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Historia de Carlos Miguel Paéz, sobreviviente de la tragedia de los Andes

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº34

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº34 [ISSN: 1668-5229]

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2010 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita

Año VII, Vol. 34, Noviembre 2010, Buenos Aires, Argentina | 100 páginas

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Borda, Delfina

Síntesis
Este trabajo relata la vida de Carlos Miguel Paez, sobreviviente
de la tragedia de los Andes de 1972, quien es mi padrino
de bautismo. Aquí cuento su vida antes, durante y después
del accidente, así como también anécdotas de la infancia y de
la adultez. Por último relato desde la perspectiva de Carlos, la
tragedia de los Andes.
El relato es extenso pero detallado y está basado en la investigación
previa, charlas con Carlos y la película. Los datos
sonales son relatados basándome en lo que me contó Carlos
durante mi vida.
En el relato audiovisual, armo la historia desde el concepto
del color: todas las fotos de antes y durante el accidente son
fotos en blanco y negro y cuando ocurre el rescate de los
sobrevivientes las imágenes van de a poco siendo cada vez
más coloridas.


Investigación
Carlos Miguel Páez, nació el 31 de Octubre de 1953 en Montevideo,
Uruguay. Hijo mayor de Carlos Páez Vilaró el famoso
artista Uruguayo.
Carlos Páez Vilaró, el padre de Carlitos, nació en Montevideo
en 1923, en una familia económicamente muy acomodada.
Comenzó como pintor en la década de los 40, para después
desarrollarse en otras áreas como la cerámica, arquitectura,
escritura y cine, con el que llegó a asistir a Cannes. Viajó por
todo el mundo, buscando inspiración y perteneciendo a una
movida bohemia de artistas muy reconocidos. Pudo conocer
en sus viajes por el mundo a artistas como: Picasso, Dalí,
Cocteau, Cassou , Brigitte Bardot y Andy Warhol. Su obra
maestra arquitectónica: Casapueblo, un hotel , museo, taller,
y ahora el lugar en donde vive, construida en la década del
sesenta y un símbolo de Punta del Este.
Me refiero a la vida del padre de Carlitos Páez, ya que es una
persona con la cual Carlitos tiene mucha afinidad y es una
gran figura en otros acontecimientos de su vida.
Carlitos Páez nació el 31 de octubre de 1953, fecha importante
ya que el 31 de octubre de 1972, pasó su cumpleaños en
la cordillera de los Andes.
El padre de Carlitos, Carlos, del cual hablé anteriormente había
vivido una vida bohemia, pero ahora ya estaba instalado
en Uruguay con la idea de empezar el proyecto de Casapueblo.
Su madre era Madelón Rodríguez, una mujer con mucha
fe, la cual impulsó más tarde a su ex marido a ser protagonista
de la intensa búsqueda de los sobrevivientes de los Andes.
Durante la infancia de Carlitos, sus padres viajaban mucho alrededor
del mundo. Y aunque el matrimonio entre sus padres
se terminó cuando él tenía solo 8 años, la relación con ambos
fue siempre excelente. Carlitos dice que fue mucho más doloroso
para él ese momento, que la experiencia de los Andes.
La casa de su padre, siempre estaba llena de músicos, pintores,
escritores y demás artistas. Económicamente, siempre
habían sido una familia poderosa de la sociedad uruguaya.
Carlitos asistía en la secundaria al Old Christian College, un
colegio católico, ubicado en el mejor barrio de Montevideo.
Era un chico de mucha fe. A pesar de la vida bohemia de su
padre, la religión y la fe estaban muy presentes en la casa,
sobre todo para Carlitos que iba al colegio católico. Era un
chico muy mimado, el hijo más grande, con mucama que lo
asistía personalmente y le dejaba una bolsa de agua caliente
todas las noches en su cama.
El 12 de octubre de 1972, Carlitos de 18 años y sus compañeros
del equipo de rugby del colegio, se subieron a un avión
de la Fuerza Aérea de Uruguay, que habían alquilado especialmente
para poder ir a jugar un partido de Rugby a Chile.
Por cuestiones de mal tiempo, el avión tuvo que aterrizar en
Mendoza, Argentina. Y el 13 de octubre de 1972, partió en la
mañana para Chile, pero nunca llegó a su destino. El copiloto
había dado la ubicación del avión de manera errónea y se autorizó
que cambiaran la altura de vuelo y bajaran; y ahí ocurrió
el impacto que dejó, en un principio, a 28 sobrevivientes de
los 45 pasajeros (40 pasajeros y 5 tripulantes). Después de 72
días, de una gran avalancha y de que varios pasajeros fueron
muriendo de hambre o de heridas graves, el número final de
sobrevivientes fue de 16, entre ellos incluido Carlitos Páez,
quien cumplió 19 años en la Cordillera.


