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Autonomía y tutoría

Céspedes, Roberto [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXV

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXV

ISSN: 1668-1673

XIX Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2011

Año XII, Vol. 15, Febrero 2011, Buenos Aires, Argentina | 215 páginas

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Resumen:

Describe exhaustivamente el problema explicando a la vez la propia estrategia de Tutorías. El estudiante debería poder realizar su trabajo práctico final sin una meticulosa supervisión del docente o con una simple guía que complementa el coaching realizado a lo largo del cuatrimestre para el resto de los trabajos prácticos, dado que el mismo pretende dotar al alumno de la capacidad de resolver problemas con cierta independencia en base a los conocimientos adquiridos.

Palabras claves: educación – tutoría – estudiante – autonomía – autogestión – docente.

Porque la bicicleta tendrá alas de verdad.

José Pedroni

Este ensayo pretende acercarse al tema de la autonomía de gestión del conocimiento que debe alcanzar un estudiante universitario en su proceso de formación académica y su relación con la estrategia de Tutorías propuesta por la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. El motivo de la reflexión se fundamenta en la aparente paradoja por la cual un estudiante autónomo en su relación con el conocimiento no debiera necesitar de un tutor para la realización del Trabajo Práctico Final de una asignatura ya cursada. Un estudiante universitario debe lograr hacia el final de su formación universitaria cierta independencia de acción en cuanto a su educación. La autogestión de los saberes propios consiste en la capacidad autónoma de actualización académica con la que todo profesional debe contar como competencia asociada a sus habilidades y conocimientos científicos. El update de los contenidos correspondientes a su metier es uno de los deberes insoslayables para un profesional en mayor o menor medida dependiendo de la disciplina de la que se trate. Cuando la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo toma la decisión de incorporar la estrategia de Tutorías lo hace en respuesta a los estudiantes cuyos docentes ya no forman parte del claustro académico o bien cuando el vínculo con los mismos se ha deteriorado por algún motivo. Cabe mencionar aquí que el estilo pedagógico de la facultad, basado en el desarrollo de competencias, supone la realización de un trabajo práctico final como plasmación de la solución a un problema de la práctica profesional mediante la utilización de los conocimientos adquiridos en la cursada a modo de consolidación y síntesis. Dicho trabajo práctico, como los que forman parte del portfolio de cursada, se realiza con la supervisión del docente de la asignatura, normalmente en la modalidad de taller. La normativa prevé varias correcciones obligatorias antes de la presentación del mismo en el examen final. Dichas correcciones se complican cuando el docente no se encuentra disponible.

También resulta cierto que los estudiantes demoran en presentarse a los exámenes finales por una serie de motivos que serán analizados más adelante, por lo cual las posibilidades de que los docentes hayan dejado la institución aumentan. Otro inconveniente habitual es que esa demora en el cumplimiento de las exigencias académicas de aprobación de cada asignatura, lleva a los alumnos a rendir en las últimas fechas o llamados a examen con los que cuentan antes del período de vencimiento, es decir antes de perder la regularidad de la materia. Esa premura los expone a una mayor presión y a reaccionar de manera impulsiva y poco racional.

Esta descripción exhaustiva del problema puede explicar la propia estrategia de Tutorías y, además, justifica la presente reflexión. El estudiante debería poder realizar su trabajo práctico final sin una meticulosa supervisión del docente o con una simple guía que complementa el coaching realizado a lo largo del cuatrimestre para el resto de los trabajos prácticos, dado que el mismo pretende dotar al alumno de la capacidad de resolver problemas con cierta independencia en base a los conocimientos adquiridos.

El período de dos años de duración de la regularidad de las asignaturas cursadas resulta muchas veces excesivo por un doble motivo: por un lado la vigencia de los contenidos y las estrategias tecnológicas de la disciplina y por el otro, el alejamiento, por parte del estudiante, de los conceptos aprendidos para ser utilizados en la resolución de problemas. En una situación de estas características, el estudiante vuelve a necesitar un nuevo coach o tutor. Esa supervisión resultará seguramente más sistemática y coercitiva por desconocimiento mutuo docente-alumno. La pregunta es: ¿cómo hacer para que este nuevo seguimiento “cuerpo a cuerpo” no contribuya a que el estudiante pierda la autonomía de la que se hablaba en un principio?

