1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº39 >
  4. La evocación del personaje chapliniano en la obra de Jean-Pierre Jeunet

La evocación del personaje chapliniano en la obra de Jean-Pierre Jeunet

Rodríguez Palomo, José Carlos

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº39

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº39

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición VIII Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año VII, Vol. 39, Junio 2011, Buenos Aires, Argentina | 130 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Introducción

En este trabajo se expondrá en detalle cómo existe una cierta evocación del personaje creado por Charles Chaplin en la obra contemporánea del director francés Jean-Pierre Jeunet. Comenzando con un análisis sobre la creación y los orígenes de Charlot (el personaje chapliniano por excelencia), se hará un enfoque en las temáticas utilizadas en el cine de Chaplin, al igual que en la ideología del director al momento de moldear a Charlot. Finalmente,se hará una comparación con los personajes de Jeunet, utilizando tres de sus películas: Delicatessen, Amélie, y Micmacs. Así, se expondrán las características esenciales de cada personaje y cómo cada uno tiene una relación con el personaje de Chaplin, resaltando así cómo los personajes de Jeunet a través de sus excentricidades, acciones y manera de pensar también llega a ser único en su estilo, reflejando la sociedad actual y conectando al espectador de una manera única tal y como lo hace Charlot.

Charlot es un personaje mítico. Es un héroe como lo fueron para otras civilizaciones Ulises o Roland, con la única diferencia que hoy en día todavía se puede introducir a un film. El público lo reconoce por su cara, especialmente por el bigote y por sus andares de pato más que por el hábito.

A pesar de ser un personaje reconocible físicamente, las constantes internas y realmente constitutivas del mismo no son fáciles de describir o definir. (Bazin, 2000)

Así comienza Introducción al simbolismo de Charlot, un ensayo analítico del personaje chapliniano escrito por André Bazin.

No cabe duda que el personaje creado por Charles Chaplin ha marcado la historia del cine, definiéndolo como el personaje cómico por excelencia. Sus andares han causado carcajadas desde su nacimiento y ha creado emociones incomparables para el público que lo contempla.

Charlot, el personaje interpretado por Chaplin, ha llegado a tener un estatus de completa eternidad, ya que sus temáticas y acciones determinan la conducta y la reacción del ser humano hacia la sociedad y especialmente al mundo. No es por sorpresa que Chaplin hoy en día, siendo la figura legendaria que es, sea tomado como inspiración para muchos cineastas contemporáneos. Un ejemplo determinante es el de la obra del director francés Jean-Pierre Jeunet. Sus personajes excéntricos de descendencia francesa se han llegado a comparar con las del vagabundo creado por Chaplin.

Esta paleta de personajes creados por Jeunet ha atravesado las mismas temáticas y poseen un aire muy a lo Charlot, tanto por su físico pero más que todo por su manera de pensar y actuar. Exagerados en sus acciones y dándole más importancia a las expresiones faciales y corporales más que a sus voces (los personajes principales de Jeunet suelen ser muy callados), es indudable que uno no sienta la misma compasión y emoción que se siente al ver al vagabundo de Charlot.

A continuación, se expondrá la evocación que tiene el personaje chapliniano en la obra de Jean-Pierre Jeunet y cómo éste ha llegado a crear personajes igualmente únicos, teñidos con ese mismo encanto que refleja una sociedad en particular y, al igual que Charlot, se han llegado a convertir en individuos verdaderamente eternos.

La creación de Charlot

Charles Chaplin aparece por primera vez ante el público el 5 de enero de 1914, en Para ganarse una vida (Making a Living, 1914). Dirigida por Henry Pathé Lehrmann, Chaplin adopta el papel de un estafador que se hace pasar por un lord a pesar que no tiene ni un centavo. Así comienza su época en las películas de la Keystone, las cuales se basaban en persecuciones y carreras, con la presencia estelar de actores que procedían más que todo del circo y del music-hall. De todos estos actores, Chaplin no fue una excepción. A pesar de esto, Mack Sennett, fundador y productor de la Keystone, vio en Chaplin algo único y no tardó en cederle el papel de actor estelar y, eventualmente, director en sus propias películas.

