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Con la frente marchita

Gonzáles Pino, Diego Omar

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos Ganadores Asignaturas Comunicación Oral y Escrita e Introducción a la Investigación

Año VI, Vol. 28, Junio 2010, Buenos Aires, Argentina | 122 páginas

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Síntesis

Como parte de materia de Comunicación Oral y Escrita y dentro del marco del Ciclo de Proyecto Jóvenes de Investigación y Comunicación se redactó un guión basado en hechos reales sobre una historia familiar la cual el estudiante creyó relevante y rica en contenido narrativo.

El presente trabajo, titulado “Con la frente marchita”, cuenta una historia familiar olvidada cuyo personaje principal, Julio Pino, marcó y a la vez sacrificó, con la entereza de sus decisiones e idearios políticos, la vida de su familia.

Con la intensión de realizar un relevamiento de hechos fácticos e importantes a la redacción del guión narrativo se realizó una entrevista a uno de los personajes principales, Julio Pino Valdivia, hijo del personaje ya mencionado; quien vivió durante su infancia las consecuencias de los ideales de su padre.

A la par, se desarrollo una breve reseña histórica sobre el contexto en el cual se enmarca la historia relatada.

Estas distintas instancias tuvieron la finalidad de permitir la realización de un relato visual, el cual consistió en un video cuya narración e imágenes construyeron el relato antes mencionado.

Introducción

Más de 10 años después de la muerte de mi abuelo materno, encontré la oportunidad de rescatar aquella historia familiar que verdaderamente marcó su vida, y la cual durante toda mi infancia supo capturar mi interés.

Oculta en el pasado de una familia marcada por la entereza de un padre, la historia impresa en “Con la frente marchita” narra una sucesión de eventos que llevaron a la aprehensión durante 8 años del padre de mi abuelo y las lamentables consecuencias que ésta tuvo en la vida de su esposa e hijos.

De la mano de su hermano mayor, el Sr. Julio Pino Valdivia, pude recopilar hechos y personajes gracias a los cuales se hiló un relato tan valioso como conmovedor.

El presente trabajo incluye una corta reseña histórica sobre el Partido Aprista Peruano y la situación política de este país durante los primero años del siglo XX. Asimismo se adjunta un breve relato visual conformado por imágenes utilizadas en el video.

Contexto histórico – social del relato

A la par de la entrevista, se realizó una breve reseña históricasocial para poder demarcar el contexto en el cual se enmarca la historia familiar relatada, debido a la importancia de éste en el desarrollo de la misma. A continuación se presenta el relevamiento realizado.

La Alianza Popular Revolucionaria Americana, o también llamada APRA, es un movimiento político cuya línea se enmarca en el socialismo democrático. El APRA fue fundada por Víctor Raúl Haya de la Torre en 1924.

El Partido Aprista Peruano, creado en 1930, es uno de los partidos más antiguos en America, el cual en sus inicios significó una fuerte opción de cambio político y social para el país. No obstante, el APRA fue víctima durante muchos años de persecuciones y la represión liderada por otros partidos políticos.

En 1931, Luis Miguel Sánchez Cerro derrota a Haya de la Torre, e impone una dictadura con la cual se inician múltiples persecuciones y hasta la encarcelación del mismo líder aprista, evento que desataría la Revolución de Trujillo, instancia en la cual miles de partidarios apristas son fusilados por militares seguidores de la dictadura.

Tras dos décadas de opresión de parte de los gobiernos de Oscar R. Benavides y Manuel Prado Ugarteche, en 1945 el APRA formó parte de la alianza que llevo a José Luis Bustamante y Rivero. Sin embargo, durante su gobierno, Bustamante y Rivero promovió políticas económicas que resquebrajaron la situación del país, causando en última instancia la organización del golpe de estado de 1948 liderado por Manuel A. Odría.

Durante los ocho años de la dictadura de Odría, los partidarios del APRA fueron víctimas de un sinfín de persecuciones y detenciones sin fundamento. Víctor Raúl Haya de la Torre se vio en la obligación de solicitar acilo a la embajada colombiana durante este tiempo.

