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Genetismo, racismo genético y las sociedades de control. Ensayo relacional de las obras

Ponce de León, Rocío

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen. Edición IV. Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año V, Vol. 21, Mayo 2009, Buenos Aires, Argentina | 157 páginas

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Gattaca y Código 46 son dos dramas románticos emplazados en un futuro imaginario, inespecíficamente situadas en el tiempo y no muy distantes de los actuales avances tecnológicos.

He seleccionado estas dos piezas audiovisuales ya que plantean la preocupación de los pronosticadores de un futuro cercano que con cada descubrimiento, a veces llamado avance biotecnológico, parece hacerse más factible de pasar a ser parte de la realidad cotidiana.

Código 46 sucede en lo que podría ser un futuro cercano, en espacio altamente intercomunicado. Se habla inglés pero con varias palabras y expresiones de otras lenguas modernas como el italiano, español, árabe, francés.

Los países existen aún, pero sus distinciones están mucho menos marcadas, lo vemos en la raza de los que allí habitan y en la mezcla de idiomas que utilizan. Acercándonos a un mundo mucho más globalizado donde las diferencias raciales se intercambian por las diferencias genéticas. Y la medicina por la genética.

Curiosamente filmada en escenarios naturales, no aventura un porvenir completamente renovado sino uno donde la mixtura entre lo nuevo y lo viejo, el afuera y el adentro coexisten, ¿pero acaso conviven? La vida, en ambas películas, se genera de forma asistida. La clonación está a la orden del día y se consideran como la forma natural de traer hijos al mundo. De esta manera es muy difícil saber quienes tienen la misma herencia genética. Para lo cual se obliga a la gente a hacerse pruebas de ADN y así evitar que se formen parejas incestuosas. Se abortan obligatoriamente los embarazos provocados por uniones de este tipo.

El control rige los movimientos de las personas, puertas que separan un adentro y un afuera. Adentro es un lugar al que todos quieren llegar, afuera es un lugar del que todos quieren salir. Incluso dentro del adentro el traspaso de un lugar al otro está restringido. Aquellos que posean ciertas debilidades que los pusieran en peligro no podrán acceder a estas zonas. Una suerte de matriz: Sphinx, decide por ellos. No está permitido correr riesgos. Lo curioso es que mientras hoy día mucha gente se batalla con la vida para poder adquirir un pequeño pedazo de libertad, en Código 46 las cosas parecen ser tan difíciles en este afuera que vivir controlados en el adentro resulta una mejor opción, si acaso uno tiene acceso a ella.

Deleuze nos habla del traspaso de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control. Estos Films nos muestran una posible sociedad avanzada de control. Extrañamente no nos hablan sobre el tipo de educación que reciben sus habitantes pero está claro que ya se conocen virus con los que se aprenden idiomas, o a cantar, e incluso se adquiere intuición.

A diferencia de las sociedades disciplinarias donde la escuela como lugar de encierro transmitía los conocimientos, moldeando el pensamiento según la institución elegida por el entorno familiar, en el que quedaba en manos el inculcar valores y estilos de vida, antesala de la fábrica donde se continuaría con el sentido de pertenencia y obediencia de superiores (jefes de familia, jefes de trabajo), en las sociedades de control como la de Código 46 aparecen los virus incorporados al organismo para la exclusiva realización de tareas tendientes a desarrollar mejor su trabajo. Estamos hablando de una suerte de bioeducación.

Alejándonos del concepto de identidad actual basado en los parámetros establecidos por la formación e imposición de valores adquiridos desde la infancia. La cual no se borra ni se reemplaza sino que se acumula a lo largo de los años.

Esta identidad forjada en la institución familiar mediante la herencia genética, la transmisión de valores y reforzada en la escuela también esta constituida por los recuerdos. Basados en las experiencias de vida los recuerdos dan sustancia a la identidad.

William, protagonista de Código 46, toma un virus de intuición, la cual María encuentra atractiva pensando que es natural y al saber que no lo es la desilusiona notablemente.

