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Antonio Berni y la mirada de Ramona

Sorín, Estefanía

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos Ganadores Asignaturas Comunicación Oral y Escrita e Introducción a la Investigación

Año VI, Vol. 28, Junio 2010, Buenos Aires, Argentina | 122 páginas

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Síntesis

Esta investigación explora el concepto de la otredad presente en las obras de Antonio Berni, particularmente en la serie de Ramona Montiel a fines de los años setenta en Buenos Aires.

El retrato de una realidad social y política a través de la mirada única del pintor, constituyen una crítica profunda a la deshumanización producto de un sistema que es desfavorable para aquéllos que quedan al margen. Puntualmente, este trabajo estudia el símbolo femenino en las obras y cómo la miseria y la degradación impactan en la mujer.

Conclusión

Para Beatriz Sarlo1 la sociedad argentina se fragmenta en dos naciones diferentes, opuestas, pero una garantiza la existencia de la otra irremediablemente. En su libro Instantáneas. Medios, ciudad y costumbres en el fin de siglo la autora observa y redacta: “Cerca de los country-clubs hay villas miseria y barrios pobres, que la caravana de coches pasa de costado, casi sin tocar. Pero es imposible no verlos: chapas y cartones que parecen el material de un cuadro de Berni.” (pág. 90, 1996).

El llamado a este artista ante semejante descripción nos hace reflexionar. Berni ¿es solamente un gran pintor? ¿Lo hemos designado como el portavoz por excelencia de nuestra realidad social? ¿Acaso lleva la bandera de estos marginados? ¿En qué nación se ubica el artista, para qué bando juega y a cuál de ellos le habla? Son preguntas que sólo comienzan a iluminar la figura de un personaje central en nuestra cultura contemporánea y cuyo arte trasciende los ámbitos de la estética y el placer, para sumergirse en los de la reflexión, la política y la crítica de un sistema social. No hay dudas de que Antonio Berni no es el primer pintor en hacerlo, pero sí podemos afirmar que su manera tan personal de aproximarse a la realidad constituye la distintiva esencia de su arte. Y lo que vemos, sus obras, son también sencillísimas instantáneas de una realidad observada, esta vez, a través del sublime y excepcional cristal de su percepción.

Si hablamos de Juanito Laguna, el retrato de Sarlo encajaría perfecto para describir su hábitat natural; la decadencia física comienza a descomponer las instantáneas familiares de la vida del personaje y amenaza con estrangular completamente su inocencia infantil. No así podría servir para describir a Ramona, personaje central de este trabajo, cuya degeneración escapa completamente al plano denotado de las obras.

Ramona es pobre de espíritu. Su historia transita desordenadamente un camino: desde la riqueza de posibilidades en su origen de costurerita, hasta la indigencia total de su alma al vender su cuerpo a clientes desalmados. En esta forma, su trayecto es análogo al de su hermana mayor, Emma. Pero la diferencia es mortalmente decisiva: Ramona tiene un sueño, un zapatito de cristal al que se aferra para sobrevivir. Emma no y por eso Emma muere. Es este sueño el que hace tan cautivadoramente interesante a Ramona. Es esta historia de dos caras: la que vemos en el cuadro y la que Berni sugiere, dejando pistas por toda la escena (un pedacito de encaje viejo, un recorte de una aerolínea). La Ramona que es, y la Ramona que pudo haber sido, y para ella aún puede ser. Así que Berni nos muestra evidentemente mucho más que chapas oxidadas y cartones. Esto constituye el valor sociológico de su trabajo. Berni rescata de esa nación ensombrecida, de esos pobres olvidados y miserables, la capacidad más humana posible: la capacidad de soñar. No así en los personajes de la otra nación – aquélla que es tan impecable por fuera y tan estropeada en su interior – representada por los clientes, aquellos robots con miradas hambrientas y repugnantes.

En ese punto en que se mezclan las dos naciones (en un callejón sombrío o un sórdido cuarto de hotel) es cuando se percibe la verdadera naturaleza de las dos naciones, o, mejor dicho, cuando el autor nos muestra, esta naturaleza. Luego de un largo y pautado proceso de investigación, se ha arribado a la conclusión de que Ramona es símbolo – similar a Juanito Laguna – pero que nos habla de miserias más profundas, más arraigadas y más trágicas del alma humana. Nos habla de la verdadera pobreza. Sin embargo, existe un doble mensaje en las obras del artista, ya que además, Ramona, es símbolo de la esperanza invicta. Es la Cenicienta del Buenos Aires en los años 60 y 70. Es la promesa de que la verdadera humanidad no puede ser socavada por una situación que responde al ámbito político y económico. Esta serie no constituye una visión pesimista de la sociedad, como puede parecernos en un primer momento. Es el retrato denotado de la humanidad persistente en un contexto de decrepitud. Allí, es donde este trabajo juzga y en donde radica la mirada crítica del pintor.

Notas

1 Sarlo, Beatriz (1997). Instantáneas. Medio, ciudad y costumbres en el fin de siglo. Buenos Aires: Ariel.


Antonio Berni y la mirada de Ramona fue publicado de la página 105 a página106 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

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