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Se dice de Ellas. Tipificaciones de la mujer en la configuración del cine argentino

Mastantuono, María Laura

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen. Edición IV. Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año V, Vol. 21, Mayo 2009, Buenos Aires, Argentina | 157 páginas

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Desde comienzos de siglo XX en el mundo, comienzan a aparecer casos esporádicos de liberación femenina, véase, por ejemplo, Virginia Wolf1 y el mensaje de su literatura. Desde el medioevo la configuración de la mujer en el arte se ve afectada por el rol que se le asigna en la sociedad, diferenciándola del rol masculino.

Esther Díaz cita de Isabel Boschi:

En ese cuerpo envase se colocan todas las ilusiones de lo que la mujer debería ser, para la organización social: madre nutricia, prostituta, ángel, demonio, samaritana, vampiresa, disciplinaria, diosa, frígida, voluptuosa, araña, reina, modelo, sabia y una variedad de imágenes que componen los iconos de los altares y las fantasías mas estimulantes de los prostíbulos. (Díaz, E. 2001 p. 146)

Tanto en el arte como en la realidad en el medioevo la mujer se encuentra atrapada entre los estereotipos de bruja, hechicera, prostituta en oposición aquella que era virginal, casta o un objeto del hogar. Esta configuración permitió la creación de los arquetipos femeninos y su relación con el amor en la novela cortesana. Estereotipos que permanecieron en esencia modificándose exteriormente hasta comienzos del 1900.

La idealización-degradación de la figura femenina surgió evidentemente como tecnología de poder y de dominio masculino sobre lo femenino. […] Cada época histórica recicla la contradicción de los primeros mitos acerca de la mujer. En la antigüedad, la polaridad se concentraba en diosas amables y temibles; en el primer medioevo, en figuras atrayentes y crueles (hadas); en los siglos medios tardíos, en castellanas deseadas pero inalcanzables (amor cortes) y en la primera modernidad, en mujeres peligrosas o santas (brujas o vírgenes). La polaridad se extenderá hasta el imaginario y las prácticas sociales argentinas, y hasta el siglo XX, cuando la idea regulativa de la figura femenina comenzó a ser “mujer de su casa” o “mujer de mala vida”. (Díaz, E. 2001, p.157)

En Argentina pocas mujeres lograban enfrentarse a la sociedad y luchar contra el paradigma social de la época, una de ellas fue Victoria Ocampo, quién logro divorciarse y trabajar como escritora, viviendo fuera de la tradición de la clase social patricia de la que descendía y luchando por valerse por si misma, comenzando años mas tarde su propia empresa.

Durante los años posteriores en el mundo comienzan a sonar los gritos de lo que sería conocido como el movimiento feminista, teniendo a Simone de Beauvoir como uno de los ejemplos principales de la lucha femenina por dejar de ser considerada como el sexo débil y atribuírsele derechos que solo eran propiedad de los hombres.

A partir de la década del ´40 en nuestro país la mujer aborda diferentes emprendimientos para igualar sus derechos a los del sexo masculino. En parte y sin ahondar en una política de estado, parte de la liberación femenina ocurrida en dicha década, se debe al trabajo de Eva Perón, quién bajo el lema de estado benefactor, no solo implementó una política para mejorar el estado de los obreros y la clase baja, sino también estableció derechos para darle lugar a la voz de la mujer, como por ejemplo fue el sufragio femenino en 1946.

Desde el cine, el rol de la mujer es estereotipado desde los comienzos del mismo, siendo los dos polos opuestos la mujer femenina y “de la casa” ante aquella “que hace la calle”; Tita Merello es una hibridación entre éstas, tanto dentro como fuera de la gran pantalla.