En esta sociedad de control la Sphinx tiene incluso la autoridad de interferir en la memoria, decidiendo cuando un recuerdo merece ser reemplazado o modificado. Alterando así la identidad, todo en función de mantener estable una sociedad que camina hacia un futuro con una idea de progreso muy fuerte.

La identidad dada por la memoria, está impetuosamente modificada por los controladores de Código 46 y la identidad genética es el factor de inclusión-exclusión en Gattaca. Los entes controladores, la Sphinx en Código 46, permanecen encubiertos en ambos ejemplos de sociedad. No sabemos si se trata de una máquina, de un grupo de personas o de un patrón de conductas que podría compararse al de un místico libro religioso.

El concepto de familia de Gattaca está desvirtuado por la no herencia de rasgos “defectuosos” (¿de que se reirá la gente?).

Un defecto no es un motivo de risas sino un motivo de exclusión. Se tiende a la unificación de la especie, a la desparticularización de la gente. Las particularidades son reemplazadas por el virtuosismo que fue elegido y/o diseñado para aportar positivamente al bienestar social.

La apertura de los espacios de control (hospitales), visitas domiciliarias, no como liberadoras sino como mecanismos de control más eficientes, es más difícil burlar al patrón. La manipulación genética es una forma de prever obstáculos destinada a ampliar opciones, el control de las pruebas genéticas y exámenes genéticos es una forma de control que reduce caminos, cierra puertas. No hay apertura de fronteras, los límites están desvirtuados, el tránsito en general está restringido.

Las instituciones (familia, escuela, fábrica) constituían lugares de pertenencia y encierro. A la vez que otorgaban seguridad y la posibilidad de empezar de nuevo en una institución diferente.

El principio modular del “salario al mérito” de las sociedades de control opone a los empleados entre si en función de un ascenso. El molde de la fábrica se rompe para imponer modulaciones variables en función de la rentabilidad de la empresa.

La evaluación continua sustituye al examen. La empresa reemplaza a la fábrica y se libra la escuela a la empresa. Como lo vemos en el virus de intuición que la empresa da a William y luego quita en cuanto ya ha cumplido su función. Esta es la modulación continua, control continuo, exámenes continuos, un expediente que se archiva y se modula. Una intervención en la identidad de cada individuo. Cambiar sus aptitudes, la enciclopedia personal. Adueñarse de los recuerdos y conocimientos de alguien es una forma de posesión de los individuos que se ve en estas sociedades de control.

Esto conlleva el dejar el destino o camino en la vida de las personas a una matriz que dirige el tránsito de la gente guiado por el consecuente progreso con métodos biotecnológicos tanto como burocráticos. Se hace un análisis de sangre, de huellas digitales cada vez que se pasa una puerta, ya no hay llaves que den la posesión o el derecho de habitar o transitar un espacio, nada está asegurado.

Los archivos se amplían en extensión y cualificación. No es posible correr riesgos. En Código 46 un hombre apasionado por los murciélagos es incapacitado físicamente para acceder a los lugares donde ellos habitan, le es prohibida la entrada porque resulta riesgoso para su salud. Si bien al acceder ilegalmente a esta zona el hombre en cuestión muere producto de su deficiencia física, lo que este sistema infiere es una restricción en los riesgos.

Filosofía y misticismo aparte, –“el que no arriesga no gana”– frase que nos incita a la superación de metas. En las sociedades de control no es la disciplina la que hace que uno se supere día a día sino el mejoramiento de la “raza” con técnicas de discriminación genéticas. El protagonista de Gattaca está decido a probar lo contrario. Y es justamente el mensaje del film, puesto en resultados estadísticos y concretos al final de la película con los datos de grandes científicos y pensadores que llegaron al éxito a través de la superación de obstáculos físicos o supuestas fallas genéticas.

La filosofía de avanzar superando obstáculos en la vida queda caduca ante los nuevos parámetros de superioridad que no suponen la resiliencia o capacidad de adaptación de una persona sino sus atributos innatos o adquiridos a través de virus.

