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Cuando Dios creó a Adán. La mirada de Steven Spielberg sobre las consecuencias del avance tecnológico

Aimar, Matías

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº14

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº14

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen. Edición II.

Año IV, Vol. 14, Marzo 2008, Buenos Aires, Argentina | 77 páginas

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Inteligencia Artificial / Artificial Intelligence: AI (2001), de Steven Spielberg, es una película de ciencia ficción futurista, que cuenta la historia de un niño robot con capacidad de amar, que ha sido comprado por una familia que está a punto de perder a su hijo biológico. Desde un principio, la película abre grandes interrogantes filosóficos y éticos, transportando al espectador a un futuro donde el hombre vivirá rodeado de maquinas inteligentes y donde el estilo de vida no tendrá nada que envidiarle a Un Mundo Feliz de Aldous Huxley. Esta novela tiene enormes parecidos con la película de Spielberg, ya que ambas son historias de ciencia ficción, que presentan un aspecto negativo del futuro y plantean grandes debates éticos y morales, al introducir temas como la clonación y el consumo libre de drogas, en tanto paradigmas de vida civilizada. Básicamente, Huxley sustenta la narración en los preceptos de felicidad que se adoptarán en el futuro, y que hoy en día producen escalofríos. ¿Acaso la felicidad radica en la idea de civilización? ¿Consiste en vivir civilizadamente en enormes ciudades, rodeados de gigantescos edificios grises? ¿La automatización del trabajo es la felicidad? ¿Tener máquinas cada día más inteligentes, prácticas y útiles constituye un gran paso evolutivo que nos llevará a una vida mejor? 

Cuando nos damos cuenta que esos parámetros de felicidad que tan negativamente introduce Huxley en su novela son similares a los que cada día adoptamos con más naturalidad en nuestra vida cotidiana, surgen el temor y el miedo. Indudablemente, en mayor o menor medida, nuestra vida se está acercando a ese mundo feliz planteado por el autor. 

Y, básicamente, ello es lo que se plantea a nivel argumental en Inteligencia Artificial. En el contexto social en que se sitúa la película, vemos cómo la gente convive naturalmente con robots capaces de hacer prácticamente todo. Hay robots mecánicos, robots amantes, robots niñeras, etc. Y eso es el resultado de lo que actualmente estamos creando. Es innegable afirmar que en las sociedades contemporáneas se están fabricando computadoras más inteligentes, capaces de hacer varias tareas simultáneamente y de facilitarnos la vida. Los robots están siendo manufacturados a un ritmo acelerado, y cada vez se les asignan tareas más complejas. Tomemos el caso del perro robot Aibo, creado por Sony (1), que se confeccionó en 1999 y luego ha sido mejorado en muchos aspectos. El robot puede hacer todos los movimientos de un perro de carne y hueso, y además ha sido diseñado para reconocer rostros, cuidar la casa y bailar melodías musicales. Esto es solamente un primer eslabón de una gran cadena evolutiva de la robótica, aparentemente infinita e indestructible. Si hoy somos capaces de crear máquinas inteligentes capaces de reemplazar a un animal, ¿acaso no es factible poder crear máquinas que se asemejen a los seres humanos y los reemplacen en sus tareas? La respuesta es afirmativa. Y, efectivamente, no hace falta más que observar lo que ha sucedido a lo largo de estos años a nivel científico y tecnológico. Se ha reemplazado mucha mano de obra por máquinas capaces de realizar el mismo trabajo a mayor velocidad, con mayor precisión y a menor costo. En los trabajos rurales se ha sustituido una enorme cantidad de mano de obra por máquinas, y lo mismo se ha instaurado en fábricas y empresas. La novela infantil Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl, narra el modo en que el padre de Charlie es despedido de la fábrica en que trabaja, porque lo ha suplantado un perfecto brazo mecánico. Las máquinas inteligentes han reemplazado la mano del hombre en muchos aspectos, y cada día ganarán mayor terreno como resultado del creciente avance tecnológico. 

