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Hitchcock y “Psicosis”: El acuchillamiento del terror clásico

Cerdas, David

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº14

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº14

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen. Edición II.

Año IV, Vol. 14, Marzo 2008, Buenos Aires, Argentina | 77 páginas

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Siempre haz que la audiencia

sufra lo más que pueda.

Alfred Hitchcock, director (1)

Desde los albores del cine, el género de terror ha estado presente en el séptimo arte. Aunque en un principio los norteamericanos no le dieron importancia a este tipo de filmes y no existía una tradición del género en su país, en Europa, algunos directores como Louis Feuidalle con películas como Vampires (1915) y su serie Fantômes (1913-1914) comenzaron a introducir temas de entes paranormales en sus producciones. Durante los años siguientes, aún en Europa, el género de terror fue adquiriendo más relevancia, sobre todo en el marco del expresionismo alemán. Algunos de los films más representativos de dicho movimiento como El Gabinete del Dr. Caligari (1919) de Robert Wiene, o Nosferatu (1922) de F. W. Murnau, presentaban ya una iluminación acentuada en blanco y negro con claroscuros y sombras exageradas, que aumentaban el aire de misterio que las películas querían engendrar. Una vez que la industria hollywoodense se consolidó, sus ejecutivos notaron la atracción que podría sentir el público por este tipo de filmes, y vieron en el género de terror una nueva forma de hacer dinero. De esta manera, Hollywood tomó como base el cine de terror europeo y recurrió a clásicos de la literatura de este género para llevarlos a la pantalla grande.

El cine norteamericano de las décadas de los treinta y cuarenta habitados por monstruos de ascendencia gótica, por leyendas y supersticiones animistas, por escenarios centroeuropeos, parisinos o londinenses, su más radical manifestación debe ser buscada en la suspensión de las certezas, en la vacilación del sentido. (Sánchez-Biosca, 2001, p.189) (2)

No obstante, Hollywood optó por “espectacularizar” estos nuevos productos al aplicar el paradigma del cine clásico: hizo sus discursos grandilocuentes, convirtió a sus protagonistas en estrellas, puso de manifiesto la invisibilidad enunciativa con el uso predominante de una cámara “transparente” y, por supuesto, aplicó el studio system.

Como consecuencia, los estudios Universal fueron los principales productores de películas de terror. Durante la década del treinta, toda una serie de monstruos de naturaleza no humana llegaron a las salas de exhibición. Por mencionar sólo algunos, citaré a Drácula (1931), Frankenstein (1931), La Momia (1932) y King Kong (1933). Todos tenían algo en común: eran dueños de fuerzas sobrenaturales que servían para hacer reflexionar sobre la vulnerabilidad humana frente a cosas extrañas. Por lo tanto, la oposición entre el bien y el mal estaba siempre presente:

Históricamente, este género ha sido la pequeña banca de los estudios de cine. Desde el mismo advenimiento de la industria, el capturar lo desconocido a través de la cámara y producir una sensación de incomodidad o miedo al público ha probado ser una de las razones fundamentales por la que el cine es tan popular. Los estudios Universal se fundaron principalmente sobre historias de vampiros, hombres lobo, descuartizadores y demás participantes en la parada del terror. (Bort, 2005) (3)

El cine de terror clásico comenzó a crear una iconografía genérica propia, compuesta por cementerios, laboratorios científicos, castillos, sangre, cruces, sarcófagos, etc. Fue el primer género que logró sortear las directrices del Código Hays al mostrar violencia en la pantalla. Asimismo, también fue pionero en promover la producción de secuelas, aunque estas películas eran cada vez más comerciales y menos artísticas, porque estaban dirigidas a un público muy específico: los adolescentes.

En los años cincuenta, aparecen nuevos temas relacionados con extraterrestres, por lo que se pierde la idea de la persecución del monstruo a solas hacia el protagonista, quien pasó a ser un monstruo masivo. A su vez, los lugares desolados fueron sustituidos por ciudades acorraladas. War of the Worlds (1953) y The Thing from Another World (1951) son dos de las películas más recordadas de esta época.