Sin embargo, “en la época de la Keystone Chaplin está muy lejos de haber comprendido completamente –o mejor dicho de haber completamente creado– el personaje al que llamamos Charlot…” (Sadoul, 1955). Aquí, Chaplin llega a interpretar treinta y cinco comedias que pertenecen al género slapstick, comenzando a crear una imagen notable a su personaje caracterizado por su vestimenta de pantalones grandes, un sombrero, un bastoncito, unas zapatillas bastante grandes y un bigote. Pero es hasta después de diez películas que Chaplin decide conservar esa imagen que utilizaría desde 1914 hasta la Segunda Guerra Mundial. El hecho que su personaje ya estuviera creado no quería decir que su riqueza se había fortalecido. Según Sennett, “No bastaba con que el actor pareciera ridículo. Debía hacer algo ridículo” (Eisenstein, 1980).

Tanto Charlot como los demás personajes de las producciones de Sennett tienen una falta de humanidad. No tardó mu- cho tiempo para que Chaplin, en la necesidad de transformar su personaje, se mudara de la Keystone a la Essanay y comenzara a moldear a Charlot. Aquí es donde el personaje comienza a delinear una forma más madura, y en donde Chaplin descubre qué es lo que quiere ver el espectador. Comienza a “suscitar en el público sentimientos aparentemente teñidos por la comedia burlesca” (Eisenstein, 1980). Años después, Chaplin comparte el secreto de su éxito que descubrió en la Essanay:

El hecho sobre el que me apoyo para hacer reír consiste en poner al público frente a alguien que se encuentra frente a una situación ridícula o embarazosa. Colocado en esta situación, el ser humano se convierte en motivos de risa para sus semejantes. Pero lo que divierte más al público es que la persona ridiculizada no se dé cuenta de su situación y trate de conservar su dignidad. Tan seguro estoy de eso que no sólo trato de crearme situaciones embarazosas, sino que busco siempre colocar a los demás en tales situaciones. Al ser así yo trato siempre de economizar mis medios. Quiero decir que cuando un acontecimiento puede provocar por sí mismo dos explosiones de risas separadas, lo prefiero a buscar aquellas con dos hechos separados. (Pina, 1957)

Lo que hace Chaplin es tocar dos elementos de la naturaleza humana: le proporciona al público el placer de ver situaciones basadas en la riqueza y el lujo totalmente ridículos, pero también logra que el público sienta las mismas emociones que el actor. Esta madurez se alcanza mucho antes que el personaje de Charlot adquiera un carácter definitivo.

Poco a poco, Charlot evoluciona y Chaplin se vuelve a mudar de casa para seguir encontrando aquel rasgo definitivo que marcaría a su personaje. Luego de dos años en la Essanay, Chaplin cambia de productora y se encuentra en la Mutual, solo para trasladarse inmediatamente a la First National. Aquí, Chaplin comienza a moverse en el campo de la tragedia (o mejor dicho la tragicomedia), perfeccionando a Charlot de una vez por todas: “El personaje que yo interpreto ha cambiado.

Se ha vuelto más trágico y más triste (…) Se ha desembarazado de actitudes ridículas: se ha vuelto un poco más racional” (Eisenstein 1980). Sus películas como Charlot músico ambulante (The Vagabond, 1916) de la Mutual y Vida de perro (A Dog’s Life, 1918) de la First National lo demuestran. Se muestra a un hombre pordiosero, que lleva una vida difícil careciendo de trabajo y más que todo, amor. Es así como Chaplin mantiene ese humor tan nostálgico y reconocible que es pintado con dosis de tristeza a través de toda su carrera. Finalmente hace su último cambio en su periodo mudo: se muda a la United Artists, en donde se encontrarán las comedias más reconocidas del comediante y en donde el público será tocado con esa pincelada de comedia mezclada con tragedia.

La evocación de Charlot en la obra de Jean-Pierre Jeunet

En cuanto a creación de personajes, Chaplin siempre decía: “Al cabo de cierto tiempo, acabé por pensar en esos pequeños ingleses que había visto con tanta frecuencia, con sus bigotitos negros, sus bastones de bambú, sus chaquetas ajustadas.

Y decidí tomarlos como modelo (…)” (Sadoul, 1955).

Nacido en Inglaterra en un contexto bastante pobre, Chaplin concluye que la inspiración al momento del nacimiento de Charlot fue su propia infancia y todos los hombres de negocios que miraba cuando paseaba por la ciudad de Londres.

