1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº35 >
  4. El vagabundo esperanzado de la cultura de masas

El vagabundo esperanzado de la cultura de masas

Franco, Laura

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº35

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº35

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición VII Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año VII, Vol. 35, Diciembre 2010, Buenos Aires, Argentina | 168 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

“Mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero vista de lejos, parece una comedia” Charles Chaplin

Chaplin, el apellido más famoso del cine tiene una resonancia especial para la industria y los espectadores. Pocos cineastas contaron con un currículum tan excepcional como el suyo.

Actor, director, productor, guionista y compositor, Charles Spencer Chaplin, logró de la población estadounidense del siglo XX que acudieran masivamente al cine, convirtiéndolo en un espectáculo, adhiriéndolo al grupo de los eventos hechos específicamente para el goce de la sociedad. Solo él pudo hacer reír sin contar un solo chiste, sin mencionar palabra alguna, más que con el simple acompañamiento de música para acciones paródicas que hablaban por sí mismas.

Al ver al vagabundo más famoso de la historia del cine, es inevitable que pensemos en una vida llena de lujos y triunfos.

Sin embargo, al conocer la verdadera historia de su vida, es sorprendente darse cuenta de las dificultades que vivió en su niñez, de lo joven que tuvo que empezar a trabajar, y a madurar en ese proceso. Pero eso no le impidió convertirse en un hombre que llevaba alegría en una época de guerra, de una gran depresión y posterior devastación mundial.

Por eso, este trabajo tiene la intención de analizar los elementos “chaplinianos” que hicieron de este artista, uno de los precursores del cine como espectáculo, parte de la cultura popular, y que ayudó a ver el cine como lo vemos hoy en día, como un evento en sí mismo, que requiere de toda nuestra atención. Por medio de la teoría del aura de Walter Benjamin, y del contexto histórico de su época y de la actual, analizaremos las características de cada una, para saber cómo el espectador las miraba, bajo qué contexto y qué sensaciones le producía para que sintiera deseos de volver al cine. Así, conoceremos la forma de hacer cine de un gran cineasta y hacerle, de cierta manera, un homenaje por destacarse en un oficio que hasta aquel entonces, era bastante nuevo.

La cultura de masas

Cuando hablamos de la denominada “cultura de masas” es necesario que miremos más a fondo cómo se forma y qué segmentaciones la caracterizan para entender mejor de qué se habla. Comenzaremos por suponer que cuando una cultura se masifica, quiere decir que está asociada a una sociedad que se rige bajo unas necesidades específicas de consumo, que denominamos sistema capitalista. Esas necesidades específicas sustentan que la incasable búsqueda de lucro deba abastecer a toda la población, que gracias a los avances tecnológicos que permitieron la invención de maquinaria técnica, logró un alcance masivo en los diferentes estratos sociales (De Souza, 2009). Sin embargo, es bien sabido que en las sociedades capitalistas se le da prioridad a la clase dominante.

Y es desde aquella en donde reposará la manifestación de la cultura, ejerciendo control social y extrayendo el mayor lucro posible de ello (De Souza, 2009).

Esto es claramente lo que vio Charles Spencer Chaplin en la sociedad estadounidense en la que se encontraba. Teniendo en cuenta el espectador de aquel entonces, que se enfrentaba a la gran depresión de 1929 y a los destrozos causados por las dos guerras mundiales en Europa, él se las ingenió para parodiar la situación de la clase burguesa y al mismo tiempo hacer ahínco en las dificultades, injusticias y debilidades del capitalismo en el que se encontraban sometidos. Ayudado por un medio masivo, el cine, Chaplin logró que cantidades de personas, sorprendente para la época, concurrieran al cine a divertirse, y olvidar la situación real en la que se encontraban atrapados. Para lograr comunicar de la mejor manera posible su discurso predilecto, la parodia, siempre se dio a la incesante búsqueda de desplegar una alocución cada vez más universal y con una gran posibilidad de aceptación (De Souza, 2009).