En 1956, Odría convoca a elecciones, siendo el ganador Manuel Prado Ugarteche. Durante su segundo gobierno, Prado Ugarteche se alía con el APRA dando inicio al periodo llamado la “Convivencia”.

RELATO: Con la frente marchita. Fragmentos de una historia familiar olvidada

En los inicios del siglo XX, de la mano de Víctor Raúl Haya de la Torre se crea en Latinoamérica la Alianza Popular Revolucionaria Americana, movimiento político que impulsaba una línea política enmarcada en el socialismo democrático.

En 1930, se funda en el Perú el Partido Aprista Peruano. El APRA encarnó una fuerte opción de cambio político y social; no obstante, en un inicio sus partidarios fueron víctimas de la opresión y la persecución por parte de otros partidos políticos.

El APRA es dueño de una historia de coraje y tenacidad; lamentablemente, también de corrupción, farsas y traición; pasajes y personajes que mancharon con sus acciones el espíritu de aquellos que algún día creyeron en sus palabras, con la ilusión de emprender un cambio que cesara la angustia de un pueblo reprimido.

Buenos Aires, 2009

Los recuerdos más vagos de mi infancia los componen viejas historias relatadas por mis abuelos, cuando siendo aún muy pequeño las oía sentado en sus regazos.

De todas ellas, una en particular siempre avivaba mi atención.

Una historia oculta en la sombra de otras, de años mustios rezagados en el olvido, de vidas marcadas por el desasosiego y la desesperanza.

Doce años después de la muerte de mi abuelo, me veo en la obligación de descubrir lo que sus palabras no dijeron, lo que su memoria ocultaba y de lo que creo, su persona renegaba.

Mas, sin él presente, fue su hermano mayor, quien sin conocerme reveló pasajes de una familia avasallada por el tiempo; permitiéndome rescatar el pasado y entender mejor el porqué del presente.

Arequipa, década de 1940

Aquellos eran tiempos diferentes. Habré tenido nueve o diez años, pero aún puedo sentir el fresco aroma de la huerta de mi madre. Despertándome cada día por el reflejo penetrante del sol que rebotaba sobre la caliza. Mañanas de leche fresca y molletes recién horneados.

Uniformados cual soldados de plomo, sin titubear marchábamos a la escuela; nuestros lustrosos zapatos y los cabellos engominados eran reflejo de la disciplina de mi padre. De la casa a las aulas, siempre con la mirada al frente y la espalda erguida, ni imaginar en perder el tiempo palomillando por las calles. Tan sólo con vernos a los lejos, la ciudad sabía que ahí iban desfilando los hijos de Julio Pino y Adela Valdivia.

Mis padres descendían de terratenientes arequipeños. Siendo muy jóvenes contrajeron matrimonio y cuando menos lo pensaron ya tenía nueve hijos: 5 mujeres y 4 varones. Mi padre forjó con esfuerzo todo lo que desde muy pequeños disfrutábamos.

Sin mayor lujo, mi familia llevaba una vida muy acomodada.

Rentábamos un modesto, pero hermoso chalet sobre una esquina en el barrio de San Isidro, una casona blanca, de altos pilares y encendidos jardines. Asistíamos a almuerzos en terrazas, juegos de tenis, tardes de te. Pasábamos nuestros días sumergidos en constantes parafernalias.

Mi padre trabajaba en el Ferrocarril del Sur, a cargo de los viajes que partían de Arequipa hacia Mollendo. Surcaba valles y montañas, palpando otras realidades, escuchando a los Andes gimotear por el olvido y la desolación.

Toda su vida creyó firmemente en la necesidad de una renovación social, por eso cuando se instituye en Arequipa el Partido Aprista Peruano, él decide unírseles, llegando a ser Secretario de Defensa del partido en esta ciudad.

Mas el ánimo de mi padre no se limitó a las planillas de un partido político, pues con la mira puesta en impulsar un cambio radical acepta la batuta de la Confederación de Obreros del Ferrocarril del Sur, trabajando en beneficio de la institución y unificando las voces de los trabajadores.

