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24 Horas

Alvira, Santiago; Sivori, Belén

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2010 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2010

Año VII, Vol. 37, Abril 2011, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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Síntesis

Como primera medida investigamos y estudiamos los diferentes géneros narrativos, para luego decidir sobre cuál de ellos tratará nuestro cuento. Al conocer cada uno de ellos, elegimos la comedia romántica ya que nos permite tener la libertad de narrar los diferentes acontecimientos con humor.

Comenzamos a pensar posibles historias de amor, sin embargo, el tema de nuestro cuento nació luego de surgir como título “24 horas”. En base a ello, fuimos desarrollando los conflictos y el desenlace. Durante la redacción, el cuento ha sufrido modificaciones y correcciones. La versión final cumple con nuestros objetivos propuestos desde un principio, contiene una redacción dinámica, atrapa al lector y en ningún momento, previo al final, anticipa de qué manera finalizará el cuento. Los recursos que utilizamos para enriquecer el relato y atrapar la atención de quién lo lea fueron las descripciones, –no sólo de los personajes involucrados sino también de las situaciones– y la inclusión de diálogos directos entre ellos. Las descripciones le brindan al lector mayor información, dándole la posibilidad de poder imaginarse y recrear por ejemplo, a los protagonistas. Esto genera mayor cercanía con el cuento y, en algunos casos, permite que el lector se sienta identificado con alguno de los personajes.

Desarrollo

Sábado 18 Buenos Aires amanecía con un día límpido y soleado, mientras la alarma del despertador de Jana sonaba como teléfono antiguo, muy fuerte. Era la única forma que ella tenía para levantarse. Amaba disfrutar del día, pero los fines de semana la cama la abrazaba.

Mientras se alistaba para comenzar el día, le enviaba mensajes de texto a Frank, su mejor amigo, con quién se reuniría para desayunar, como todos los sábados. El motivo de los mensajes era para acordar en qué cafetería de la ciudad se encontrarían, ya que tenían como costumbre hacerlo en una diferente cada semana. Esta era una tradición que ellos mantenían desde que se conocieron en Nueva York, cuando cursaban sus estudios universitarios.

Jana era una chica muy decidida e independiente, ya que apenas finalizados sus estudios secundarios y estrenando sus dieciocho años, se embarcó en un emprendimiento que la haría crecer y madurar aún más. Así fue como partió a Nueva York, con una única meta: convertirse en editora de revistas de moda. Fueron su buen desempeño, su fluidez en el idioma, y hasta sus rasgos físicos lo que la ayudaron para que al año siguiente de estar en esa gran ciudad, consiguiera su primer trabajo como pasante para la prestigiosa Cosmopolitan Internacional.

Inmediatamente después de ser parte del staff, fue cuando y donde conoció a su mayor confidente y consejero, Frank.

Él era un hombre altamente extrovertido y de finos modales, lo cual lo convirtió en un excelente relacionista público. Era americano, pero por paciente insistencia de Jana se mudó a Buenos Aires a fines del año 2008, donde consiguió trabajar nuevamente en el mismo lugar que ella.

Sentados en una mesa al sol, conversaban sin cesar mientras desayunaban. Aquél día eligieron la esquina de Av. del Libertador y Coronel Díaz, el Café Tabac, clásica cafetería de Buenos Aires. Se encontraban relajados y despreocupados hasta que el tema de un posible matrimonio se apoderó de la charla. Jana se encontraba de novia desde hacía 8 años, sin embargo, por miedo al compromiso, no contaba aún ni con planes de convivencia.

Para ese entonces, se acercaba el 21 de septiembre, la primavera, período ideal para casarse. Así fue cómo Frank abordó la charla, ya que no podía creer como Martín, el novio de Jana, aún no le había propuesto matrimonio.

—¿De qué hablas Frank? Martín me conoce, sabe que no me gusta el compromiso, dijo Jana sorprendida, al escuchar lo que su amigo le decía.

—Ay Jana, empieza a prestar atención, se acerca la fecha… —¿Qué fecha? ¡Ni lo digas! —Sol, loros, pajaritos cantando… aaayy… ¡el amor brota por cada rincón de la ciudad en primavera! Bueno está bien, no me mires así, cuéntame… ¿te ha dicho de hacer algo para el 21 de septiembre? —¿Qué? ¿Estás loco? Deberías conocerlo después de todo lo que te he contado de él.

—Bueno Jan… aún creo en los Reyes Magos… —Ni ahí! Martín ya no hace eso, ya superamos esa etapa de “amor de secundaria”, ¡por suerte!

—Ay amiga, tengo un presentimiento, no sé por qué, y sabes que mis presentimientos… ¡nunca fallan! Repentinamente sonó el celular de Jana. Interrumpió la charla, esta vez no era su despertador, era Martín. El mensaje la invitaba a almorzar juntos. Increíble pero cierto, era una invitación de su novio. Jana, sorprendida releyó el mensaje. Frank al notarla pálida le preguntó qué estaba sucediendo, ella guardó silencio pero luego de tanta insistencia, le contó del mensaje.

