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Ciudadano del universo: vida y obra de Xul Solar

De Rosa, Fabrina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº17

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº17

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen Edicion III.

Año V, Vol. 17, Agosto 2008, Buenos Aires, Argentina | 111 páginas

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Infancia y curiosidades

Oscar Alejandro Agustín Schulz Solari, de nombre artístico Xul Solar, nació el 14 de diciembre de 1887 en San Fernando, provincia de Buenos Aires. Su padre fue Emilio Schulz Riga, nacido en Riga, actual capital de Letonia y entonces Provincia de Livonia bajo el poder del zarato de Rusia, y su madre Agustina Solari, nacida en la ciudad de Zoagli, en la provincia italiana de Génova.

Desde chico tuvo la costumbre de recortar diarios y revistas, que almacenaba en carpetas, de las que hoy se conservan en el Museo que lleva su nombre, treinta y seis, con recortes de diarios y revistas confeccionadas entre 1939 y 1953. Éstas están ordenadas por temás y dan idea del abanico de asuntos que le interesaban. Abarcan temás sobre arte, ciudades, política nacional e internacional, medicina, alimentación y ciencia.

La documentación que guardan no es de carácter riguroso, ya que casi no menciona ni fuentes ni fechas, como suele hacer un investigador o un escritor, sino que más bien servía de fuente de inspiración para el futuro y joven artista.

Abundan las reproducciones de cuadros de los más variados estilos y autores provenientes de suplementos en rotograbado de La Prensa, o de revistas populares como El Hogar; también de publicaciones en inglés, alemán y portugués. Xul era un lector insaciable de todo tipo de prensa, pero además de su capacidad lectora, ya ampliamente demostrada en su excelente biblioteca, las “figuritas” de Xul muestran su interés por la divulgación científica: hay material sobre inventos, descubrimientos y curiosidades.

Las reproducciones incluyen desde frescos del Cuatrocientos a cuadros de David Alfaro Siqueiros o Salvador Dalí, desde Henri Matisse a ignotos ilustradores. Siempre encuentran las tijeras de Xul un incentivo, que también puede ser la reconstrucción de algún episodio o época histórica. Los álbumes de Xul son un homenaje a la prensa del siglo XX como forma democrática de cultura.

No desdeñaba Xul curiosidades como las notas sobre urbanismo o la divulgación médica; en esas recopilaciones no faltan las recetas de cocina o el deporte, la cosmetología, la cosmografía, la química, la agricultura, la vida de los insectos o de los peces.

Lo bélico, los aparatos e ingenios guerreros ocupan un lugar importante en sus carpetas, quizá porque durante los años en que comenzó a armarlas el mundo estaba en guerra. Alternan en los álbumes prosa y diseño, pero hay algunos artículos de escritores que también se encontraban, en el formato del libro, en su biblioteca; entre ellos Ramón Gómez de la Serna, Roger Caillois, G. F. Chesterton y José María Arguedas.

Su educación transitó por un colegio francés y luego por uno inglés. Hizo el secundario, en primera instancia, en el Colegio Nacional, y después lo continuó en uno privado. Por más de un año estudió arquitectura en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, carrera que abandonó para practicar piano, violín y trabajar por un escaso período en la Penitenciaria Nacional, donde era empleado su padre, y en la Municipalidad de Buenos Aires.

Un nuevo comienzo: sus viajes por Europa

Durante esta etapa, el joven se encuentra desilusionado y asfixiado por su entorno, aunque a su vez iluminado por un anhelo, producto de su fructífero y tan criticado por ese entonces imaginario de conocer el mundo en busca de nuevos horizontes.

Es por esto que a sus veinticuatro años, el 5 de abril de 1912, se embarca en el Englan Carrier con destino, inicialmente, a Hong Kong, aunque finalmente termina desembarcando en Londres.

Es así como permanecerá doce años en Europa.

En 1913 viaja por primera vez a París y al año siguiente permanece allí varios meses. Establece amistad con Modigliani, conoce a Picasso y frecuenta los cafés de Montparnasse donde comienzan a verlo como pintor y astrólogo.

