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La mujer como objeto del arte

Servideo, Agustina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen. Edición IV. Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año V, Vol. 21, Mayo 2009, Buenos Aires, Argentina | 157 páginas

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La mujer en la historia del arte

Muchas de las obras más universales y reconocidas del arte son representaciones femeninas. Son ejemplos de esto: La Gioconda de Leonardo Da Vinci, La Venus De Milo, La maja vestida y La maja desnuda de Francisco José de Goya, El nacimiento de Venus de Sandro Bottichelli, entre otras. Hasta podríamos remontarnos a la prehistoria, al Paleolítico Superior, en donde las Venus eran retratadas en estatuillas de marfil, piedra o terracota, confirmando así que desde hace miles de años las mujeres han sido una de las mayores fuentes de inspiración en el arte.

Si hiciéramos un recuento de las obras inspiradas en mujeres, o bien en las que se las representa, notaremos que en la mayoría de ellas aparecen representadas desnudas. El desnudo es un género pictórico, como la naturaleza muerta o el paisaje; y si estos pueden ser representados sin problemas, la desnudez también podría. Y pudo. El hecho de que la desnudez femenina fuera mejor aceptada que la masculina no se debió a que los desnudos no fueran igual de controversiales, ya que hubo épocas en las que las mujeres debían estar cubiertas de pies a cabeza, sino porque a éstas se les encontró otra forma de verlas, otra manera de llamarlas para que escaparan a la censura. Se las denominaron “Diosas” o “Venus”; cambiaron así su significado: pasaron de ser mujeres comunes y corrientes a mujeres glorificadas que hacían referencias a algún personaje de la historia, la Biblia o la mitología. La desnudez representada en pinturas o esculturas se encuentra inmersa en una enorme alegoría; un ejemplo de esto lo constituye la obra de Gustave Courbet, que con su cuadro L’Origine du monde (El Origen del mundo) no hace más que mostrar la plena desnudez de una mujer, pero titulándolo de esa forma deja de lado el tono pornográfico para convertirse en una excelente alegoría.

Sin embargo, estas obras, ya sean por sus títulos alegóricos o por las distintas visiones que se les fueron dando, finalmente fueron aceptadas y hoy son tomadas como ejemplo de grandeza.

Ya nadie reacciona frente al desnudo de una mujer en un cuadro o una escultura; pasó a ser parte de lo cotidiano, de la vida diaria, de todos los días. Ahora bien, en términos de desnudez, ¿es básicamente lo mismo ver a una mujer representada desnuda en un cuadro que a una mujer desnuda siendo parte de un Body Art? ¿Por qué la necesidad del artista contemporáneo de pasar del cuadro al cuerpo? ¿Qué lo llevó a dar ese paso, del plano a las tres dimensiones? ¿Qué clase de espectador reclama esta obra? A través de este ensayo se tratarán de responder estas cuestiones considerando cómo el Body Art cambió la noción de obra, artista y espectador.

La mujer como objeto del arte

El Body Art, o arte del cuerpo, es el nombre de un proceso artístico mediante el cual el artista utiliza su propio cuerpo, o el de otra persona, como lienzo o instrumento para llevar a cabo su obra. Surgió a finales de los años sesenta, década caracterizada por el liberalismo, la libertad de expresión y la defensa de los ideales. El arte del cuerpo se agrupa dentro del denominado arte conceptual, que es un movimiento en donde lo más importante no se deposita en el objeto u obra creada en sí, o en el sentido de por qué fue creada, sino que le da principal importancia a la idea que dicha obra quiere transmitir. Por eso es que muchas veces la idea es la obra en sí, quedando los objetos que la acompañan o la construyen como meros soportes de la misma y nada más que eso. En consecuencia, encontramos que el arte del cuerpo es un arte cargado de ideales. Trata temas como la violencia, la sexualidad, la auto-agresión, el exhibicionismo, etc.:

El común denominador de estas propuestas es desfetichizar el cuerpo humano, sacándolo de la exaltación de la belleza que con él practicaron durante siglos la literatura, la pintura y la escultura, para traerlo a su verdadera ubicación: instrumento del hombre, del cual, a su vez, depende el hombre. Con otras palabras, el Body Art constituye una actividad cuyo objeto por excelencia es lo que normalmente usamos como instrumento. (Jorge Glusberg, 1986: 35)

Pero la diferencia básica entre el arte clásico y el arte corporal, es que en un cuadro o escultura, la mujer aparece representada y solamente podemos observar el lienzo o el material que hace de soporte de la obra en sí. Hasta se podría pensar que la imagen que vemos es parte de otra realidad, que existe o existió en la mente del artista que la representa. Lo importante en este punto es que solo interviene un sentido: la vista. Totalmente opuesto, en el arte del cuerpo la desnudez de la mujer aparece en vivo y en directo, en constante contacto e interacción con el artista y en simultáneo con el espectador, creando una situación completamente distinta a la de la contemplación de una obra inmóvil. En este caso, el arte corporal invita a la participación de otros sentidos además de la vista: el olfato, la audición y hasta el tacto (en el caso de poder ser partícipe de la experiencia) creando en el espectador sensaciones mucho más fuertes que la de la mera contemplación de la obra.