No obstante, los vientos se tornaron turbios e inciertos para el Partido Aprista y para los ideales de mi padre. Tras derrocar del gobierno a Bustamante y Rivero en 1948, Manuel Odría, feroz oponente del APRA, asume la presidencia. Haya de la Torre se ve forzado a pedir asilo en la embajada colombiana, y todo aquel conocido por haber apoyado al Partido Aprista se encontró de la noche a la mañana en la mira de los militares, iniciándose así una verdadera cacería de brujas, la cual alcanzaría Arequipa tan pronto como se inició.

En ese momento, mi padre atendía otros asuntos. Las quejas de abusos en contra de los obreros de parte del nuevo ingeniero a cargo del ferrocarril llegaron a oídos suyos. Tras la negación de la gerencia de crear una comisión investigadora, inmediatamente organizó una huelga con el fin de presionar a la cabeza de la compañía a ahondar en estas denuncias.

El gerente de ferrocarril intentó persuadir a mi padre de sus intenciones, ofreciéndole dinero y propiedades, mas fueron riquezas insuficientes para resquebrajar se entereza, y ante tal oferta respondió: “yo no me debo a mí mismo, sino a la asamblea”.

Ante su decisión mi padre era conciente de lo que le esperaba, pues no sólo los militares ya sabían que él había formado parte del Partido Aprista, sino que ahora también se mostraba en contra de la oligarquía.

Aún teniendo que cumplir con un último viaje a Mollendo, pasadas las diez de la noche lo vimos salir de la casa, besó a mi madre en la frente y se fue sin dejarnos verle el rostro.

Cómo hubiese imaginado que no volvería a ver a mi padre hasta ocho años después.

Serena a pesar de las circunstancias, mi madre nos pidió que buscáramos por toda la casa libros, revistas, fotografías y objetos que puedan confirmar la estrecha relación de mi padre con el APRA. Quemamos enormes pilas de textos, y aquellos objetos que debíamos conservar los enterramos en el jardín o los ocultamos en el techo, esperando que nunca nadie pueda encontrarlos.

Entre todas esas cosas, recuerdo claramente una fotografía tomada hacia pocos años atrás en el Hotel Sucre, cuando Víctor Raúl Haya de la Torre visitó por primera vez a los partidarios del APRA en Arequipa; en el retrato estaba yo, la menor de mis hermanas sentada en la rodilla de Haya de la Torre y mis padres detrás mío.

A la mañana siguiente, mi padre llegó a Mollendo, pero en la misma estación le esperaban dos patrullas junto al capitán de la policía. Fue arrestado en la comisaría de Mollendo.

Días más tarde lo encarcelaron dentro del Vapor Pariñas en las costas de Camaná, para después ser llevado vía marítima hacia el Callao, puerto desde donde fue conducido y puesto tras las rejas del Frontón. Tras su aprehensión, las fechas y circunstancias son inciertas, nunca nadie supo que más sucedió.

Mi madre jamás habló al respecto.

Nosotros permanecimos dentro de casa esperando tener noticias sobre mi padre; hasta que un día, un grupo de militares ingresaron a la fuerza y revisaron de cabo a rabo toda la casa, profanando aquella luz que la caracterizaba, papeles regados por el piso, muebles destrozados, vidrios rotos por todos lados.

Encontraron los textos de mi padre y la fotografía del despacho, pruebas más que suficientes para condenarlo a largos años de prisión.

A partir de ese día, aquel garbo que nos rodeaba se esfumó cuando menos lo imaginamos. Vendimos a manos ajenas objetos que por sí solos contaban nuestras historias, lo que alguna vez fueron nuestros tesoros se convirtieron en baratijas empeñadas al olvido. Dejamos atrás nuestra vida en San Isidro, y con lo poco que no nos usurparon, mi madre compró un pequeño terreno en un muy humilde barrio. Gastábamos nuestras manos y nuestra infancia cargando adobes para construir una nueva casa. Recorrimos calles vendiendo café y miel, aquellas que un día nos vieron desfilar de punta en blanco y en ese momento nos miraban con lástima cada madrugada.