Antes de avanzar en la respuesta al dilema planteado sería conveniente consensuar acerca de algunas cuestiones que abonan las teorías subyacentes a la hora de encontrar las posibles respuestas. La resolución de problemas mediante la puesta en práctica de los conocimientos es una estrategia pedagógica utilizada principalmente como herramienta para enseñar a pensar el diseño. Los teóricos de la resolución de problemas diferencian entre problemas bien y mal estructurados. Los problemas bien estructurados son aquellos cuyos pasos que conducen a la solución se pueden establecer de forma explícita y evidente. Los problemas mal estructurados son aquellos en los cuales es difícil especificar los pasos necesarios para llegar a la solución. Son muy pocos los problemas de diseño de formato estructurado, habitualmente están atravesados por numerosas variables que pueden condicionar sus potenciales soluciones. La solución de un problema no siempre es una solución definitiva y mucho menos única, los problemas planteados pueden tener diversas dimensiones en incluso modificarse de acuerdo a la perspectiva perseguida desde el objetivo académico. Para utilizar una estrategia de estas características se debe superar una serie de falacias recurrentes como por ejemplo: el profesor es el que enseña y el alumno el que aprende, lo que verdaderamente importa es la respuesta correcta, la discusión en el aula es sólo un medio, etc. Resueltas estas cuestiones, la resolución de problemas sigue siendo uno de los mejores recursos para desarrollar competencias a partir de los conocimientos adquiridos.1

En una cursada normal el estudiante cumple con los trabajos prácticos planificados contrastando sus decisiones con el docente en su rol de tutor y a la vez con el resto de sus compañeros de comisión de quienes recibe consideraciones que le ayudan a objetivizar el abordaje, tanto de los problemas planteados como de las soluciones propuestas. Lentamente, en el transcurso del cuatrimestre va comprendiendo la lógica del sistema de toma de decisiones y a su vez va cobrando seguridad en su propia capacidad de discernimiento de modo tal que llegado el trabajo práctico final pueda encontrar el diseño-resolución que a su criterio representa la opción más adecuada. Este proceso está fuertemente relacionado con el vínculo del alumno con la asignatura, la motivación correspondiente y la relación con el docente y su coaching. En situaciones normales, la mayor parte de los estudiantes debe estar en condiciones de cumplir el cometido en el lapso correspondiente a la cursada.

Sin embargo, la reglamentación prevé una flexibilidad que permite que los trabajos puedan resolverse en un tiempo que va desde los primeros quince o veinte días posteriores al cierre de notas, hasta un máximo de dos años, plazo en el que vence la regularidad académica. En algunos casos, como se dijo anteriormente, este período se ve afectado por diferentes cuestiones que colaboran en el enrarecimiento del entorno de aprendizaje y pueden llegar a entorpecerlo al punto de llevar a los alumnos hacia los márgenes del sistema. Como siempre en estos casos, la actuación de los estudiantes posee connotaciones vinculadas a actitudes que nada tienen que ver con lo académico. La circunstancia del vencimiento de la regularidad es utilizada, las más de las veces, como un argumento de presión para que “otro” se haga cargo del problema. Curiosamente, esta percepción del estado de situación es la opuesta a la que el ejercicio supone querer lograr: el estudiante lejos de recorrer autónomamente el derrotero de la resolución de un problema planteado por el docente o la institución, resulta más bien instalado en la posición de responsabilizar al mismo docente o a la institución de su problema al enfrentarse al vencimiento de la regularidad de la cursada. En cualquier caso, es importante que todos los involucrados en la cuestión tengan en claro que, habiendo puesto las pautas claras de la reglamentación académica desde un principio, la responsabilidad de haber tenido que rendir en la última fecha previa al vencimiento, es del implicado y con ella tendrá que enfrentar la presión de la premura y el alejamiento de los conocimientos adquiridos en el período transcurrido desde que cursó la asignatura. Bajo ningún concepto, nadie debe hacerse cargo de una cuestión que debe resolver exclusivamente el estudiante. Sin embargo, el espacio de Tutoría está planteado como un espacio de inclusión de aquellos que están en los márgenes del alumnado y la propuesta es la contención y el acompañamiento de los interesados. Desde esta perspectiva, el counselling propuesto debe constituir una orientación a dichos estudiantes en el camino de ir asumiendo la responsabilidad de su destino profesional y la respuesta autónoma a las consecuencias.

Esta problemática actitudinal es extensiva a otros aspectos de la realidad educativa actual de las universidades. Sin ánimo de queja, resulta necesario puntualizar que el perfil de los estudiantes de instituciones privadas incluye normalmente la tendencia a esperar todo resuelto, permaneciendo en una actitud pasiva frente al conocimiento. Un talante proactivo ante las diversas circunstancias planteadas por los docentes, que deviene en el consabido aprendizaje, no siempre es habitual en los últimos tiempos. En el público de Tutorías esto se ve enfatizado por la situación antes detallada.