Ana Laura Merello, es lo que se conoce como “Self Made Woman”2, dice Gustavo Cabrera, nacida de las clases bajas de Buenos Aires, se introdujo en el sistema productivo cinematográfico convirtiéndose en una estrella del cine argentino, actuando comúnmente como mujer que se impone ante el sexo masculino, fuerte, autosuficiente, independiente, trabajadora, y como se puede observar en Mercado de Abasto (Demare, 1955) una mujer “sin pelos en la lengua”. La escena en este filme en el que ella canta y personifica el tango “Se Dice de mí” es un símbolo de esto, a lo que me estoy refiriendo, “Y ocultan de mí, ocultan que yo tengo, unos ojos soñadores, además otros primores, que producen sensación. […] Los hombres de mí critican la voz, el modo de andar, la pinta, la tos”. La letra es una clara crítica del pensamiento masculino, (más allá de que, se debe destacar que fue escrito por un hombre, pensando en la interpretación de ésta artista) que estereotipa a la mujer de modo tal que no puede ser comprendido un personaje como el de la actriz en este film, madre soltera abandonada por su marido, trabajadora y de clase media.

Tita Merello elige sus papeles, encarnando personajes que representen su modo de pensar y no se terminan de separar de la estrella del tango porteño que esta frente a la cámara, así como también reflejan su trabajo en este medio y su proveniencia del “arrabal” revelándola en varias películas como cantante de tango de bares que son mostrados como centros de perdición para la mujer, y de distracción en el hombre, como se puede observar en Filomena Marturano (Mottura, 1949).

Con la astuta complicidad de la cámara, no es difícil ser princesa, hada, bailarina, aristócrata, heroína histórica, deportista, vampiresa, dama caritativa, homicida o detective.

Pero, ¡Que complicado ser mujer!, una mujer de carne y hueso pero con alma: una mujer con conflicto dramático.

Para conseguirlo hay que poseer temperamento, intuición, simpatía, vivencia del dolor, coraje y un montón de cosas más. Resumido: Llamarse Tita Merello. (Cabrera. 2006. p. 35)

Los personajes que encarna esta actriz son una hibridación de los estereotipos clásicos retratados tanto en cine como literatura, y descriptos anteriormente. Ocurre que en el cine nacional es difícil poder observar este fenómeno que sucede al intentar analizar los personajes de dicha actriz.

Sus primeros filmes se incluyen dentro del género cómico, en aquel momento ningún espectador esperaría poder observarla personificando a Rosalía en Los Isleros (Demare, 1951).

Lejos de la femineidad y dramatismo de Libertad Lamarque se encontraba ella. Dos actrices que se oponen y se observan en ¡Tango! (Barth, 1933) el personaje de Tita, un tanto cómico en tanto su actuación estilizada, y al igual que el personaje de Sandrini utilizan expresiones que liberan de tensión a la trama, a pesar que ella también otorga elementos dramáticos.

A partir de la década del ’40, sin embargo, se hace dueña de papeles como el de La Carancha, en Los Isleros, recién mencionado, el de Filomena Marturano, y el de madre soltera en Mercado de Abasto.

Son mujeres que se escapan de las tipificaciones de la mujer en el cine de la época, mujeres que reflejan los nuevos modelos femeninos que se desarrollan a nivel global.

Luego de la revolución industrial, la mujer toma otro rol en la sociedad, el de madre y trabajadora, especializada en algún oficio que no exceda las fronteras de lo que se creía femenino, como por ejemplo, costurera; este rol, sin embargo es desarrollado por mujeres de clases bajas, diferenciándolas de aquellas de estratos sociales elevados, donde el modelo a seguir era instruirse antes de contraer matrimonio, convirtiéndose en una mujer culta y preparada para adquirir el rol de madre y ama de casa. Me estoy refiriendo a lo que Kathleen Gerson en su libro, Hard Choices, entiende como modelo tradicional de mujer, aquella que por costumbre esta destinada a convertirse en madre a tiempo completo.

En las últimas décadas, luego de lo que se conoce como el movimiento feminista, la mujer comienza a posicionarse en la sociedad, diversificando su rol, siendo no solo ama de casa, sino también trabajadora, y una mezcla de ambas. Fue un proceso que se dio paulatinamente y actualmente existen mujeres que no cesan de trabajar al tener hijos, en el caso de aquellas que los tienen, incluso aportan un ingreso al hogar igual o mayor al del hombre, como así también existen ejemplos de mujeres que cumplen el rol de padre y madre y se hacen cargo del hogar solas. Asimismo existen mujeres que se dedican completamente a su carrera y no por eso son segregadas de la sociedad, un fenómeno que no hubiera sido pensable a principios del siglo pasado, donde la hija que no se casaba permanecía en el hogar paterno cuidando de sus padres en edad avanzada y si no sucedía así, su moral era puesta en duda.

