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A la manera de Lavelli

Insenga, María Laura

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la imagen. Edición IV. Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año V, Vol. 21, Mayo 2009, Buenos Aires, Argentina | 157 páginas

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Introducción

Don Pedro Calderón de la Barca es un dramaturgo poco comprendido.

Son muchos los factores que lo distancian de sus lectores/espectadores. Distancia que no deja ver su eje, su esencia, que es la libertad. Resulta muy interesante la lectura que hace Jorge Lavelli de Calderón, que entiende el espíritu libre del dramaturgo del siglo XVI, lo resignifica con signos que afectan a nuestra sensibilidad, y emplea recursos a los que el espectador actual está acostumbrado. Tales recursos son los que permiten el entretenimiento del auditorio. Solo a la manera de Lavelli es que podremos descartar los prejuicios que tenemos de que Calderón es un escritor “pomposo y aburrido”. Una vez comprendido su lenguaje, veremos que sus obras están escritas por y para nosotros, y que su pensamiento reflexivo es el “nuestro”.

Se podría decir que el siglo de Oro español (siglo XVII) es un período de pugna por la libertad, en contra de la opresión monárquico señorial. Tanto en el plano político económico como en el social-ideológico. No solo esto ponía en crisis al hombre, sino que también la Iglesia con su Reforma y Contrarreforma alteraban el equilibrio en su cosmovisión. Es un período que se encuentra entre el fin de un paradigma y el surgimiento de uno nuevo en el mundo. El hombre da cuenta de su finitud en el tiempo y el espacio, y duda de todas las certezas que tenía. En España la decadencia se fortalece de la mano de Felipe III, Felipe IV y Carlos II, pero aún así se finge la modernización del Estado.

Es este el punto en que los intelectuales encuentran su reflexión, contrastes extremos que provocan sus denuncias.

Don Pedro Calderón de la Barca forma parte de esta época.

Es un barroco, y contrariamente a lo que significa el Renacimiento, el Barroco es conflicto, crisis, “es una forma de cultura, es una forma de libertad, en suma es una explosión verdaderamente libre.” (Lavelli, 2004). En este autor está presente claramente “el pensamiento filosófico de su época –Descartes, Leibniz, entre otros–, central en la comprensión de nuestros planteos existenciales contemporáneos”.

(Tcherkaski, 2006: 138). “La teatralización del barroco lleva a la concepción del teatro como espejo de la vida, donde la vida se hace teatro y el teatro se convierte en vida”. (Artesi, 1998: 330). Calderón se plantea el problema del conocimiento, el engaño de los sentidos, la dificultad para distinguir entre la vigilia y el sueño, y la duda en que se debaten sus criaturas son temas repetidos. El ideario de Calderón, en consonancia con su tiempo, presenta al hombre como un ser perplejo ante una realidad que no comprende y un mundo que lo engaña, al punto de no discernir entre lo real y lo aparente. Así la vigilia y el sueño son lo mismo, como partes de un juego intercambiable donde el soñador que vive no sabe en cuál de los dos estados se encuentra inmerso o si dichos estados son la misma cosa. Solo sabe que no es libre. Calderón es ante todo hombre de teatro y de ahí que apele a todos los sentidos del público mediante sus versos, la música, el baile y el montaje.

Tiene el talento de evocar plásticamente sus ideas y estas no se limitan a reflejar las opiniones reinantes en su época.

Existe una tendencia general de calificar a Calderón de la Barca como un autor aburrido, serio, “clásico”, y agregarle como calificativo negativo el término “barroco”. En parte quizás esto se deba a que exista un gran distanciamiento con el lector, y otro poco a que la mayoría de las puestas que se pueden ver son monótonas y se las mire por el simple hecho de que “la cultura es un deber”; y a esa monotonía y aburrimiento va de la mano muchas veces la tranquilidad de haber concurrido a un acontecimiento “digno de mérito”. Hasta su retrato es serio, con la mirada rígida y de aspecto severo; pero esto no es más que un elemento iconográfico: muchos retratos famosos tienen el mismo aspecto; el aspecto negativo de esta cuestión es que muchas veces se suele trasladar su aparente aspecto para prejuzgar sus obras. Que sea una lectura elegida para el ámbito escolar contribuye también a que sea un mal recuerdo. Muchas son las cuestiones que hacen que tengamos de Don Pedro una mirada errónea.