La palabra robot aparece en la ciencia ficción en el año 1921, en la pieza teatral R.U.R (Robots Universales Rossum), del escritor checo Karen Čapek. Y aunque los robots que allí aparecían no eran mecánicos, ya que estaban hechos artificialmente con materia viva, se planteaba el problema filosófico de los humanos como seres superfluos y encaminados a la inutilidad. En El eros electrónico de Roman Gubern, un slogan publicitario de la fábrica R.U.R. pregona: “¿Quiere usted abaratar la producción?” En cierto momento de la pieza, el ingeniero Fabry, en un parlamento de resonancias productivistas, proclama las ventajas laborales de los robots: “Un robot reemplaza a dos trabajadores y medio. La máquina humana era tremendamente imperfecta. Más tarde o más temprano había de ser reemplazada” (2000) (2) 

El hombre busca la perfección en sus creaciones y lo mismo ocurre en el desarrollo de la robótica. En la sección de tecnología de los periódicos se informa acerca de nuevas computadoras inteligentes, propensas a desarrollar múltiples tareas y este hecho nos deslumbra. 

En la primera escena de IA, el director de Cybertronics, una de las empresas encargadas de la manufactura de los robots, enuncia que crear un ser artificial ha sido el sueño del hombre desde que nació la ciencia. No sólo desde el principio de la era moderna, cuando nuestros ancestros asombraron al mundo con máquinas pensantes, y monstruos primitivos que jugaban ajedrez. ¡Cuánto hemos avanzado! 

Algunos años atrás, un profesor japonés llamado Hiroshi Ishiguro, de la Universidad de Osaka, presentó a Repliee Q1expo (3). Este es un robot que se asemeja, de manera alarmante, a un ser humano. Su mecánica está recubierta de material que imita a la piel, y es capaz de interactuar con otras personas. Este tipo de robot (del cual ya se han fabricado nuevos modelos), imita la respiración (el pecho se contrae y se expande), mueve los ojos, es capaz de hablar, y de comunicarse verbalmente. E incluso puede reemplazar a personas en oficios simples, como por ejemplo, vender entradas de cine. Todo ello es producto de la evolución tecnológica que brinda la inteligencia artificial. Si el perro mecánico se creó en 1999 y el humanoide robótico en el 2003, es decir que tuvo lugar un gran cambio tecnológico en apenas cuatro años, ¿qué nos espera en un futuro no tan lejano? 

Inteligencia Artificial de Steven Spielberg refleja claramente (y de manera pesimista) lo que nos depara el futuro. En IA existen robots creados para generar placer sexual y robots para cuidar niños. ¿Esta creación ficcional futurista, dista mucho del robot idóneo para vender entradas en el cine, que ya está siendo manufacturado? Ahora bien, más allá de que hoy en día la ciencia esté experimentando con robots inteligentes capaces de jugar un partido de ajedrez, parecería que aún se encuentra lejos de fabricar robots portadores de la inteligencia artificial que pregona el film de Spielberg. Para continuar ahondando en esta problemática, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿las máquinas realmente tienen la capacidad de pensar? 

En Controversia sobre Mentes y Máquinas, de Alan Ross Anderson (1986), se plantea que cualquier máquina es un simple producto del ingenio humano (no muy distinta en principio a una pala) y que, aunque nosotros tengamos mente, no podemos impartir esa característica peculiar a ninguna otra cosa, salvo a nuestra progenie. Ninguna máquina puede asumir una característica tan exclusivamente humana. (4) 

Esta reflexión amerita debates filosóficos demasiado amplios y complejos, que nos imposibilitan la profundización del aná- lisis, debido a las limitaciones de este ensayo en cuanto a extensión y propósito. Sin embargo, es necesario mencionar que la pregunta precedente es uno de los interrogantes claves sobre inteligencia artificial y robótica. Asimismo, esta cuestión se enlaza con otro dilema quizás mayor, que Spielberg coloca sobre el tapete a pocos minutos de introducido el filme, y que será el desencadenante del conflicto central de la película. Pero antes de abordar este tema intentaremos proporcionar una respuesta sobre la inteligencia de las máquinas. 