El rol de la mujer fue modificándose a través del tiempo, arribando al que observamos en la actualidad. De ama de casa, a trabajar fuera del hogar, evolucionando a los patrones actuales, donde las categorizaciones de la mujer se diversifican y podemos observar, aquella que forma una familia, la que no y se vuelca por completo en su trabajo y la que comparte rasgos de ambas entre otras.

Estos cambios progresivos son observados a través de la filmografía aquí detallada, reflejando dicha evolución a medida que se realizaba en la sociedad. Creando por lo tanto, personajes que establecían una estrecha empatía con el público femenino, viéndose representado por medio de dichas protagonistas que luchan por mantener una familia, que sienten y no por eso se agotan o muestran la falta de un hombre que las contenga, sino que el hombre es parte de su vida, pero como en el caso de Mercado de Abasto, si no está, logran suplir la ausencia sin la necesidad de por eso, mostrarse débiles, cumplen el rol de ambos, como lo dice el personaje en la película.

Como antes menciono, las mujeres que trabajaban, eran comúnmente aquellas que tenían “necesidad” de hacerlo, aquellas de clases bajas o medias. Las mujeres de estratos sociales altos se veían en una posición con ventaja en tanto no debían hacerlo, o así se creía en la sociedad de la época; No comparto que sea una ventaja el no trabajar, es una forma para que la mujer se posicione en la sociedad, lugar que comenzó a desarrollar a medida que trascurría el siglo XX.

Sin embargo, debo destacar que el recorte filmográfico aquí delimitado, ciñe el análisis a una categorización de la mujer que trabaja, que se observa principalmente en las clases bajas, describiendo a su modo cierto punto de vista de la realidad argentina que realizan los directores de estas películas, que corresponde principalmente a los estratos medios y bajos, dirigiéndose a un público descendiente de inmigrantes que compartían ciertos ideales vistos en las piezas audiovisuales, pudiéndose mencionar un paralelo con otros directores como es el caso de Leopoldo Torre Nilsson.

En Filomena Marturano, Soriano, su esposo, le reclama que: una mujer que no llora, no come, no sueña, no es mujer; a lo que ella responde que no ha tenido razones para hacerlo, no sueña porque la vida le ha demostrado que no sirve y no llora, porque puede utilizar ese tiempo luchando por las personas que debe cuidar, refiriéndose a sus hijos, consecuencia de su trabajo en un bar y su posterior relación no convencional con él que ahora es su marido. Luego de haber convivido veinte años como amantes, se casan, después de que ella simulara estar muriendo para poder darle un apellido digno a sus tres hijos, sin la necesidad de decirle cuál de ellos es de él.

En este diálogo se puede observar a la mujer que escapa de los cánones impuestos por la sociedad, el llanto un recurso del sexo débil para exteriorizar sus sentimientos es reemplazado por palabras duras, que defienden el estado de mujer luchadora y fuerte, que se impone ante el hombre y se hace valer, la mujer de la calle, se transforma también en señora de la casa, imponiendo sus deseos al mismo tiempo que es fiel a sus sentimientos.

La mirada androcéntrica del cine se encasillo en dos estereotipos: la mujer “pura”, generalmente buena y sacrificada y la vampiresa “perversa” y proclive a utilizar su sexualidad como una tentación para perder a los hombres. (Fontana, 1993).