Contexto Histórico (1953 - Actual)
En la década de los ‘50, Uruguay comenzó a sufrir un fuerte
deterioro económico. El país sobrevivió por algunos años con
el ingreso de divisas que provenían de la exportación de alimentos
durante el periodo de la Segunda Guerra.
En la década de los ‘60 la crisis económica ya estaba establecida.
Con el deterioro económico también hubo deterioro
social, empezaron a surgir conflictos y la búsqueda de alternativas
por parte del movimiento social, que incluyó la lucha
armada como una propuesta. Empezaron a formarse grupos
revolucionarios de sectores gremiales de izquierda; un grupo
conocido como los “tupamaros” que se inclinaron por la
guerrilla urbana. A consecuencia de estos grupos de izquierda
también se formaron grupos de extrema derecha como
“juventud uruguaya de pie”. Con esto ocurriendo en el país,
las Fuerzas Armadas fueron asumiendo protagonismo, esto
después llevaría a un golpe de estado cívico-militar (1973).
El 27 de junio de 1973, a menos de un año que Carlitos y sus
compañeros habían sobrevivido y cuando todavía eran noticia
para varios lugares del mundo; el presidente de Uruguay,
Juan María Bordaberry crea un Consejo de Estado con funciones
legislativas, de control administrativo y con encargo de
proyectar una reforma constitucional “que reafirme los principios
republicanos-democráticos”, restringiendo la libertad de
expresión de pensamiento y mandando a las fuerzas armadas
a controlar que se cumpla todo esto. Comienza el golpe de
estado cívico-militar.
El golpe de estado fue resistido por gran parte de la ciudadanía
y sobre todo por los grupos de izquierda como el CNT y la
Federación de Estudiantes Universitarios, que realizaron una
huelga de 15 días.
La dictadura en Uruguay duró hasta 1985, en donde asumió
el presidente Julio María Sanguinetti. En 1989, se intentó derogar
la ley de impunidad que cubría los crímenes realizados
por las fuerzas armadas en la dictadura, pero no se logró ya
que la misma ciudadanía votó y la ratificó.
En 1999 asume la presidencia Jorge Batlle. En el 2002, Uruguay
tuvo un gran crisis económica como resultado del deterioro
económico que había empezado décadas anteriores
y como “reflejo” de lo ocurrido en Argentina en el 2001. Se
dice que dos uruguayos se suicidaban por día y que muchos
se fueron del país.
En Octubre del 2009 José “Pepe” Mujica resultó electo
como presidente de Uruguay y sucesor de Tabaré Vázquez


