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La consolidación de los personajes y la actuación en el film “Un tranvía llamado deseo” de Elia Kazan (1951)

Niño Betancourt, Roberto

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº14

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº14

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen. Edición II.

Año IV, Vol. 14, Marzo 2008, Buenos Aires, Argentina | 77 páginas

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Basada en la aclamada obra del escritor Tennessee Williams, el film Un tranvía llamado deseo (1951), realizado por Elia Kazan, narra su drama en la época de posguerra en New Orleans.

La trama se centra en la relación de pareja entablada entre Stanley Kowalski (interpretado por Marlon Brando) y Stella (interpretada por Kim Hunter), quienes intentan sobrellevar sus lazos a pesar de las diferencias notorias entre las clases sociales a las que pertenecen. Dicha situación se agrava con la visita de Blanche Dubois (interpretada por Vivien Leigh), la hermana de Stella: un personaje trágico que desde el principio se constituye como antagonista de su cuñado Stanley, debido a las continuas críticas y referencias que ella hace sobre las costumbres de clase media que definen al esposo de su hermana.

El conflicto va in crescendo a medida que se develan los secretos que ocultan los personajes y que arrastran a Blanche a la pérdida de la cordura.

A lo largo del film, Williams (quien realizó, además, el guión para la película) instala temas que se estructuran a partir de la configuración de los personajes, sirviéndose de recursos que generan una puesta en escena que juega con lo simbólico a través de las construcciones metafóricas.

La dupla fantasía - ilusión

Blanche sucumbe a la ilusión; la fantasía es su principal método de defensa.

Sus deseos no llevan trazas de malicia, pero en cambio surgen de la debilidad e incapacidad de enfrentar la verdad. Su versión de los hechos no es coincidente con lo real, sino que idealiza una visión según su criterio. Para ella la fantasía es el método de alienación más apropiado para protegerse de las tragedias que tiene que enfrentar. Pero desafortunadamente, dicho método de defensa resulta frágil y será derrumbado por Stanley en la resolución.

El principal elemento de la puesta en escena que encarna la fantasía es el significante objeto: la lamparita japonesa de Blanche apela a una pequeña luz de amor y esperanza, que resulta recurrente a lo largo del film incluso cuando cambia de espacio (del departamento de los Kowalsky a la fiesta en el puerto).

La música también juega un papel importante ya que configura, de alguna manera, los recuerdos de Blanche. Un ejemplo de ello es cuando ella encarna su pasado con debilidad a través de los monólogos en los que interioriza sus pensamientos, y a la vez interactúa con la banda sonora homodiegética (La varsoviana) al recordar la noche en que su esposo fallece.

El viejo y el nuevo sur

Stella y Blanche provienen de un mundo que se encuentra en decadencia.

Belle Rêve, la plantación ancestral de la familia Dubois, se ha perdido. Las hermanas representan simbólicamente a los últimos miembros con vida en la familia. Stella penetrará en el mundo de la clase obrera al casarse con Stanley, y Blanche, por su parte, se hallará sumergida en la locura.

Stanley representa el nuevo orden del sur norteamericano en el que la caballerosidad ha muerto, y ésta se ve reemplazada por una carrera frenética de subsistencia. Este aspecto se hace evidente por medio de la puesta en escena donde Elia Kazan configura un escenario decadente, y si bien Blanche trata de restablecer el hogar de los Kowalsky por medio de la limpieza espacial, la violencia y crudeza del contexto dominante moldearán al espacio conforme con esta decadencia.

La crueldad

El único crimen imperdonable, según Blanche, es la crueldad premeditada. Este pecado es la especialidad de Stanley. Su último asalto en contra de Blanche es un ataque inescrupuloso hacia un enemigo previamente derrotado.

A lo largo de Un tranvía llamado deseo observamos un alto grado de crueldad creciente, que puede resultar involuntaria (Blanche) o incluso inconciente (Stanley).

Como resulta característico de Tennessee Williams, existen muchas maneras de herir, y algunas son peores que otras. La mejor muestra de esto es la escena de la violación de Stanley a Blanche, donde se utiliza el rompimiento del vidrio (tanto de la botella como del espejo) para evidenciar el colapso del equilibrio emocional entre la fuerza protagónica y antagónica del relato.

Lo primitivo

En ocasiones, Blanche hace referencia a Stanley como un ser primitivo. Él representa una hombría poco refinada, y como consecuencia genera la idea romántica de un hombre que no ha sido tocado por las influencias de la civilización. Su appeal resulta claro, Stella no puede resistirlo, e incluso Blanche en un nivel se ve atraída por él.