Como consecuencia de aquel modelo patriarcal, las mujeres que se animaban a hacer cine luego de la mitad de siglo XX lo hacían desde un punto de vista masculino, y aquellos hombres que relataban sus historias desde la visión de la protagonista eran casos que quebraban los cánones vistos en el cine del momento, como lo son las películas de Cesar Amadori o las películas que comenzó a realizar María Luisa Bemberg a finales de 1970. Al relatar las historias desde un punto de vista femenino se comienzan a vislumbrar obras audiovisuales como Señora de Nadie (Bemberg, 1982) o previa a la misma y el primer largometraje de la directora, Momentos (1980), dónde la moral se deja a un lado y el tema se centra en la búsqueda de la felicidad por parte de estas mujeres, se centran en la salida de la rutina, de mujeres que se separan para poder construir una vida como seres individuales y no ser la señora de, sino convertirse en una mujer con nombre y apellido propio. Momentos y Señora de Nadie comparten varias características, aparte de su directora. […] Con sus tramas impresionistas, consiguen transmitir la idea de encierro, de clausura emocional, de familias teñidos por el autoritarismo, el machismo, o el matrimonio estancado […] (Maranghello, 1999. P. 93).

El fenómeno que tiene como consecuencia la hibridación de las tipificaciones mencionadas hasta el momento se puede observar en pocas películas de la actualidad, una de ellas es Luna de Avellaneda (Campanella, 2004) hay tres personajes que contienen las características entrelazadas. El de Mercedes Morán es el más interesante de destacar, en tanto en ciertos momentos remite a los personajes de Tita Merello, como por ejemplo al ser madre soltera, al estar pasando por un divorcio, y a pesar que ella se derrumba, ayuda a crear cierta empatía con el espectador, al mostrar su parte mas humana, además de su perfil autosuficiente y su caracterización de mujer impulsiva, que dice lo primero que se le viene a la mente, así como también se observa el lado cómico que al igual el persona de Tita en ¡Tango! libera de carga dramática la trama de la película.

El personaje de Valeria Bertuccelli, si bien es el más sensible de los tres, se observa su parte independiente en un principio, al ser cortejada por Amadeo (Eduardo Blanco), Cristina le contesta –Estoy bárbara sola, nunca te preguntaron cómo estás, yo estoy bárbara sola– haciendo énfasis en la palabra bárbara, connotando por ésta los engaños que sufrió, y su nueva posición ante la vida amorosa, no necesita a un hombre al lado para poder sobrevivir, aunque después se enamore de Amadeo, son los dos personajes que ante mi punto de vista tiene la mayor evolución en la película.

Por último y no menos importante se encuentra Verónica, Silvia Kutika, una mujer que encarna la oposición en cierta forma de lo que Esther Díaz entiende como amor cortesano. Entiendo que es una oposición porque si bien el personaje necesita sentirse deseado, al igual que las mujeres de ésta categorización, el amor no termina cuando comienza el matrimonio, o se lleva a cabo el deseo, sino que este personaje luego de veinte años de matrimonio con Roman Maldonado (Ricardo Darín), deja de sentirse deseada entre otros problemas de la pareja, problemas típicos de clase media argentina luego de la crisis económica del 2001, por lo que el vacío interno lo intenta llenar con un amante, transposición por lo tanto de las faltas en el plano hogareño al afectivo.

Se debe realizar un paréntesis y analizar la situación argentina a partir de dicho año hasta la actualidad, dónde la psicología de la mujer se ve afectada por los cambios sociales dados como consecuencia del default económico que atraviesa el país.

Luego de la devaluación de la moneda argentina, la clase media sufre pérdidas de status económico y esto se observa mediante las películas que tratan temas sociales, siendo dicho estrato social el más representado en las producciones de la última década, así como también lo fueron desde el inicio del cine argentino, primero utilizando temáticas folklóricas, estereotipando la figura del gaucho y el lugar del campo y la ciudad en la sociedad argentina, convirtiéndose así en un reflejo de la realidad connotando o denotando la diferentes crisis económicas por las que atravesó el país desde la década del 30 y modificó las clases sociales y los puntos de vista de la misma sobre su propia situación.

Los hombres están caracterizados como aquellos que deben mantener el honor de la familia y satisfacer las necesidades, sin embargo debido a las continuas crisis, también comparten esta responsabilidad con sus mujeres. A partir de la crisis del 2001, la caracterización de los personajes masculinos se basa en aquellos que perdieron su antiguo trabajo y deben comenzar de nuevo para poder mantener a la familia, las mujeres comúnmente salen a trabajar si no lo hacían, rompiendo el paradigma analizado hasta el momento dónde las mujeres, generalmente aspiraban a mantener el hogar y ser una buena ama de casa, siendo los casos analizados paradójicos en cuanto a la caracterización de las protagonistas observadas, que se escapaba de los cánones de la cinematografía de la época mencionada previamente.