Relato escrito. Historia de Carlos Miguel Paéz, sobreviviente
de la tragedia de los Andes
Esta es la historia de una vida marcada por un accidente, que
solo se pudo superar a través de varios factores como la fe,
el trabajo en grupo, la supervivencia, la valentía, y el optimismo.
Es la historia de Carlos Miguel Páez Vilaró, sobreviviente
de la tragedia de los Andes y aprendiz de una vida marcada
intensamente por este hecho, es un gran amigo para mi papá
y una gran influencia de vida para mí.
Carlos Páez Vilaró, el famoso artista plástico y arquitecto uruguayo
y su esposa en ese momento, Madelón Rodríguez, die
ron a luz a Carlos Miguel Páez Vilaró el 31 de octubre de 1953
en Montevideo, Uruguay.
Durante su infancia Carlitos, como lo apodan sus seres queridos,
fue un chico mimado, caprichoso y consentido. Su vida
rodeada de artistas amigos de sus padre, tales como Brigitte
Bardot, Andy Warhol y Salvador Dalí, y su madre quien fue
siempre muy atenta y cariñosa, hicieron de la infancia de Carlitos
una época de su vida que recuerda con mucho anhelo.
Sus padres se divorciaron cuando Carlitos tenía tan solo ocho
años. Es para él, hasta la fecha, el evento más trágico de su
vida. Aún más trágico que el accidente de los Andes. A pesar
del divorcio, Carlitos siempre fue muy apegado a sus padres,
un chico mimado por ambos. Su infancia, como él la recuerda,
fue el momento más feliz de su vida.
La relación con su padre siempre fue muy buena, pero por
momentos Carlos padre estuvo ausente. Era un hombre que
viajaba mucho debido a su carrera, internacionalmente reconocida.
Fue cuando Carlos Paez Vilaró padre decidió instalarse
en Punta del Este para comenzar su proyecto –Casa Pueblo–
cuando Carlitos y él volvieron a estar cerca y su relación
se volvió cada vez más sólida.
Carlitos era un chico que estudiaba poco y se divertía mucho.
Un chico católico, creyente, optimista y con gran sentido del
humor. Cualidades que lo ayudaron más tarde a sobrevivir
en el accidente de los Andes y que hasta la fecha conserva.
Cualidades que lo hacen una persona especial, una persona
que inspira.
Durante su adolescencia Carlitos estudió en el colegio Stella
Maris de Montevideo. Sus compañeros de clase y el ambiente
social en el cual se manejaba era la clase más “conservadora”
de la sociedad de ese momento. Una clase media-alta,
en donde sus amigos compartían valores similares a los de él.
Carlitos siempre fue bastante cómodo, también durante su
adolescencia. A los 18 años nunca había ido a dormir a otro
lugar que no fuese su casa.
El rugby era el deporte oficial del colegio. En 1972 Carlitos
cursaba su cuarto año del colegio y en ese momento era parte
del equipo de rugby del colegio llamado “Old Christians”
que participaba de un torneo en donde jugaban contra otros
colegios de similar estilo educacional, en diferentes países
como Argentina y Chile. El primer viaje a Chile lo organizaron,
alquilando un avión de la Fuera Aérea Uruguaya, de esa manera
el viaje era menos costoso y podían llevar a 40 personas.
El equipo viajó a Chile a jugar y ganó el partido, después del
partido decidieron quedarse unos días más para aprovechar
y tomarse unas vacaciones. Cuando volvieron a Uruguay, el
equipo volvió con una gran emoción con respecto al viaje y
empezaron a organizar el mismo viaje para el siguiente año.
Durante el ultimo año de secundaria, en 1972, el equipo de
rugby “Old Christians” volvería a realizar el mismo viaje que
habían hecho un año anterior y había sido todo un éxito. Irían
una vez más a Chile para jugar un partido amistoso y quedarse
unos días en Santiago. En este viaje participaría Carlitos.
Mientras que algunos ya sabían qué carrera profesional iban a
seguir y otros ya estaban empezando cursos de introducción
para sus profesiones Carlitos todavía no tenía ningún plan
asegurado. Él era el más joven de sus compañeros del equipo
de rugby. Sabía que era probable que se dedicara al campo,
ya que su familia tenía campos en Uruguay.
Para poder viajar, el equipo debió alquilar un avión de la Fuerza
Aérea de Uruguay, de igual manera que lo habían hecho el
año anterior. Durante la organización del viaje, Carlitos y sus
compañeros debían conseguir que hubieran 40 personas en
el avión para que el pasaje costara 40 dólares por cabeza. Fue
complicado, porque poco antes del viaje todavía no tenían la
capacidad copada y existía la posibilidad de que el avión no
pudiera ser alquilado y tuvieran que cancelar el viaje. Finalmente,
lo lograron. Las 40 personas a bordo del avión serían:
el equipo, familiares y amigos. Para muchos, incluyendo Carlitos,
sería la primera vez que verían la nieve, ya que algunos
no habían estado en el viaje anterior.
Carlitos y sus compañeros sabían que el viaje seria inolvidable,
nunca imaginaron por qué…
El 12 de octubre de 1972 Carlitos, sus compañeros del equipo
de rugby, amigos y familiares, llegaron al aeropuerto Carrasco,
para abordar el avión Fairchild F- 227, que saldría de
Uruguay para ir a Mendoza, Argentina, donde haría una escala
debido al mal tiempo en la cordillera. El avión iba con las 40
personas del equipo y 5 tripulantes.
Después de pasar la noche en Mendoza, Carlitos y el equipo