Es un misterio qué pasaba por su mente en los momentos en los que se sentaba a escribir un guión, pero es probable que, basados en la teoría de Walter Benjamin, que se enfocara en “La unicidad de la obra de arte, [que] se identifica con su ensamblamiento en el contexto de la tradición” (Benjamin, 1989, pg.36). La probabilidad radica en que, dependiendo de lo que se le muestre a las diferentes clases sociales, una radionovela, un programa televisivo o una película, cada clase social lo interpretará de acuerdo a su contexto socio-económico.

Tomemos por ejemplo el texto de Lucicleide De Souza Barcelar, que hace referencia a Marcondes, cuando dice que

Los medios de comunicación sirven en la medida que absorben las aspiraciones y deseos de grandes contingentes humanos, y los devuelve de forma mistificada como puros signos abstractos y vacíos, en vez de proporcionar una verdadera sensación de satisfacción, [pues] recrea nuevos deseos (Marcondes, 1985).

Chaplin tuvo la clara intención de divertir “ese hombre típico de clase media que se vino abajo pero que por más pobre  que fuera debía mantener cierta moral, que por un lado tiene mucha bronca y, por el otro, la contiene” (Mazzaferro, 2009).

El entretenimiento radica en que las personas lograron identificarse con ese vagabundo necesitado, pero optimista a la vez. Ese hombre que conservaba la esperanza de un mañana mejor en una época en la que reinaba la pobreza y un alto aire de nihilismo.

Actualmente ocurre lo mismo, puesto que todavía nos encontramos regidos por una sociedad capitalista basada en la clase dominante. Los medios masivos actuales se encuentran al servicio del sistema que cada vez establece más parámetros de conducta.

Hoy la ida al cine tiene diferentes propósitos y posee diferentes características, que a su vez ayudan a la reiteración de la industria de consumo. Ya no vamos a cine solo para olvidarnos de nuestra realidad económica sino también con la intención de socializar, de comer, y para algunos, especialmente los que trabajan en la industria, con la idea de invertir en un “invento con futuro”. Pero es precisamente todo esto lo que hace que actualmente el cine sea parte de la cultura de masas, puesto que la clase social dominante actual, la clase media-alta, lo sostiene como necesidad.

Y es que la sociedad, tan diversa, es altamente influenciada por el patrón de la cultura de masas, puesto que la masa misma es la matriz en la que una nueva obra ve nacer toda una nueva actitud en relación suyo (Benjamin, 1989, pg. 37). Esto significa que la cultura misma de la sociedad está directamente vinculada con la diversión, sirviendo como medio para la distracción y el entretenimiento. Al ver las comedias de Chaplin, las personas se reían de sí mismas sin saber directamente que eran ellos a quien Charlot representaba. De aquí que naciera toda una nueva actitud frente a la película, una reciprocidad fundamental en la que tanto el público como el realizador se veían beneficiados, colaborando con la autosuficiencia de la industria cinematográfica y de la cultura de masas.

De esta manera los medios de comunicación, y principalmente el cine en este caso, “absorben las aspiraciones y deseos de grandes contingentes humanos y los devuelve de forma mistificada como puros signos abstractos y vacíos, [pues en vez] de proporcionar una verdadera sensación de satisfacción, recrea nuevos deseos” (Marcondes, 1985, pg. 145). Al mismo tiempo que hacía reír, Chaplin hacía críticas a la sociedad consumista en la que vivía, plasmando en la reproducción técnica de la obra los valores pre-determinados que él observaba inmersos en las masas, como la discriminación, el egoísmo y la manipulación. Llenaba de optimismo y vitalidad al público que tanto lo necesitaba y buscaba.

Cabe destacar, que el cine de Chaplin es silente, por lo que uno de los puntos a favor del cineasta fue la de lograr hacer reír a miles de personas sin contar un solo chiste, valiéndose solo de movimientos corporales y gestos. Por eso, fue el primer vehículo de comunicación de masas a presentar una gran especificidad, basándose solo en la gesticulación, tal como en las caricaturas, que debía de ser resaltada y posteriormente ser convertida a un lenguaje universal.