La naturaleza cruda de Stanley viene acompañada de una inmoralidad aterradora. Sus intenciones frente a su objetivo resultan claras y definitivas: no duda en conducir a su cuñada a la locura o incluso en violarla.

No obstante, cabe resaltar que aunque el personaje de Stanley es indecente y carente de formalidad, sus parlamentos y acciones en el film ablandan la fuerza de su carácter mostrando su lado más débil, a la vez que embellecen la imagen liberando la tensión del conflicto. (Como aquel parlamento de “la lluvia en el cielo” cuando bate una botella de cerveza y la abre, liberando una fuente de espuma.) 

El deseo

Estrechamente relacionado con el tema anterior, el deseo, se encuentra implícito como tema principal tanto en la obra como en el film.

Blanche busca negarlo, aunque se puede inferir que el deseo es una de sus grandes motivaciones de vida. Ella no logra encontrar la manera saludable de lidiar con él, puesto que siempre quiere liberarlo o abolirlo definitivamente.

El deseo constituye el corazón de la relación entre Stella y Stanley, y no la intimidad intelectual o espiritual.

El tranvía es el leitmotiv que impulsa dicho elemento en términos visuales y sonoros a lo largo del film; será el emisor que hace que los personajes se percaten de la existencia del mismo en sus vidas.

La soledad

Es el tema que se opone y complementa al deseo. Blanche se encuentra perdida entre ambos extremos, porque busca de manera desesperada compañerismo y protección en los brazos de los extraños y la bondad de los desconocidos. Nunca se ha recuperado de la trágica pasión hacia su marido fallecido en su juventud. Es por esto que necesita alguien que la defienda, pero en New Orleans, desafortunadamente, tan sólo encontrará al predador e implacable Stanley.

Cabe destacar que el simbolismo de dicho elemento cobra peso, ya que Blanche es el único personaje que se nos muestra solo en escena, construyendo el sentido del vacío tanto físico como metafórico. 

La oscuridad

El film porta un estilo en el que Elia Kazan utiliza la oscuridad de manera efectiva para generar suspenso y drama.

Blanche llega por primera vez a la entrada del departamento de Stanley y Stella; la calle está oscura, generando sensación de temor. Vemos además que vive en un mundo en el que sus deseos amorosos la han llevado a un lugar oscuro y a veces aterrador.

Dentro del departamento, hay mayoritariamente una iluminación difusa y escasa. Blanche utiliza su lamparita en la habitación para reducir la atmósfera hostil y lúgubre contenida en el espacio, sin necesidad de desenmascarar el secreto acerca de su edad proyectada a través de su imagen física.

La luz y la oscuridad son motivos primordiales en la historia puesto que algunas cosas quieren ocultarse mientras otras son expuestas. También funciona para marcar y fortalecer detalles amargos como la vendedora de flores para los muertos.

La actuación

Stanley posee una personalidad fuerte y resulta machista, poco paciente y escandaloso. Él acentúa la rudeza variando por momentos el volumen de su discurso.

Su estado emocional fluye de la calma al extremo del bullicio o del lamento (cuando grita por Stella cada vez que ella huye, cuando se ríe sarcásticamente de la instabilidad mental de Blanche con la noticia del telegrama o incluso cuando imita el maullido de un gato).

Tiene un gran atractivo físico debido a su contextura, que lo instala en el estereotipo de “macho dominante” y en ocasiones, llega a ser a la vez una víctima. La vida no le ha sido fácil, y tanto su cuñada como su esposa lo tildan de ser un “crudo polaco”, además de otras calificaciones de la misma magnitud. No obstante, las críticas que ellas le hacen no son en vano, debido a las reacciones violentas y primitivas además de las agresiones que puede llegar a ocasionar por su carencia de sensibilidad y preocupación frente al glamour femenino. Estas características son las que destacan la actuación de Brando a un nivel excepcional.

Stella resulta ser el personaje principal más agradable. Es honesta, dulce, sexy, y además se encuentra muy enamorada de Stanley (a pesar de los defectos que pueda llegar a tener). Es sentimental y paciente y resulta condescendiente con su hermana y su marido. Tapa el sol con el dedo viendo lo que quiere y no realmente lo que es como en el caso de su matrimonio, que opera como un ejemplo clásico de amor físico y deseo carnal. Aunque depende económica y sexualmente de su esposo, posee un carácter fuerte para la toma de decisiones. Si bien es abnegada y resignada, actúa efusivamente y trata de evitar confrontaciones entre Blanche y Stanley. Sin embargo, se torna dramática a medida que aumenta la rabia de él y llega a desesperarse hasta el punto de gritar, pero nunca pierde la compostura. Su debilidad de carácter hace que termine siendo dominada por su esposo hasta el desenlace del film, cuando lo abandona. A medida que avanza el conflicto sus reacciones denotan seriedad y silencio. Si bien éstas no apelan al sufrimiento y a la desesperación, como en el caso de Stanley y Blanche, muestran cansancio. El personaje de Hunter se encuentra caracterizado por un acento sureño informal, y por expresiones faciales tensionadas en ocasiones debido a su indecisión.

