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Roberto Aizenberg

Medina, Vanesa

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº17

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº17

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen Edicion III.

Año V, Vol. 17, Agosto 2008, Buenos Aires, Argentina | 111 páginas

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Roberto Aizenberg nace en La Federal, provincia de Entre Ríos, en 1928. Una vez instalado en Buenos Aires, cursa sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires para luego ingresar a la Facultad de Arquitectura donde su hermano Leonardo ya estaba cursando la carrera. A través de trabajos de la facultad conoce las obras de Antonio Berni y asiste a su taller durante dos meses. Luego, en la Galería Peuser, descubre alguna de las obras de Juan Batlle Planas con quien se encuentra identificado. Y por contacto de su tío Isaac, dibujante y poeta, facilita el encuentro y comienza a trabajar con Batlle.

En 1950 decide abandonar la carrera de arquitectura para dedicarse por completo a la pintura. Toma clases regulares con Batlle Planas hasta el año 1953. Adquiere conocimientos del surrealismo y lo adopta como filosofía. Así se convierte en uno de los representantes más importantes del surrealismo en la Argentina.

En 1958 realiza su primera muestra individual en la Galería Galatea de Buenos Aires, donde sus trabajos ya presentaban una tendencia metafísica a través de paisajes y construcciones irreales que generan un clima de enigmática extrañeza.

En 1969, a los 40 años, inaugura Aizenberg: Obras (1947-68), retrospectiva en la que exhibe en el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella casi la totalidad de sus obras: óleos, dibujos, collages y esculturas. Tuvo gran repercusión en los medios y éstos coincidieron en el carácter consagratorio de la muestra.

En 1976 es secuestrado el hijo menor de su esposa Matilde y deciden irse a París. En enero 1977 vuelve a la Argentina por corto tiempo y en mayo desaparecen sus otros dos hijos con sus respectivas parejas. En 1981 se trasladan a Italia donde comienza una serie con personajes y pájaros con formás ovaladas y facetadas con bandas de diferentes valores de luz; retoma así sus óleos iniciales de los años 50.

En 1984 regresan al país luego de 8 años de exilio. Presenta una obra inédita en la Galería Manufacta en la que exhibe dibujos realizados entre 1980 y 1983. Y dedica esta muestra a los jóvenes del país. En 1985 se desempeña como profesor de pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón durante dos años.

En 1990 fallece su esposa Matilde Herrera. Desde entonces se multiplican sus pinturas y dibujos con figuras fantasmales y descarnadas ubicadas en espacios vacíos y con claras reminiscencias del Picasso de los años ´30. En 1992 presenta una muestra homenaje a Matilde. En esta serie de óleos, una pareja protagoniza la mayor parte de las obras. La paleta empleada es reducida, casi monocromática, y las citas picasianas son evidentes. Se impone la tensión metafísica y el silencio. Un estado depresivo lo lleva a la muerte en 1996.

Metafísico - surrealista

Como pintor y dibujante, Aizenberg planteó lo que algunos llaman arte geométrico y, otros, geometría metafísica. El propio artista hizo caso omiso de estas definiciones, aunque, en vías de situarse en alguna parte, se autorrotuló metafísico por el hecho de dotar a sus obras de un clima enigmático. Pero por otro lado se consideraba a sí mismo como surrealista porque iniciaba su obra sin preconceptos, dejando fluir ante la tela, desde su interior inconsciente, los contenidos plásticos que le surgían mecánicamente según se le fueran presentando.

Aizenberg creó un universo de formás geometrizadas y series fragmentadas que, aunque su obra no se caracterizó por los grandes formatos, con un tratamiento minucioso y una composición equilibrada, logró imponer un clima de respetuosa monumentalidad.

La idea de lo constructivo aparece siempre en Aizenberg, tanto en sus pinturas como en sus dibujos y esculturas, en una multiplicidad de figuras. Torres aisladas, ciudades vacías, edificios misteriosos y deshabitados, raras construcciones poliédricas, rostros que aparecen a lo largo de su evolución creadora.

La pintura metafísica u onírica surge en Italia de la mano de Giorgio de Chirico hacia 1911 y se extiende por toda Europa occidental. Reacción contra la pintura futurista, en cuanto persigue la calma y lo estático. Sus recursos espaciales y ambientes oníricos fueron continuados posteriormente por un amplio sector de pintores del surrealismo.