—¡Viste como sé todo! Te lo advertí hace instantes Jan… —¡Basta Frank! Es sólo un mensaje, igual por las duda no responderé.

—Mmm… ¿te está dando miedo? —No… ya te dije, no es nada, es sólo una invitación para almorzar —Luego de esto se viene el cine, la cena y… ¡la propuesta! —Shhh, cállate. Martín me conoce y sabe que no me gusta nada de todo eso, dice Jana interrumpiendo a Frank.

—¡Como tú digas!… ya me contarás… Luego de unos minutos llama Martín, le reitera la invitación a almorzar. De fondo, Frank hace caras y muecas. Ella, al no poder evitar más la situación, deja que Martín la pase a buscar y parten directo a un restaurante. Luego de pasar un romántico almuerzo, que no sucedía desde su cuarto aniversario en el 2006, Martín la sorprende invitándola al cine. Jana responde alterada.

—¿Cómo? ¿al cine?, si siempre te dormís.

—No!, Hoy no. Sé que a vos te gusta ir, y nunca lo hacemos, ¿no te parece una buena idea? Jana por dentro se pone como loca, pero no quiere perder el control, razón por la cual deja que fluya la situación con normalidad.

Sentados en las butacas del cine, Jana advierte que verán una película de comedia romántica, ¡sus preferidas! Todo marchaba como había predicho Frank, Jana estaba convencida que por el sólo hecho de haber hablado sobre el tema, el resto de las premoniciones comenzarían a sucederse.

Por fin, había terminado la película, Martín no sólo no se había dormido en la hora y media de duración sino además decidió quedarse a pasar la noche en la casa de Jana.

Domingo 19 Jana despertó repentina y exaltadamente de una horrible pesadilla, había soñado con su boda, un acontecimiento que la aterraba. Luego de tranquilizarse advirtió que Martín no se encontraba a su lado, extraña situación ya que ella siempre amanecía primero. A pesar de no preocuparse demasiado por su ausencia, al cabo de unos minutos se vio sorprendida por Martín quién le llevaba un desayuno especialmente preparado para ella. Jana nerviosa, no puede disimularlo.

—¿Qué haces Martín? ¡Ya no estamos para esto! Somos grandes, déjalo en la cocina, desayunaremos allí como siempre.

De todos modos no tengo mucho apetito.

Martín, sin responder, coloca la bandeja en la cocina y se recuesta nuevamente, un tanto incómodo y desconcertado por la situación que acaba de desencadenarse. Jana decide levantarse para evitarlo. Mientras bebe café alcanza a leer una nota que dice “te amo”. Instintivamente derrama el café sobre la misma, manchándola de manera tal que queda ilegible. Martín al escuchar el ruido de la taza se dirige a la cocina.

—¿Qué pasó?, ¡Uh! se te cayó café. ¿No viste nada? —No… ¿tenía algo que ver…?, pregunta Jana mientras arroja la nota junto con las servilletas sucias de café.

Martín guarda silencio, se viste, la besa y parte hacia su casa.

Debía estar allí para el almuerzo, respetando una de las tantas tradiciones familiares que mantienen. Sus padres eran muy conservadores, seguían rigurosamente hábitos y costumbres que no podían romperse.

Jana regresó a su habitación, pensativa y preocupada por lo que había sucedido con Martín, la nota y el café. Inmediatamente decidió llamar a Frank, quién aún no se había despertado, ya que, como todos los fines de semana, había trasnochado.

10 mensajes de voz, 20 llamadas perdidas y 15 mensajes de texto, pidiendo auxilio, resultan infructuosos.

Frank no responde. Llega la noche. Para alegría de Jana, ya se había ido el domingo.

Lunes 20 Comienza el lunes con su rutina: oficina, almuerzo laboral y por la tarde recibe el llamado de Martín. Intenta justificar su silencio.

—¡Hola! Estaba por llamarte… me ganaste de mano.

—Está bien, te llamo para recordarte que mañana tenemos una cena, no lo olvides.

—¡¿Una cena?! —Sí, ¿no recuerdas que fecha es mañana? Jana de inmediato advierte que sería el día de la primavera.

Asustada por continuar la charla lo interrumpe.

—Mmm… espera, espera… Tengo que cortarte, estoy conduciendo ¡luego te llamo! Detiene el auto y comienza a ensayar sus técnicas de respiración, eran tan profundas que parecían de pre-parto, pero no, eran debido a la fobia, ¡fobia al compromiso! En ese momento, lo único que piensa es impedir que en tan solo 24 horas se concretara la cena del día siguiente. Vuelve a llamar a Frank y le cuenta lo sucedido.

Le pide ayuda desesperadamente. Debían idear un plan, en realidad ¡muchos planes en muy poco tiempo! Como primera medida, decidió enviar un mensaje de texto a Martín diciéndole que se encontraba camino a la casa de Frank y que la batería de su teléfono celular estaba agotándose.

