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Ella, hay recuerdos que no se olvidan

Villegas, Melina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2010 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2010

Año VII, Vol. 37, Abril 2011, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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Síntesis

Para proceder al desarrollo del presente trabajo, mi elección se basó en una persona que considero muy especial, tanto para mí como para el entorno familiar. Su nombre es Marianna De Rito, madre de mi abuela materna, mi nona querida.

En sus noventa años de vida, fue más que una persona, todo un personaje, una mujer luchadora, apasionada y libre de espíritu.

Su historia estuvo llena de matices, de situaciones agradables, de momentos tristes. Pueden encontrarse dos etapas, dos períodos completamente diferentes que marcaron su vida. Por un lado, sus primeros años en Italia, su país natal, el comienzo de mi familia. Por otra parte, su residencia en la Argentina, la iniciación de otro capítulo, la lucha por defender el futuro de una familia. Luchadora, como pocas. Esa es una de las palabras que me remiten a ella, que me rememoran su cariño, su afecto, su felicidad. Porque de eso estoy segura, fue una mujer feliz. Todo lo que hizo fue por amor a su marido y sus hijos. Luego, a sus nietos y bisnietos a quienes complacía enteramente. Pero todas las personas que dejan huellas en la historia sólo están un tiempo con nosotros y después se van... Se van para siempre, pero siguen ahí. Continúan vivos en anécdotas y recuerdos, en fotografías y melodías. Por esas razones, entre muchas otras, es que la elegí a “Ella”, para revivirla en cada palabra, para que me acompañe a lo largo del relato. Para, después de una década, escuchar de nuevo el sonido de su risa y contemplar el brillo de sus ojos.

Es un simple homenaje de mi parte, una excusa perfecta para poner en palabras parte de mi historia y compartirla.

Conclusión

Única. Magnífica. Divertida. Luchadora. Soñadora. Marianna.

No hay otra palabra que la describa mejor. La energía que ponía en el día a día, su actitud y esas ganas de vivir que ella sola tenía. Siempre otorgaba ese toque mágico a cada una de las situaciones de la vida y no hay anécdota en la que ella no sea la protagonista.

Uno de los recuerdos más lindos que tengo de ella fue en una fiesta de cumpleaños que sus nietos le organizaron. Ella estaba en el medio del salón, bailando alegremente con la botella en la cabeza, como siempre lo hacía en las reuniones familiares.

A través de sus movimientos tan peculiares y su mirada, que no puede ser reproducida por otros ojos que no sean los suyos, demostraba lo feliz que estaba en ese momento. Sus señas eran muy propias. Su manera de hablar, ese dialecto construido por ella misma palabra a palabra, mezclando su idioma natal con el castellano, combinados con la intención de tapar la rústica y tosca manera de accionar con elegantes modismos de finura eran una combinación explosiva. Era todo un personaje. Recuerdo entrar a la casa y a lo largo del corredor ya se podía sentir el aroma a su salsa o las brasas listas para el asado. Como imagen de fondo, el nono colgado de algún árbol buscando cerezas o bajando uvas de la parra. Cuando se abría la puerta, la imagen que siempre viene a mi mente es la mesa puesta para recibir a los invitados y los fideos caseros secándose encima de cada uno de los muebles de la casa, en la cama, colgados del barral de la ventana, y ella en la mesada de la cocina, con el palo de amasar y el delantal lleno de harina.

Eso sí, siempre estaba con el delantal puesto, se lo sacaba nada más para ir a la vereda o cuando salía de la casa.

Otra de las cosas que recuerdo es su forma de vestir. Creo que nunca la vi sin sus polleras hasta la rodilla y las alpargatas.

Continuando con las anécdotas, hay una en la que los nietos le escondieron sus “changaletas”, sus chancletas tan amadas, y llegó al punto de amenazar con que no trabajaba más si no llegaban a aparecer.

La cocina y el autoservicio eran su gran pasión después de su esposo, que como decía “es lo que me tocó en suerte”.

Era una obsesionada con el tema de preparar la comida. Le gustaba cocinar y que sus invitados disfruten de lo que había preparado. Amasaba el pan y un montón de delicias más. Suobsesión era tal, que no podía creer que uno coma “chucherías”.

Cuando sus hijos eran chicos, los perseguía mientras jugaban en la vereda para que tomen toda la sopa y si algunos de los nietos llegaba a estar en penitencia les preparaba cosas ricas y se las daba a escondidas.

Le encantaba el helado de limone e cioccolato y adoraba a San Basilio Magno, el santo de su pueblo natal. Todo se lo pedía a él y tenía estampitas y rosarios por toda la casa. Resultaba simpático ver cómo se quedaba quieta murmurando los rezos con el rosario en sus manos en cualquier momento del día. Siempre le daba ese toque especial a los momentos cotidianos.

Cuando iba a la playa, a la tarde, después de cerrar el mercadito, se enterraba en la arena porque, según ella, era un remedio casero para el dolor de los huesos. Tenía varios remedios caseros. La buscaban para acomodar algún que otro hueso fuera de lugar, curaba el empacho y tiraba el cuerito.

Pensar que era una señora muy activa y se relacionaba con muchas personas al tener su negocio, pero era muy ingenua con respecto a lo que sucedía en la televisión. Su gran problema era que estaba más que convencida que lo que pasaba en la trama de las novelas era la vida real.

De más grande, disfrutaba ir con el nono a las termas en Santiago del Estero, ir a cosechar naranjas en las quintas de San Pedro y recibir a toda la familia a almorzar en su casa. Ya pasando los ochenta y cinco años, empezó a olvidar donde guardaba ciertos objetos y a echarle la culpa a otra persona de las cosas que ella hacía, pero sin darse cuenta. Su mente empezó a traicionarla, a vencerla de a poquito. Y, lamentablemente, Marianna no pudo ganarle la batalla.

Hace una década que se apagó el sonido de su risa y cesó el brillo de sus ojos, pero siempre permaneció su alegría en el ambiente cada vez que se pronuncia su nombre. Es difícil no extrañarla, pero de algún modo permanece viva en todas los recuerdos, anécdotas, melodías y ahora también en este escrito, en el que pude contar su historia y que, tal vez, va a perdurar por mucho más tiempo dentro de la familia, al que se le van a ir sumando historias y aventuras y va a ir creciendo, así como crecimos todos nosotros: hijos, nietos y bisnietos de Marianna.


Ella, hay recuerdos que no se olvidan fue publicado de la página 38 a página39 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

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