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El profeta argentino

Solari Parravicini, Victoria

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2010 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2010

Año VII, Vol. 37, Abril 2011, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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Introducción

Dentro de las pautas fijadas para mi trabajo, traté de encontrar algún personaje familiar, que me brindara la posibilidad, de descubrir e investigar por mí misma, acerca de su vida.

Se trata de un tío muy querido por mi abuelo, al que muchísimas veces escuché relatar historias sobre él. Siempre se refería a las historias de “Pelón”, las cuales eran tomadas por todo nuestro entorno familiar como fantasiosas o disparatadas, y las que para casi nadie resultaban creíbles. Más bien, siempre pensé –por las reacciones de mi familia– que eran tomadas como graciosas.

Sin embargo, a medida que se han ido sucediendo hechos que han tomado notoriedad y cuando comencé a ver mencionado su apellido, que es el mío, en diversos medios, me pareció interesante tratar de relatar algo de su vida ya que en cierta medida y en ciertas circunstancias me siento integrante de la familia de un ser especial, dotado innegablemente de virtudes proféticas o telepáticas, que en algunos casos han sido compartidas por otros miembros de la familia.

La escritura automática (o psicografías) es el proceso o resultado de la escritura que no proviene de los pensamientos conscientes de quien lo escribe, sino que es una manera de liberar al subconsciente. Se trata de ubicar el lápiz sobre el papel y dejar que fluyan los pensamientos, sin ninguna restricción moral ni social. Su objetivo es vencer la frontera del inconsciente, escapando a la voluntad consciente del autor.

Investigación exploratoria

Testimonio de Emilio Solari Parravicini (sobrino de Benjamín, mi abuelo):

“Benjamín fue tío hermano de mi padre, para todos conocido con el sobrenombre de Pelón. Era el mayor de ocho hermanos: cuatro mujeres y cuatro varones. Entre ellos, tenían una relación muy amena y cariñosa. Cada uno de ellos tocaba de oído un instrumento, desde el arpa hasta el acordeón y la guitarra. Las fiestas que se celebraban en la casa familiar de mi abuela eran muy divertidas e interminables.

Benjamín venía por lo general una vez por semana a cenar a casa porque era muy unido con mi padre y se llevaba muy bien con mi madre. Recuerdo las sobremesas, en donde contaban un montón de anécdotas de su juventud y Benjamín contaba sus predicciones, como la de muerte de Alfonsina Storni, entre otras.

Algunas veces se transformaba y nos decía algunas de sus predicciones, que para nosotros era todo muy normal para ese entonces. Un ejemplo de las predicciones que nos contaba: yo tenía que rendir libre Anatomía, y como me habían expulsado del colegio, me tocó por sorteo rendir en el Normal de profesores Mariano Acosta, colegio muy bravo. La noche anterior a mi examen comí con él, y como yo era bastante vago, en realidad no había estudiado mucho. Le conté que estaba preocupado y me dijo: quedate tranquilo que te vas a sacar un 9 porque yo voy a estar a tu lado. El día del examen me pusieron un esqueleto frente a mí y me empezaron a preguntar los nombre de todos los huesos, no me equivoqué en ninguno dado que sentía que me los dictaban. Finalmente, me pusieron un 9”.

Relato escrito

Benjamín Solari Parravicini –mayor de ocho hermanos– nació en la ciudad de Buenos Aires el 8 de Agosto de 1898. Era un artista plástico de renombre internacional, que sin embargo debió su justa fama a sus psicografías premonitorias.

En su estudio, donde dibujaba, comenzó a recibir de una extraña manera, ideas que él proyectaba sobre el papel y que atribuía a la espontaneidad de la creación artística. Cuál sería su sorpresa al comprobar que las ideas que había bosquejado eran proféticas, ya que con el paso del tiempo se cumplían.

No pasado mucho tiempo y ante la sorpresa de nuestros familiares y amigos, comenzó a acumular una serie de dibujos que contenían profecías sobre el futuro del mundo y de Argentina en particular. Al principio descartó estas premoniciones y tiró muchos de sus dibujos.

Su familia vivía en una inmensa casona colonial que había sido heredada por la madre de Benjamín en 1918. La mansión se encontraba en un terreno de siete hectáreas en la zona de Olivos (al norte de Buenos Aires), edificada sobre una barranca cuyos terrenos descendían hacia las playas, que en ese entonces existían. Al poco tiempo de habitarla, empezaron a notar cosas muy extrañas. La casona tenía en la planta baja veinte grandes ventanales protegidos con rejas de estilo colonial, y por la noche se sentían ruidos como si alguien las golpeara con palos. Inmediatamente se estrellaban decenas de piedras contra las paredes exteriores, y algunas entraban por las ventanas. Al principio la familia se espantó por la situación, especialmente porque no encontraban el origen de las pedradas, y porque los numerosos perros de la casa se mostraban indiferentes a los ataques. Denunciaron la situación a la policía, que nada pudo hacer, pero como esto se repitió noche a noche sin que las piedras tocaran nunca a los habitantes de la casona, terminaron por acostumbrarse. En los días siguientes se agregó a todo esto, el sonido que producía supuestamente una persona intentando forzar la puerta principal cerca de las dos de la mañana, y al mismo tiempo se percibían ronquidos provenientes de una de las torres de la casa, suponiendo entonces que alguien la habitaba. Aunque parezca extraño, la familia tomó esto como algo gracioso que incluso motivaba reuniones con amigos que querían ser testigos de la situación, la que se extendió por 27 años.

