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La metrosexualidad:¿una nueva forma de expresión de los hombres?

De la Cruz, Nicolás; Marcos, Augusto; Uricchio, Nicolás

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº38

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº38

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición VI Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2010

Año VII, Vol. 38, Mayo 2011, Buenos Aires, Argentina | 136 páginas

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Para empezar a hablar de la metrosexualidad deberíamos primero definir a qué nos referimos cuando decimos que un hombre es metrosexual. El concepto fue propuesto por el periodista Mark Simpson, en 1994, para definir a lo que, en ese momento, era un nuevo tipo de hombre. Un hombre que se preocupa al extremo por su imagen y que tiene ciertos gustos y costumbres asociados –por convenciones sociales– a lo femenino.

Si prestamos atención, este término incluye el prefijo metro (de metrópolis), ya que la tendencia se desarrolló en el ámbito urbano y de las grandes ciudades. Por esto, podemos decir que un metrosexual es un hombre que vive en una ciudad y está al tanto de las últimas tendencias. Invierte mucho dinero en ropa, en el cuidado de su cuerpo y cara, y usa cremas de todo tipo.

Es importante destacar que la metrosexualidad no está para nada vinculada a una preferencia sexual: los metrosexuales pueden ser heterosexuales, homosexuales o bisexuales.

El hombre metrosexual busca gustarse a sí mismo, por eso invierte tiempo y dinero en su apariencia estética y, a diferencia de otras épocas, no oculta su comportamiento sino todo lo contrario, lo hace público.

Por último, podemos decir que la metrosexualidad rompe con el estereotipo del hombre rústico que intenta resaltar su masculinidad.

Por el contrario, el metrosexual no teme mostrar su lado femenino, cosa que en muchas sociedades, todavía, esta muy mal visto.

Ahora lo que nos preguntamos es, ¿cómo es que los hombres deciden hacer este cambio en su vida y comenzar a preocuparse más por la estética, llegando al extremo de la metrosexualidad? Cuando empezamos nuestro anterior trabajo de investigación sobre este tema, pensábamos que eran unos pocos hombres los que estaban interesados en la estética y su cuidado. Sin embargo, si nos ponemos a observar, desde hace más de 20 años que en las sociedades occidentales los hombres comenzaron a interesarse más por su imagen y, sin llegar a los extremos de la metrosexualidad, comenzaron a mirarse al espejo y a estar atentos a la devolución que éste les hacía.

Cabe recordar a principios de la década de los 90 cuando se hablaba de los famosos yuppies que no eran solo ejecutivos, sino hombres que vivían en las grandes ciudades y que, por supuesto, trabajaban en oficinas, pero además cuidaban en extremo su elegancia al vestir y eran cada vez más exigentes con la calidad de los alimentos que consumían a la vez que realizaban mayor actividad física. Así es como a mitad de la misma década ya nos podemos encontrar con hombres obsesionados con su propia imagen, sacando a relucir su costado más femenino.

Ahora bien, nosotros creemos que esto es un proceso que se inició mucho antes que saliera tan notoriamente a la luz; ya que después de la Segunda Guerra Mundial los cambios tanto tecnológicos como sociales comenzaron a ser cada vez más notorios. El mundo dio un vuelco de 360°, en donde todos los valores que estaban impuestos hasta antes de la misma, de a poco fueron derribados.

Luego llegó, en la década de 1960, la Guerra de Vietnam y con ella el movimiento hippie. Al mismo tiempo la mujer iba ganando cada vez más espacio en la sociedad. Hacía años que en la gran mayoría de los países desarrollados, había logrado ser considerada una ciudadana con el mismo rango que los hombres y tenía derechos cívicos y políticos. En la misma década del 60, se comienza a hablar de la libertad sexual y las mujeres empiezan a atreverse a ser más que simples amas de casa, ya para finales de estos años las universidades recibían entre sus alumnados casi la misma cantidad de hombres que de mujeres. Estas jóvenes se recibieron y no quisieron quedarse tan solo en el ámbito académico, sino también ir por más, conquistando las áreas laborales, así nos encontramos con mujeres ejecutivas en la década de 1980, mujeres con poder, con igual o mayor poder de decisión que los hombres.

