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El camino indefinido (e indefinible)

Mana, Martín

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen. Edición IV. Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año V, Vol. 21, Mayo 2009, Buenos Aires, Argentina | 157 páginas

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“¡Al fin la encontré! ¡Después de buscar en tantos diccionarios la encontré! Cuatro libros, 1234 páginas, 14647 palabras… Y la 14648; “mi” palabra. Tanto tiempo buscándola.

Es perfecta. Es la única que podría utilizar. No hay otra como ésta: “etiqueta”. No puedo dejar de mencionarla; de gritarla; ¡voy a llamar a todos mis amigos para contarles que la encontré! Al fin puedo terminar lo que empecé hace tanto tiempo. Este era el término que me faltaba; el sonido; el fonema.

No puedo dejar de sorprenderme con sus vocales. Me enloquecen por igual sus consonantes y su musicalidad. Es perfecta. Todos los adjetivos que se me ocurren para calificar “etiqueta”, y los que posee y ni siquiera son conocidos por mí, resultan en un sonido divino; la rima perfecta; El cierre perfecto. Es el broche de oro para mi canción. La palabra que le da sentido a cada verso, cuidadosamente pensado. ¡Todo cierra ahora! El paso que me faltaba para poder cerrar mi canción.

Horas de análisis para lograr esa métrica inmejorable; palabras estudiadas, días enteros dibujando con sonidos las rimas más precisas, relaciones y estructuras tan pensadas entre los versos; ¡todo! Todo eso es necesario para expresar cuánto amo a Ivana, y cuánto disfruto estar a su lado. De no ser por mi meticuloso plan de pasos para componer esta canción, nunca habría llegado a buen puerto.

Y ahora, con “etiqueta”, puedo decirle a mi novia cuánto la amo. Aunque haciendo bien las cuentas, debería ser “etiquetas”, en plural, porque si agrego la “s” y sumo todos los caracteres de la canción me da 612. ¡Y si lo divido por la cantidad de versos me da 17! ¡Su número preferido! ¡Mi canción es perfecta! ¡El cálculo más preciso y más cuidadosamente realizado! ¡Al fin puedo decirle que la amo!”

“No puedo salir. No puedo ir a ningún lado ni comprometerme con nadie para hacer nada. Me moría de ganas de ir al recital de anoche, pero me puse firme con mis ideas y me di cuenta que no podía ir. Estoy haciendo algo muy importante: Esperar frente al escritorio, sentado en esta silla desde hace 4 días, con el papel en blanco, y mi mano sosteniendo la birome; todos los elementos de la escena en el mismo lugar.

¿Cuánto tiempo más puede tardar la inspiración en llegar? ¡El cumpleaños de mi mamá fue ayer! Bueno, cuando termine la canción, que todavía no empecé, la grabo y la guardo y se la regalo el año que viene. Igual espero que la inspiración venga pronto, porque estoy muy dolorido y contracturado de estar en la misma posición desde hace tantos días esperándola.

¡Tantas veces dudé en levantarme y salir a jugar a la pelota! Pero me detuvo la memoria de mis sentidos, porque ella tarda mucho en venir pero cuando lo hace, es una oleada de energía que mueve mi cuerpo y mi mano se mueve sola; baila abrazando el lápiz sobre el papel blanco; virgen aún. Son solo unos minutos en los que entro en un trance único. Me pierdo por tres minutos; me desconecto. Y cuando vuelvo, mi inclino a ver la hoja, y descubro la obra de arte más hermosa, rica y profunda que vi en mi vida. Cada vez que sucede esto, la obra es mejor que la anterior.

¡No puedo esperarla más! ¡Quiero que llegue ya! Sin ella no puedo hacer nada por mi mismo. Ni siquiera sé por donde empezar, no sé que escribir, ni qué decir. Es por esa razón que mi papel siempre está en blanco cuando ella llega, porque sin que me posea ¡no soy ningún artista! ¡Veni rápido inspiración! ¡llevame!”

¿Cómo llegar a un lugar que las rutas desconocen? Un lugar que no figura en ningún mapa y que nadie sabe donde está.