Las mujeres de ésta década se afirman en la sociedad y se deja de prejuzgarlas. Así es como se puede dar lugar a la caracterización de un personaje como el de Silvia Kutika que no es cuestionado por poseer un amante. El vacío emocional que siente en su hogar por la situación económica y las preocupaciones de su marido que deja de lado el aspecto amoroso de la relación y se vuelve rutinaria, ella lo intenta saciar mediante la búsqueda de un hombre que la convierta en mujer y la desee tal cuál es, creando un paralelo de este modo con lo que se analizaba y citaba de autores sobre Momentos.

En Herencia (Hernández, 2001) al igual que en Lluvia (Hernández, 2008) las protagonistas son heroínas que responde al modelo del género melodramático, la historia es importante en tanto afecta a la protagonista; en ambos la situación económica las afecta en el cómo viven, y las empuja a cumplir determinado deseo, la casualidad (característica del melodrama que suple la causalidad) las ayuda o les impone obstáculos, en el caso del personaje de Valeria Bertuccelli la casualidad la hace conocer a Roberto e influye en lo que será el comienzo de una nueva vida, al haber dejado a su marido y optar vivir en su auto para poder comprobar su independencia, tanto Alma como Olinda, son mujeres solteras por opción, afirmando el supuesto que presente anteriormente, donde se separa la imagen de mujer casada como casta, inocente, siendo una mujer respetable sin la necesidad de estar comprometida a un hombre, se debe mencionar que esto sucede como consecuencia de los nuevos estatutos morales de la sociedad argentina, y la liberación de la mujer, resaltando la evolución de la sociedad y la mentalidad de la misma observando el contraste con personajes de décadas anteriores como lo es el que encarna Susú Pecoraro en Camila (Bemberg, 1984).

En las películas de Bemberg sin embargo se observa lo que se entiende como ejemplos de amor cortesano, en Momentos (Bemberg, 1981) el amor de los amantes finaliza luego de la consumación, el personaje de Graciela Dufau, si bien durante la mayor parte del film se muestra como independiente, fuerte, a medida que ésta transcurre el personaje se va diluyendo y podemos observar su parte mas humana, no débil como podría entenderse desde el punto de vista de los estereotipos, al igual que en Camila y en Yo la peor de todas (Bemberg, 1990) las protagonistas se separan de la configuración de la mujer de la época, observando la lucha de las mismas contra la solidad con la que conviven y las imposiciones de la misma. La infidelidad de Lucía, no la convierte en víctima ni victimaria, sino que muestra a una mujer insatisfecha por la rutina, al igual que Verónica en Luna de Avellaneda, necesitan llenar determinado vacío creado por la situación en la que se encuentran y lo exteriorizan por medio de una relación extramatrimonial, como lo hace el personaje de Graciela Borges en La Cienaga (Martel, 2000) mediante el alcoholismo.

Son personajes que el espectador siente empatía porque se muestra su lado mas humano y necesitado.

Claramente Bemberg estaba tratando de ofrecer una imagen de mujer positiva, evitando cualquier atisbo de inocencia, también estaba interesada en mostrar que el valor y el coraje de estas mujeres no era suficiente para mantener la felicidad deseada siendo que una conciliación entre deseos masculino y femeninos en las condiciones contemporáneas es imposible. (Salas, 2002)

Se realiza un punto de inflexión en Yo la peor de todas, ya que esta película al igual que Camila, se denuncia un estado social colonial, un periodo histórico, dónde la mujer se veía oprimida por el poder eclesiástico y masculino en los diferentes estratos de la sociedad, Camila era una joven que no podía mostrarse espontánea porque su posición social no lo aceptaba, Sor Juana Inés de la Cruz, no se veía aceptada en una sociedad donde el privilegio de la escritura era de los hombres, al igual que el de conocimiento, ella se rebela ante la sociedad al igual que Camila, luchando por los derechos que creían que le correspondían a la mujer, la igualdad ante la sociedad, colocarse en la misma posición que el sexo masculino.