Ante este nuevo escenario, que se dio en menos de medio siglo, el hombre se encontró desorientado, ya no sabiendo cuál era su lugar exacto. Si hasta ese momento era el hombre de la casa, que debía proveer los alimentos, y ser atendido, ahora se le exigía que además colaborara con el cuidado de los niños y de la casa, se le pedía que estuviera atento a exigencias, cada vez mayores, de las mujeres. Y de golpe, nos encontramos con un hombre totalmente fuera de su zona de confort, habiendo sido criado por madres que solo se dedicaban a su hogar, pero con mujeres que los compartían con el trabajo y que, en algunos casos, hasta tenían sueldos mayores que los de ellos.

Como todos sabemos, los nuevos órdenes sociales siempre traen consecuencias. Nosotros creemos que lo sucedido en la segunda mitad del siglo XX trajo como consecuencia un reordenamiento social, para el que las mujeres estaban listas, ya que venían luchando por él desde fines del siglo XIX, pero los hombres no tomaban estos reclamos con seriedad y aún menos se esperaban un cambio tan repentino.

Ante este nuevo escenario, evidentemente, el hombre tenía que reinventarse también y lo comenzó a hacer. Lentamente fue prestándole más atención a sus propias necesidades, todo esto observado por una de las armas más poderosas luego de la Segunda Gran Guerra, el marketing; que al darse cuenta de lo que estaba comenzando a suceder, aprovechó y comenzó a lanzar, de a poco, propagandas y publicidades de productos para el cuidado masculino.

Al principio era una mayor cantidad de perfumes, luego las cremas after shave y así de a poco se fue educando al hombre para convertirlo en un consumidor de las nuevas tendencias de la estética. Al mismo tiempo los referentes masculinos cada vez estaban más producidos y cuidadosos con su imagen, desde los políticos hasta los deportistas tenían un plus en su apariencia que llamaba la atención de las mujeres y de los hombres que empezaron a querer ser como ellos.

Todo esto, fue absorbido por una nueva generación. Los que eran niños en la década de los 80 crecieron con padres que no terminaban de encontrar su lugar y se dedicaban cada vez más a los deportes, el cuidado del cuerpo por medio del mismo cobraba cada vez más valor y al mismo tiempo veían, en los medios de comunicación, una mayor cantidad de secciones dedicadas a la belleza masculina.

Es así como llegamos a mediados de los 90 con una generación que ya no está tan perdida en el lugar que debe ocupar en el mundo, se hizo cargo de la igualdad entre el hombre y la mujer. Al mismo tiempo, los hombres se dieron cuenta que no bastaba solo con la capacidad sino que el poder de la imagen era cada vez más importante. De esta manera vemos la transformación de hombres que estaban anteriormente destinados a ser el sostén del hogar, en un complemento del mismo. Compartiendo ese rol con su compañera, hecho que les permitió disponer de mayor tiempo y dinero para ellos mismos. Por ejemplo, las marcas de cosmética más prestigiosas del mundo abrieron su sección de hombres y cada año que pasa aumentan aún más las ventas.

En el medio, quedaron las mujeres que no terminan de decidir si quieren a ese hombre que les puede hasta robar una crema, o prefieren al que casi no se mira al espejo. Lo importante es que las deje ser independientes y la acompañe con las tareas del hogar. La noticia para ellas es que no se puede tener todo y que ahora es el turno de que el sexo femenino se acostumbre a que al otro sexo le interesa poder cuidarse y estar al tanto de las nuevas tendencias.

No podemos afirmar que éstas sean las causas por las que el hombre empezó a tomar estas actitudes, de lo que sí podemos estar seguros es que esta es una tendencia de la que recién estamos viendo el comienzo y que muy pronto, va a ser de lo más común ver a un hombre con los electrodos o realizándose un tratamiento de exfoliación con puntas de diamantes. Esperemos que todas se puedan sentir cómodas en la sala de espera de un centro de estética con un hombre como compañero, ya que, seguramente, esto es lo que nos depara el destino. Y también será la hora de que las mujeres acepten que si lucharon por la igualdad, la igualdad debe ser justa para ambos y ellos también tienen este derecho, aunque sea en el sentido estético.


La metrosexualidad:¿una nueva forma de expresión de los hombres? fue publicado de la página 111 a página112 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº38

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