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El funcionalismo bajo el ojo de tres diseñadores. Van de Velde - Le Corbusier - Mies Van de Roche

Mosovich, Marcela

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen. Edición IV. Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año V, Vol. 21, Mayo 2009, Buenos Aires, Argentina | 157 páginas

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Funcionalismo: (diseño y arquitectura) Tendencia del diseño contemporáneo que, entre todas las consideraciones del proyecto, hace hincapié en aquellas que se refieren a la función –el clásico utilitas vitrubiano– por encima de cualquier consideración meramente estética.

En consecuencia, rechaza la ornamentación y considera que la composición de un objeto tan solo debe expresar su cometido.

El funcionalismo, también conocido como racionalismo, es un movimiento en arquitectura y diseño que se apoya en la teoría formulada por Henry Sullivan (1856-1924) según la cual "la forma sigue a la función". Este arquitecto creía que la forma de un edificio debe derivarse del completo conocimiento del propósito al que sirve. Aseguraba, por ejemplo, que la forma exterior de un edificio está dictada por sus componentes internos, que a su vez están determinados por la estructura.

También creía que el principal objetivo de un arquitecto debe ser asegurarse de que un edificio funciona bien y que nada debe interferir con su aptitud para adecuarse a su propósito.

Si bien las ideas funcionalistas tienen una larga historia en la teoría arquitectónica, especialmente importantes en los siglos XVIII y XIX, no será hasta principios del siglo XX cuando tengan una cristalización efectiva. Art Nouveau, Jugendstil y Neues Bauen fueron las primeras tendencias verdaderamente funcionalistas. El Art Nouveau desarrolló un funcionalismo orgánico basado en una idea integral de la forma con un espíritu cercano a lo natural. Van de Velde (1863-1957) fue el principal desarrollador de esta tendencia. Jugendstil y Neues Bauen desarrollaron, sin embargo, un funcionalismo tajante relacionado solo con los valores materiales, estructurales y utilitarios que favoreció las formas geométricas. Los principales defensores de esta tendencia fueron Adolf Loos (1870-1933) y Hannes Meyer (1889-1954), los cuales separaron la arquitectura del arte al desechar lo emocional y el valor de lo ornamental.

En el campo del diseño, el planteamiento funcionalista de formas geométricas, simples y sin decorar, cristalizó en lo que se conoce como "estética de la máquina". Al igual que los cubistas (cubismo) veían todo en términos de esferas, cilindros y conos, y mostraban los objetos simultáneamente desde varios puntos de vista, los diseñadores funcionalistas de la "estética de la máquina" redujeron las cosas a sus componentes básicos (teóricamente para facilitar la producción en masa) simultaneando volúmenes que se incrustan unos en otros, de suerte que las formas verticales alternan con las horizontales.

Su inspiración la encontraron en motivos que son metáforas de la rueda, el émbolo y otros elementos mecánicos.

La Bauhaus (escuela de diseño alemana fundada en Weimar en 1919) tuvo un gran papel en la promoción de una estética inspirada en la máquina para la arquitectura y las artes aplicadas. Sus programas de enseñanza tendían a animar a los estudiantes a que redujeran su vocabulario estético a elementos básicos, poniendo énfasis en el papel de la estructura y la construcción en el proceso de diseño. Las teorías funcionalistas de la Bauhaus produjeron algunos de los objetos más bellos y elegantes, como las famosas sillas voladizas de Ludwig Mies van der Rohe (1886-1969), en tubo de acero y cuero, que están consideradas como uno de los diseños "clásicos" del siglo XX y como uno de los mejores ejemplos funcionalistas de la estética de la máquina.

En el periodo comprendido entre 1935 y 1955, el desarrollo del transporte de masas estimuló la innovación en el campo del diseño de coches, aviones, barcos y trenes. Esto hizo que las ideas funcionalistas se combinaran con la búsqueda de la eficiencia, dando lugar a la estética aerodinámica, que se caracterizó por las formas bulbosas y afiladas.

Durante los años sesenta las formas austeras y funcionales perdieron valor en el contexto de la cultura de masas y los diseñadores empezaron a centrarse en el consumidor y sus necesidades psicológicas, con el fin de buscar una nueva teoría estética.

A mediados de los setenta, los postmodernistas rechazaron el abandono de lo emocional y volvieron la vista al pasado en busca de inspiración. Surgieron así nuevos estilos ornamentalistas que añadieron color y humor a los diseños de todo tipo con el fin de humanizar el ambiente.

