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Nash: un sueño americano

Nochetti, Darío Ignacio

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº16

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº16

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación. Proyectos Ganadores.

Año IV, Vol. 16, Julio 2008, Buenos Aires, Argentina | 160 páginas

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Síntesis

Durante la década del sesenta, entre golpes militares y continuos cambios de gobierno, Alfredo Martínez, mi abuelo materno que hoy me cuenta esta historia a sus setenta y nueve años, vivió la rara experiencia de tener un automóvil. Y aquellos que han tenido su primer coche y hoy no está, saben que se trata de una experiencia extraña y novedosa.

En el año 1964, y por esas casualidades de la vida, mi abuelo se encontró frente a frente con un Nash Ambassador del año 1947, que compró en 47.500 pesos de la época, del peso moneda nacional. Lo tuvo durante cinco años, período en el que recorrió 30.000 kilómetros sobre este musculoso sedán americano, y nunca se arrepiente. Cada vez que nos recuerda esta historia, se refiere el Nash como un cochazo.

Lo encontró a través de un medicamento que tenía el taller cerca de su casa, quien prometió encontrarle uno como el que él tenía.

Mientras fue propietario del vehículo, conoció lugares nuevos junto a mi abuela, mi tía y mi madre, viajó a Ezeiza y a Moreno en varias ocasiones, sufrió un choque en donde nadie, por suerte, resultó herido (salvo el Nash), y lloró en silencio cuando se lo vendió a un camarada suyo que trabajaba para él. Tiempo después de venderlo, el nuevo propietario destruyó por completo el Nash en un accidente mucho peor, y mi abuelo nunca más supo del coche.

Aunque él no lo admita por ser un hombre sólido e impenetrable, reconozco en su mirada el vacío que dejó la ausencia del Nash a lo largo de los años.

Eso fue el Nash: un gran sueño, un sueño a la americana, un sueño que contamos juntos en este trabajo.

Conclusiones

Debo admitir que las palabras de mi abuelo son de tristeza, no sólo por la ausencia del Nash, sino tan bien por la cruda historia argentina de la década del sesenta. Todavía recuerda hoy la desesperación de aquella tarde de verano en que estuvo a punto de morir durante una balacera en la esquina de su casa.

Hoy todavía se ven vestigios de las balas en las paredes de la vieja fábrica papelera abandonada.

Mandar a las chicas al colegio era tarea de valiente, las llevaban hasta la puerta y las mandaban a buscar. Y ni hablar de la adolescencia de ambas, ya en la década del setenta, donde la violencia, los secuestros y la inseguridad reinaban a toda hora.

En cuanto al Nash ¿Qué más podría decir? Hubiese sido lindo conservarlo, o al menos haberlo conocido. Eran autos de verdad, como dice mi abuelo: estaban hechos para durar toda la vida. Hoy eso se ve desplazado por la cultura consumista de tener lo nuevo y descartar las cosas aunque tengan poco uso.

Y ni hablar de la teoría de que los artefactos modernos están pensados para tener una vida útil mucho inferior a la que se esperaba hace cuarenta o cincuenta años.

Esperemos que un día, de tanto soñar el pobre viejo, salga a la puerta a fumar un cigarrillo y se encuentre con el viejo Nash ahí parado, frente a la antigua fachada de la casa de mi abuela.

Y me imagino que diría: “¡Que autazo el Nash!”


Nash: un sueño americano fue publicado de la página 16 a página16 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº16

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