Román Gubern (2000) afirma que “La primera gran diferencia de las máquinas consideradas inteligentes afecta a sus limitaciones en relación con la comunicación humana” y a continuación argumenta que “Los programas informáticos inteligentes son insensibles a los contextos y dan respuestas muy incorrectas a preguntas que se desvían ligeramente de los dominios de su programación.” (5) 

Un robot no puede pensar en aquello que realmente quiera, sino en lo que le ordena su operador. Por ende, las máquinas no tienen libertad de pensamiento. Pueden estar programadas para pensar en términos matemáticos (tal es el caso de la que juega ajedrez, por ejemplo, o aquella que tiene programado un cierto patrón de lenguaje verbal que permite mantener un diálogo), pero es incapaz de razonar por su cuenta. Por lo tanto, los ingenieros han copiado exitosamente algunas estrategias del cerebro humano, que sin embargo no las convierte en máquinas pensantes. 

El segundo problema que se desarrolla a continuación es un poco más complejo de responder y trae inevitablemente aparejada una serie de discusiones éticas, filosóficas y morales más profundas que el tema de la inteligencia artificial. Me a refiero al hecho de reflexionar acerca de la posibilidad de que un robot porte emociones: ¿puede una máquina sentir amor? Por el momento, no se han logrado crear robots racionales y mucho menos capaces de amar. Paul Ziff (1959), en El Sentir de los Robots considera que “Los robots son mecanismos, no organismos; no son seres vivos. Puede haber un robot estropeado, pero no muerto. […] Sólo los seres vivos sienten, y un robot no puede ser un ser vivo.” (6) 

El planteo acerca de la propensión venidera de los robots para sentir emociones aún no ha hecho tan extensivo como el caso de la inteligencia aplicada a la robótica. Esto obedece a que todavía es imposible realizar una cosa semejante, puesto que ni siquiera se han podido realizar máquinas cien por ciento inteligentes. 

En El eros electrónico, Gubern (2000) señala que “Estamos muy lejos todavía de poder reproducir robots antropomorfos emocionales, como los propuestos por la literatura y el cine, pero es indudable que su presencia está muy arraigada en el imaginario popular de la sociedad postindustrial.” (7) 

Sin embargo, más allá de que estemos muy lejos de crear máquinas emocionales, todavía nos queda pensar qué sucederá si esto se logra realizar algún día. Hay discrepancias al respecto. Volvamos ahora a centrarnos en el mundo ficcional que plantea Inteligencia Artificial. En la primera escena, el presidente de la compañía Cybertronics toma a una má- quina (cuyo aspecto ha imitado perfectamente la apariencia humana), y le clava un punzón en la mano, mientras proclama que el ser artificial es una realidad de simulacro perfecto, con extremidades articuladas, con lenguaje articulado, y no carente de reacciones humanas, sino que hasta posee memoria ante el dolor. Sin embargo, cuando le clava el punzón en la mano, la máquina no experimenta el sufrimiento físico. El robot retira la mano porque está programado para hacerlo, pero realmente no lo siente. Es por ello que su creador le pregunta: ¿cómo te sentiste? ¿Enojada? ¿Asombrada? ¿Qué le hice a tus sentimientos?, mientras el robot simplemente le responde: “se lo hizo a mi mano”. Este fragmento es un claro ejemplo de lo desarrollado precedentemente: las má- quinas (o robots) inteligentes son un simulacro de la realidad. Piensan en función de una programación y realizan aquello para lo cual han sido diseñadas. Cuando le preguntan qué es el amor, el robot responde: “es abrir un poco más mis ojos y acelerar la respiración un poco, y calentar mi piel y tocar. “ Como podemos ver, éste tiene incorporadas las reacciones que simulan dicho sentimiento (simuladores de sensualidad, como él mismo lo llama), sin que ello conlleve a la experimentación del mismo. 

Por este motivo, el creador de los robots decide dar un paso evolutivo importante elaborando máquinas con simulaciones de sentimientos. A pesar de ser una película de ciencia ficción, Inteligencia Artificial plantea la posibilidad de que en un futuro lejano el mundo esté gobernado por robots inteligentes y que se logre fabricar una máquina capaz de amar, en tanto hecho completamente revolucionario. A partir del interrogante planteado anteriormente acerca de qué tan ético puede ser otorgarle sentimientos a una máquina, podría inferirse que tanto éste, como la reflexión concerniente a establecer un límite en los avances de la ciencia y la tecnología, parecerían haberse instituido como reflexión en la elaboración del film y haberse adaptado como premisa para la realización. En la primera escena, cuando el creador propone realizar un robot capaz de amar, una de las responsables de la empresa argumenta que “no es simplemente cuestión de crear un robot que pueda amar, el verdadero acertijo es cómo hacer que un humano corresponda a su amor. Si un robot pudiera amar de verdad a una persona, ¿qué responsabilidad tendrá la persona hacia ese Meca (robot), a cambio?” 

