1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28 >
  4. Náufraga

Náufraga

Chaparro, Lucía

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos Ganadores Asignaturas Comunicación Oral y Escrita e Introducción a la Investigación

Año VI, Vol. 28, Junio 2010, Buenos Aires, Argentina | 122 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Era un soleado viernes del mes de diciembre. Aún a las 8 de la mañana, el calor intenso, que rondaba los 41°C, convertía los preparativos para zarpar en una tarea tediosa y estresante.

Por este motivo, cinco jóvenes decidieron postergar su ansiosa salida a Uruguay hasta el atardecer. La costa uruguaya estaba a poco más de dos horas de viaje y no tendrían problemas para llegar a la hora de cenar.

Los jóvenes —entre ellos, mi tía— pasaron el día en una guardería en San Fernando chequeando el estado del velero, estudiando la hoja de ruta, planeando su fin de semana de playa y disfrutando del relajante paisaje que brindaba la costa del Río de la Plata. Cerca de las siete de la tarde, decidieron que era momento de partir: consultaron el estado del clima y comenzaron su viaje.

Así empezaba el fin de semana, entre risas y partidos de truco.

El velero avanzaba lentamente: habían decidido disfrutar del viaje y del cálido atardecer. Tres hombres y dos mujeres planeaban un fin de semana de playas, cines y salidas nocturnas.

Mientras navegaban, imaginaban y organizaban sus actividades.

Las olas crecían al mismo ritmo en el que el sol se ocultaba en el horizonte, pero el velero continuaba firme en su curso, sin ningún inconveniente. Los cinco tripulantes habían dejado de reír: sólo contemplaban el agua y hablaban para pasar el tiempo. Dos de ellos le indicaban al timonel el camino según lo que veían en las cartas de navegación. De pronto, la embarcación se sacudió violentamente y un crujido escalofriante sorprendió a los jóvenes.

Por un instante, un silencio tembloroso los dominó. El velero parecía intacto, pero sabían que algo andaba mal porque se movía sin motivo aparente. Un minuto más tarde, se estabilizó, y suspiraron aliviados. Comenzaron a reír, nerviosos, convencidos de que el susto había pasado y que se trataba sólo de eso.

Minutos después, notaron que la parte trasera de la embarcación comenzaba a hundirse. Desesperados, intentaron identificar el problema con la esperanza de poder solucionarlo. Fue imposible: la pared del velero se había resquebrajado como consecuencia del sorpresivo sacudón. Un enorme remolino, generado por la presencia de rocas gigantes en el fondo del río que no aparecían en las hojas de ruta, había sido el causante.

El agua comenzó a entrar rápidamente a la embarcación. Nerviosos, intentaron comunicarse con la guardia costera para informarle la situación, pero no obtuvieron respuesta. Dos de los jóvenes decidieron desatar un par de tablas de surf que estaban amarradas al frente del barco, justo antes de que se vieran obligados a abandonar la embarcación.

Una noche estrellada comenzaba a crecer. Aferrados a las tablas de surf, el tiempo empezó a correr, mientras ellos esperaban simplemente que otra embarcación les brindara ayuda.

Intentaban hacer ameno un fin de semana que acababa de frustrarse.

Con el correr de las horas, la desesperación y el malhumor comenzaron a asomarse. La oscuridad y el silencio de la noche los aterraban, y los jóvenes no estaban seguros de lo que debían hacer. Calcularon que habían pasado cuatro horas desde su naufragio cuando sus cuerpos empezaron a cansarse: a sus piernas, exhaustas, les costaba moverse para mantenerlos en la superficie; sus brazos, doloridos, comenzaban a acalambrarse, y ese padecimiento los obligaba a soltarse de las tablas que los sostenían.

Intentaron nadar, aunque desconocían la dirección a la que se dirigían. Habían logrado avanzar cerca de un kilómetro, pero sus cuerpos no les permitieron seguir.

La situación empeoró unas horas más tarde, cuando la sed comenzó a torturarlos. Uno de los náufragos, completamente frustrado y apenado, sugirió dejarse sumergir por las aguas turbias. Sus compañeros, alarmados, le respondieron con un fuerte reto. El joven, mucho más desganado, intentó dejarse llevar por la corriente, pero los demás lo sujetaron con todas sus fuerzas y lo obligaron a permanecer con ellos. Temor y resignación eran los sentimientos que comenzaban a apoderarse de las mentes de los náufragos. La incertidumbre era constante: en esa situación, intentar mirar el horizonte en la oscuridad parecía no tener sentido. El silencio se transformaba en un fiel compañero, y se les iban cerrando los ojos. La angustia, la desesperación y el cansancio recorrían sus cuerpos sin encontrar la salida.

Ellos no lo sabían, pero habían pasado diez horas desde que habían abandonado la lancha. En sus mentes, todos empezaban a darse por vencidos, cuando el sonido de un helicóptero les devolvió las fuerzas repentinamente. Su llamada de auxilio había llegado. Un helicóptero, que los había estado buscando durante horas, logró dar con ellos.

El cansancio, la sed y la angustia desaparecieron al instante.

Volvieron a hablar después de un largo rato; los gritos eufóricos y los aplausos se oían desde el helicóptero.

Media hora más tarde, los cinco estaban pisando el reconfortante suelo uruguayo. La alegría y el alivio los acompañaban.

Con ropas prestadas y un cansancio extremo, llamaron a sus hogares para contar lo que les había sucedido. Inmediatamente después, partieron hacia un hotel para recuperar energía y regresar cuanto antes a Buenos Aires.

Síntesis

Este trabajo relata un naufragio desesperante.

Los planes de cinco jóvenes se vieron frustrados por un remolino gigante en el Río de La Plata. Luego de un placentero viaje en velero, sobrevino la desesperación, el temor, el dolor, el cansancio, la angustia y el desgano.

Ésta es la historia de un fin de semana que cambió de rumbo.

Conclusión

Una de las protagonistas de esta historia fue mi tía. Siempre la había escuchado, pero nunca la había investigado o conocido en profundidad.

Escribir este relato me fue de gran utilidad para desarrollar el tema junto con mi tía y comprender ese temor al agua que ella tenía cuando yo era pequeña. De esa manera, logró sacar de mi mente una intriga que se había generado en aquellos años.


Náufraga fue publicado de la página 74 a página75 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

ver detalle e índice del libro