El efecto de la pintura metafísica se consiguió mediante el empleo de elementos iconográficos extraños; por ejemplo, grandes espacios vacíos, aislamiento de objetos y figuras, perspectivas exageradas de arcadas y arquitecturas de estilo clásico, sombras fuertes y alargadas, figuras humanas con aspecto de maniquíes o estatuas, y principalmente mediante la yuxtaposición incongruente de objetos reales. Sin embargo, la cualidad irreal de las imágenes creadas por los pintores metafísicos es completamente diferente de la de los pintores surrealistas debido al predominio de la estética del arte clásico y renacentista italiano, que confiere a las obras metafísicas una gran sensación de reposo o tranquilidad.

La pintura metafísica es la representación estudiada del mundo onírico, lo que la hace precursora del surrealismo, y su carácter estático la enfrenta con el futurismo. Sus obras se caracterizan por la geometría arquitectónica, los volúmenes sencillos, una cierta ingenuidad y los climás oníricos que apelan a las grandes preguntas de la humanidad. Estos trabajos insinúan una soledad potenciada con las figuras de maniquíes y estatuas.

Surgió del deseo de explorar la vida interior imaginada de objetos cotidianos cuando se los representó fuera de los contextos habituales que sirven para explicarlos: su solidez, su separación en el espacio que se les da. El movimiento, como tal, puede considerarse disuelto hacia 1920.

Por su parte, el surrealismo aparece durante los años veinte impulsado por el furor de la primera guerra mundial y las teorías freudianas sobre los sueños y el subconsciente. Sus propulsores luchaban por escapar del control de la razón y celebrar ese estado de gracia característico de la niñez. También intentaron restablecer la superstición y la magia, especialmente en términos herméticos. En sus comienzos, se trató principalmente de un fenómeno europeo impulsado por las ideas de André Breton, Pablo Picasso, Giorgio de Chirico y Salvador Dalí, así como de Paul Eluard, Joan Miró, Rene Magritte y Luis Buñuel, pero con la segunda guerra mundial el movimiento se extendió a México, los Estados Unidos y los países del Cono Sur. Entre los chilenos, el máximo exponente fue Roberto Matta.

La obra y métodos de trabajo

En las pinturas de Aizenberg, las formás tienen una fuerte presencia pese a lo ambiguo de la perspectiva del espacio.

Algunas parecen completamente abstractas; otras tienen una clara relación con formás conocidas: figuras, torres. El placer que estas pinturas provocan está relacionado en parte con la dialéctica visual entre forma pura y el objeto. Aizenberg contrapone simetrías y asimetrías, lo plano y lo tridimensional, imagen y forma.

Cada uno de sus cuadros, sin excepción, está ejecutado en dos momentos o fases: uno donde predomina el azar, y otro donde el azar es excluido. La primera fase es la del automatismo, recurso típicamente surrealista, en la que el artista deja que su mano se mueva con total libertad sobre el papel. El resultado del automatismo es una enorme cantidad de imágenes, un sinnúmero de bocetos de los cuales es necesario elegir algunos y desechar el resto. Los bocetos seleccionados pasaban, entonces, a una nueva etapa. Cada boceto era trasladado a la tela, en los últimos años, gracias a un proyector, copiado y, por último, pintado.

Sobre su método de trabajo, dijo: “Hay en mi obra una primera etapa de aportación, de material en bruto, que es totalmente automática, sin ninguna preocupación estética o moral. Después una segunda de reconocimiento de ese material de elaboración desde el punto de vista de la imagen. En esta segunda etapa funcionan de una manera mucho más coherente todos los sistemás: el racional y el irracional, la inteligencia y el gusto, la experiencia y el conocimiento”. 1 No siempre tuvo ante un trabajo la idea definida de lo que iba a hacer al comenzar un óleo o un dibujo, aunque internamente haya una claridad enorme de la imagen. Con el transcurso del trabajo, la imagen se va modificando; en realidad, es una búsqueda constante de coincidencias entre lo que “ve” interiormente y lo que va apareciendo en la tela o el papel.

Aizenberg recurría a óleos al aceite de lentísimo secado. Pintaba capas, unas sobre otras, como un Van Eyck moderno, y debía aguardar a que cada capa se secase para poder superponer una nueva. A veces trabajaba en varias pinturas a la vez y en otras se trataba de una prolongada espera con la consiguiente carga de angustia. Por este motivo, cada año Aizenberg terminaba apenas unas pocas obras.