Los artistas que adoptan este movimiento, que deciden dejar de lado el plano para pasar a trabajar en la tri-dimensión, en el movimiento, en el cuerpo humano, son artistas que “intentan desvelar los mecanismos sociales y los comportamientos individuales y de grupo, con el propósito de despertar la capacidad creativa del espectador a través de sus respuestas ante la acción” (La Nación, 2005: 14-15). Jugar con lo que pasaría, con la posible reacción del espectador, los impulsa a cambiar a las tres dimensiones a la hora de crear, para poder transmitirles algo más. Elegir como soporte para su arte el cuerpo de una mujer desnuda, enfatiza todavía más esta cuestión de llamar la atención de la sociedad, ya que el nudismo en vivo y en directo llama la atención (más allá de las posibles opiniones que puedan darse luego al respecto) de la sociedad actual, y más aún de la de cuarenta años atrás, cuando el movimiento recién surgía.

Podemos afirmar que el espectador que reclama esta obra es un espectador liberal, de mente abierta, listo y preparado para ser partícipe de la misma, o lo suficientemente comprometido como para convertirse en la obra en sí. Acostumbrado y cansado de los cuadros característicos del arte clásico y de las esculturas inmóviles, es un espectador con ganas de incluirse en el arte, un espectador que está de acuerdo y sigue los ideales que el artista quiere dar a conocer a través de su creación.

Si bien no todo el arte corporal se dedica al trabajo sobre el cuerpo de la mujer, nos enfocaremos en ejemplos que sí lo usan para poder continuar con las líneas generales de este ensayo. Debemos hacer una diferenciación entre dos formas de usar el cuerpo de la mujer en el arte del cuerpo: la primera, es la utilización del cuerpo como soporte, siendo este la obra en sí. La segunda, es la utilización del cuerpo como herramienta para alcanzar la obra. Esto nos lleva a hablar de dos artistas mundialmente reconocidos, que si bien ambos se dedicaron o dedican al arte corporal, lo hicieron o hacen de una forma muy diferente. Estos serán nuestros referentes.

Orlan y Klein

La artista francesa conocida como Orlan, quien empezó a experimentar el arte corporal en el año 1975 (Guasch, Ana María, 2001) es un ejemplo viviente del arte del cuerpo en el que su cuerpo es la obra en sí. Una de sus obras más conocidas e impactantes es una serie que consiste en la realización de varias cirugías plásticas que decidió hacerse para cambiar su cara, las cuales documenta y luego exhibe. En el caso concreto de una operación concordó con algunas galerías de arte y puso pantallas en donde se transmitía en vivo y en directo la operación desde el quirófano y el público tenía la oportunidad de interactuar y comunicarse con Orlan dando sus opiniones personales. Según ella, con esto quiere conseguir: “la ambigüedad del rostro de la Gioconda de Leonardo, el mentón de la Venus de Botticelli, los labios de Europa de Boucher, los ojos de Diana de la Escuela de Fointaneblau, etc.” (Guasch, Ana María, 2001, p.113). “Ya que estos son sinónimos de la belleza clasicista, en donde la belleza absoluta era formada por la suma de partes bellas.” (Guasch, Ana María, 2001).

En este caso, la artista modifica y trabaja en su propio cuerpo haciendo de él la obra en sí. Utiliza el cuerpo de la mujer (en este caso el suyo propio) y hace de él una obra de arte, demostrando quizás de forma subjetiva el peso que tiene la mujer dentro de este campo: es la inspiración para lograr la obra lo que hace que se transforme en obra.

El artista francés Yves Klein es considerado uno de los padres de este movimiento artístico, que empezó a practicarlo alrededor de la década del 60. En una de sus tantas obras que forman parte del arte del cuerpo, utiliza el cuerpo de dos modelos como herramientas para su creación. Esta serie, denominada Antropometría, consistía en dos mujeres modelos que embadurnadas en pintura (color IKB: Internacional Klein Blue, un tono de azul que Klein creó y patentó con su nombre) eran estampadas y arrastradas, con la ayuda de Klein, sobre el lienzo, para así marcarlo y estamparlo, a modo de pincel o sello humano, mientras una banda interpretaba la Symphonie Monotone (Sinfonía Monótona, escrita también por el artista).

En este ejemplo podemos observar la utilización del cuerpo femenino como medio para lograr la obra propuesta. La mujer se transforma en objeto para alcanzar la obra, así como antes eran modelos que posaban para que el artista pudiera pintarlas, el artista ahora acorta esa distancia y utiliza directamente a la mujer para alcanzar la obra de arte.