Todas nuestras viejas amistades nos dieron la espalda, nos negaron hasta la compasión. Los años pasaban y en ningún momento tuvimos noticias de mi padre. Desesperados por su futuro y el nuestro nos trasladamos a Lima, pues así estaríamos más cerca de él.

Ocho años más tarde, se convocó a elecciones presidenciales y fue entonces cuando el senador Leo Elías Lozada Benavente, se reúne con mi padre en prisión y le ofrece ser liberado para que ocupe el cargo de diputado por Arequipa; el interés por tener a mi padre como títere en este puesto era más que evidente. Él no acepto, pues además hubiese traicionado su ideología política. Pero a pesar de su negativa, Lozada Benavente lo ayudó a salir de prisión.

Exiliados de nuestra propia tierra y sin más futuro que los duros años que nos esperaban, decidimos establecernos en Lima y tratar de comenzar otra vez nuestras vidas.

Para cuando esta historia ya estaba oculta en el pasado, y el tiempo había marchitado el ánimo de mi padre, tuve la fortaleza de poder hablar con él sobre aquellos años. Con lágrimas en el rostro me suplicó perdón, pues no imaginaba cómo pudo haber sacrificado tanto a su familia por sus ideales, cuando el tiempo le permitió conocer la clase de líderes que encabezaban aquel partido que, en su momento, le significó una efímera esperanza. No sabiendo como devolverles a sus hijos los años arrancados de sus vidas, mi padre murió con el alma arrepentida de alguna vez haber formado parte del APRA y de haber permitido que su familia viviese muy cerca de la miseria.

Conclusión

La realización de este trabajo me ha significado una experiencia realmente enriquecedora, puesto que me ha permitido adquirir mayor experiencia en labores tales como la realización de una entrevista o la creación de un guión narrativo, en las cuales he tenido práctica numerosas veces en el marco de otros trabajos elaborados durante la secundaria. No obstante, en cuanto a la entrevista, la naturaleza de esta investigación y el tipo de información a recabar hicieron que fuese verdaderamente una situación distinta.

Así como ya he planteado en el título de mi relato familiar, la historia que narraré pertenece a un periodo delicado y ciertamente olvidado de mi familia; por ende, durante la entrevista tuve que cuidar mucho el ahondar en detalles que hubiesen lastimado la susceptibilidad del entrevistado, en especial porque él vivió y fue directamente afectado por los sucesos.

Asimismo, debido a razones familiares, nunca he conocido personalmente al Sr. Julio Pino Valdivia, incluso esta llamada telefónica ha sido el primer contacto que he tenido con él; por lo cual, en un inicio la entrevista se tornó incomoda para ambas partes.

Por otro lado, al elaborar las preguntas se me presentó la dificultad de no conocer lo suficiente sobre la historia para poder plantear interrogantes cuyas respuestas me permita conocer de forma global los acontecimientos. A razón de esto, previamente realicé llamadas telefónicas a otros familiares quienes conocían de forma superficial la historia, de esta manera pude demarcar los ejes primordiales para conducir la entrevista.

En cuánto al guión narrativo, puedo decir que la labor se tornó sumamente fácil, a razón que la entrevista me brindó la información necesaria; de tal forma que sólo bastó con impregnar cierta emotividad que avivará el sentimentalismo propio de la historia. Esta etapa fue muy reconfortable puesto que se tuvo una amplia libertad creativa.

En general, creó que la experiencia ha sido muy valiosa, puesto que no sólo me ha permitido conocer mejor una historia familiar, la cual siempre se me fue mencionada, mas no conocía su importancia como un verdadero estigma en la vida de la familia de mi abuelo materno. De la misma manera, creo haber mejorado habilidades que me permitirán en un futuro realizar entrevista de la misma naturaleza sin cometer errores que puedan afectar la sinceridad y veracidad con las cuales son dadas las respuestas; y a la par he podido mejorar mi estilo narrativo, así como mi redacción entre otros aspectos.


Con la frente marchita fue publicado de la página 55 a página57 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

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