Por último, el personaje de Blanche Dubois resulta ser la revelación. A lo largo del film mantiene una consistencia de gran magnitud con su modo de hablar. Logra sincronizar armoniosamente la caracterización y movilidad delicada y refinada de Blanche, con la dificultad de lograr el acento sureño generando un verosímil sólido que logra diferenciar su contexto cultural del espacio en el que se desarrolla la historia, a la vez que representa con gracia el humor de Williams con el juego de palabras donde está presente la ironía como elemento retórico.

Leigh muestra ciertos rasgos dicotómicos en el personaje de Blanche, que oscila entre el encanto y la desesperación desde el inicio del film, cuando arriba a New Orleáns. A través de su conflicto interno y externo, el personaje va evolucionando conjuntamente con la trama, mientras se develan los oscuros secretos de su pasado en Belle Rêve.

Con el fin de mostrar la caída de su personaje, Leigh realza cierta tensión en los cambios temperamentales, que propician que el espectador se torne conciente del desequilibrio mental que aqueja a Blanche.

Paradójicamente, Leigh resalta el glamour de la diva de principios del siglo XX en un personaje que contradice todas las características de dicho perfil de carácter icónico e irreprochable. Su encarnación de Blanche se extiende hacia el género lírico, encaminándose en ocasiones hacia el melodrama, a la vez que revela el origen teatral de la trama. Blanche es una víctima; no obstante, no resulta inocente. A pesar de ser pretenciosa, y mentirosa, crea un fuerte vínculo con el espectador. La pérdida de su belleza, su vulnerabilidad y debilidad, logran ocasionar una respuesta de lástima y comprensión, hecho que Leigh enfatiza al hablar del carácter efímero de la belleza pasajera, donde su único apoyo restante es el poder de la belleza en la mente. Es aquí donde alcanza el clímax de su personaje y pierde la cordura de manera definitiva, destacándose por sus movimientos corporales frenéticos y sus ojos desorbitados al pronunciar su discurso, antes de lanzar un alarido de ira y gran impacto, demostrando el sólido dominio de Leigh, quien le confiere espesor y matices a su rol.

La construcción de los personajes en Un tranvía llamado deseo posee los cimientos sólidos de la obra de Williams, que se ve complementada con la magia audiovisual que propone Kazan. 

En ella se da una estrecha interacción entre los personajes y el poder de la metáfora para plasmar los aspectos relevantes del comportamiento humano entre la realidad y la fantasía; como consecuencia se exponen la crudeza de un cambio de época y estilo de vida enfrentado a nivel mundial, por medio del realismo. Dicho realismo, se ve reforzado en la configuración de los personajes a partir de un sistema actoral exento de fusión, en el que los actores se encuentran en paralelo a sus personajes sin hacer referencia a un cliché propio como ocurre en el star-system; y a la vez se puede resaltar la metonimia en el sistema de representación de los mismos para complementar su caracterización de manera tácita.

El film resulta sumamente poético y conmovedor, debido al lenguaje oral (el trabajo de diálogos) y visual (la configuración de la puesta en escena) por parte del guionista y del realizador. Además posee un casting impecable y una sensualidad que es acentuada por la banda sonora (Jazz de Alex North), en una orquestación majestuosa donde se observa el predominio de cuerdas y vientos, ayudando a complementar el sentido de las temáticas planteadas y el desarrollo de los personajes (tanto sus comportamientos como sus sentimientos). Por estas razones, los elementos mencionados confluyen en una transposición sólida del lenguaje teatral hacia el lenguaje cinematográfico.

Bibliografía

- Bayardo Cuadra, Elia Kazan: una vida dedicada al teatro y al cine En La Prensa Literaria. Recuperado en 2007 de http://www-ni. laprensa.com.ni/archivo/2004/enero/10/literaria/kiobionice/

- Brook, P. (1996). The empty space, Nueva York: Touchstone.

- Kazan, E. El oficio del director. Extracine. Recuperado en 2007 de http://extracine.com/2007/08/15/el-oficio-del-director-por-eliakazan-23-extractos/


La consolidación de los personajes y la actuación en el film “Un tranvía llamado deseo” de Elia Kazan (1951) fue publicado de la página 43 a página45 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº14

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