Así, resulta difícil entablar un diálogo con las obras de Calderón: sus versos saturados de imágenes, conceptos y metáforas a los cuales no estamos acostumbrados. Pero, una vez que se produce la reconciliación, podemos darnos cuenta de que estamos ante una reflexión existencial atemporal, hecha sobre y para nosotros.

La libertad en Calderón

Calderón escribe en una época en que la visión del mundo estaba cambiando. Al mismo tiempo que intentaba explicar todo tipo de cosas, prometía fidelidad a la religión, sin ser extremista. Cabe esta última aclaración porque él estaba involucrado en lo que se llamó la Contrarreforma, que consistía en renovar y proyectar al cristianismo, y que encontró en los artistas barrocos de la Europa católica los propagandistas ideales del nuevo espíritu, que debía suscitar en los fieles la fe y la piedad.

La rigurosidad que tiene Calderón proviene más bien de su estructura y los temas que trata, quizás esto contribuya a la manera errónea de verlo. Sus temas tienen relación con la vida, con las preocupaciones de las personas, con lo que les sucedía. No era una literatura elitista: su relación con la corte no propiciaba lo contrario; tan solo la mantenía porque ésta apoyaba al arte de la teatralidad. Esta relación de Calderón con la Corte también forma parte del rechazo heredado por parte del virreinato del Río de la Plata, adonde se lo veía como un artista representante de la corte de Felipe IV.

Calderón, contrariamente a lo que se piensa, es un espíritu libre, y la temática de la libertad es una de sus mayores preocupaciones.

El teórico Ruiz Ramón trabaja el concepto de libertad en las tragedias calderonianas, llamándola tragedia cristiana.

Este se basa en la teoría de Henri Gouhièr, quien retoma la distinción entre tragedia antigua y tragedia cristiana de la libertad y precisa que, en todo caso, se trata más bien de direcciones que de definiciones. Gouhièr define la tragedia como una obra literaria en que se elabora un conflicto entre la libertad y el destino dentro del marco de un sentido trascendente y cuyo desenlace consiste en la victoria de una de las fuerzas litigantes: la libertad o el destino. Ser libre no consiste en hacer lo que se quiera, es decir, en seguir a ciegas el camino que marca el instinto, sino en la capacidad de decidir el propio destino. Puede que no se alcance la felicidad, pero Calderón no confundió nunca libertad con felicidad. Aunque hay disidencias en cuanto a cuáles son o no tragedias, lo que no está en tela de juicio es la presencia de la temática de la libertad siempre en las obras de nuestro autor. Si la mayoría de los críticos literarios ven en teoría este elemento presente, ¿por qué resulta tan difícil llevarlo a la práctica?, es decir, que Calderón sea visto como un espíritu libre que se adelanta al futuro, que su pensamiento sigue siendo contemporáneo, y cuyo mayor exponente es la libertad en todas sus formas. Lo único significante que nos distancia de las reflexiones de nuestro autor barroco son las respuestas que este da a los interrogantes, puesto que son siempre de formación teológica católica.

Don Pedro Calderón de la Barca “se compromete con un tema característico del barroco, que es el juego de las apariencias”.

(Tcherkaski, 2006: 142). Considera la constitución del mundo a partir de engaños. Podemos ver el tratamiento del tema tanto en La vida es sueño como en La hija del aire, en donde el tema de las apariencias es recurrente: Segismundo vs. la vigilia que aparenta ser un sueño; Semiramis que en un plan de ambición se traviste en varón para aparentar ser su hijo Ninias.

En este último ejemplo surge nuevamente el tema de la libertad. Calderón no duda que la fuerza, el poder y la astucia pueden ser tanto ejercidas por un hombre como por una mujer, la naturaleza del hombre condenada a su contradicción.