Inmediatamente después lo apagó para refugiarse en lo de Frank. Martín, nunca recordaba cómo llegar allí. Eso le aseguraría tener unas horas más para pensar qué hacer.

Le esperaría una de sus noches más largas. Desvelada y tensa, hasta el punto de consultar gualichos por Internet para evitar que las premoniciones de Frank se convirtieran en realidad.

No obstante estar inmersa en una profunda crisis emocional, nunca barajó la idea de dejar a su novio. Lo amaba, de eso estaba segura, tanto como de no querer comprometerse.

Dos sentimientos encontrados.

Luego de pasar varias horas de la noche hablando con Frank, a quién le prohibió dar nuevos indicios sobre acontecimientos que puedan seguir sucediendo, Jana logró conciliar el sueño.

Martes 21 Por primera vez olvidó programar su despertador. Amaneció al mediodía y ambos llegaron tarde al trabajo. Era un día fundamental en la oficina, se acercaba el cierre de publicación de la revista del mes. Jana no podía poner su cabeza y atención en esa tarea, por lo que decidió tomarse el día libre.

Mientras pasaban las horas, continuaba sin saber qué hacer, mientras caminaba sin rumbo fijo. Repentinamente ve a Martín estacionando su coche en Figueroa Alcorta y Tagle, sí... ¡en una joyería! Jana ya no tiene dudas. Martín le compraría algo para la cena en la cual… ¡le propondría matrimonio! Desesperada, piensa en fugarse… pero ¿adónde? Su única familia es Frank, sus padres fallecieron cuando ella era apenas una niña.

No había forma de detener el reloj. Martín insistía con llamados que, por supuesto, Jana no respondía. Pensando cómo evitar la cena, se le ocurrió fingirse enferma, pero era imposible, Martín iba a querer que la revisara un médico y éste no era ni más ni menos que su tío. Frank intentó ayudarla, haciéndose pasar por un importante empresario y llamó a Martín para concertar una supuesta reunión aquel día, 21 de septiembre a la noche. Para sorpresa de ambos, Martín rechazó la oferta, excusándose y diciendo que ese día era imposible.

Agotados y sin más planes en mente, Frank decide hablar con Jana nuevamente.

—Amiga, sabes todo lo que te quiero y cuanto me importas… y es por eso que siempre te digo la verdad y deseo lo mejor para vos, y lo mejor en este momento es decirte ¡que es tiempo de asumir responsabilidades! De crecer pero junto a él, tu novio desde hace 8 años y la persona que amás. Jana intenta interrumpirlo, pero Frank no deja de hablar.

—Hoy vas a ir a esa cena, espléndida, ¡como sólo tú sabes estarlo! Jana no entendía nada, lo único que sabía era que no quería ir a esa cena, sin embargo ya ni su mejor amigo la apoyaba en esa decisión. Fueron juntos al shopping. Luego de caminar por varios negocios se compró un hermoso vestido, el ideal para aquella ocasión.

Llegó la hora, Jana entró al restaurante deslumbrando a todos con su esbelta figura. No entiende que sucede, mira nuevamente a su alrededor, cree haber equivocado la dirección. No, no hay error, era aquél el lugar, sin embargo no había una mesa para dos personas, ¡había una gran mesa familiar! Martín va a su encuentro.

—¡Jana! Estaba asustado, pensé que no vendrías al cumpleaños de mi madre.

—¡¿Cumpleaños de Rosa?! —Sí, hoy cumple años mi madre, ¿que creías? ¿Qué te sucede Jana? Te noto extraña.

—No… nada… nada, dice Jana intentando disimular su vacilación.

En efecto, Martín tenía razón, se sentía extraña, sorprendida y desconcertada. Pero claro, era 21 se septiembre. ¿Cómo pudo olvidar que ese día cumplía años su suegra? No se trataba de aquello que ella tanto temía. Sin embargo eso no la alivió, se sentía mal, muy mal, ya que Martín no había pensado en proponerle matrimonio tal como ella había imaginado.

Intentó disimular sus sentimientos. Había muchos amigos y familiares en aquel cumpleaños, quienes al momento del postre, comenzaron a entregar los regalos. Jana ya no se sentía la misma, se sentía diferente… pero feliz.

Volvía a sentir la sensación de tener una familia. Aquella que la vida le había arrebatado prematuramente. Sus dudas se disiparon y sus temores desaparecieron. Decidida, pidió la palabra.

Comenzó a hablar muy nerviosa, frente a todos y de pie.

Primero, saludó a la homenajeada, a quien le dijo que tenía un regalo muy importante para darle… Un regalo que no era material, sino algo para toda la vida. Martín, no entendiendo lo que estaba sucediendo, la miraba confundido.

—Martín, ¿te querés casar conmigo?


24 Horas fue publicado de la página 20 a página22 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

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