La masa entra de este modo en contacto con el mundo de la imagen construida, una realidad delimitada, que es predeterminada para el consumo (De Souza, 2009). Y tal como De Souza cita a Lima, “queriendo o no, las películas cambian más que cualquier otra fuerza aislada, las opiniones, el gusto, el lenguaje, la vestimenta, la conducta y hasta la misma la apariencia física del público” (De Souza, 2009). Chaplin supo cómo utilizar todo esto a su favor para atraer al público, puesto que si no lograba las escenas de la manera que él concebía perfectas, no lograría generar las emociones que él quería despertar en el espectador.

Su performance como actor se descompone en muchas ejecuciones que hace frente a la cámara, teniendo en cuenta todos los elementos a su alrededor, la decoración, la escenografía, el vestuario, el resto del reparto. Frente a esto, el actor de cine, según Benjamin, acomoda su trabajo. De aquí la importancia del vestuario de Chaplin, de los escenarios en los que se movía, de los movimientos que hacía, ya fueran malabares, piruetas o simples acciones cómicas que generan risa. La cámara toma la posición del público frente al actor, y éste no puede acomodar su actuación a la recepción que tiene el público de él (Benjamin, 1989, pg. 40). De aquí que explique que renuncia a su aura, entendiendo que el aura de un actor de cine es el aquí y ahora, o la manera en cómo el actor se retroalimenta de las reacciones del público que deben se simultáneas con su actuación. Como en el cine esto es imposible, el actor debe de renunciar a su aura, para convertirse por completo en el personaje al que representa, y de la mano con elementos como la iluminación, el decorado, el maquillaje, etc. logran transmitir al público lo que se quiere contar. Además, teniendo en cuanta el montaje, Chaplin manejaba las escenas de manera en que pudiera montar la película para que transmitiera exactamente lo que él deseaba mostrar. Además, la misma técnica de reproducción permitía una visualización muchísimo más exacta, ya que nos da imágenes mucho más precisas como el primer plano que resalta las emociones de los personajes, y agranda el espacio permitiendo ver muchos más detalles, inclusive los de un rostro (Benjamin, 1989, pg. 42).

Lo que el cine permite es un acercamiento entre el público y la obra, cambiando el viejo modo de recepción que enfatizaba su valor cultural anteriormente y que ahora hace primar su valor exhibitivo (Barbero, 1991, pg. 2). Lo que este nuevo modo de recepción propone es que ahora la actitud crítica y el goce estén de la mano, para hacer la experiencia cinematográfica mucho más significativa. Esto a su vez hace que las masas sumerjan por sobre la obra artística debido a que con la ayuda de la cámara se aminora o borra la distancia entre lo presentado y el espectador. Así, la experiencia de las masas es ahora perceptiva, porque hasta las cosas más lejanas y más sagradas las sienten cerca, con la ayuda de las técnicas cinematográficas (Barbero, 1991, pg. 2). No son tanto las cosas nuevas que permite ver el cine sino más que todo la nueva forma en que nos deja ver cosas viejas, y la cotidianidad más monótona (Barbero, 1991, pg. 2). Y tal como lo denominó Benjamin, en el texto de De Souza “La recepción a través de la distracción, que se observa crecientemente en todos los dominios del arte y constituye el síntoma de transformaciones profundas en las estructuras perceptivas, tiene en el cine su escenario privilegiado” (De Souza, 2009).

En el cine Chaplin fomentó gustos y forma de ser y de vivir de la gente, pero principalmente “la masificación del cine, puesto que funcionó como 'red' para el consumismo, despertando necesidades en la masa” (De Souza, 2009) que busca la dispersión, el entretenimiento y que los deseos y expectativas se cumplan. Si lo vemos actualmente, encontramos que no es muy diferente de lo que era en aquél entonces. La idea de dispersión y entretenimiento sigue siendo la misma, pero se conjuga con otros factores. Lo que sí es increíble es el hecho de que en pleno siglo XXI las masas, que ahora tienen costumbres, hábitos, modas, tendencias, gustos, y creencias diferentes se dejen seducir por el cine que no cuenta con las mismas picardías de un Chaplin en plena época de Oro de Hollywood.

Por eso mismo es necesario fijarnos en su legado, para entender por qué aparte de ser un excelente guionista, actor, compositor y director, fue también uno de los genios del cine al lograr conjugar en armonía perfecta a una industria recién emergente con una población nihilista, escéptica y con grandes problemas económicos en una sociedad capitalista.