Cuando la idea y la imagen se corresponden exactamente y no existe el mínimo desnivel entre el adentro y el afuera, el trabajo está concluido. Aizenberg confiesa haber utilizado siempre el automatismo, pero a esta práctica le sigue un trabajo incansable de bocetos, pequeños dibujos de blocks que reiteran una y otra vez la búsqueda formal antes de su traslado al lenguaje definitivo.

Sus dibujos de principios de los años cincuenta, incluyendo un cuaderno de bocetos de alrededor de 1954, eran, dijo, “automáticos”.

A diferencia de la mayoría de los dibujos automáticos de los surrealistas, que tienden a recrear su propia espontaneidad, los de Aizenberg son inusualmente geométricos, ordenados y abstractos. Fue precisamente de estos dibujos de donde surgieron sus experimentos con el cubismo analítico.

El automatismo, para él, era un modo de “evadir las interferencias del entorno cotidiano”. Aizenberg compartía con los primeros surrealistas, como Breton y Másson, la idea de la “abstracción” de lo que nos rodea. Pero de los cubistas, hay dos más que comparten su sensibilidad: Juan Gris y el argentino Pettoruti.

Temás y estilo

Roberto aceptaba que el espectador de sus obras las interpretase por sí mismo; a él no le importaba cómo era leída una imagen.

Sus cuadros alcanzaron un notorio grado de abstracción, de orden y de armonía. Objetos, personajes y arquitecturas muestran siempre una extraña inmovilidad que remite a un desconocido tiempo detenido. Parece la quietud que precede a la revelación, a la aparición inesperada.

Después surgieron en su iconografía los edificios con ventanales vacíos, idénticos, y las altísimás torres, siempre inmersos en una peculiar atmósfera, silenciosa y conmovedora. Entre las pinturas de Aizenberg también hay paisajes, en los que se adivinan ciudades imaginarias con cárceles, fortalezas y viviendas. En las terrazas de los edificios pueden encontrarse desconocidos personajes: un hombre, un niño o un viejo con un chico.

Los personajes, los edificios y los objetos están iluminados con una luz crepuscular, como si los prodigios sólo acontecieran al atardecer, un momento en el que se percibe una notable transparencia en la atmósfera. El espacio ilusorio, obtenido con el plano de la tierra, los horizontes y los cielos pintados con gradaciones de oscuro a claro, facilitan ese clima singular de irrealidad.

Los dibujos de figuras humanas, diseñadas sólo con las ropas vacías agitadas por el viento, participan del extrañamiento de los personajes que habitan en los óleos. Los cuadros abstractos de la década del sesenta, una suerte de geometría mágica con formás únicas que se repiten de infinitas maneras, poseen un poético encanto en parte otorgado por el color, aplicado sutilmente con transparencias.

Las formás segmentadas que parecen abanicos tienen indudables similitudes con las formás en los trabajos de Juan Gris, pero Aizenberg lleva la pregunta sobre la incertidumbre de la imagen pintada mucho más lejos.

Solitarias torres geométricas de ocres tonalidades se alzan contra un etéreo paisaje bicolor, graciosas figuras sin cabeza, extrañamente ataviadas, se yerguen formales contra la nada.

La luz y el espacio crean un abrumador entorno de soledad, de exilio.

Su inseguridad lo obligaba a vigilarse y estar atento a todo. Si observamos su autorretrato expresionista, vemos que se describe como era: su ojo derecho, más chico, escruta su mundo interior, mientras el otro, más grande, atónito, contempla el mundo exterior.

A Dios lo representó en uno de sus cuadros como una figura romboidal, polifacética, en verdes y dorados que ocupa casi todo el cuadro. Es una presencia que llena el vacío provocado por un horizonte muy bajo y un gran cielo también verdoso. La figura flota rozando la llanura sin tocarla. Lo llamó Pintura.

A mediados de los ’50, comienza a realizar una serie de dibujos dedicada a personajes circenses y bañistas. En estos últimos, los trajes de baño a rayas y la estilización de las figuras recuerdan la obra de Henri Rousseau Los jugadores de pelota, de 1908.