El arte es algo hermoso y único. Y las sensaciones que despierta en el que lo percibe son incomparables a todo lo conocido; siendo el arte mismo el único y posible camino para acceder a esa experiencia. Es que uno se entrega al placer y es inundado por las vibraciones emitidas por una guitarra, los colores de un intenso y narrativo paisaje, o las meticulosas y profundas descripciones del amor en un poema; siente; se emociona.

El arte abraza el alma. Y el alma busca ese abrazo; cada vez con mayor intensidad y frecuencia, hasta volverse uno.

Es por eso, y por muchas otras cosas que nadie puede explicar, que desde hace mucho tiempo, el humano, desde su humilde lugar, se pregunta que es lo que le genera esas sensaciones; de dónde viene.

Desde el inicio de los tiempos lo buscamos. Cuando nuestros ancestros cargaron su boca con pigmentos obtenidos de la naturaleza y reunidos en una cueva, iluminados por el fuego de una de las primeras hogueras, pusieron sus manos sobre la piedra y escupieron esa rústica y primitiva pintura; dejaron un legado; se expresaron; descubrieron la cosa más desconocida y mística de la vida, junto con el amor (tal vez sean la misma cosa); el arte.

Desde entonces la humanidad creó una inmensidad de obras de arte. Pinturas gigantescas, majestuosas, monumentales; Esculturas épicas de 4 metros de altura, erguidas, macizas; edificios altísimos como flechas apuntando al cielo; estructuras increíblemente adornadas en cada centímetro cuadrado y otras despojadas totalmente de cualquier agregado, simplemente paredes y pisos, para abrigar y resguardar la humanidad; poesías responsables de tantas lágrimas; poesías testigo y cupido de tantos amores; canciones y melodías que hicieron bailar y estremecer hasta al corazón más duro.

El arte emociona.

En todos estos años, décadas, siglos y milenios el hombre jugó con el arte, siempre desde un punto de ignorancia, inferioridad y respeto, como un chico parado frente a un esqueleto de un dinosaurio de 14 metros de altura. Siempre amó al arte. Pero como pasa con el amor, pasa también con este místico término.

¿Qué es el arte? ¿De dónde viene? ¿Cómo se crea? ¿Dónde se siente? ¿Qué es arte y qué no? ¿Cómo se llega al arte? Estas son muchas de las preguntas que nos hacemos incansablemente sin encontrar respuestas universales (por suerte no las hay, sino yo creo que el arte no existiría –tal vez desarrolle esta idea más adelante).

Frente a esta imposibilidad de responder definitiva y concretamente estas preguntas e inquietudes, muchos fueron reflexionando y analizando las diferentes piezas artísticas, fueran propias o de terceros, conocidos o desconocidos, terminadas o en producción. Esas cosas no importaban. Buscaban encontrar algo más allá de las superficialidades del arte; más allá de los colores; más allá de las notas o de los acabados en mármol; buscaban encontrar la esencia; el alma de la pieza.

Luego de muchos años de análisis, de los que resultaron una infinidad de ideas, pensamientos y observaciones, las personas comenzaron a investigar otra característica del arte: su creación; como se gesta una obra desde el comienzo hasta el final; Desde la primer nota hasta el último acorde.

El viaje del artista; su camino hacia el arte; el camino de su obra.

A lo largo de la historia muchas teorías han sido desarrolladas tratando de explicar dichos procesos. Imagino yo, que cada uno de nosotros tendrá la suya, lo que resulta en una diversidad de ideas prácticamente infinita.

Es por eso que en diferentes momentos de la vida del hombre grandes pensadores e importantes artistas decidieron escribir, compartir y hacer conocer sus pensamientos sobre cómo se genera una pieza artística. En dichas teorías se reconocieron dos grandes corrientes: la irracional y la racional.

Básicamente la diferencia entre estas teorías reside en algo muy concreto: Depende de si el artista sigue una serie de pasos premeditados, o si se deja llevar por la inspiración.

El mayor y más radical exponente de la rama de las teorías racionalistas, es la del cuentista, poeta, crítico y editor estadounidense Edgar Allan Poe (1809-1849).