Su legado

Lo más interesante de Chaplin es que aún sigue vigente, en pleno siglo XXI, algo impensable puesto que sus comedias se desarrollaron en la época de oro del cine mudo, que actualmente “desapareció” con la llegada del sonido. Tomemos por ejemplo la aparición de Mr. Bean, el personaje del comediante inglés Rowan Atkinson, que se basa en un hombre que hacer reír a miles pero que, al igual que Chaplin, no articula ni una sola palabra.

Hay que comenzar por resaltar el hecho de que su nombre es, traducido al español, Sr. Frijol, un nombre poco común y completamente absurdo, apropiado para una comedia de ese contenido. Mr. Bean es un personaje silente en un mundo muy parlante, y que es en realidad un niño atrapado en el cuerpo de un adulto. El humor es muy “chapliniano”, con los gestos faciales y movimientos corporales Atkinson, que retoma la pantomima y la parodia con un cinismo y humor muy elegante divertido e incluso ingenuo y malvado algunas veces. Al igual que lo hacía Chaplin, Mr. Bean representa los momentos tontos que vive cualquier persona común en su cotidianidad, donde la Ley de Murphy prevalece. Aquí aparece la primera diferencia con Chaplin, pues Mr. Bean es en su mayoría pesimista, generando comedias al presentar todas las desgracias que le ocurren.

Su manera de caminar es única y se presta para la comedia, puesto que Mr. Bean utiliza movimientos torpes, irrelevantes y exagerados. Cuando se emociona salta como un nene y es tan a motriz con las manos como un recién nacido, así como le cuesta mucho controlar sus impulsos cuando se sorprende o se asusta.

Chaplin contó con elementos como el vestuario, la iluminación y los decorados, Mr. Bean cuenta también con su pequeño departamento en el norte de Londres, en donde vive con su osito de peluche “Teddy” y su automóvil British Leyland Mini 1000, color verde lima y negro, con los particulares candados en las puertas. Con la ayuda de estos elementos, las aventuras hiláricas de Mr. Bean tiende a parecerse también un poco a las caricaturas puesto que, al igual que el vestuario de Charlot, nunca cambian. Por el contrario, sufren accidentes como cuando el peluche se rompe, se moja o se quema, pero en el capitulo siguiente de la serie aparece como nuevo.

De la misma forma, el auto sufre multitudinarias aventuras como ser aplastado hasta ser conducido en las condiciones más extravagantes. Todos estos elementos ayudan a esclarecer un poco más la personalidad de Mr. Bean, quien no se vale nunca de una palabra clara, puesto que las pocas veces que habla no articula más que sonidos incoherentes en una voz muy grave y divertida, si se tiene en cuenta la torpe y rara personalidad y apariencia del hombre.

Además -tal como Chaplin en cada una de sus películas que se enamoraba de la chica marginada, sumisa, dulce y tierna- Mr. Bean cuenta con su contrapartida femenina, su novia Irma Gobb, una atolondrada y asustadiza mujer que se pelea constantemente con él, pero que al mismo tiempo ama, especialmente cuando recibe sus regalos en vez del cariño que poco le demuestra Mr. Bean. Pero sin duda alguna, el humor predominante de la comedia viene de las originales y excéntricas soluciones que Mr. Bean encuentra para resolver sus problemas, exageraciones características de las caricatura, con quien Chaplin tenía también similitudes, y su indiferencia total por solucionar otros, representando de nuevo al hombre insensible de la actualidad.

Pero no solo Mr. Bean tomó elementos de la comedia de Chaplin para hacer reír a un público mucho más actual, sino también el comediante, también inglés, Sacha Baron Cohen, quien se vale de la creación de diferentes personajes para hacer reír a un público bajo un contexto completamente diferente con el que tuvo que lidiar Chaplin. Éste es un comediante contemporáneo, que busca lo que en el siglo XX era impensable: provocar. Sin embargo, su provocación llega al punto de molestar, puesto que por medio de personajes absurdos e idiotas logra una crítica social y política.