De cierta manera, esto se relaciona con la creación de los personajes del director francés Jean-Pierre Jeunet, quienes él dice en algunas entrevistas que son un “alter-ego” de su persona. Esto le da mucho sentido, ya que su obra (aparte de tener una estética visual verdaderamente única) se basa alrededor de personajes un poco comunes que representan una cierta peculiaridad que eventualmente lleva a un espejo de la sociedad francesa. Sin embargo, hay que destacar que los personajes de Jeunet, a diferencia del de Chaplin, comienzan siendo trágicos pero al final reciben su final feliz.

No es muy probable que Charlot, un vagabundo sin que hacer que se mete en situaciones ridículas en donde afecta la vida cotidiana de los demás, reciba a cambio una recompensa que lo hará feliz. Su destino siempre es trágico desde el momento en que aparece en pantalla. Pero a pesar de todos sus andares que resultan en acontecimientos más trágicos y vergonzosos dado a su rebeldía, “el vagabundo es un sujeto mucho más fuerte que a simple vista parece; está dotado de una rica vida interior, de una poderosa fuerza espiritual, y puede permitirse el lujo de renunciar a muchas cosas, sin entregarse a sensibleros lloriqueos” (Pina, 1957).

Está claro que Charlot transmite empatía y que tiene un corazón sumamente grande que tristemente nadie lo aprecia.

Es a través de la misma ideología que Jeunet plasma a sus personajes, con la única diferencia que éstos terminan siendo heroicos en sus actos. No es por decir que Charlot no es un héroe, es más, es un gran héroe que ayuda a mejorar la vida de muchos, pero sus actos heroicos nunca le traerán buenas consecuencias a él si no a los otros, que ayuda accidental e intencionalmente. Lo único que le queda al pobre Charlot es quedarse con ese sentimiento que hizo algo bueno para alguien más y enfrentar la dura realidad que le espera. Mientras tanto, los personajes de Jeunet siempre tendrán que enfrentar un destino feliz.

En cuanto a la temática chapliniana, es indiscutible no compararla con la obra de Jeunet. Los temas tocados por Chaplin en sus películas son universales y aplicados a la vida cotidiana, como por ejemplo el trabajo, la moral, la caridad y más que todo el amor. Este tema se encuentra presente en la mayoría de las películas de Chaplin. El amor es uno de “los grandes generadores de los actos heroicos de Charlot” (Eisenstein, 1980). Como ya fue mencionado anteriormente, Charlot casi nunca consigue el amor, pero sí ayuda a amar a través de sus acciones.

En la obra de Jean-Pierre Jeunet, el amor está presente en todos sus largometrajes. En su primer película, Delicatessen (1991), Jeunet introduce al personaje principal Louison: un ex trabajador de circo que toma un trabajo como conserje de un edificio cuyo dueño es el carnicero de la carnicería de la entrada. Situada en una Francia post-apocalíptica en donde hay escasez de alimento, el carnicero contrata a Louison para luego matarlo y venderlo como carne. Dejando a un lado la trama principal del film y su aspecto grotesco, Jeunet crea al mismo tiempo una historia de amor en donde Louison se enamora de la hija del carnicero pero su amor es imposible ya que el padre planea matarlo. Aquí hay una relevancia que se compara con la película de Chaplin El circo (1928). En este film, el personaje de Charlot accidentalmente entra a trabajar en un circo y se enamora de la hija del dueño del circo, quien es una trapecista. Al dueño no le agrada Charlot al principio, pero al descubrir que gracias a su torpeza es un éxito ante el público, decide mantenerlo para ganar dinero. El amor de Charlot junto a la trapecista es un amor imposible debido al padre, pero también es al mismo tiempo un amor platónico, ya que Charlot es que el que está verdaderamente enamorado de la hija del dueño, mientras ella tiene otras intenciones con alguien más.

Cabe destacar que las figuras de Charlot y Louison son muy parecidas. Uno es trabajador de circo mientras el otro lo fue, pero a pesar de esa coincidencia, es imposible no relacionar a estos dos personajes por la forma en que actúan. Louison, tanto como Charlot, es extremadamente torpe pero sumamente bondadoso, y siempre trata de alegrar a los vecinos mostrándoles algunos trucos circenses, mientras Charlot, con las mismas excentricidades que posee Louison, alegra al público. Pero hay mucho más que relacionar entre Charlot y Louison de Delicatessen, pero en el ámbito de otro tema que se llegará a tocar más tarde en el análisis.