En un ensayo titulado “Filosofía de la composición”, publicado en abril de 1846, el artista explica el proceso que tiene que seguir un poeta para escribir bien. Propone una cantidad de pasos, explicados de una manera muy clara y concisa, para que el artista realice su obra, y obtenga un buen resultado asegurado. No se refiere a las obras artísticas como productos de la inspiración, sino como productos matemáticos. Dice que la creencia popular, que los mismos artistas se adjudican, acerca del momento de la creación, que se ven inmersos y poseídos por una inspiración máxima y divina es falsa. Y para reforzar ese pensamiento, explica su teoría.

Poe dice que el arte “debe ser planeado desde el comienzo hasta su desenlace”1. Para él, en el arte nada está dejado al azar; a la inspiración. Cuenta que detrás de cada obra hay una cantidad inimaginable de ideas truncadas, desechadas y también recicladas. Cientos de hojas con ideas desechadas y tiradas al cesto. Pruebas y errores. Más pruebas, más errores.

Ideas destrozadas y vueltas a analizar para ser reelaboradas.

Básicamente explica que el resultado final, la obra terminada, es el producto de una cantidad inmensa de pruebas, errores, caminos y pasos que llevan al artista a la consumación de una obra magnífica.

Para probar esto, Poe decide hacer algo que los artistas nunca hacen, mostrar todo lo que sucede detrás de bastidores, todo eso que es invisible a nuestros ojos, la realidad de la creación artística. Los poetas nunca desnudarían los métodos que utilizan para producir sus obras, al igual que los magos no dicen como realizan sus trucos, sino matarían la magia.

A diferencia del común de los artistas, Poe revela su creatividad mostrando el modus operandi que utilizó para componer en el año 1845 uno de sus poemas más conocidos: “El Cuervo”, calificado por su autor como “la precisión y la consecuencia rígida de un problema matemático”2.

En primer lugar, Poe tuvo en cuenta la extensión que iba a tener su poesía. Decidió que su poema sea corto, porque de ser demasiado largo no podría ser leído de una sola vez y eso seria “no aprovechar el efecto importantísimo que deriva de la unidad de la impresión”3. Explica que la extensión de la obra esta directamente relacionada con la intensidad del efecto que se busca causar.

Después eligió el efecto que su poema debería causarle al lector; la impresión; la belleza, no como cualidad, sino como efecto.

Luego de haber seleccionado la extensión de su poema, y la impresión a causar, Poe eligió a la melancolía como el más autentico de los tonos poéticos, porque “la belleza […] hace derramar lágrimas al alma sensible”4.

Luego de haber determinado las bases del contenido literario de la obra, El poeta tuvo que buscar una estructura que soportara la construcción del poema; un eje. Por el sentido de la identidad y de la repetición decidió utilizar un estribillo, realzando su efecto, repitiendo el estribillo siempre igual, pero cambiando su significado de estrofa en estrofa. Y es por esa búsqueda de intensidad y diversidad que Poe determinó que su estribillo debería estar compuesto solamente por una palabra. A su eje solo le faltaba una función y un sonido específico, entonces resolvió que el estribillo constituiría el final de cada estrofa, y debía ser una palabra fuerte. Seleccionó la “o” por ser la vocal más sonora y la r como la consonante más fuerte. Ese seria el sonido de su estribillo. El término nevermore respondió a todas sus demandas: sonoro, intenso, fuerte, melancólico.

El próximo paso fue encontrar un pretexto para poder repetir al final de todas las estrofas la palabra nevermore, y Poe se dio cuenta que la mejor excusa para hacerlo era utilizar a un animal no racional capaz de hablar. Primero pensó en un loro, pero por el tono del poema un cuervo, oscuro y lúgubre, le resultó mucho más apropiado.

Luego tuvo que pensar, entre todos los temas, cual seria el más melancólico. Lo primero que se le ocurrió fue la muerte.

Y al haber definido a la belleza como la impresión, pensó que también podría ser el tema más poético. Y concluyó diciendo “la muerte de una mujer bella es indudablemente el tema más poético del mundo”5.

Era necesario contextualizar al cuervo repitiendo nevermore, en una situación melancólica, entonces se le ocurrió que el cuervo pronunciara la palabra mencionada al contestar las preguntas del enamorado de la bella sin vida.

Ya tenía todo meticulosamente diseñado. El poema tenía definida su extensión, su impresión, su tono, su eje, su estribillo, su tema y sus personajes. “Puede, por lo tanto, decirse que este es el momento en que comienza el poema”6.