Si bien estas dos formas de realizar arte se diferencian bastante entre sí, siguen bajo el mismo título y género: el arte corporal, y ambas, a pesar de sus diferencias, hicieron que cambie de manera radical el concepto de artista, de obra y de espectador.

El artista, conocido anteriormente como la persona encargada de pintar, esculpir, o trabajar determinado tipo de material para alcanzar la obra, que solo se incluía en el desarrollo de la obra y no se comprometía con la vida de ésta, para luego esconderse tras su creación y pasar a segundo plano en cuanto a la misma, se transforma en un artista indispensable, en algunos casos, tanto para el desarrollo como para la obra terminada. Como en el mencionado caso de Orlan, ella misma realiza el planeamiento de la obra, y aunque reciba ayuda en el desarrollo de la misma, la artista finalmente es la obra viviente, y estos dos conceptos, artista-obra, empiezan a fundirse en uno solo: se borran los límites entre estos dos conceptos y se forma uno nuevo, en donde la obra no puede vivir sin el artista. En el caso planteado de Yves Klein, si bien no es él mismo quien se estampa sobre el lienzo, es el que planea y lleva a cabo las acciones. Klein es el encargado de arrastrar a las mujeres por el lienzo haciéndose partícipe de la obra, y hasta le agrega su sello personal: el azul Klein y la musicalización del acontecimiento con su propia música, mostrando el compromiso que tiene con su arte.

Lo que antes era llamado meramente un espectador, ahora puede ver su función modificada en caso en que él mismo se convierta en parte de la obra o de su proceso, circunstancia que antes era inexistente. Previamente a la aparición del arte del cuerpo, la persona que observaba una obra solo se atenía a observara sin que existiera una interacción entre sujeto y objeto, cumpliendo únicamente el rol de espectador. En el caso del arte del cuerpo, el sujeto interactúa con la obra y la obra a su vez hace que en el espectador se despierten sensaciones, tanto como si el espectador es partícipe o simplemente esté presente como un observador. Son inimaginables la cantidad de reacciones que podríamos recibir de un espectador sobre cualquier acto del arte corporal, ya sea desde la mera pintura de un cuerpo, las intervenciones quirúrgicas hasta las mutilaciones.

Seguramente muchos de estos nuevos espectadores no entenderán la idea principal de las obras y estarán en desacuerdo con algunas de las prácticas realizadas, viéndolas como faltas a la moral y alegando que incentivan a la automutilación.

Otros quizás puedan percibir la pureza del mensaje que quiere ser transmitido por el artista, reconociendo sus actos como verdaderas obras de arte.

De este modo, también cambia en varios aspectos el concepto de obra. En principio, las obras que antes permanecían inmóviles como piezas de museo, pasan ahora a tener dinamismo y movimiento propios e impredecibles. Ya no son pensadas como obras para museos, sino que se mezclan en entornos más cotidianos, y hasta son creadas en happenings que pueden ocurrir en lugares comunes, como la vereda de una calle o la vivienda del artista. En conexión con esto, está el tiempo de duración de las obras, que cambia, ya que algunas de ellas se vuelven efímeras y no perduran como un cuadro o una escultura. Viven lo suficiente como para transmitir su idea y luego son recordadas mediante fotografías o videos.

Debido a esto hay un hecho que les juega en contra: algunas veces, las obras no reciben la presencia de demasiados espectadores en directo, ya sea por la poca difusión o porque se realizan en espacios reducidos. Es muy distinto presenciar la obra en directo mientras se está llevando a cabo que verla luego documentada en fotografías o videos.

Por otra parte, si bien son piezas de arte tridimensional, la obra sufre una desmaterialización al reemplazar a los materiales por el cuerpo (Cuerpo como pincel - Cuerpo como lienzo). La obra deja de ser meramente un objeto y se convierte en idea, que puede tener como soporte o herramienta al mismo artista, o a uno o varios espectadores, o a ambos, con lo que estos tres conceptos podrían llegar a fundirse en uno solo. La obra es una idea llevada a cabo por tres componentes: artista, obra y espectador, que colaboran y forman parte del mismo evento.

Una vez más, el arte ha encontrado la manera de llegar a sus espectadores mediante la exhibición del cuerpo femenino. Si bien cambia la forma, el plano, el tiempo y el lugar, la idea se mantiene: la mujer siempre fue –y será– una fuerte inspiración en el arte. El Body Art ha sabido ganarse su espacio en el ámbito del arte, y si bien quizás algunas veces puede llegar a no ser interpretado con la intención con la que se crea, su propagación ha sido inmensa, dándonos la pauta de que este movimiento ha logrado instaurarse y posicionarse como arte.

Referencias Bibliográficas

Glusberg, J. (1986). El arte de la performance. Buenos Aires: Gaglione.

Guasch, A. M. (2001). El arte último del siglo XX. Del posminimalismo a lo multicultural. Madrid: Alianza.

Recursos Electrónicos

www.masdearte.com www.yveskleinarchives.org


La mujer como objeto del arte fue publicado de la página 67 a página69 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

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