Es también en este año cuando comienza a realizar sus primeras pinturas en acuarela y témpera en tamaños reducidos. En esta instancia aborda como temática paisajes sintetizados que recuerdan en algún aspecto a Kandinsky. Esto no es casual ya que un año antes había llegado a sus manos, en una de sus recorridas por Turín, el almanaque Der Blaue Reiter en el que, entre artistas como Picasso, Gauguin y Matisse, aparecía en la tapa una acuarela de Kandinsky. En este libro, el artista hacía una afirmación que Xul compartiría a lo largo de su obra, y era la creencia en el “giro espiritual” del arte y su proyección hacia el futuro. Ambos se oponían al arte que no se proyectaba proféticamente al futuro, al arte por el arte y a las formás de creación individuales y egoístas. Creían que el arte derivaba de una necesidad interior que no debía reproducir lo visible, sino hacerlo visible.

En su pequeña acuarela Entierro, de 1914, Xul expone indicios sobre la compleja estructura de su pensamiento en esa época, así como también estéticas del expresionismo alemán, del simbolismo y del art nouveau.

En el transcurso de estos años y posteriormente a los mismos, Solar lleva sus imágenes subconscientes a un plano simbólico a través de una pintura plana donde utiliza el color con sentido expresionista, por lo que en esta época es rotulado como “expresionista simbólico”. Xul utilizará en su obra una simbología esotérica, de múltiples y diversos orígenes y al servicio de sus vivencias y de su espiritualidad incomprendida.

Nace el genio

En lo que fue un decisivo año de 1916, conoce en Florencia al pintor argentino Emilio Pettoruti, quien lo encaminará definitivamente a la pintura como actividad central en su vida, adoptando así el nombre artístico Xul Solar, en el cual unifica el apellido paterno, transformándolo en anagrama del vocablo latino lux (luz), y el apellido materno, al cual relaciona con el suelo y el sol.

Su primera exposición tiene lugar en la Galería de Arte de Milán junto al escultor italiano Arturo Martín, en la cual presenta sesenta obras compuestas por cuarenta y seis acuarelas, veinte óleos y cuatro témperas, con una temática utópica enriquecida con fachadas arquitectónicas.

Antes de regresar a Argentina expone, a comienzos de 1924, en el Musée Galliera de París, en una muestra donde participan artistas de América Latina, entre ellos Emilio Pettoruti.

El 23 de julio de 1924 llega a Buenos Aires, posteriormente seguido por Pettoruti, con una calurosa bienvenida por parte de los “martinfierristas”, quienes editarán ese año la revista Martín Fierro en la que ambos artistas colaborarán.

En 1925 expone en el Salón de los Independientes, considerado como la versión oficial del arte de ese entonces y opositor del Salón Nacional. Al año siguiente participa en la exposición de Pintores Modernos, en Amigos del Arte, junto a Norah Borges y Emilio Pettoruti.

Su búsqueda espiritual y su estilo particular

En esta época, la pintura de Xul adopta símbolos tales como letras, señales, banderas, símbolos religiosos y míticos, la cruz, la estrella de David, flechas, números, signos del tarot, referencias a la alquimia y a religiones orientales como la serpiente, el dragón y el pájaro. Todos éstos a través de formás esquemáticas, planas y geométricas que van desde figuras a planos de colores.

Xul despliega su imaginario fantasioso, que por momentos puede sintetizarse en ideogramás, donde se percibe un sutil humor que pasa por una mística concepción de la vida y un sentido del bien y del mal que se traduce en sus visiones debido a que para él la pintura, además de ser un medio para hacer visible lo invisible, permite expresar la moralidad que se relaciona con valores y creencias.

Una de sus búsquedas más importantes se relaciona con su espiritualidad, que traducirá visualmente por medio de elementos sígnicos y simbólicos que responden a diversas iconografías.

A pesar de los tamaños reducidos en los que trabaja el artista, sus obras tienen gran impacto visual debido a su gran comunicatividad y a que nada en ellas es gratuito, todas responden a su búsqueda espiritual y a su visión mística interior. Es por el hecho de representar sus visiones que él se definía como pintor realista; lo cual es coherente ya que nadie podría objetarle que ellas no existieran en su cerebro.