Podemos ver aquí nuevamente un pensamiento visionario del futuro. Es en este punto que encuentro a la libertad, libertad de pensamientos, libre de prejuicios, un tema de vanguardia.

El diálogo entre Calderón y Lavelli

Severo Sarduy sostiene que ser barroco hoy significa ser capaz de amenazar, juzgar y parodiar a la economía burguesa, es decir, poder subvertir el orden de las cosas en su estado normal. El barroco refleja la inarmonía. “Lo considera el arte del destronamiento y de la discusión”. (Artesi, 1998: 198). Jorge Lavelli es un director radicado en Francia que trajo en el año 2004 a Argentina la obra de Calderón de la Barca, La hija del aire, que fue representada en el Teatro San Martín. Es un admirador tanto de Shakespeare como del escritor del siglo de oro español que tiene lugar en este ensayo. El director argentino toma como eje la tan nombrada y defendida en este espacio, la “libertad calderoniana”, así como también el barroco:

“Esto del barroco siempre tiene una singularidad, y cada uno puede interpretar como puede, como quiere, como siente mejor las cosas. Yo no lo entiendo como una reconstitución en sentido histórico, aburrido, difícil, sino como la libertad de ver que nos continúa interesando hoy en este caso, y si la materia y la naturaleza humana han cambiado a tal punto como para decir que las dudas de este señor transmitidas a través de tal personaje hoy serían como obviadas tuvieran ninguna necesidad, ninguna permanencia. Seguro que no es así”. (Lavelli, 2004)

La hija del aire fue por primera vez representada en 1664 en el ‘Salón de Palacio’. La obra está basada en la leyenda griega de Semiramis o Shammuramat y su hijo Adadnirari III del siglo XI AC., que con el tiempo se fue haciendo más popular.

Calderón le da a esta leyenda un “propósito moral”, y con esto reflexiona acerca de los hombres, de su naturaleza, de su destino, sobre la crueldad y la justicia.

Semiramis, o paloma en idioma sirio, “…quiere por todos los medios ejercer el poder y para conseguirlo termina por sustituir al heredero legítimo que es su hijo Ninias, disfrazándose y aprovechándose del gran parecido que tiene con él”. (Lavelli, 2004). La violencia y su belleza son sus características principales. Se mueve por la pasión. Desde su nacimiento es rechazada por el amor, y siempre está en continua lucha para unirse a él. Semiramis se transforma en símbolo del hombre.

Lavelli toma la segunda jornada de la obra de Calderón de la Barca, y sostiene que “…cada una de las partes es una obra en sí misma” (Lavelli, 2004). Elige esta parte y agrega un hecho que no se incluye en ella, que es la explicación mitológica, es decir, el origen de la leyenda, y se muestra la asunción y muerte de Semiramis, la reina de Babilonia.

Lavelli no realiza la puesta como lo hubieran hecho en el siglo XVII. Una de las razones es que la esencia del barroco implica la libertad de acción, y otra es porque le da un encuadre más relacionado con nuestra sensibilidad, con nuestro pasado político militar aprovechando que el autor habla de la ambición de poder.

Calderón, sostiene Lavelli, tiene un estilo que adopta una distancia con relación a su presente tomando elementos basados en la leyenda, y eso es lo que le permite hablar de sus contemporáneos.

“Hay que pensar que la España del Barroco era una España con censura, así que el hecho de buscar en la leyenda era una forma de escapar con astucia. Yo creo que la vigencia de su obra reside en eso: en que la naturaleza humana no ha cambiado mucho y la obra refleja también el comportamiento de muchos de los políticos en cualquier situación.” (Lavelli, 2004).

Tiene en cuenta que Calderón es una autor púdico; supone que es debido a la censura de esa época, y es por esto que va a tratar de abordar ciertos temas o insinuaciones poco abordadas en la obra original, por este tema de pudor, o bien, de censura, y convertirlas en episodios más bien chocantes, fuertes.