El cuadro Ciudad (1962) es Jerusalén; la aridez de la tierra y la luminosidad de la piedra lo denuncia. Aizenberg pinta con frecuencia el desierto. En algunos cuadros aparecen, sobre el desierto, pirámides que evocan la esclavitud en Egipto. Otras veces, lo desértico es el fondo insistentemente usado, y con el cielo crea un vacío en donde edificios y torres insertan presencias en la soledad muda y misteriosa del triste cautiverio.

Cuando murió Battle Planas, y más tarde al desaparecer sus hijos y Matilde, surgió en Aizenberg el recuerdo del Kadish de duelo. Aizemberg inicia entonces una pintura nueva, la del movimiento, la de los arlequines, esas figuras abstractas en actitud de cuerpos que danzan, formás de color pleno, casi ajenas al período anterior. Su pintura vibra, canta, tributa homenaje, tiene ritmo; así contrasta su modalidad previa, despojada y austera. Y aunque en ella aparecen a veces el dolor y el grito -Homenaje a Matilde-, prevalece el movimiento, la danza o el baile, el ritmo de la vida.

En Homenaje a Matilde, óleo realizado en 1991 en homenaje a su esposa fallecida en 1990, a la gran precisión geométrica de líneas curvas y rectas que lo caracterizan, se suma un cambio en el espacio (el luminoso horizonte desaparece), y una paleta comprensiblemente más oscura.

En sus collages, lo humano es representado más amablemente con vestimentas que recuerdan el siglo del Iluminismo, tan admirable por su hálito redentor del hombre. Por el contrario, en sus esculturas renuentemente antropomorfas presenta imágenes hieráticas. La sensibilidad está dada en las piernas calzadas, o nos llega a través del mármol, del metal u otros elementos, con ritmos sensuales pero siempre púdicos. Las vibraciones de los materiales que usa, el aire que crea alrededor de ellos, y la luz que los ilumina y baña, proyectan sombras; planteos tan infinitos como refinados.

Notas

1 Di Sevo, Omar. El caso Roberto Aizenberg. Recuperado en http://www.enplenitud.com/nota.asp?articuloid=2018

Bibliografía

- Aizenberg. Centro Cultural Recoleta. Artes gráficas Ronor

- Arte Argentina Contemporánea. Museo Arte Moderno de Brasil (julho 1961). Embaixada da Republica Argentina No Brasil.

- Arte Argentino Contemporáneo. España: Editorial Ameris S.A. Edición especial (p.165 -166).

- Pellegrini A. (1967). Surrealismo en la Argentina. Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella. (p.15, p23, p36).

- Rheinisches Landesmuseum Bonn (1985). Argentinische Kunst der Gegenwart.

Recursos Electrónicos 

http://enciclopedia.us.es/index.php/Pintura_metaf%C3%ADsica - http://es.wikipedia.org/wiki/Pintura_metaf%C3%ADsica - http://www.americas.oas.org/dec05_art28.htm - http://www.americas.oas.org/dec05_art28spa.htm - http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/estilos/72.htm - http://www.arteuniversal.com/estilos+ismos+movimientos/siglo+XX/vanguardias+historicas/metafisica.php - http://www.clarin.com/diario/1999/06/12/e-06801d.htm - http://www.coppaoliverarte.com.ar/artistas/robertoAizemberg-e.htm - http://www.enplenitud.com/nota.asp?articuloid=2018 - http://www.enriquezurdo.es/estilos_artisticos/pintura_metafisica.php - http://www.fundacionkonex.com.ar/premios/curriculum.asp?ID=505 - http://www.gente.com.ar/notaGuia.php?ID=1526 - http://www.lanacion.com.ar/archivo/nota.asp?nota_id=539294&origen=acumulado&acumulado_id= - http://www.lanacion.com.ar/archivo/Nota.asp?nota_id=580822 - http://www.macromuseo.org.ar/coleccion/artista/a/aizenberg_roberto.html - http://www.parquedelamemoria.org.ar/parque/nominados/robertaiz.htm - http://www.partesdelacultura.com.ar/batlleplanasaizenberg.htm - http://www.revistacriterio.com.ar/art_cuerpo.php?numero_id=33&articulo_id=673 - www.elmundo.es/elmundosalud/2005/06/02/dolor/1117727201.html- 40k -


Roberto Aizenberg fue publicado de la página 77 a página79 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº17

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