El tipo de registro continuo de todo lo que acontece a un ser humano se asocia a todas las disciplinas que este realice. En las sociedades disciplinarias los espacios de encierro eran independientes unos de otros. Se encierra a los delincuentes, se los aparta de la sociedad y se los controla para disciplinarlos.

En Código 46 podemos ver como los que están afuera de la sociedad, los expulsados, no son necesarios y por ende no son controlados. En los lugares de encierro se vive como en un panóptico. Lo que muestran estos films es como los encerrados pasaron a ser los incluidos, los que pertenecen.

Encerrados afuera, porque es más barato encerrar a los que pertenecen que a los que no. En este film se presume una amplia mayoría sumida en la miseria total y expulsada de los confines liderados por la “Sphinx”.

Estos seres siempre alerta, viven en estado de paranoia. El control externo desencadena el autocontrol. En el momento en que María, que había tenido un embarazo, y William se escapan e intentan hacer el amor vemos como la ciencia ha llegado al punto de poder encapsular el “control” en un virus para que ellos, que están ligados genéticamente, no puedan hacer el amor. Otra vez el ser humano es incapacitado para correr riesgos. Así el sexo entre las personas con la misma herencia genética no está penalizado como lo están los embarazos producto de éstas uniones.

Como muestra claramente Gattaca, el Curriculum Vitae, las habilidades de la gente, no están conformadas por experiencias o logros personales sino por el potencial genético.

Cualquiera que posea un ADN con las características de un triunfador tiene asegurada una plaza de trabajo que le proporcionará un elevado estatus de vida.

Se ha pasado de un sistema monetario basado en el dinero que es resguardado por lingotes de oro, a títulos y valores intangibles que responden conceptos flotantes. Otra vez las modulaciones del sistema nos sitúan entre los lugares de encierro sin contenernos.

A diferencia de los sistemas de concentración, producción y propiedad (notablemente de los lugares de encierro) del capitalismo del siglo XIX, las nuevas herramientas son máquinas informáticas y computadoras. Ya no es su objetivo producir productos sino servicios. Relegando la producción a los sectores periféricos de la sociedad.

Los dueños pasan a ser figuras cifradas, deformables y transformables.

La propiedad se desvirtúa al igual que el dinero y la empresa pasa a tener administradores en vez de propietarios.

La búsqueda de control de un mercado supera a la búsqueda de la disciplina.

El controlador aparece como un órgano intangible y amorfo como el alma de una empresa que tiene por objetivo el control de sus engranajes en función de los servicios y buen funcionamiento del sistema. Dejando de lado los preceptos morales de una sociedad disciplinada. El castigo no será el encierro tanto como la imposibilidad de acceso a lugares controlados.

Se puede vivir en la matriz bajo su acogedora alma ordenadora. La comodidad implica el sacrificio de la observación constante. Lo que no encaja se descarta al lugar de los no válidos. Y así incluso las piezas defectuosas producto del disciplinamiento adquieren un lugar de no encierro pero de extremas privaciones. Los lujos y placeres ya no son de los creados en orden para que así fuere.

La idea de elegir un reto y esforzarse para llegar a la meta queda restringida a quienes tienen el potencial innato. A los que fueron preconcebidos para ello. En las sociedades de control el presunto cause de la vida parece estar dictado por un orden preestablecido de las cosas, como un gran dictador dirigiendo desde el más allá, omnipresente y omnipotente.

El orden parece tener un alma, así como las religiones tienen su Dios. En Código 46 este es la Sphinx, en Gattaca la superioridad genética es la que marca el mayor grado de espiritualidad.

El hombre encerrado se cambió por el hombre endeudado.

Encadenado a un futuro controlado por un ente que ya no es quien lo instruye sino quien lo constituye. En función de las necesidades y beneficios de la sociedad. Los seres humanos son confeccionados como piezas de un engranaje, dispuestas y disponibles para una intención que ellos mismos desconocen.