se volvieron a subir al avión, el viernes 13 de octubre para
continuar su camino a la ciudad de Santiago. En principio, los
pilotos no querían llevar a cabo el viaje porque el mal tiempo
continuaba pero los jóvenes rugbiers insistieron y después de
unas horas los pilotos cambiaron su opinión.
La turbulencia comenzó. Las nubes cada vez eran más y Carlitos
notó que el avión estaba comenzando a descender. Se
escuchó un fuerte ruido y el avión cayó en un pozo de aire.
Por equivocación del piloto y malas coordenadas recibidas, el
avión donde iba Carlitos cayó nuevamente en dos pozos de
aire y de repente se estrelló contra una montaña. Se quebró
en dos partes y cayó en el medio de la cordillera de los Andes.
Durante el accidente, que comenzó con fuertes turbulencias
y de un momento al otro solo se sintió un impacto terrible,
Carlos puso su cabeza entre sus brazos y comenzó a rezar.
Quería rezar el Padre Nuestro pero le pareció que era muy
largo para el momento y que no iba a poder terminarlo, entonces
decidió rezar el Ave María. Durante toda la caída del
vuelo, Carlos rezó el Ave María y cuando lo terminó, se dio
cuenta que el avión ya no se movía y que él junto a varios de
sus compañeros aún seguían vivos. En el accidente murieron
doce personas.
Carlitos sintió inmensa felicidad de estar vivo, pero dentro
del avión los gritos, la sangre, los compañeros muertos y el
frió hacían que esa felicidad de estar vivo pasasen a segundo
plano. El miedo y la desesperación era lo único que se sentía
dentro de la cabina. Carlitos le preguntó a un amigo que se
encontraba cerca si había algún muerto mientras intentaba
salir de su asiento en donde estaba atrapado y el amigo contestó
“esto es un desastre”. Tres personas más murieron en
la primer noche.
Mientras los días pasaban, Carlitos y sus compañeros comenzaron
a descubrir que la supervivencia era clave y que debían
hacer algo para sobrevivir. Carlitos encontró, a medida que
iban pasando los días, mucha fuerza espiritual. El Dios sobre
el que había escuchado hablar tantas veces en el colegio y
en su educación religiosa, empezó a hacerse sentir cada vez
más de manera real y presente.
Para Carlos, el día diez fue el día más importante durante la
experiencia Andina. Ese día él y sus compañeros se enteraron
que la búsqueda en la cordillera había concluido. Ya no
existían más. Él pensaba constantemente que habrían misas
en sus nombres, velorios, que ya no existían, y que no iban
a existir si no hacían algo para sobrevivir. También en ese
día y debido a esta noticia que afectó a todos de diferentes
maneras, se decidió que comer los cuerpos congelados de
los que ya habían muerto, iba a ser la única opción para poder
sobrevivir. Algunos se opusieron al principio, pero Carlos lo
aceptó ya que sabía que su vida dependía de eso.
Poco días después, la noche del 29 de octubre, mientras los
sobrevivientes dormían dentro de la cabina del avión, se escuchó
un gran ruido tenebroso que venía de la montaña. Carlos
se despertó asustado, pero el susto duró tan solo unos
segundos. Una avalancha los cubrió de nieve. Carlos pudo salir
del entierro pero seguían todos adentro de la cabina. Con el
poco aire que podía respirar, empezó a escarbar la nieve para
ayudar a otros que seguían enterrados. Ese día murió el mejor
amigo de Carlitos, él lo tuvo que desenterrar de la nieve.
El 31 de octubre, Carlos cumplió 19 años. Todavía seguía la
cabina del avión tapada de nieve y los sobrevivientes no podían
salir. El 1 de Noviembre, Carlos logró salir de la cabina
del avión. Muy temprano en la mañana, rezó en nombre de
su padre y hermana quienes cumplían años ese día. Carlos
sentía una gran conexión con su padre desde la cordillera.
Mientras todo esto ocurría en la cordillera Andina, el padre
de Carlitos, seguía insistiendo que había sobrevivientes en la
montaña. La madre de Carlos apoyó a su ex marido para continuar
la búsqueda; algunos padres también y otros pensaban
que era en vano. Carlos Páez visitó a una vidente en Montevideo,
quien le dijo que siguieran buscando porque había
chicos que aún estaban con vida. Esperanzado, Carlos Páez
Vilaró viajó a Chile donde intentó organizar búsquedas que no
tuvieron mucho resultado. Organizó cabalgatas pero no los
encontraban, la realidad es que no sabían bien cuales eran las
últimas coordenadas del vuelo y menos dónde podían estar.
En la cordillera los días pasaban y los sobrevivientes cada vez
se debilitaban más, los cigarrillos se terminaban, algunos no
tenían más ganas de trabajar y otros intentaban mantener la
esperanza y el optimismo: Carlos era uno de ellos.
Tras 62 días en la cordillera, Nando Parrado organizó una expedición.
Él, junto a Roberto Canessa salieron en una caminata
que duró diez días hasta Chile. Los dos hombres caminaron
hacia el oeste y llegaron a un valle en donde se encontraron
a un campesino, quien los ayudó. Mientras esto ocurría, Carlitos
y sus compañeros que seguían en el avión, escucharon
que la búsqueda por parte de la Fuerza Aérea Uruguaya había
vuelto a comenzar. Sorprendidos, pero felices los sobrevivientes
dibujaron con las valijas una gran cruz en la nieve para
que puedan ser localizados.