En este período utiliza planos yuxtapuestos planteados geométricamente manteniendo la estructura planimétrica con las que realiza sus arquitecturas utópicas. Con esta premisa logra llevar a cabo sus obras más significativas: Las cuatro (1922), Dos casas (1922), Tú y yo (1923), Jefa (1923), Dos parejas (1924), Doce escaleras (1925), Pagoda (1925), Bau (1926), Jol (1926), Puerto Azul (1927) y Drago (1927).

Cuando en 1930 la Argentina atraviesa por cambios políticos y crisis económica, Xul Solar crea “países imaginarios” que pueden apreciarse en País (1932), Palacio Almi (1932) y en Palacio Bria (1932).

A su vez, tal como salen de su imaginación fantasiosos países, también afloran fantásticos paisajes con perspectivas laberínticas y abismales, en sentido ascendente cual escalera y planos que van hacia un más allá, tal como se evidencia en Paisaje (1932), Paisaje (1933) y Paisaje celestial (1933).

Entre 1934 y 1942 se vuelca a la investigación de la comunicación visual y sus lenguajes y a sus estudios astrológicos, sin descuidar sus obras pictóricas, a las cuales suma Vuel Villa (1936), donde aparece una ciudad flotante entre las nubes, o también Rocas Lagui (1933), Puerta del Este (1935), San Monte lejos (1938) y Ciudá Lagui (1939).

En esta época toma fuerza la aseveración de Kandinsky, “El arte personifica lo espiritual maduro para la revelación”, en la búsqueda espiritual de Xul Solar. También influenciado por la teoría optimista de Blawatzky, “en el siglo XXI la tierra será un paraíso en comparación con lo que es hoy”, donde se concretaría la reunión fraternal entre los hombres, y por Steiner, que creía en un orden creciente espiritual. Xul pensaba que además del cuerpo físico estaba el etéreo y el astral, contribuyendo al desarrollo del yo que así reencarnaría; por lo tanto creía en la inmortalidad. Asimismo, transitó por la línea de Swedenborg y la creencia en el destino ultraterreno del hombre a partir de los atributos del amor y la voluntad, para lo que debió entrar en el campo religioso para responder a sus visiones divinas.

Swedenborg reconoció que se podía transitar concientemente por el mundo espiritual como se lo hace en el natural. Considerando todo esto, Borges diría que Xul “también anduvo por el otro mundo, y todo esto lo ha registrado”, aunque al momento de compararlo dijo que habría que pensar en William Blake, ya que los dos fueron pintores místicos y ambos salieron de experiencias íntimás. El universo de Xul se construía a partir de la observación de sus visiones interiores, en vez de la naturaleza, en base a las cuales elaboraba una compleja mitología personal habitada por propios personajes simbólicos como dioses, santos, ángeles, guardianes y figuras en estado de levitación, entre otros.

Solar creía que era un error el hecho de que la gente creyera en un solo Dios; para él era conveniente la existencia de muchos que correspondieran a los planetas, a los días de la semana, y afirmaba que todas las religiones eran facetas de una misma verdad a la que les daban formás propias. Para él, todas las religiones eran similares y de una sola fuente, todas eran una.

Es por esto que Xul podía mezclarlas en sus obras a través de sus distintos símbolos, como lo hacía al alternar la cruz cristiana con la estrella de David, la cruz gamada con los mandalas, los símbolos de la alquimia, los arcanos del Tarot o los signos de la Cábala.

A la hora de elegir una religión, se guiaba por el horóscopo porque, al igual que la carta astral, ayudaba a conocer a las personas y a estimarlas, y es por esto que Solar acostumbraba preguntar a la gente su hora de nacimiento.

La astrología le revelará la armonía universal y es por eso que en sus pinturas se hará presente el número 12, que representa las figuras del Zodíaco. El hecho de que Xul Solar se autodefiniera como un “catrólico” puede analizarse siguiendo este concepto, ca de cabalista, tro de astrológico, li de liberal y co de coísta o cooperador.

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, entra en una etapa carente de color producto del estado anímico de ese entonces.

Asimismo el cambio de la acuarela por la témpera habla de un período desesperanzado del pintor. Evidencia de dichos hechos son: Fiordo (1943), Valle hondo (1944), Muros y escaleras (1944), Ciudá y abismos (1946) y Casi plantas (1946).