Como respuesta, obtiene una frase que resume magníficamente la avaricia del hombre por querer ser Dios: “Pero al principio… ¿no creó Dios a Adán para amarlo a Él?“. 

Ese comentario clausura magistralmente la primera escena de la película y de manera escalofriante, demuestra cómo el hombre, cada día, intenta asemejarse a Dios, creando máquinas a su imagen y semejanza, dotadas para pensar, hablar, y, por qué no, amar. Sin embargo, considero que el hombre nunca podrá igualar a Dios y que, muchas veces, en ese intento desaforado de parecerse a Él, cometemos errores descomunales con el avance científico y tecnológico. Por ello Spielberg, decide narrar en IA la desaparición de muchas ciudades por el desborde de los mares, a causa del calentamiento global. Estas catástrofes son ocasionadas por la mano imperfecta del hombre, al pretender cambiar la perfección de la naturaleza. La tecnología avanza a pasos colosales. Hoy, contamos con robots inteligentes capaces de jugar ajedrez. Mañana, quizás convivamos con máquinas capaces de amar como las que presenta Inteligencia Artificial. 

¿Dónde nos detendremos? ¿Dónde está el límite? 

Lamentablemente, nadie tiene la respuesta. Sólo nos queda conjeturar sobre el futuro y continuar plasmando la imaginación en novelas y películas de ciencia ficción, en las que humanos y robots conviven en mundos caóticos, al borde de la destrucción.

Notas 

1 Sony presenta la tercera generación de su perro robot (Octubre 2004). Diario LaFlecha.net. Recuperado en 2007 de: http://www. laflecha.net/canales/ciencia/200410141/ 

2 Gubern, R. (2000). El eros electrónico, Madrid: Taurus. 

3 Whitehouse, D. (Julio 2005). Japanese develop ‘female’ android, BBC News. Recuperado en 2007 de: http://news.bbc.co.uk/1/hi / sci/tech/4714135.stm 

4 Ross Anderson, A. (1986). Controversia sobre mentes y máquinas, Madrid: Orbis. 

5 Gubern, R. (ob. cit). 

6 Ziff, P. (1959). El sentir de los robots en Analysis, 19 (3). 

7 Gubern, R. (ob. cit). 

Bibliografía 

- Graubard, S. (1999). El nuevo debate sobre la inteligencia artificial, Sistemas simbólicos y redes neuronales, Barcelona: Gedisa. 

- Gubern, R. (2000). El eros electrónico, Madrid: Taurus. 

- Inteligencia Artificial; Ficha técnica y Sinopsis, Portal ZINEMA. Recuperado en 2007 de: http://www.zinema.com/pelicula/2001/ intelige.htm 

- Ravaschino, G. (2001). Inteligencia Artificial En Cineismo. Recuperado en 2007 de: http://www.cineismo.com/criticas/inteligencia-artificial.htm 

- Ross Anderson, A. (1986). Controversia sobre mentes y máquinas, Madrid: Orbis. 

- “Sony presenta la tercera generación de su perro robot” (Octubre 2004) Diario LaFlecha.net. Recuperado en 2007 de: http://www. laflecha.net/canales/ciencia/200410141/ 

- Whitehouse, D. (Julio 2005). Japanese develop ‘female’ android, BBC News. Recuperado en 2007 de: http://news.bbc.co.uk/1/hi / sci/tech/4714135.stm - Ziff, P. (1959). El sentir de los robots En Analysis, Vol. XIX, núm. 3. 


Cuando Dios creó a Adán. La mirada de Steven Spielberg sobre las consecuencias del avance tecnológico fue publicado de la página 13 a página15 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº14

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