Demasiado pobres para la deuda, demasiado numerosos para el encierro. Las fronteras en Código 46 se disipan y los ghettos crecen. Al igual que en Gattaca es notorio el concepto de globalización donde las razas no influyen en la valoración de una persona, sus costumbres o sus capacidades de sobrevivir sino la disposición de los seres según sus habilidades genéticas lo diseñen. El mundo de los imperfectos está fuera de control, particularmente en Código 46, donde las condiciones de vida se ven extremas, seguramente alteradas por el desorden medioambiental de nuestros días.

Gattaca y Código 46 son atravesadas por historias de amor.

En Gattaca vemos un desenlace en el que Vincent no solo logra su cometido de engañar al amplio aparato controlador de ADN, sino además triunfante en el amor. El pujante Vincent con su sueño americano logra persuadir a sus ayudantes y vencer a sus opositores para acometer sus sueños. Por el contrario la joven María de Código 46 solo encuentra la salida de la ciudad de control para someterse a las inclemencias del desierto. Mientras que William, aún útil para la Sphinx, vuelve con su familia sin tener recuerdos del triste encuentro con la realidad de aquellos que no pertenecen a la escasa población seleccionada para vivir en el resguardado espacio de encierro y control. No es posible quebrantar el equilibrio de la sociedad.

Así como tal vez no fuera posible quebrantar el equilibrio de la sociedad en Gattaca si Vincent hubiese utilizado sus técnicas de evasión del orden para perjudicar los objetivos de la estructura de control.

El futuro no está tan lejos. La nanotecnología, la clonación, la concepción in Vitro, los virus creados en laboratorio, el acceso a través de lectura de huellas digitales, oculares, registro de voz, claves personales es utilizado por nosotros decena de veces al día. Las pruebas de ADN. Los registros interdisciplinarios como el VERAZ.

Podemos apreciar que el vaticinio sobre las formas de control en las sociedades del futuro no es confiado a los métodos audiovisuales, curiosamente la imagen del verdadero Gerome de Gattaca es pasada por alto en todos los exámenes de control. Sabemos lo que las cirugías plásticas pueden hacer, los cosméticos y la medicina cosmética, no nos extraña ver el cambio estético de la gente.

Los registros audiovisuales pasan a ser de escasa credibilidad tanto como los físicos, el Photoshop, y diversos software de manipulación audiovisual anulan su confiabilidad. Gattaca avecina una nueva forma de corrupción, ya no de la imagen sino de la identidad y las armas que ella dispone en ese futuro cercano: análisis de ADN. ¿Que pasará si un día logramos hacernos de dispositivos de alteración del ADN?

Bibliografía

Deleuze, Gilles (1991). Post-data sobre las sociedades de control.

Filmografía

Gattaca. Escrita y dirigida por Andrew Niccol (1997).

Código 46. Dirigida por Michael Winterbottom, escrita por Frank Cottrell Boyce (2003).

“Post-data sobre las sociedades de control” texto de 1991 por Gilles Deleuze. Ensayo sobre el paso de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control.

Gattaca: Un film americano de 1997 de 110 minutos. Ciencia ficción. Escrita y dirigida por Andrew Niccol. Protagonizada por Ethan Hawke (Vincent), Uma Thurman (Irene) y Jude Law (Gerome). Relato futurista de la vida de un ser “inferior” que intenta probar a la sociedad que lo discrimina por no pertenecer a la raza de gente diseñada genéticamente para eludir los defectos de la naturaleza.

Código 46: Un film del Reino Unido de 2003 de 92 minutos. Ciencia ficción. Dirigida por Michael Winterbottom, escrita por Frank Cottrell Boyce y protagonizada por Tim Robbins (William) y Samantha Morton (María). Historia de amor de dos personas que se quieren sin saber que poseen la misma herencia genética. A través de su desventura el film nos irá mostrando las fallas de una sociedad que parece tener todo bajo control.


Genetismo, racismo genético y las sociedades de control. Ensayo relacional de las obras fue publicado de la página 31 a página33 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

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