A partir de 1948 reincide en sus paisajes místicos manteniendo el concepto de los anteriormente realizados. Entre ellos encontramos: Trogloditas (1948), Zigzag con kioskos (1948), Sierras (1949), Montes de nueve torres (1949). En 1949 pinta la serie de “plurentes”, personajes de rostros que se multiplican y superponen, que aparecen en Cuatro plurentes (1949), y a su vez incide en un esfuerzo por hacer congeniar las armonías cromáticas con las musicales en Impromptu con Chopin (1949), Cinco melodías (1949) y Coral Bach (1950).

En 1950, Xul se centra en los mundos herméticos y su representación visual; la cábala, las religiones antiguas y sobre todo la astrología son plasmadas en Zodíaco (1953), Signos zodiacales impares (1953), Signos zodiacales pares (1953), Pan-tree (1954), Pan Árbol (1954), Gestación de Jesús (1954) e incluye entre estas producciones una realización muy imaginativa de las doce cartas del Tarot.

En esta época realiza pinturas que resultarían en fachadas multicolores y utópicas de casas en el Delta, Proyecto fachada Delta, donde pasaba buen rato desde que había comprado una casa sobre el río Luján con su mujer Micaela Cadenas, con quien había contraído matrimonio en 1946, a sus cincuenta y nueve años.

A fines de los cincuenta establece una escritura visual a la que denominó “grafías plasta-útiles”, en las que residían mensajes en “neocriollo”, proyecto que había comenzado en 1939 y que retoma en 1958. El “lector” puede leer las frases de cada cuadro siguiendo un orden propio a cada uno, desentrañando el código de lectura para lo cual se cuenta con seis sistemás diferentes para descifrarlo.

A pesar de poder analizar las obras de Xul Solar cronológicamente, también se puede evitar seguir una línea temporal debido a que el artista solía retomar temás anteriores haciendo nuevos aportes a sus trabajos, por lo que es aconsejable apreciar sus proyectos en toda su integridad. Su obra rechaza cualquier posible rotulación, ya sea el simbolismo, el expresionismo, el realismo mágico, el dadaísmo y el surrealismo, como se lo ha intentado encasillar en innumerables ocasiones.

A pesar de su estética, ni siquiera la denominación de pintor surrealista se adapta a la obra de Xul, ya que el surrealismo significaba pesimismo en la línea, desconfianza en la literatura, en la libertad, entre las clases, entre los pueblos, entre el uno y el otro. Nada más alejado de Solar, a quien lo guiaba una férrea creencia en la unión entre los hombres, claramente evidenciado en el momento en que crea el “neocriollo” y la “panlengua”.

Xul, el inventor

Xul Solar fue un gran creador debido a que comprendía que los códigos y sistemás creados por el hombre para conocer la realidad y expresarla eran convencionales, y por lo tanto podían reinventarse constantemente. Ejemplo de esta pulsión interna fue la reinvención de religiones adaptables a cada persona según su signo astral; o en los años veinte, en medio del auge del criollismo entre sus colegas, entre ellos su amigo Borges, la creación de un lenguaje propio denominado “creol” o “neocriollo”, basado en palabras, sílabas y raíces del castellano y el portugués. La humilde ambición de esta nueva lengua era la de ser el idioma oficial de la hipotética “Confederación de los Estados Latinoamericanos del futuro”, para la que creó banderas con los colores del arco iris. Básicamente, una necesidad de unir los pueblos del Mercosur.

Tal vez la pasión lingüística de Xul Solar se debe a esa multilengua que lo acunó en la periferia de Buenos Aires, donde residía una colosal mezcla idiomática y cultural que la propia familia Schulz Solari llevaba en su seno. Xul se crió escuchando el alemán de Riga de su padre y el xeneixe toscano de su madre genovesa, pero también los mil idiomás que se mixturaban en su Tigre natal y en el Buenos Aires de comienzos del siglo XX.

Esta mezcla cultural que empapó a Xul se forjó en un Buenos Aires inmerso en una batahola de contaminación, de connubio lingüístico, donde se fusionaba lo monumental con lo vernáculo.

Los doce años en que deambularía por Europa serían años rodeados por guerras mundiales, plagas y revoluciones, los cuales, sin abdicar nunca de su acérrima autoformación, consolidarían a Xul en el plurilingüismo que llevaba en su sangre y sus oídos. Evidencia de esto son los mensajes que enviaba a su padre a lo largo de esos años, que significarían la semilla de sus experimentos lingüísticos.