Poe, entonces, con toda la estructura de su poema prediseñada, comenzó a componer las estrofas que lo conformarían, y empezó por la última, por ser el momento de mayor intensidad, lo cual le permitiría variar y graduar las intensidades de las estrofas anteriores.

Lo primero que tuvo en cuenta al construir su poema fue la originalidad, que para él no tiene nada que ver con la intuición.

Cree que para encontrarla, hay que buscarla meticulosa y arduamente.

Todo el poema está inundado de relaciones muy pensadas y buscadas. Él dice que la originalidad de la obra reside en su combinación en estrofas. Cada verso existe porque tiene que existir para darle sentido al anterior y al próximo, y para realzar las sensaciones, las palabras utilizadas son las más precisas.

Lo mismo pasa con los hechos de la narración. Poe sitúa al cuervo y al amado en una habitación. “Determiné, por lo tanto, situar al amante en su cuarto; en un cuarto sagrado para él porque su amada había estado allí muchas veces”7. Ideó que el pájaro entre volando por la ventana, luego de golpear el vidrio con las alas, generando en el lector mayor curiosidad.

Imaginó una noche tormentosa, para que el cuervo tenga una razón para buscar refugio. Al entrar, hizo que el pájaro se posara sobre un busto de Palas para buscar el efecto del contraste entre el negro del ave y lo blanco del mármol.

Para Edgar Allan Poe el arte es un producto consciente fundado en cálculos precisos.

Su poema “El cuervo” responde fielmente a la rama de las teorías racionalistas de la creación artística, que plantean el método y el trabajo como caminos para componer una obra de arte, y es uno de los máximos exponentes de las mismas.

Como expliqué antes, también existen las teorías irracionalistas, que a diferencia de las racionalistas, dicen que para crear arte hay que estar inspirados por una fuerza sobrehumana y de esa manera entrar en un trance.

Un ejemplo de estas teorías, es la que Platón plantea en su libro Ion o de la poesía, en el que Sócrates y el rapsoda Ion dialogan acerca de la creación artística.

Sócrates, utilizando la mayéutica, la refutación y la ironía, lleva a Ion de pregunta en pregunta, para poder llegar a explicarle su teoría (que en realidad es la de Platón).

En un momento Ion le responde a Sócrates una de sus preguntas, y le dice que él es el único que puede recitar la obra de Homero a la perfección, pero que no puede decir nada de ningún otro poeta. Sócrates le contesta revelando la idea principal de Platón. Le explica al rapsoda que esa facilidad y ese increíble talento que tiene para recitar a Homero a la perfección, no es una causa del arte en si, porque de ser así, Ion seria capaz de hablar y recitar de la misma manera a todos los demás poetas. Entonces su habilidad se debe a una “virtud divina” que lo posee y lo transporta; la inspiración.

Sócrates le dice a Ion que lo que le sucede a él y a todos los artistas, es similar a como funciona la piedra magnética Heraclea.

Establece un paralelismo entre esta piedra y los anillos con la inspiración, los artistas, los rapsodas y el público.

Heraclea atrae los anillos de hierro, y además les comunica esa misma virtud. Los magnetiza y los anillos pueden atraer otros anillos, y a estos también se les transmitirá la virtud de producir el mismo efecto y eso resultará en una gran cadena de anillos atraídos los unos de los otros, y todos ellos sacan la virtud magnética de la piedra. Eso mismo es lo que sucede con la musa que inspira a los poetas y estos inspiran a otros, ya sean otros artistas, o rapsodas, o el publico mismo, y así, como con los anillos y la piedra, se forma una cadena de inspirados.

Sócrates le dice a Ion que exactamente lo mismo que le sucede a él, es lo que le sucede a todos los artistas. No es mediante el arte que pueden componer o recitar los poemas, sino por la inspiración que los arrastra y los hace entrar en furor; la inspiración los hace salirse de si mismos; entrar en un trance.

Al deber su obra solamente a la inspiración, los poetas, sin ella, son incapaces de producir. El pensador dice que hasta el momento en que llega esa inspiración divina los hombres no tienen ninguna posibilidad de componer.