El 22 de diciembre de 1972, tras 72 días en la cordillera, los 16
sobrevivientes del vuelo Faichild F-227, incluido Carlitos Páez
Rodríguez fueron rescatados. Los helicópteros de la Fuerza
Aérea de Chile fueron dirigidos por Nando Parrado al lugar
donde se encontraba la cabina del avión y los sobrevivientes.
Carlos Páez Vilaró, quien estaba a punto de regresar a Uruguay
para pasar las fiestas con su familia, recibió una llamada
cuando se encontraba en el aeropuerto, diciendo que debía
ser trasladado a las afueras de Santiago porque habían aparecido
dos chicos en las montañas quienes decían ser sobrevivientes
de un vuelo uruguayo. Carlos se subió a un taxi, sin
plata y sin nada y le dijo al taxista que por favor lo llevara hasta
el lugar. El taxista lo reconoció y sin dudarlo lo llevó hacia allí.
Cuando llegó a una sede militar había prensa chilena y uruguaya,
quienes ya se habían enterado de que algo estaba
ocurriendo. Los militares llevaron a Carlos Páez a una cabina
en donde le dijeron que existía una lista de sobrevivientes del
vuelvo Fairchild F-227, que tras 72 días habían 16 sobrevivientes
en la montaña. Una radio uruguaya tenía la exclusiva de
hacer la transmisión de la lista en vivo para Uruguay, donde
familiares de los pasajeros del avión esperaban saber quiénes
eran los sobrevivientes. A Carlos le pidieron leer la lista en voz
alta mientras se hacía la transmisión, se la entregaron con un
cuaderno encima de los nombres y le dijeron que uno por uno
fuera leyendo los nombres de los sobrevivientes repitiéndolos
dos veces.
Así Carlos Páez Vilaró comenzó a leer la lista de sobrevivientes,
descubriendo uno por uno los nombres que allí se encontraban,
repitiéndolos dos veces, mientras las transmisión a Uruguay
era en vivo. La voz se le quebraba, los ojos llorosos, en un
momento de la transmisión se escucha que el padre de Carlitos,
llora y es ahí cuando se escucha: “Carlos Miguel Páez, mi
hijo, Carlos Miguel Páez” con la voz quebrada y sumamente
emocionado continúa leyendo la lista de sobrevivientes.
Para Carlitos, el símbolo que hasta la fecha representa el día
del rescate es una cruz, una combinación entre la fe que lo
acompañó durante la experiencia y la hélice del helicóptero
que vino a buscarlos.
El reencuentro de Carlitos con su padre, su hermana y su madre
fue para él uno de los momentos más felices de su vida.
La vuelta a la sociedad no fue fácil. Ahora Carlos y sus compañeros
eran reconocidos internacionalmente y también juzgados
por grupos religiosos por haber comido los cuerpos de
sus compañeros. Para Carlos, eso era lo de menos, hicieron
lo que tuvieron que hacer. El mismo Papa dijo que eran dignos
hijos de Dios por haber aceptado la posibilidad de vivir
como lo habían hecho.
Después de unos años de readaptación a la sociedad, Carlitos
estudió en la escuela agraria de Sarandí Grande y se convirtió
en técnico agropecuario. Se dedicó al campo por algunos
años y después lo dejó para dedicarse a la publicidad y a la
venta de arte.
Hubieron momentos bastantes oscuros en la vida de Carlitos
después del accidente, una vez, él mismo dijo “mi peor
cordillera no fue la de los Andes”, tuvo que superar varios
problemas como depresiones y adicciones.
Carlos escribió un libro que tituló Después del día diez en
donde cuenta toda su experiencia y en donde la hélice del helicóptero
fue utilizada para ser la ilustración principal del libro.
Carlos y sus compañeros volvieron varias veces al lugar del
accidente a rendir homenaje a todos los muertos, un acto sumamente
importante para él donde siente una gran conexión
con la montaña. Allí pusieron un altar para homenajear el accidente
y a sus víctimas.
Hoy, es un hombre dedicado a la familia y al trabajo. La historia
de los Andes sigue presente, cada día más, ya que se
dedica a contar su experiencia Andina en conferencias que
sirven como herramienta inspiracional para grandes empresas
internacionales.
A finales de los ‘70, un verano en Punta del Este, Carlitos
conoció a Pedri y Celina, mis padres. Se hicieron amigos y durante
los siguientes veranos se seguían encontrando. Cuando
mis padres ya se habían casado, en el año 85, Carlos estaba
en Buenos Aires. Y se reencontraron. Carlos es muy allegado
a mis padres y cuando yo nací lo nombraron mi padrino. Carlitos
siempre estaba entre Uruguay, Buenos Aires y el resto
del mundo, así que debido a sus viajes no lo vi mucho durante
mi infancia. Fue en mi adolescencia, cuando yo vivía en
México, que mis padres volvieron a contactarse con Carlitos.
Mi papá lo contrató para que diera unas conferencias para la
empresa para la cual trabaja y ahí Carlos empezó a trabajar
mucho en México y lo volvimos a ver cada vez más.
Carlos tiene dos hijos y tres nietas. Son su mayor felicidad. A
pesar de todo lo ocurrido en su vida, su actitud sigue siendo
la misma, optimista como cuando era un adolescente que se
enfrentó a este hecho que cambió su vida. Para mí, cada vez
que lo veo noto que es esa actitud con la cual uno enfrenta la
vida, lo que te marca en toda situación no solo en las malas.
Es por eso que creo que la historia de Carlos me inspira profundamente.
Él alguna vez dijo…