Las invenciones de Xul le fueron imprescindibles para sobrevivir en un mundo cuyas fronteras cambiaban así como para conservar el lazo paterno, de quien dependía tanto económica como emocionalmente, más allá de las distancias geográficas.

Al transitar por múltiples lenguas, Xul pudo apreciar y confrontar sus bondades y defectos apelando a su raciocinio y paciencia en oposición a lo ilógico de los usos y las costumbres del propio idioma.

Para Xul el crear lenguajes era, además de un recurso de supervivencia, un recurso estético funcional para su producción pictórica, ya que ésta los necesitaba en pos de introducir misterio y un cierto atractivo a sus cuadros, por ejemplo a través de títulos o palabras dentro de la misma pintura en “neocriollo”.

Es por ello que resulta llamativo que a pesar de tratarse de uno de los artistas lúdicos por excelencia, la invención de lenguajes no era un mero juego para él sino un requerimiento imperativo para su obra.

La invención de un lenguaje es un recurso literario experimental que muchos escritores han emprendido en el siglo XX, aunque sus antecedentes remotos podrían encontrarse en la lengua que crea Rabelais en 1532 para su Gargantúa y Pantagruel. Osvaldo Svanascini ha descripto esta actividad como la búsqueda de “una poesía con palabras inventadas, compuestas, alteradas o asimiladas onomatopéyicamente hasta lograr un diferente lenguaje que tradujera en forma nueva distintas emociones a través de imágenes contrastantes y de sonidos dispares”.

En la Argentina lo hizo Oliverio Girondo y años después Julio Cortázar propuso su “gíglico”, que además usó como epígrafe de Rayuela (1963) un texto inventado de César Bruto.

En el “neocriollo” de Xul se mezclaban el castellano y el portugués junto con algunos detalles del inglés, idioma que atraía a Solar por su sencillez, y asimismo una pizca de guaraní, lengua que conoció y comenzó a estudiar en su edad madura.

El hecho de que este inventor creara una nueva lengua, a pesar de que existieran dos tan ricas en América latina como el castellano y el portugués, se debe a que pensaba que la comunicación entre los hombres siempre podía ser mejorada.

Otros motivos para crearla fue que, además de que el castellano poseyera palabras muy largas, en ese momento América estaba dando un gran ejemplo de convivencia y de mutuo respeto entre los países de origen latino, por lo que consideraba que esta nueva lengua compuesta de palabras, sílabas y raíces del castellano y el portugués, consolidaba enteramente este hecho.

La intención ideológica del “neocriollo” reivindicaba la autonomía creadora del continente, la revalorización de la cultura latinoamericana en la cual pone el acento en la incorporación del portugués, idioma hablado por millones de seres en una cultura tan cercana en ciertos aspectos y lejana en otros como la del Brasil, una cultura que hasta no hace mucho sólo recibía la indiferencia y desprecio de las elites intelectuales argentinas. El “neocriollo” estaba unido a sus esfuerzos en la creación de símbolos, como la bandera de la América latina, en la reivindicación de un arte nacional y en algunos gestos de intervención en la política de su época.

Otra de sus invenciones lingüísticas fue la lengua universal denominada “panlengua”, que carecía de gramática pero poseía una base numérica y astrológica que podía adaptarse a voluntad.

Las banderas

Abundan en su obra y tienen como significado ser emblemás de la paz y no portavoces coloreados de nacionalismos. Son símbolos de la alegría creadora, del entendimiento entre los hombres de todas las latitudes y de la libertad espiritual.

Xul pintó banderas argentinas desde 1920, sembró literalmente sus cuadros de banderas belgranianas, pero las hizo convivir con otras banderas de todo el mundo y sobre todo de América. Se basó en la ideología taoísta ya que en China los estandartes estaban ligados a lo espiritual y servían, más que para imponer a otros un poder, para proteger a quienes se acogían a su generosidad convirtiéndose en símbolos del genio y la virtud. El portador de una bandera, al levantarla por encima de su cabeza, dialoga con el cielo, une lo alto y lo bajo, lo terrenal y lo celestial, descifrando así los secretos divinos. A Xul le interesaban los astros y los instrumentos por medio de los cuales se alcanzaba esa dimensión, tales como los globos, los aviones, los cohetes espaciales, los satélites.