Ante el éxito que el terror clásico estaba teniendo en Hollywood, en Europa decidieron copiar la fórmula y se creó la Hammer Films, una productora especializada en películas de horror. Al comprarle los derechos a Universal Pictures, la Hammer hizo remakes de los monstruos llevados al cine en los años treinta y todos ellos volvieron a cobrar vida de la mano de directores como Terrence Fisher (Drácula en 1958, The Curse of Frankenstein en 1967 y The Mummy en 1959), Michael Carreras (The Curse of the Mummy’s Tomb en 1964 y Freddie Francis (The Evil of Frankenstein en 1964 y Drácula has Risen From the Grave en 1968).

No obstante, en 1960 el director británico radicado en Estados Unidos, sir Alfred Hitchcock, llevó a la pantalla grande una película que cambiaría rotundamente la historia del género y que consecuentemente cerraría las puertas del terror clásico para fundar el terror moderno: Psycho. 

Todo el mundo sabía que teníamos

una buena película entre manos,

pero nadie tenía la menor idea de que íbamos a hacer historia.

Janet Leigh, actriz (4)

Basada en la novela homónima del escritor Robert Bloch, la historia estuvo inspirada en los hechos reales del asesino en serie de Wisconsin: Ed Gein (5). La cinta muestra el desdichado encuentro entre una secretaria fugitiva, Marion Crane (interpretada por Janet Leight), que roba a su jefe cuarenta mil dólares, y el dueño de un motel, Norman Bates (Anthony Perkins), un joven solitario que posee una tormentosa relación con su madre.

Psicosis fue considerada exageradamente violenta, demasiado explícita a nivel sexual (recordemos que comienza con una pareja adúltera vistiéndose tras hacer el amor) y muy terrorí- fica para los estándares de la época (la revista Entertainment Weekly la ha seleccionado como la séptima película más terrorífica de todos los tiempos), y pese a ello o por dicho motivo, logró convertirse en un éxito inmediato de taquilla tras recaudar, según el sitio web especializado The Internet Movie Database, más de 50 millones de dólares alrededor del mundo.

En esta obra maestra, Hitchcock pone de manifiesto el suspense cinematográfico (uno de sus sellos particulares), término hoy utilizado cuando el público posee más información que los propios protagonistas sobre lo que va a acontecer o sobre aquellos hechos que sucedieron anteriormente en la historia; es decir, que se le da más importancia al espectador que a los personajes para crear tensión. Según Bettendorf (2001, p.114): “El destinatario de ese discurso es, por supuesto, el espectador, que, gracias a la imagen, siempre sabe más que los protagonistas del relato, y no tiene más fin que esperar la confirmación de ese saber” (6)

Uno de los momentos en donde puede manifestarse claramente este suspense hitchcockiano es en la conocida escena del asesinato de Marion Crane (7). Aquí, el director, con su punto de vista desde dentro de la ducha, nos muestra la sombra de alguien que se acerca a través de la cortina, mientras la indefensa protagonista toma un relajante baño sin saber lo que le depara el destino:

En realidad, esta secuencia es mucho más que una simple escena, es así de sencillo: Marion es salvajemente asesinada con nueve puñaladas, ¡pero el espectador a cambio recibe cincuenta! En este contraste de la percepción visual y la impresión emocional está la clave de ese mítico e inolvidable momento. (Sánchez, 2007) (8)

Esa es la huella de Psycho en el terror moderno, la escena clave en la ducha constituye la bisagra entre el terror clásico y el terror moderno: pues a diferencia del cine clásico, en este momento, el sexo y la mutilación están ahí presentes sin ninguna duda o vacilación, frente a nuestros propios ojos “sin desplazarse a ningún fuera de campo. Tanto es así que su crudeza está vehiculada por PD muy minuciosos y particularizados, como si cada impacto del cuchillo en la carne debiera ser disfrutado o sufrido” (Sánchez-Biosca, 2001, p.191) (9) . Es decir que por medio del montaje, el homicidio es dramatizado, moldeado y espectacularizado:

Este y no otro, es el punto de no-retorno del asesinato en la ducha en Psycho. Todo lo que sigue en el cine de terror está marcado indefectiblemente por la compulsión a no separar la mirada de aquello que fue visualizado aquí. (Sánchez-Biosca, 2001, p.193) (10)

Mucho se ha dicho ya sobre Psicosis y sobre su influencia en posteriores filmes de terror. No solamente fue la primera pelí- cula de horror que carecía de elementos fantástico-científicos o sobrenaturales, sino que además en ella hizo su debut el primer psycho-killer del cine moderno: Norman Bates.