Su personaje más reconocido es Borat, quien en una película estrenada en el 2006, plasmó un falso documental de un reportero kazajo que aterrizaba en Estados Unidos para burlarse de todas sus costumbres y cultura de una manera muy convincente, puesto que tuvo un enorme éxito en ese país, el cual era su target principal de burlas. Con su comedia paródica, logró momentos hilarantes no aptos para todo público, puesto que su finalidad clara es la de hacer un incisivo análisis y crítica social a ese país. Su estilo es muy simple, hace tonterías exageradas, usa un lenguaje soez de la mano de la homofobia, el machismo y chistes insultantes. Lo impresionante fue la capacidad de los estadounidenses de aceptar las duras burlas, divirtiéndose con ellas y ovacionándolas.

La película muestra entrevistas burlonas a extraños con la intención de ayudar al reportero extranjero. En esta instancia el humor es políticamente incorrecto y sorpresivo, pues se ve claramente el choque de culturas. Una vez más, el humor se presenta en las situaciones cotidianas del ser humano, el día a día que se pensaba aburrido y que ahora es el hazme reír del mundo, en principio, gracias a Chaplin. Al igual que con Mr. Bean, el pan de la comedia es ahora la audaz sátira que emplea el humor de la manera adecuada para denunciar estereotipos sociales y profundizar muchos más, en el caso de Borat en los vicios de la cultura norteamericana.

Charles Chaplin es sin duda alguna el precursor de la comedia sobre las situaciones cotidianas, absurdas del ser humano. No sólo logró sacar a relucir las debilidades del sistema capitalista de su época, sino que se valió de sus experiencias de vida y de sus conocimientos de teatro y pantomima para hacer reír a las personas del siglo XXI. Les llevó alegría y optimismo.

Los llenó de esperanza, obligándoles a creer en un mañana mejor. Gracias a él, el cine se tomó como espectáculo, una diversión que podía ser disfrutada por todas las personas, la mayoría de ellas identificándose con su famoso personaje de Charlot, y las situaciones que atravesaba. Pero no solo para el público fue un gran inspirador, sino que para la industria misma y los posteriores comediantes que seguirían sus pasos.

Tanto Atkinson como Cohen, ambos ingleses, entendieron la ideología en cierta medida cuando decidieron hacer cine para entretener y disipar, y criticar la política y los estereotipos de la sociedad actual, respectivamente. La idea siempre fue la de hacer reír, pero mencionando los errores, las debilidades y los cambios necesarios en una sociedad basada en el consumo extremo y sin escrúpulos hasta cierto grado.

Hoy ya no vamos al cine solo a reír, sino también a recibir una enseñanza, a dejarnos abrir los ojos o dejarnos mostrar lo que pasa afuera y si bien siempre todo tiene una mirada subjetiva, también contamos con el beneficio de la duda que es el que nos permite distanciarnos de un punto de vista ajeno y centrarnos en el nuestro. Hay que agradecerle a Chaplin por haberse atrevido a criticar irónicamente, a desplegar todo su talento y su imaginación en ese “invento sin futuro” de los Lumiére que es actualmente una industria comercialmente fuerte y autosuficiente que forma parte intachable de la cultura popular actual.

Bibliografía

Benjamin, Walter. (1989). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Buenos Aires: Editorial Taurus.

Casetti, Francesco. (1996). El film y su espectador. Madrid: Ediciones Cátedra, S.A.

De Souza, Barcelar. (2009). El cine como herramienta de dominación de masas: Implicación Social, Cultural e Ideológica, en Contribuciones a las Ciencias Sociales. Disponible en: http:// www.eumed.net/rev/cccss/06/sbmf.htm.

Marcondes, C. (1985). Un lenguaje de seducción, la conquista de las consciencias por la fantasía. Rio de Janeiro: Editorial Perspectiva.

Martin-Barbero, Jesús. (1991). De los medios a las mediaciones. Barcelona: Editorial Gustavo Gili.

Mazzaferro, Alina. (2009). Revista Página 12, Cultura y Espectáculos: “Chaplin se expresaba con su cuerpo”. Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/13-14668-2009-07-24.html.


El vagabundo esperanzado de la cultura de masas fue publicado de la página 15 a página18 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº35

ver detalle e índice del libro