Sócrates plantea otra gran idea. Se refiere a los poetas como los interpretes de los dioses. Porque más allá de que todas las obras de arte existentes, sean poemas, esculturas, pinturas, o melodías, son hechas por la mano del hombre, en realidad son obra de los dioses. Entonces le pregunta a Ion, que es rapsoda de Homero: “¿Luego sois vosotros los intérpretes de los intérpretes?”8. Le hace ver que al recitar, él mismo se deja llevar por la inspiración cuando sus ojos se llenan de lágrimas, y al mismo tiempo lo hace su público, dejándose arrastrar por la virtud transmitida de la inspiración, acompañando su narración con llantos, miradas amenazadoras o temblando. Sócrates prosigue con su explicación: “¿Ves ahora cómo el espectador es el último de los anillos, que, como yo decía, reciben los unos de los otros la virtud que les comunica la piedra Heraclea?”9. Le muestra a Ion como los rapsodas son el anillo intermedio entre el poeta, que es el primer anillo, y los espectadores, siendo el último anillo de la cadena. Es por medio de esos anillos que la musa atrae personas. Hombres y mujeres. Músicos, escultores, pensadores, pintores, bailarines. Cada uno es atraído por una musa en especial. Y cuando esto sucede, los artistas dejan de ser ellos mismos, porque pertenecen a su musa.

Sócrates concluye el dialogo, resumiendo la idea de Platón con respecto a la creación artística. Los artistas no son capaces de hacer nada si no son arrastrados y transportados por la inspiración de una musa determinada. La única manera en que el hombre pueda crear es estando en un trance, fuera de si, y siempre por inspiración divina, nunca en virtud del arte.

Esta última oración puede funcionar como una definición breve, pero completa, de lo que plantean las teorías de la rama irracional.

Otra teoría de la creación artística, es la del médico, neurólogo y librepensador austriaco, creado del psicoanálisis, Sigmund Freud (1856-1939).

Para explicar cómo los poetas crean sus obras se centra en los niños; cree que en ellos se pueden encontrar huellas del quehacer artístico.

Freud plantea que todos los niños cuando juegan se comportan como pequeños poetas, porque inventan y viven dentro de un mundo creado por ellos mismos, a su gusto, regido por sus propias reglas. Son universos diseñados completa y solamente por su imaginación: dimensiones y mundos fantásticos que reales para ellos. En esos mundos los niños son dueños de la verdad, de lo que sucede. Juegan dentro de sus invenciones; lo mismo que hace un poeta cuando compone sus versos y estrofas, narrando una historia. Ambos, los niños y los poetas, habitan realidades creadas con sus propios intelectos, moldeadas con su propia imaginación, y deciden todo lo sucede en ellos. Son dueños de sus universos.

Los niños juegan. Al crecer dejan la niñez para convertirse en adultos y también dejan de lado el juego, pero al haber experimentado las sensaciones que estos les generaban y no poder renunciar a ellas, encuentra en el fantaseo un sustituto del juego.

El adulto no juega; fantasea de día y de noche. Por vergüenza, el adulto se ve obligado a conservar esas fantasías dentro de él. Sabe que no sería bien visto ni aceptado que se hagan públicas y se expongan y compartan con las demás personas. De ser reveladas, causarían rechazo, repudio e incomodidad en la gente. Situación contraria a la del artista, que al plasmar sus fantasías en una magnifica obra de arte nos provoca placer, gracias a que lo hace con formas estéticas, una increíble habilidad y empleando las correctas y mas sutiles herramientas.

Freud explica que el artista hace arte porque sus vivencias actuales despiertan recuerdos de una vivencia anterior cuando ese sueño o anhelo se cumplía, y esa necesidad de volver a experimentar esa antigua sensación de realización del sueño es la que impulsa al poeta a crear una situación futura en la que pueda sentirse de esa manera nuevamente.

Mi opinión es que ninguna de estas teorías es incorrecta: ni la teoría irracional de Platón, basada en la inspiración y el momento de trance del artista, ni la racional de Poe, en la que muestra que el arte es producto de cálculos matemáticos, ni la teoría de Freud, que dice que el arte es producto de una búsqueda de antiguas sensaciones que existieron en la niñez de los poetas. Ninguna de estas teorías esta equivocada; tampoco hay una que sea correcta.

