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Dos libros, un exilio

De Luca, Giuliana

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2010 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2010

Año VII, Vol. 37, Abril 2011, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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Síntesis

La anécdota trata sobre mi madre, quien durante su infancia pasaba sus fines de semana y vacaciones de verano en una quinta en parque Leloir. Esta tenía una historia particular: había pertenecido a un escritor español exiliado de su país; su nombre era Rafael Alberti. Cuando vino a Argentina y encontró este lugar, decidió inmediatamente quedarse allí, donde además, construyó una pequeña casa. De todo esto, ni mi madre ni su familia tenía idea. Uno de aquellos inolvidables fines de semana, mi madre encontró un libro que la dejó con muchas dudas. Pertenecía a aquel escritor, pero no tenía mucha información al respecto. Tiempo después, se enteró de que había vivido allí. El libro estaba escrito en otro idioma, lo que dificultó que mi madre pudiera saber más de él.

A través de los años fue recopilando datos y para cuando me contó la historia, sólo quedaba que un golpe del destino nos ayudara a resolver el misterio juntas.

Conclusión

Después de todo, creo que el verdadero sentido de esta historia, es ver cómo los sentimientos hacia un lugar fueron transmitidos de generación en generación. Mi abuelo amaba aquella quinta y también lo hizo mi madre. Si bien yo jamás estuve en ella, quedó en mí el rastro de ese amor. Supongo que tiene que ver con mi participación en la historia, con el hecho de haber encontrado el libro que resolvió los enigmas.

Aunque estoy segura, de que si yo no lo hubiera hecho, alguien más sí. Sin intenciones de robar la infancia de nadie, a veces pienso que quizás, a mí también me hubiera gustado que la Arboleda Perdida fuera mía. Para poder compartirla con mi madre, para darle lo que tanto anhelaba, y quién dice, para dársela también a los hijos que algún día tendré.

Mi madre estaba destinada a conocer, a poseer al menos, el conocimiento y la paz de saber. Es por eso que hoy puede hablar de su niñez con una sonrisa de quien descubre la verdad.

Puede que nunca alquile ni compre la quinta en los años por venir, pero eso no va a cambiar la seguridad que ella tiene, de que ese libro va a volver a ella.


Dos libros, un exilio fue publicado de la página 33 a página33 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

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