Durante las décadas del Código Hays la violencia corporal que mutilaba los cuerpos, las metamorfosis que suspendían la distinción entre lo humano y lo animal, lo masculino y lo femenino, lo vivo y lo muerto, obtuvieron un lugar adecuado, aunque forzosamente inestable, fuera de campo (...) sucedían para el relato, pero no para el ojo. Lejos quedan hoy en día estos tiempos de pudor, pues la actitud del cine norteamericano cambió de rumbo a partir de 1960. (Sánchez-Biosca,2001, p.190) (11)

Uno de los rasgos característicos del célebre cineasta es que sus personajes nunca son completamente buenos o malos; sino que se definen por ser psicológicamente más complejos, duales, con características tanto positivas como negativas que los hacen más reales: 

Ya solamente en la primera media hora del filme, Hitchcock, nos ha presentado un completo catálogo de personajes que han echado por tierra todos los convencionalismos de la sociedad americana, y lo que es peor (o mejor), nos ha puesto del lado que él se había propuesto. (Lapresta, 2001) (12)

La mejor amiga de un chico

es su madre.

Norman Bates, en Psicosis (13)

Psycho supuso la entrada del terror en las series A, y con esta producción el autor inauguró en Hollywood el terror psicoló- gico. Allí aparece la figura del psicópata que se autodefine como tal frente a la cámara, con lo que de alguna manera se humaniza.

La Real Academia Española define la psicosis como una “enfermedad mental caracterizada por delirios o alucinaciones, como la esquizofrenia o la paranoia”, o un “trastorno afectivo caracterizado por la alternancia de excitación y depresión del ánimo y, en general, de todas las actividades orgánicas” (14) Norman Bates es poseedor de una doble personalidad que lo atormenta: la suya, es decir, la de un hombre sumiso, servicial, dulce y algo tímido que contrasta con la personalidad obsesiva, dominante, celosa y castradora de su madre. Como autor que era, el maestro del suspense “se resistía con todas sus fuerzas a la pulsión fundamental de no dejar huellas.” (Bettendorff, 2001, p.114) (15)

Además buscaba poseer control artístico sobre sus propias creaciones y plasmar en cada una de ellas su sello particular manteniendo ciertas constantes en la inspiración, en los temas y en las formas de expresarlos. Estos aspectos no sólo caracterizaban a cada una de sus películas, sino que constituían la parte esencial de su interés. En el caso de Psycho podemos notar estos rasgos en el tema de la identidad asumida, así como en los planos detalles realizados sobre el cabello de la Sra. Bates y Lila, el cameo (aparición breve) que el propio cineasta efectúa a inicios del filme, la elección de una rubia como protagonista y el hecho de utilizar un baño para una escena relevante para el desarrollo del conflicto.

Con el fin de transmitir al público esa doble personalidad del protagonista, Hitchcock utiliza varios recursos visuales, entre ellos mostrar la imagen de Bates reflejada en espejos o cristales (por ejemplo al minuto 35 cuando le habla por primera vez a Marion sobre la inestabilidad emocional de su madre), así como dejarnos ver su rostro cortado por una sombra (con una parte clara y la otra oscura) en casi todas sus escenas, simbolizando el costado bueno y malo de un sujeto. Esto lo podemos observar mientras Marion se está registrando en el motel, cuando ambos personajes conversan mientras ella cena o en el momento en que Norman va a espiar a Marion a través del hoyo en la pared.

A diferencia del terror clásico, en esta ocasión el mal está encarnado en la perversidad de una persona, por lo que es más real y tangible. A partir de aquí, se comenzaron a tocar temas tanto más escabrosos como prohibidos, y se produjo como consecuencia un nuevo prototipo de personaje que continuó su labor de villano en diversas películas posteriores como The Texas Chainsaw Massacre (1974), la saga de Halloween iniciada en 1978 y Friday the 13th de 1980.