Desarrollo del funcionalismo a partir de la mirada de los protagonistas. Henry Van de Velde y el Art Nouveau

Entre los representantes del Art Nouveau podemos encontrar a este arquitecto belga. Su idea principal se basa en suprimir los estilos históricos y dar vida a un nuevo movimiento, la propuesta de Horta, colega del momento, no lo convence y busca dar un giro más profundo para comprender el arte y diseño.

Van de Velde habla de Horta: “Mis esperanzas en lo que se obtendría con la liberación de la tutela del pasado y el comienzo de un nuevo periodo en el diseño eran tan grandes como las suyas, pero sus ilusorios anhelos no bastan para satisfacerme. Sabía que debíamos cavar mucho más hondo, que el objetivo a conseguir era mucho mas importante que la simple novedad que, por su propia naturaleza, solo puede ser efímera. Para llegar a esto debía empezar por apartar los obstáculos que los siglos habían acumulado en nuestro camino, contener los ataques de la fealdad y desafiar cualquier influencia capaz de corromper el gusto natural… Creía firmemente poder conseguir mis fines… en virtud de una estética fundada en la razón, y por lo tanto inmune al capricho. Y, siendo plenamente conscientes de que la falsedad puede manchar a los objetos inanimados, exactamente igual como degrada el carácter del hombre y la mujer, confiada en que mi honradez resistiría las múltiples insidias de la falsedad”.

La primera ocasión que tiene Van de Velde de para trabajar en decoración es el arreglo de su casa en Uccle, cerca de Bruselas en 1894; de acuerdo con sus principios se propone buscar cada elemento formal una justificación objetiva, de orden funcional en la medida de lo posible. Se planteaba que en relación con la postura que el hombre tomaba naturalmente, según las exigencias de trabajo y del descanso, de la tensión y del relajamiento, y en eso basar el trazado de líneas, de las molduras, y dibujos ornamentales.

Esta investigación lo lleva a realizar formas fluídas y encadenadas parecidas a las de Horta, pero simples y rigurosas.

A esta simplificación, insólita hasta ahora fuera de Inglaterra, se debe probablemente la inminente resonancia polémica de sus decoraciones y la vivacidad de las reacciones positivas y negativas.

En una conferencia afirma que la renovación del arte surgirá de la confiada aceptación de las maquinas y la producción en serie.

Como planteo general podemos decir que las curvas del Art Nouveau fueron desapareciendo gradualmente dejando paso a una estética de la maquina mucho más simple y geométrica, convirtiéndose en el estilo dominante del diseño, la arquitectura y las artes decorativas durante las tres primeras décadas del siglo XX.

Podemos decir, finalmente que, como vemos en sus muebles y objetos Van de Velde, realiza sus diseños basándose puramente en figuras planas, ornamentaciones, casi sin decorar.

Le Corbusier y la máquina de habitar

“Reducen los objetos a su sencillez más arquitectónica, denominando sus casas como máquinas prácticas para vivir en ellas"

Este arquitecto (su verdadero nombre era Charles-Eduard Jeanneret-Gris, pero en 1922 adoptó este seudónimo del nombre de un antepasado) es uno de los arquitectos más destacados del movimiento arquitectónico del siglo XX denominado racionalista, dentro del cual destacaron así mismo Mies van der Rohe y Walter Gropius.

Pese al profundo individualismo de estos arquitectos poseen como características generales la lógica constructiva en el que las formas geométricas –como el cubo, cilindro, cono o esfera, son las formas volumétricas destacadas. Este racionalismo deviene en dos corrientes estilísticas: el funcionalismo cuyo exponente más destacado es Le Corbusier; Y la escuela Bauhaus La Bauhaus, que tenía su sede en Alemania, deriva luego en el llamado estilo internacional, pues tras la subida al poder del nazismo, los más reconocidos arquitectos de la Bauhaus emigran a los Estados Unidos, integrando las corrientes constructivas norteamericanas y creando un híbrido europeo-americano.

Le Corbusier postula otro concepto arquitectónico, el módulo, retomando las ideas renacentistas de la proporción Áurea.

El módulo basa su estructura en la división de la proporción humana en dos líneas, separando esta proporción en la cintura.

Le Corbusier aplica esta escala de proporciones en todo lo que diseña. Es el caso de la Capilla de Notre Dame du Haut.

Paradójicamente, tras años de defensa del diseño cubista y sus cinco puntos de arquitectura, Le Corbusier sorprende al mundo entre 1950 y 1954 con la construcción de la capilla de peregrinación de Notre Dame du Haut, en Ronchamp, cuya cubierta desmesurada recuerda a un champiñón o un barco.

El diseño volumétrico, casi caótico en apariencia, se destaca como una de las obras maestras del arquitecto de La Chauxde-Fonds. Una simple nave oblonga, dos entradas laterales, el altar en el centro y tres capillas bajo las torres. La combinación de los volúmenes da la impresión de una gran escultura habitable, en donde el juego de las partes no estructurales permite la flexibilidad en el diseño y el juego de los contornos.