Aunque Benjamín era un bohemio y llevaba una vida mundana, estas experiencias poco comunes chocaban no solamente con su medio social y sus significantes, sino fundamentalmente con su formación religiosa y su estructura ideológica. Por tanto, como modo de autodefensa, quizás el mismo miedo a la locura a la que aludía su padre, Benjamín se aferró al catolicismo, a la lectura bíblica, a los pensamientos ideológicos de la oligarquía argentina de entonces, creyendo que esto le garantizaba de alguna manera, la no pérdida de su origen, su sentido de pertenencia, su correspondencia con cierta postura social, quizás como su único “cable a tierra”.

Benjamín –o Pelón, como le decía la familia– era protagonista de extrañas situaciones, como por ejemplo “adivinar” la ubicación de cosas o personas desaparecidas, pero fue en la década del ‘30 cuando comenzó a mostrar su verdadera habilidad.

Una noche de 1938 despertó tembloroso, percibiendo un fuerte aroma a mar y algas en su habitación, al tiempo que oía una delicada voz femenina. Comenzó a escribir lo que esa voz le decía: que se estaba separando de la vida, que veía imágenes hermosas, y que “las algas le envolvían las manos como joyas muertas”. Por fin, la mujer se identificó, y Pelón escribió un nombre, un lugar y una fecha: “Alfonsina Storni, Mar del Plata, Octubre de 1938”. En ese mismo momento, la maravillosa poetisa se suicidaba a casi 450 Km. de allí, internándose en el mar.

Pero su virtudes proféticas, ya se había manifestado desde 1936. Sus manos, sin ningún control de su parte, dibujaban y escribían cosas que con los años llegarían a tener un sentido desconocido para él: había empezado a recibir sus primeras psicografías. Una noche de ese mismo año, mientras se encontraba en su habitación escribiendo cuentos y poemas como era su costumbre, vio con sorpresa cómo una pesada lámpara de bronce se levantaba en el aire y se estrellaba contra una pared. Tomó la lámpara retorcida, y se dirigió a la habitación de su hermano Justino, quien no le dio mayor importancia al hecho y le dijo que fuera a descansar (recordemos que vivían en una casa donde volaban piedras sin explicación).

Pero Pelón volvió a su cuarto, y ya no pudo dormirse.

Sintió una poderosa sensación en su mano, una necesidad de tomar un lápiz y comenzar a trazar extraños mensajes en el papel. Su primer dibujo mostraba a Mussolini muerto, colgado de los pies, tal cual sería expuesto en las calles de Milán en 1945 junto a su amante Clara Petacci. Debemos tener en cuenta que el dibujo fue realizado en 1936, en pleno auge del dirigente italiano, y nueve años antes de su muerte.

Profundo católico, al principio no le dio mayor importancia a estos mensajes e incluso quemó varios de ellos, pero ya no pudo detenerse. Realizó más de 700 psicografías, compuestas por un dibujo, acompañado de un pequeño mensaje a modo de explicación, y la mayoría de ellas se destacan por su gran exactitud abarcando todos los temas.

Las profecías en forma de dibujos con párrafos conforman tres libros de los cuales no puede dejar de tenerse en cuenta las psicografías del libro El testamento profético de Benjamín Solari Parravicini, que abarca el final de finales y el comienzo de la nueva era.

Entre los años 1971 y 1972, poco antes de su muerte, Benjamín volvió a dibujar centenares de psicografías, fundamentalmente explicando cómo llegaría y sería el final de los finales para gran parte del mundo. Como será la nueva era, los extraterrestres, las comunicaciones y fundamentalmente desarrollando lo que sería el rol de la informática y su influencia en el cambio de las relaciones entre los seres humanos.

Se deben tener en cuenta ciertas cuestiones. Por ejemplo, hoy en día todavía no se han podido descifrar o interpretar ciertas siglas o palabras que Parravicini hace referencia en varios de sus escritos, como así tampoco las fechas (“66” a veces hace referencia al 666, y no a la fecha “1966”). Habla de una nueva era de paz que comenzaría a principios del siglo XXI, y cantidades de veces habla del año 2002, como una nueva y feliz etapa para el mundo y anticipa la venida de Cristo también para esa fecha. Claro está, que en el año 2002 no sucedió tal cosa, y por ello vemos que no todos sus escritos se han cumplido a la perfección. De todas formas, es innegable al estudiar la totalidad de sus psicografías, que Benjamín, realiza una clara y quizá acertada distinción de varias etapas por las cuales está atravesando y atravesará el mundo, y que no se deben de tener en cuenta las fechas al pie de la letra, pero si lo sucesos históricos.

Conclusión

Creo realmente que fue un personaje excepcional, que intentó mediante sus grafismos, transmitir a cada uno de nosotros un mensaje único y extraordinario, bien intencionado, dirigido a que la humanidad encuentre su rumbo, volviendo a las fuentes de la vida moral.


El profeta argentino fue publicado de la página 15 a página16 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

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