Su influencia en la industria ha sido tal que aún más de cuatro décadas luego de su estreno, sigue considerándose un filme de culto, y “sus citas, parodias, pastiches o reescrituras inundan sin interrupción todos estos años.” (Sánchez Biosca, 2001, p.190 (16) Psicosis tuvo tres secuelas, una fallida teleserie y una remake. Casi todas estas continuaciones fueron protagonizadas por Anthony Perkins, que quedó ligado por siempre al atormentado personaje de Norman Bates.

Para hacer a Michael Myers terrorífico

lo hice caminar como un hombre

y no como un monstruo.

John Carpenter, director (17)

El cine de terror moderno está lleno de psycho-killers: Michael Mayers, Jason Vorhees, Freddy Kruegger, Hannibal Lecter, etc.

Todos recurriendo a música estridente, sanguinolentos efectos visuales o a fórmulas de susto/sorpresa, pero ninguno de estos engendros podrán opacar al primero de todos ellos, Norman Bates, así como la obra maestra de horror, punto de partida del terror hollywoodense contemporáneo, que le dio vida: Psicosis. (Guzmán Novoa, 2002) (18)

Sin embargo, pese a la clara autoridad que Hitchcock y su obra produjeron en el cine de terror contemporáneo, hay quienes argumentan que su fórmula se fosilizó enseguida, pues mientras muchas nuevas películas siguieron tipologías temáticas distintas (espíritus malignos, hijos del diablo y posesiones satánicas, poderes paranormales, seres de otros mundos, nuevos y viejos monstruos, etc.), todos ellos de índole sobrenatural. Muchas de aquellas que continuaron explotando el tema de los psycho-killers y los acechos, no cumplen con las características impuestas por el filme de 1960.

Tomemos como ejemplo Halloween (1978) del director John Carpenter, protagonizada –curiosamente– por Jaime Lee Curtis (hija de Janet Leigh). Considerada por Sánchez-Biosca como el punto medio entre Psycho y las Slasher Movies (20) que explotarían durante los ochenta, ella representa la génesis de las películas de acecho:

“Halloween perfila con claridad la figura del psycho killer moderno, el castigo sin conmiseración de los jóvenes pecadores, (...) la mostración de la violencia sobre el cuerpo considerado como una atracción escópica, sustentadas en la lógica del espectáculo carnal. “ (Sánchez-Biosca, 2001, pp.195-196) (20) En ambas películas se muestra una situación muy similar: el asesinato de una hermosa chica. Las feroces cuchilladas que sufren las víctimas están ligadas al deseo por ese mismo cuerpo. No obstante, en la secuencia del homicidio en la ducha, Sir Alfred Hitchcock ya nos había mostrado (por medio de la anterior escena voyeurista de Bates), el deseo que este personaje sentía hacia Marion Crane, es decir ya existía una matriz que vertebraba la planificación. En Halloween, por el contrario, el acto del crimen nace inarticulado, presentado como una mera premisa tras la cual ningún deseo o justificación le habría servido de motor. No conocemos los móviles o aspiraciones que llevaron al asesino a cometer su atrocidad. Este subgénero donde los asesinos seriales o psicópatas son protagonistas, se enfoca simplemente en el amarillismo del terror y busca asustar al espectador, crear repulsión y elevar el estado de shock al máximo. La fórmula se repite incluso en nuestros días en películas de terror adolescente como Urban Legend y The Faculty (ambas de 1998), Candyman (1992) o Hostel (2005) y es como si la causa de los asesinatos fuera tan evidente que resulta innecesario nombrarla. Por estas razones Psycho es tomada como la primera y última película de terror obsesionada por la explicación de las causas.

