. Cronológicamente, nos iremos enterando cómo creció la relación hasta llegar al matrimonio y, diez años después, la emigración de Hugette junto a su marido hacia Argentina.

Para conseguir la información necesaria para realizar el trabajo, leí las memorias que escribió mi abuela unos años antes de morir. También investigué los álbumes familiares que guardan mi mamá y mis tíos, donde encontré muchas fotos de esa época, en donde se ve el cariño que se tenían y cómo fue creciendo en el tiempo. En la última etapa de la investigación, hablé con mi tía (la hija mayor de mi abuela) que, al ser de un matrimonio anterior a mi abuelo, conoció a Jorge desde los dos años y lo adoptó como papá desde un primer momento. El único inconveniente fue que ella no se acordaba mucho porque era muy pequeña, pero me pudo contar lo que sus padres le habían contado.

Conclusión

La idea principal del relato es demostrar que realmente existen historias de amor que: rompen con las culturas, con los idiomas y las distancias. Cuando verdaderamente hay pasión y amor incondicional, todo se puede. Ni siquiera el lenguaje es una traba.

Pero, por otro lado, realizar este trabajo fue emocionante porque resurgió en mí todo el amor que tenía por mis abuelos.

Me ayudó, en cierto punto, a conmemorarlos y a recordar muchas anécdotas que vivimos juntos.

Siento que escribir parte de su historia me llevó a perpetuarlos en el tiempo, porque plasmé una fracción de sus vidas en estas hojas. Y eso me hace muy feliz.


Je t´aime fue publicado de la página 26 a página28 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

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