En realidad, yo creo que nunca podría existir una teoría que explique como se hace arte; eso es imposible. Sería como pretender que alguien escriba explique el cómo y el por qué nos enamoramos. Recuerdo una entrevista a un artista ciego, en la que el reportero le preguntaba si de ser todopoderoso, se devolvería o no la vista. Y el no vidente le dijo que él ya tenía sus propios conceptos de cada cosa, y que al verlas seguramente se decepcionaría. Creo que eso mismo es lo que sucede con el arte: Si alguien descubriera cual es el inmenso secreto del arte, el mismo perdería todo su sentido. Es por eso que pienso que no puede existir una teoría universal para el arte.

Las cosas más lindas de la vida no tienen recetas. Eso las hace únicas e irrepetibles, y nos obliga a valorarlas.

Creo que en la creación artística se cruzan todas las teorías y cada obra tiene la suya. No hay dos iguales.

Dentro de una misma obra pueden convivir estrofas enteramente compuestas en virtud de la inspiración y versos diseñados con mucho cuidado, con palabras seleccionadas específicamente para formar una rima determinada. Ráfagas de inspiración sostenidas por métricas exquisita y caprichosamente calculadas, conformando estrofas suaves, heterogéneas.

La inspiración y el calculo son compatibles, y se necesitan entre si.

Siempre un método requiere un poco del otro: No existe el arte sin inspiración, y sin un método para organizarla se disiparía como polvo en el aire.

Al principio, en el medio o al final, entra en juego la creatividad.

En la estructura, casi ósea, del “Cuervo”, Poe tuvo que poner en cada espacio en blanco una palabra. Seguramente esa palabra no es la misma que pondría yo, mi primo o mi dentista. Eso es inspiración, originalidad, creación. Tampoco existe un artista sin un método, porque nadie podría comunicar sin antes conocer y saber utilizar el lenguaje, y sin una estructura que sostenga las ideas, las palabras, las emociones.

La racionalidad y la irracionalidad se necesitan; conviven en el arte.

Es el momento en que agarro mi guitarra y me siento en el sillón, con las luces del cuarto apagadas y mis ojos cerrados, cuando me convierto en artista.

Apoyo mi mano izquierda sobre el diapasón, y a cada dedo de mi mano derecha le asigno una cuerda.

A veces mi mano digita un acorde en especial (siempre es un acorde menor –van más con mi personalidad), el que ella quiere; se mueve sola. Otras veces estoy 5 minutos pensando y meditando que puedo hacer, que progresión de acordes puedo inventar, y luego toco.

No importa como empiece, ni como termine, o si escribo mi canción de atrás para adelante, o de adelante para atrás; siempre la racionalidad y la irracionalidad van a formar parte de la obra; son parte de la vida. Un balance.

Yo creo que el arte, para el poeta, es la manera de expresar lo que siente el alma; expresarlo en palabras; en colores; en texturas; en sonidos.

El arte es una cobija para el alma; la caricia que la estremece; la luz con la que despierta y se emociona; brota de energía y se despliega desde el corazón hasta la punta de los dedos.

El arte cierra suavemente mis ojos y me invita a sentir; a sentirme a mí mismo.

Me invita a entregarme, cuando las vibraciones muevan mi corazón.

Notas

1 Poe E. A. (1973). Filosofía de la composición. Madrid: Alianza.

2 Ídem 1 3 Ídem 1 4 Poe E. A. (1973). Filosofía de la composición. Madrid: Alianza.

5 Ídem 4 6 Ídem 4 7 Poe E. A. (1973). Filosofía de la composición. Madrid: Alianza.

8 Freud, S. (1989). El creador literario y el fantaseo. Buenos Aires. Amorrortu 9 Ídem 8

Bibliografía

Baudelaire, C. (2004). Las Flores del Mal. Madrid. Alianza.

Boileau, N. (1953) Arte poética. Buenos Aires: Clásica Freud, S. (1989). El creador literario y el fantaseo. Buenos Aires. Amorrortu.

Oliveras, E. (2004). Teorías sobre la creatividad en Estética. La cuestión del arte. Buenos Aires: Emecé.

Platón. Ion o de la poesía en Diálogos (p. 95-104). México: Porrúa (1996) Poe E. A. (1973). Filosofía de la composición. Madrid: Alianza.


El camino indefinido (e indefinible) fue publicado de la página 23 a página26 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

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