La obsesión que tenía por la unidad latinoamericana lo había llevado a crear una bandera para Latinoamérica, que estaba integrada por los colores del arco iris dispuestos en tiras sueltas como si fueran un estandarte, y eso tendía a explicar la necesidad de que estas naciones, al mismo tiempo que concertadas, fueran también un todo orgánico.

El panajedrez

Xul Solar fue también creador de una variante del ajedrez al que denominó “panajederez” o “panjogo”, que consistía en trece casilleros por lado, en lugar de ocho, doce para jugar y uno de salida, y treinta piezas para cada jugador, en vez de diez y seis, que respondían a claves numéricas, lingüísticas y astrológicas.

A éstas se les sumaba una pieza llamada “azar” para ambos jugadores. Las casillas significaban el paso del tiempo y las piezas los signos zodiacales y las constelaciones.

Así establecía un sistema de correspondencias debido a que su invención lúdica permitía relacionar vínculos mentales y sensoriales según las piezas que fueran empleadas. Dichas piezas podían ser invertidas, por lo que cambiaban de color y serían utilizadas por el jugador que las hubiera comido. Al comenzar el juego, las piezas estaban fuera del tablero y podían superponerse hasta el número tres, lo cual presentaba una complicación para quien se atreviera a participar. Cada movida admitía una representación de diez minutos, de una nota musical o de 2,5º de arco. La notación de cada jugada permitía formar palabras, temás musicales o pictográficos, de acuerdo con el antedicho principio de correspondencia entre las percepciones sensoriales. Este juego brindaba infinitas combinaciones y posibilidades creativas en el interior de una gama armónica, establecida por el sistema astrológico duodecimal. Pero así como todo lo demás, este reglamento tampoco sorteó la reinvención de Xul, que lo modificaba cada vez que jugaba.

Otras invenciones

Como ya se mencionó anteriormente, incursiona de manera inventiva en la música, y en 1946 lo hace reduciendo las teclas del piano de su mujer e intercalando cuartos de tono para buscar una escala hexatónica que permitiera ejecutar un pasaje indeterminado con más o menos digitación. En dicho experimento dispone las teclas en tres filas para hacerlas reconocibles al tacto, y las pinta para establecer una correspondencia entre las vibraciones sonoras y las cromáticas, creando una nueva armonía sin sostenidos ni bemoles.

A su vez, tomando de base la astrología –como era habitual en él– crea un teatro de títeres para adultos con personajes astrológicos que unificarían las artes a través de temáticas poéticas, religiosas y místicas. Estas marionetas eran articuladas, por lo que se manejaban con gran soltura, y poseían movilidad en ojos y mandíbula.

Xul y Borges

Una de sus amistades que merece una remarcada mención es la de Jorge Luis Borges, cuya vida mantiene rasgos muy similares a la de Xul Solar. Ambos, durante su juventud, estuvieron viviendo en Europa, hecho que los marcaría de por vida, y donde formarían parte de movimientos vanguardistas anteriores y posteriores a 1920, continuándolos al regresar a Argentina. Solar y Borges ahondaron en el esoterismo, las religiones antiguas y compartieron el gusto por los mismos autores influyéndose recíprocamente.

Borges consideraba que Xul Solar era un ciudadano del universo, anticipado a su tiempo, que prefería su mundo interior antes que al arte moderno. “Uno de los acontecimientos más singulares de nuestro tiempo” por su invención caudalosa.

Por su parte, Xul Solar se definía como un “pintor, escritor y otras pocas cosas, además. Duodecimal y castrólico. Recreador y no inventor, campeón mundial de “panajedrez” y de otros juegos serios que casi nadie juega. Exégeta de doce religiones y filosofías que casi nadie escucha”.

Bibliografía

- Fèvre, F. (2000). Xul Solar. Buenos Aires: Manrique Zago y León Goldstein Editores S.R.L.

- Ledesma, M. (2006). Xul Solar. Recuperado en www.elarcadigital.com.ar - Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (1988). Xul Solar en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.


Ciudadano del universo: vida y obra de Xul Solar fue publicado de la página 91 a página94 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº17

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