La configuración de mujeres en el cine argentino superan los estereotipos desarrollados por una sociedad convencional, abriendo el camino a personajes como el de Silvia Kutika o Mercedes Morán en Luna de Avellaneda, mediante la mimesis de la realidad social y económica y su transposición al cine ejemplificándose con casos particulares que crean empatía con el espectador al que se está intentando dirigir.

Si bien Tita Merello es la precursora realizando personajes que crean una hibridación entre las categorizaciones propuestas por Esther Díaz, se puede observar que este fenómeno se da en ciertos casos de directores y películas del cine actual.

Existen también aquellos directores que ignoran los sucesos históricos contemporáneos, aunque son la minoría, pudiendo entender que los relatos presentes en este tipo de cine, busca encontrar un espectador que no solo se vea representado o encuentre un nexo para la reflexión mediante las historias, sino que también se busca dar a conocer trozos de vida de personajes emblemáticos, que representan al argentino (sin necesidad de agregar una distinción entre sexos, argentinos como argentinas) y su lucha por sobrevivir en un país en constante modificación, pretendiendo adaptarse a los mismos y buscando una manera de ser feliz con lo cotidiano, poder observar mediante esto un reflejo de la búsqueda que hace el ser humano todos los días.

Se puede entender que es un proceso en construcción y continuará cambiando dependiendo de cómo evolucionan los pensamientos de la sociedad. Siempre existirán exponentes donde se muestre a la mujer como el sexo débil, o inferior al hombre, pero se pueden analizar ejemplos como los vistos en los films citados, donde se defienden los derechos de la mujer mediante la creación de los personajes descriptos y la empatía de los espectadores.

Sin embargo entiendo necesario acentuar esta construcciones audiovisuales que remiten a la configuración de lo femenino ya que se distancian de los prejuicios sociales que a pesar que parecen estar encubiertos todavía se observan resabios de aquella sociedad patriarcal en la que nació Victoria Ocampo y la vio luchar contra los cánones impuestos por la misma donde la mujer pertenecía al hogar.

Notas

1 Escritora británica (1882-1941), en sus comienzos se dedico a escribir relatos breves y crítica literaria, su novela más conocida es –La Señora Dalloway– sin embargo, ella prefería escribir ensayos o cuentos breves, quebrando en cierta forma con los esquemas literarios de la época, fue una precursora en el campo de la literatura al utilizar ciertos géneros y hacerlos propios, así como también al escribir sobre ciertos temas donde el derecho de la mujer de enfrentarse al sexo masculino estaba explicito.

2 Se llama así a las mujeres que provenientes de clases bajas, trabajan en un medio que las ayuda a escalar estratos sociales de manera honesta, luchando por equipararse a los derechos masculinos.

Bibliografía

Cabrera, G. (2006) Tita Merello, el mito, la mujer y el cine. Buenos Aires: Marcelo Héctor Oliveri Editor.

Díaz, E. (2001) Buenos Aires, una mirada filosófica. Buenos Aires: Biblos. Capítulo 4 Fontana, C. (1993) María Luisa Bemberg. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.

Gerson, K. (1985) Hard Choices, how women decide about work, career and motherhood. Berkeley and Los Angeles: University of California Press.

Maranghello, C. (1999) El cine Argentino y su aporte a l identidad nacional, Capital Federal: Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines.

Romano, N. (2001) Se dice de Mí, la vida de Tita Merello. Buenos Aires: Sudamericana. Capítulo 4.

Wolf, V. (1995) Relatos completos. Buenos Aires: Alianza

Recursos Electrónicos

Salas, H. (2002). Some Girls are bigger than others. Australia: Senses of cinema. Recuperado el 7 de Mayo de 2008, de http://www.sensesofcinema.com/contents/02/22/bemberg.html


Se dice de Ellas. Tipificaciones de la mujer en la configuración del cine argentino fue publicado de la página 93 a página97 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

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