Pero también el cine posterior emprendería una tarea distinta de la hitchcockiana: en los slasher films las decapitaciones, mutilaciones, baños de sangre, cuchilladas y hachazos son significativas, más que por su función narrativa (realmente escasa), por la imperturbable decisión de la cámara de filmarlos sin ambages, sin ocultaciones, sin recurso alguno a la metáfora ni a la espectacularización. Como en Psycho o, incluso, debido a Psycho, la cámara ya no se retira del lugar del hecho, pues el pudor es ya al parecer imposible. (Sánchez-Biosca, 2001, p.194) (21)

En vez de poseer tramas novedosas y contagiosas, estos films se convierten en la misma historia ya conocida pero con diferentes personajes y traen consigo todas las consignas icónicas y temáticas de una película slasher de adolescentes. A saber: chicas de senos grandes que hacen cosas increíblemente estúpidas, personajes cuya mayoría muere en el filme, protagonistas unidimensionales, acartonados y cargados de estereotipos, marcada presencia de sangre, lugares comunes como el high school estadounidense, y por supuesto, el infaltable disfraz del asesino, tan característico en personajes como Michael Myers de Halloween, Freddy Krueger en A Nightmare on Elm Street (1984), Jasón Voorhees en Friday the 13th, la máscara de Scream (1996), o el traje de pescador de I Know What You Did Last Summer (1997).

No obstante, sea su influencia consciente o inconsciente, palpable o intangible, es imposible negar que a partir de 1960 el cine, y en especial el desarrollo del cine de terror, sufrió un acuchillamiento, una metamorfosis de la que no habría marcha atrás. Psicosis y su afamado director Alfred Hitchcock, marcaron un antes y un después en la excitante historia de este género cinematográfico. Influyendo a cientos de cineastas en todo el mundo, se han convertido en referentes obligatorios de académicos, teóricos o cinéfilos y han modificado a la industria de Hollywood.

Hitchcock no sólo introdujo el suspense en sus argumentos generando más tensión en sus historias, sino que además con su obra maestra le dio vida a un nuevo prototipo de villano más humano y más real con el que la fuente del terror se hizo más palpable. Fue innovadora en mostrar ante nuestros ojos el sexo, y sobre todo el homicidio de la protagonista antes de la mitad de la película, de forma explícita pero a la vez poética, de la mano de planos ingeniosos y de la laureada música de Bernard Herrmann.

En las películas de Hitchcock la terceridad del interpretante constituye un papel importante. Por primera vez el público dejó de ser un ente pasivo y se dedicó a analizar lo que sucede en la trama. De la misma manera, los personajes hitchcockianos son muchas veces alter-egos de lo que hace el espectador. Ya que como se ha señalado, son seres duales que mienten, roban y no son enteramente buenos o malos. Tal como sucede en Psycho, el descrubimiento de la culpabilidad del crimen pasa a segundo plano, y lo importante pasa a ser los motivos y cómo se interpreta el hecho. Por lo tanto, más que de un asesinato, Hitchcock habla sobre la interpretación del mismo.

Así, durante más de 40 años esta modesta película, filmada en blanco y negro, con un presupuesto de sólo 800 mil dó- lares y sin grandes pretensiones, se transformó en un éxito sin precedentes. Ha logrado aterrorizar y maravillar a varias generaciones, ha sido objeto de análisis y estudio por miles de estudiantes de cine y ha sido pieza de culto por millones de personas, pues ha modificado para siempre la forma de hacer y ver al género de terror.

Notas

1 Alfred Hitchcock quotes. Recuperado en 2007 de http://www.en. thinkexist.com/quotation/always_make_the_audience_suffer_as_ much_as/220707.html

2 Sánchez-Biosca, V. (2001). Despedazar un cuerpo: De una cierta tendencia en el cine de terror postmoderno. En Russo, E. (Ed.). Interrogantes sobre Hitchcock, Buenos Aires: Simmurg. p. 189.

3 Bort, D. (2005). ¡Ahí viene el Lobo!: Los creadores de Scream intentan una nueva franquicia con “Cursed”. San Diego, CA: La Prensa San Diego. Recuperado en 2007 de: http://www.laprensasandiego.org/archieve/february25-057cursed.html.

4 Psicosis de Alfred Hitchcock. Recuperado en 2007 de: http://www. telefonica.net/web2/micineparaiso/psycho.html

5 Este asesino serial fue también la fuente de inspiración para otras películas de terror posteriores a Psycho como Deranged (1974), The Texas chain saw massacre (1974) y The silence of the lambs (1991).