Creo que en el fondo la historia mía es un homenaje a la
vida. Yo la cuento desde el lado triunfal. Por eso muestro
una foto de los sobrevivientes con sus hijos. Tengo la dicha
y el privilegio de tener tres nietas... Y creo que valió
la pena la lucha para que triunfe la vida. Yo soy un apasionado
de esta historia. Acá está en juego el ser humano
en su esencia, su transformación y la lucha. Y al final, un
triunfo brutal. Esto es un ejemplo de trabajo en equipo. En
el fondo podría haberle pasado a cualquiera. Yo era un tipo
común que le tocó vivir un hecho extraordinario… Esta
historia o mejor dicho su resultado, fue gracias a un grupo
humano super sano mental y espiritualmente… No cambiaria
nada de lo que pasó, además no puedo…


Conclusiones
En lo personal, creo que la realización de este trabajo fue muy
interesante. Durante la cursada se nos motivó a escribir acerca
de cosas que sepamos describir bien y creo que en este
trabajo se pudo demostrar que cuando uno conoce del tema y
existe una investigación realizada, es mas fácil poder ejecutar
el trabajo sin problemas.
Creo que fue un trabajo entretenido, que a pesar de que ponía
a prueba nuestras habilidades para escribir, también la parte
visual era un gran complemento y disfruté mucho haciéndolo.



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  • Historia de Carlos Miguel Paéz, sobreviviente de la tragedia de los Andes fue publicado de la página 31 a página35 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº34
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