Le Corbusier es un artista tremendamente polémico, tanto hoy como en sus inicios ha despertado tanto odio o adoración.

Se lo encuentra radical en sus conceptos. Quizá uno de los escándalos internacionales de mayor repercusión fue el proyecto para el Palacio de la Sociedad de las Naciones Unidas en Ginebra, que por intrigas políticas fue adjudicado a otro arquitecto, al que se calificó luego como plagista del proyecto de Le Corbusier. Esto tuvo como consecuencia la creación de la CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna) para la defensa de la nueva arquitectura; dirigidos y organizados por Le Corbusier. En 1933, se celebra en un barco navegado por el Egeo, la Carta de Atenas, que con sus 95 apartados es considerado el texto fundamental para el urbanismo moderno.

Ludwig Mies Van der Rohe: “menos es más”

La arquitectura de Mies se caracteriza por la sencillez y por la sinceridad expresiva de sus elementos estructurales. Aunque no ha sido el único que interviene en estos movimientos, el racionalismo y el posterior funcionalismo se han convertido en modelos para el resto de los profesionales del siglo. Su influencia se podría resumir en una frase que él mismo dictó, y se ha convertido en el paradigma ideológico de la arquitectura del movimiento moderno: menos es más.

Su obra se destaca por la composición rígidamente geométrica y la ausencia total de elementos ornamentales, pero su poética radica en la sutil maestría de las proporciones y en la elegancia exquisita de los materiales (en ocasiones emplea mármol, ónice, travertino, acero cromado, bronce o maderas nobles) rematados siempre con gran precisión en los detalles.

De los primeros años de la posguerra data el aporte verdaderamente original de este arquitecto, que es también reflejo de las inquietudes del Berlín de entonces. Su primer proyecto revolucionario fue una casa de pisos destinada a oficinas (1922), realizado en hormigón armado y fachada de faja con tinua de ventanas, tema que apareció así por primera vez y al que tanto habría de recurrir la arquitectura moderna. En esta misma época berlinesa se adhiere al Grupo de Noviembre y construyó el monumento a K. Liebknecht y R. Luxemburgo (destruido por el nazismo).

De 1929 data una de sus obras maestras, el pabellón alemán de la Exposición Internacional de Barcelona: estructura de ligeros montantes de acero cromado que sostienen una plancha de hormigón y constituye un ejemplo incomparable de perfecta modulación del espacio; En su interior, escuetamente amueblado por Mies, figura la llamada silla Barcelona.

La aceptación de la vanguardia racionalista llega con al dirección de la Bauhaus en su ultimo periodo. Mies aporta a la escuela el estudio de la construcción en si misma, en su intrínseco contenido de estructuras y de materiales.

Mientras está al frente de la Bauhaus (1930-1933) es nombrado miembro de la Academia Prusiana de las Artes y de las Ciencias, y ese mismo año participa de la Exposición de la Edificación de Berlín en la que presenta una casa para solteros, resultado de la reducción al mínimo de las dimensiones.

La función siempre va a seguir a la forma, no importa como, no importa si tenga más o menos ornamentación, más o menos capricho, la función está siempre presente, porque es la denotación de los objetos, de las cosas, de las necesidades de los usuarios. Sin necesidad no hay usuario y las necesidades siempre se guían por alguna función.

La geometría marca sencillez, es por eso que está estrechamente relacionado con la función, con lo puntual, lo focal.

La pureza que representa históricamente la matemática, la rigidez y valoración mundial, se constituye como el principal sustento del funcionalismo.

La razón es una guía de seguridad y certeza, lo que dicta la racionalidad han sido los pilares para la creación y para su sustento.

Lo que es caprichoso, es efímero y es fácil de desechar. Es por eso que no hablamos de la pura objetividad como el único punto de partida, si no que, bajo la mirada de la razón, las cosas obtengan su curso.

Si la silla tiene que tener cuatro patas y un asiento porque debe cumplir la función de reposo, podemos realizar las relaciones entitativas que se nos ocurran para proyectarla.

Bibliografía

Benévolo, Leonardo (1994). Historia de la arquitectura moderna. Edición Gustavo Gius.

Gay, Aquiles (2007). El diseño Industrial en la historia. Edición Técnica.

Lucie-Smith, Edward (2000). Arte visuales del siglo XX. Konemman.


El funcionalismo bajo el ojo de tres diseñadores. Van de Velde - Le Corbusier - Mies Van de Roche fue publicado de la página 27 a página29 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

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