6 Bettendorf, M. (2001). Otro nudo en la soga: Rope como modelo de argumentación fílmica. En Russo, E. (Ed.). Interrogantes sobre Hitchcock, Buenos Aires: Simmurg. p.114.

7 Aunque dicha secuencia de tomas en la ducha dura sólo 45 segundos en la pantalla, se filmó en 7 días utilizando 70 ángulos de cámara diferentes.

8 Sánchez, J. Psicosis de Alfred Hitchcock, Madrid: Tiscali. Recuperado en 2007 de http://usuario.tiscali.es/actores/Psicosis.html

9 Sánchez-Biosca, V. (op. cit.) p. 191.

10 Sánchez-Biosca, V. (op. cit.) p.193.

11 Sánchez-Biosca, V. (op. cit.) p.190.

12 Lapresta, A. (2001). Psicosis de Alfred Hitchcock, Buenos Aires: Aloha Criticón. Recuperado en 2007 de http://www.alohacriticon. com/elcriticon/article1037.html

13 Memorable quotes for Psycho (1960), Norman Bates. Recuperado en 2007 de: http://www.imdb.com/title/tt0054215/quotes

14 Real Academia Española. Diccionario de la lengua española, Madrid. Recuperado en 2007 de http://buscon.rae.es/draeI/ 15 Bettendorf, M. (op. cit.) p.114.

16 Sánchez-Biosca, V. (op. cit.) p. 190.

17 John Carpenter quotes. Recuperado en 2007 de: http://en.thinkexist. com/quotation/to-make-michael-myers-fightening-i-had-himwalk/381623.html

18 Guzmán Novoa, E. (2002). Psicosis: La Saga de Norman Bates, Quinta Dimensión. Recuperado en 2007 de : http://www.quintadimension.com/modules.php?name=News&file=print$sid=124

19 Slasher: término anglosajón referido al género de películas de terror, en las que generalmente las víctimas son atacadas o “rebanadas” con objetos punzantes o cortantes. A este tipo de films también se les denomina splatter movies.

20 Sánchez-Biosca, V. (op. cit.) pp. 195-196. 21 Sánchez-Biosca, V. (op. cit.) p. 194.

Bibliografía

- Bettendorf, M. (2001). Otro nudo en la soga: Rope como modelo de argumentación fílmica. En Russo, E. (Ed.). Interrogantes sobre Hitchcock, Buenos Aires: Ed. Simmurg. p. 107-114.

- Bort, D. (2005). ¡Ahí viene el lobo!: Los creadores de Scream intentan una nueva franquicia con “Cursed”. San Diego, CA: La Prensa San Diego. Recuperado en 2007 de http://www.laprensa-sandiego.org/archieve/february25-057cursed.html

- Guzmán Novoa, E. (2002). Psicosis: La saga de Norman Bates, Quinta Dimensión. Recuperado en 2007 de: http://www.quintadimension. com/modules.php?name=News&file=print$sid=124

- Lapresta, A. (2001). Psicosis de Alfred Hitchcock, Buenos Aires: Aloha Criticón. Recuperado en 2007 de http://www.alohacriticon.com/ elcriticon/article1037.html

- Real Academia Española. Diccionario de la lengua española, Madrid. Recuperado en 2007 de http://buscon.rae.es/draeI/

- Psycho. EEUU. The Internet Movie Database. Recuperado en 2007 de http://www.imdb.com

- Sánchez, J. Psicosis de Alfred Hitchcock, Madrid: Tiscali. Recuperado en 2007: http://usuario.tiscali.es/actores/Psicosis.html - Sánchez-Biosca, V. (2001). Despedazar un cuerpo: de una cierta tendencia en el cine de terror postmoderno. En Russo, E. (Ed.). Interrogantes sobre Hitchcock, Buenos Aires: Ed. Simmurg (pp. 189-199).


Hitchcock y “Psicosis”: El acuchillamiento del terror clásico fue publicado de la página 17 a página20 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº14

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