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Una vida de lucha

Grau, Nahir

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2010 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2010

Año VII, Vol. 37, Abril 2011, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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Síntesis

A lo largo de este trabajo voy a narrar la historia de vida de mi abuelo, José Oscar Posaz, quien desde muy temprana edad tuvo que luchar contra las adversidades que se le presentaban, pero que nunca bajó los brazos, y hasta el día de hoy sigue avanzando.

Decidí contar esta historia ya que la vida de él fue muy difícil, pero es el claro ejemplo de una persona que nunca dejó de hacer todo lo que estuviera a su alcance para darle lo mejor a su familia, aunque el precio de esto fuera no descansar y perderse el crecimiento de sus hijas.

Actualmente, continúa trabajando sobre cuestiones administrativas de algunas entidades, además de ser un abuelo muy dedicado y preocupado por sus nietas, con quienes comparte consejos, recuerdos y conocimientos. Debido a la constante lucha de Oscar a lo largo de sus 68 años, su vida es digna de ser contada y ser puesta como un claro ejemplo que nunca se debe dejar de pelear para conseguir lo que uno se propone.

Varios de los sucesos narrados a continuación fueron difíciles de averiguar, debido al dolor que estos provocan, tanto en Oscar como en los entrevistados.

Conclusión

El 4 de julio de 1942, en Bariloche, nació Oscar Posaz. En sus primeros meses de vida su madre lo abandonó dejándolo a cargo de su padre, Pablo Posaz; y desde ese entonces nunca más tuvieron noticias de ella. Debido a diversas situaciones, su padre cayó en una profunda depresión que lo derivó al alcoholismo, obligando a Oscar a comenzar a trabajar a los ocho años en la calle. Tiempo después, a los doce años, logró entrar como cadete en una carnicería, lugar donde conoció a Silvia, su esposa.

Gracias a la gran cantidad de trabajos que realizó durante su juventud, llegó a ocupar puestos importantes en distintas instituciones, como por ejemplo ser gerente del Club Andino Bariloche, gerente de la Asociación empresarial del Área Cerro Catedral y secretario rentado de la Asociación Argentina de Instructores de Ski, entre otros. También llegó a conformar distintas juntas vecinales, con las cuales tuvo el honor de ir a recibir a Raúl Alfonsín en su visita a la ciudad.

Con respecto a su vida personal, a los veinte años le diagnosticaron diabetes del tipo II, pero en esa época no le dio importancia a la enfermedad, por lo que nunca se cuidó ni se trató. También pasó por muchas más adversidades, ya que tuvo que afrontar la muerte de dos de sus hijas, Julia y Patricia, quienes fallecieron a temprana edad en un accidente de ski, y problemas cardíacos, respectivamente. La pérdida de Julia fue la más difícil de superar, debido a que su esposa y la mayor de sus hijas cayeron en una profunda depresión, y Oscar fue el sostén de la familia durante varios años. Durante esa época fue en la que más trabajos tenía simultáneamente, quedándole muy poco tiempo para su descanso, pero necesitaba el dinero para mantener a su familia y para poder pagarle los tratamientos de terapia a su esposa y su hija.

A partir de 1992, debido a unos negocios que no resultaron, comenzó a endeudarse con distintos bancos, que logró terminar de pagar hace unos pocos años. Como consecuencia de esto, perdió varios trabajos y su situación económica comenzó a empeorar.

En el año 2000 comenzó a perder su vista, y luego de varios estudios, los médicos le informaron que la diabetes había hecho estragos en su organismo y su ceguera era avanzada, por lo que debía comenzar un tratamiento urgente para revertir la situación. Tuvo que hacer diversos viajes a Buenos Aires para realizarse los análisis correspondientes; pero al ver que no podían detener la situación, le informaron que la única posibilidad era que se realice dos operaciones. En estos años la situación económica familiar no era buena, por lo que sus hijas tramitaron créditos por separado, y sus amigos juntaron dinero para poder costear los gastos, ya que cada operación costaba $7000.

Lamentablemente los resultados no fueron buenos, y Oscar siguió perdiendo su vista progresivamente hasta quedar únicamente con el 0.1% de ella, es decir, que sólo ve bultos y algunos colores dependiendo del día.

En mayo de 2010, tuvo que ser operado debido a problemas en la próstata, la operación salió bien, pero por problemas con la anestesia, sufrió un brote psicótico del que luego de varios días logró salir, y del que no le quedó ningún tipo de secuela.

Hoy, a sus 68 años, y a pesar de todas las adversidades sigue en actividad laboral realizando la constitución de distintas instituciones, reformas de estatutos y reglamentos.


Una vida de lucha fue publicado de la página 49 a página50 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº37

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