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Almorzando con historias

Micillo, Nicolás

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº16

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº16

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación. Proyectos Ganadores.

Año IV, Vol. 16, Julio 2008, Buenos Aires, Argentina | 160 páginas

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Síntesis

Zulema Guma, y de segundo nombre Edelmira, como dice ella, es mi querida abuela. Tiene 93 años y vive junto a mis padres y a mí desde el año 2000.

Creció en el barrio de Caballito junto a sus dos hermanos y sus padres. Vivían en una casa de la calle Valle, esas casas que hoy en día no podrían mantenerse debido a los impuestos: 2 pisos, sótano, ático y un jardín casi tan grande como la casa misma donde vivían todas sus mascotas, las cuales mas adelante en este trabajo, describiré en detalle.

Zulema asistió a un colegio de monjas de la zona hasta la temprana edad de 12 años cuando, por decisión del padre, fue sacada para dedicarse íntegramente a tareas de la casa. Su padre, don Luis, era un hombre chapado a la antigua que sostenía que las mujeres no tenían porque estudiar, ya que no era su deber trabajar, sólo debían que ocuparse de la casa y de sus hijos. De esta manera, mi abuela fue adquiriendo las habilidades de ama de casa de pequeña, aprendió a cocinar, planchar, lavar, etcétera.

Con el paso del tiempo, mi abuela fue creciendo y decidió formar su propia familia a los 21 años. Se casó con Gastón Castagnino, el único abuelo que no llegué a conocer lamentablemente. Juntos criaron a 4 hermosos hijos: Marta, Gastón, Maria Celeste y Maria Rosa, estas dos últimas, gemelas idénticas. Gracias a las habilidades aprendidas de chiquita, mi abuela se las arregló para criar a sus cuatro hijos mientras su marido trabajaba arduamente para cubrir los gastos familiares. Fue asombroso cómo mi abuela pudo lograrlo prácticamente ella sola, sin la ayuda de un ama de llaves o de algún otro miembro de la familia.

Tras el lamentable fallecimiento de mi abuelo en 1948, mi abuela se quedó sola. Sin embargo, pudo continuar criando a sus hijos hasta que estos pudieron independizarse e irse a vivir solos o con sus parejas. Fueron años tristes para mi abuela, llenos de soledad y de recuerdos, a pesar de que tenía a sus hijos que la cuidaban y la visitaban diariamente. Pero, pronto vinieron los nietos y eso le devolvió mucha alegría a mi abuela. Pudo volver a ejercer nuevamente el trabajo que ella mejor hacía, ahora con los hijos de sus hijos.

Conclusiones

Este trabajo no sólo fue divertido de hacer, sino que también fue muy gratificante a nivel sentimental. Sinceramente, yo no estoy tan unido con mi abuela como lo están mis otros primos. Yo fui el último de sus nietos en nacer y no tuve la oportunidad de compartir tantas cosas con ella como los hicieron mis primos. Cuando la conocí, ya era mayor.
Sin embargo, logré conectarme mucho más cuando vino a vivir con mis padres y conmigo, pero al principio, no me sentía tan identificado con ella. Fueron los años y las historias las que me ayudaron a conocer un poco más en detalle a mi querida abuela. A pesar de que ya las conozco casi todas de memoria y muchas veces no estoy de humor para escucharlas nuevamente, aprendí a valorar lo que son los recuerdos para una persona mayor.

Muchas veces oigo a mi abuela protestar porque ya no puede hacer las cosas que hacía antes, está limitada a ciertas actividades por una cuestión de edad. Pienso que es por estos motivos que a veces también la escucho criticar a las amas de casa de hoy en día y a las empleadas también. Últimamente, veía a mi abuela desganada y susceptible a cualquier cosa que uno le dijera. Se enoja cuando uno le dice que ya escuchó esa historia o que las cosas ya no son como eran en su época.
Este trabajo me dio la posibilidad de recorrer nuevamente, y ahora mucho más en detalle, la vida de mi querida abuela. Juntos, repasamos las historias que ella más recuerda y buscamos algunas fotos en su caja de recuerdos. Hace tiempo que no veía a mi abuela tan entusiasmada y feliz por algo. Se mostró muy predispuesta a contarme cada una de las historias que conformaron su vida.

El solo hecho de ver a mi abuela tan contenta y riéndose de cómo había salido en las fotos, me llenó el alma de felicidad e hizo que valiera la pena preparar este trabajo. En mi opinión, mi abuela cuenta todas estas historias porque prefiere recordar los tiempos en que era feliz con sus familia y no verse como vive en la actualidad. Ahora, cada vez que escucho el principio de una nueva vieja historia, la miro a mi abuela, la escucho con atención y a pesar de que voy adelantándome a la historia en mi mente, se que el sólo contarla, a mi abuela le da aunque sea un momento de felicidad, y eso es lo que importa en esta etapa de su vida: que sea feliz.


Almorzando con historias fue publicado de la página 89 a página90 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº16

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