Lograr la autonomía de acción desde una posición que se encuentra en las antípodas de la cuestión, supone un esfuerzo creativo importante. Se trata de invitar a los estudiantes a reorientar la voluntad y la lógica de funcionamiento mediante la revisión de las posturas, una profunda contrición, fruto de la percepción de una situación en punto crítico y, finalmente, un nuevo compromiso por aprender. En cuanto a la forma concreta de lograr estos objetivos, puede decirse una vez más, que no hay recetas ni protocolos prescriptivos válidos. Cada estudiante es un caso diferente y debe ser tomado como tal. Sin embargo, puede proponerse una serie de pautas a seguir como factor común de los casos, tomados éstos de la experiencia concreta, y sustentados desde distintas teorías educativas.

En primer lugar, hace falta un trabajo profundo de motivación. La perspectiva que se pretende abordar, en este caso, es aquella de la motivación como concepto adherido a la cuestión vocacional, a los contenidos mismos de las distintas disciplinas, con las vinculaciones afectivas del caso. Esto es, cuando un estudiante se acerca a un tema de aprendizaje vinculado fuertemente a su vocación, lo aborda de una manera más fluida, se predispone al esfuerzo, internaliza los conceptos y finalmente llega a mejores resultados2 .

En segundo lugar el proceso de seguimiento y liberación del “ahijado discipular” debe ser más acelerado y dinámico que lo que habitualmente se estila en el ámbito áulico normal de las cursadas regulares. La escucha inicial de la descripción y defensa del trabajo práctico presentado será paciente y estratégica. En el discurso del alumno habría que detectar la dupla dialéctica problema-solución. En otras palabras el estudiante debe tener claro el motivo racional de su diseño, la génesis misma de las decisiones tanto formales como utilitarias o tecnológicas. Esta sentencia dista mucho de la racionalización a ultranza de las opciones estéticas al mejor estilo moderno, intenta, por el contrario, la búsqueda por parte del autor de una lógica y un lenguaje propios para la definición de las soluciones propuestas.

El tercer momento consiste en la estrategia final que ayuda al estudiante a alcanzar la independencia. Tomando en consideración lo dicho sobre las particularidades de cada individuo, el paso correspondiente es el de la disminución gradual, más o menos repentina de la basa del tutor. Las marcas o guías del docente deberán ir perdiendo protagonismo al mejor estilo de las rueditas de una bicicleta infantil. Los últimos encuentros con el alumno deben dejar sobre él la responsabilidad total de las decisiones sin intervención alguna del docente. Una posible estrategia sería la de realizar junto al estudiante una síntesis de las decisiones tomadas en orden a resolver parte de las dificultades propuestas por el ejercicio, para luego plantear otros inconvenientes aún no resueltos, postergando la solución para ser presentada en la instancia del examen final.

Resulta muy claro que ese desafío final deja al individuo sin red en el salto del último trecho. Se trata, en cierta forma, de presentarse al examen final con la duda de la aprobación definitiva del trabajo realizado. Incertidumbre que sólo se diluye con la certeza del conocimiento y la práctica adquiridos. Vacilación que es propia de la tan anhelada libertad.

Notas

1 Stemberg, R. J. y Spear-Swerling L. (1996), “La comprensión de los principios básicos y de las dificultades de enseñar a pensar”, en: Teaching for Thinking, Trad. De R. Llavori Enseñar a pensar, Santillana, Madrid, pp.95-118.

2 Céspedes Roberto (2009), M

Abstract: The article describes the problem explaining simultaneously the tutorial program strategy. The student would have to be able to carry out his final practical work without a meticulous supervision of professors or with a simple guide that complements the coaching developed throughout the fourth month period for the rest of the practical works, since both works aims to provide the student with the capacity to solve problems with certain independence on the basis of the acquired knowledge.

Key words: Education – tutorial program - student - autonomy - self-management – professor.

Resumo: Descrito de forma abrangente o problema ao explicar a estratégia de tutoriais. O aluno deve ser capaz de fazer o seu trabalho prático final, sem a supervisão de um professor de cuidado ou com um simples guia que complementa o treinamento feito ao longo do quadrimestre para o resto do trabalhos práticos, dado que o mesmo pretende dotar ao aluno da capacidade de resolver problemas com certa independência em base aos conhecimentos adquiridos.

Palavras chave: educação – tutoria – estudante – autonomia – autogestão – docente.

(*) Roberto Céspedes. Arquitecto (UM). Enviromental Design (UCBerkeley USA). Magíster en Gestión de Proyectos Educativos (CAECE). Facilitador de cursos On Line. Diploma PDE (ESADE Barcelona). Profesor de la Universidad de Palermo en el Departamento de Diseño de Espacios de la Facultad de Diseño y Comunicación.

Vocabulario relacionado al artículo:

conocimiento . enseñanza . trabajo final .

Autonomía y tutoría fue publicado de la página 50 a página52 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXV

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