De esta manera, se produce un mayor acercamiento al público actual, ofreciéndole recursos a los que está acostumbrado. El objetivo principal de Lavelli es el entretenimiento, y es por esto que dinamizó la obra y le dio mayor volumen al juego teatral: no pasa un segundo sin que suceda algo. “Esta adaptación tiene la virtud de que se entienda que este es un Calderón, o por lo menos que es un texto del Siglo de Oro español” (Tcherkaski: 2006: 9). Y su mayor desafío es el de que el auditorio entienda que Calderón de la Barca no es un dramaturgo serio y aburrido, sino que existen diferentes parámetros entre lo que el público del siglo XVII esperaba y lo que espera el de este siglo. Es incluso un desafío, el de demostrarle esto a sus actores. Mientras que para un actor de esa época el hecho de que la obra esté escrita en verso resultaba una estrategia para la memoria, en la actualidad es un obstáculo. Los actores confiesan que les ha costado mucho trabajo aprender semejante texto.

En cuanto a la escenografía en la puesta de Lavelli, realizada por Agostino Pace, con quien trabaja hace años, también está presente el concepto de libertad, representado por muchas puertas. Consiste en el patio de un castillo donde ocurre toda la acción y simboliza el contenido de la obra. “Este es un lugar que al mismo tiempo, es cerrado y está abierto, desde ya que puede ser un lugar de confección un lugar de lucha, un lugar de reflexión”. (Lavelli: 2004). Se propician divisiones y atmósferas con el juego de la iluminación, que juega un papel muy importante. Claramente se ven elementos del barroco: claroscuros, apariencias, lados ocultos, espejos.

Conclusión

La hija del aire de Lavelli es una buena oportunidad para comenzar a experimentar el entendimiento respecto de las obras de Calderón. Si bien son muchos los factores que influyen para tener de este autor muchos prejuicios, es solo “a la manera de Lavelli” que uno puede comenzar a dialogar con el dramaturgo, es decir, poder comprender de lo que él habla.

Lo principal que hay que encontrar en “Don Pedro” es el eje principal que ocupan sus obras, la libertad. Vivimos tiempos de crisis, como fueron los suyos; tiempos barrocos en que, ante ciertos hechos, la desesperanza nos desborda; tiempos en que todo vale, no para servir, sino para lo que sirve a nuestro provecho, ya sea el poder político, la astucia mercantil o el uso de las instituciones; tiempos en que la crueldad global solo tiende a nivelar hacia abajo y destruir las buenas diferencias; tiempos en que es difícil discernir cómo desempeñar nuestros papeles, o sencillamente asumir el deber de cumplirlos, con propiedad y hasta el fin. En tiempos similares, Calderón se anima a desafiar al orden monárquico, se anima a ser popular, y se anima a hablar de temas del común de la gente. Sus obras, sin querer dar una lección de moral, lo que proponían era la reflexión, la unión de los pueblos, la igualdad, y por sobre todo, una nueva visión del mundo.

Referencias Bibliográficas

Artesi, C. (1998) “Presencia calderoniana en Auto de Fe de Patricia Zangaro”, en América y el Teatro español del Siglo de Oro, II Congreso Iberoamericano de Teatro. Cádiz (España): Servicio de Publicaciones Universidad de Cádiz.

Diez Borque, J. M. (1988). El teatro en el siglo XVII. Madrid: Taurus.

Lavelli, J. (2004). Explicación de Jorge Lavelli durante el primer ensayo. (20 de agosto de 2004: Buenos Aires). Trabajos presentados (p. 25-32). Buenos Aires: Complejo teatral Buenos Aires.

Ruiz Ramón, F. (1986). Historia del Teatro español (desde sus orígenes hasta 1900). Madrid: Cátedra.

Sarduy, S. (1987). Ensayos generales sobre el Barroco. Buenos Aires: FCE.

Tcherkaski, J. (2006). “Calderón según Lavelli. Un seguimiento de los ensayos y puesta en escena de La hija del Aire” en Revista Teatro. Buenos Aires: Complejo Teatral de Buenos Aires.

Recursos Electrónicos

Lavelli, J. (2004) Entrevistador: Perales, Liz. Disponible en: http://www.remiendoteatro.com/Notas/Jorge%20Lavelli%20-%20El%20cultural.htm


A la manera de Lavelli fue publicado de la página 115 a página117 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº21

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