En otra obra de Jeunet, Le fabuleux destin d’Amélie Poulain (o simplemente Amélie, 2001), el amor es lo que lleva a hacer a su personaje principal, Amélie (interpretada por Audrey Tautou), todas sus acciones. La obra de caridad del personaje es impulsada gracias a un amor platónico que tiene con un hombre coleccionista de fotos. Tras sus diferentes actos de caridad, Amélie se acerca cada vez más a conocer a este hombre que habita en sus fantasías y pensamientos, sólo para llegar a encontrarse finalmente con él y empezar una relación. Al igual que Charlot, Amélie lleva a su cargo el lamento de nunca haber sido verdaderamente amada. Como en las películas de Chaplin, el amor en la obra de Jeunet es el generador de las acciones de los personajes, llevando al espectador tras diferentes caminos que simplemente llevarán a la resolución amorosa de todos sus personajes.

En Micmacs (2009), el personaje de Bazil (interpretado por Dany Boon), al igual que en Charlot en El circo, se enamora de una contorsionista de circo. Su relación comienza mal, pero al final se aceptan el amor el uno al otro, aceptando así su destino con esa persona. Como ya fue mencionado antes, es muy raro que Charlot consiga a su enamorada, planteando una diferencia con el cine de Jeunet.

La caridad también se encuentra muy presente en la filmografía chapliniana, al igual que en la de Jeunet. En Luces de la ciudad (1931), Charlot se enamora de una vendedora de flores que es ciega y decide ayudarla usando el dinero de un nuevo amigo: un hombre millonario y deprimido que estaba a punto de quitarse la vida, si no hubiera sido por Charlot que lo rescata y lo hace recapacitar. Tal como lo plantea Francisco Pina, “Charlie es el resumen de toda la ansiedad de vivir que se ha sentido en el mundo” (Pina, 1957). Charlot es vida. A pesar que sus días se basan alrededor de vagar por la ciudad para así encontrar aquel deseo de ser amado, aceptado o incluido. Ya no importa el destino triste que le espera, su persona interior saluda a la vida a pesar de todo lo malo que le sucede. Es sumamente caritativo, siempre pensando en los demás antes que él, tal como en El niño (1921), donde no soporta la idea de ver a un bebé abandonado por su madre y decide tomarlo y criarlo como si fuera el suyo a pesar de no tener ningún centavo. La paleta de personajes de Jeunet también incluyen este aspecto caritativo y de moral. El máximo representante de caridad en la obra de Jeunet es sin duda el personaje de Amélie, quien decide convertirse en una “vengadora del bien” cuando descubre una caja con objetos significativos para la persona que lo escondió ahí hace 50 años.

Tras el hecho de devolverle el tesoro a su respectivo dueño, Amélie comienza a ayudar secretamente a una variedad de gente, desde su padre hasta a un verdulero. Silenciosa, pero muy expresiva, Amélie se convierte en un ángel guardián para los residentes de París.

Sus acciones solamente se justifican por el simple vacío que tiene adentro: ese vacío de no ser amada y en donde se logra perder fácilmente en su imaginación, anhelando ser querida.

Tal como Charlot, Amélie en la superficie puede ser callada y tímida, pero en el interior existe un alma tan cálida como su corazón bondadoso. Es sumamente interesante como Jeunet decide mostrar los aspectos dolorosos del ser humano tras una dosis de frescura, simplicidad y con un toque bastante cómico y hasta infantil (pero para un público muy maduro) al igual que lo hace Chaplin.

Uno de los grandes aciertos de Chaplin es haber sabido presentar la penuria y el dolor humano revestidos de un carácter puramente cómico. Lo interesante es que Chaplin no presenta esto con una visión de humorista, sino con la visión de un hombre capaz de ver en todas las cosas de la vida la otra faceta siempre oculta para aquel que no es humorista; de la faceta de la risa buena y consoladora. (Pina, 1957)

Todos los actos de caridad tanto en Amélie como en las andanzas de Charlot tocan al espectador para hacer reír, pero más que todo conmover a través de acciones y mucho silencio de parte del personaje. Los andares de Amélie a través de Montmartre son los mismos andares solitarios que hace Charlot en Vida de perro o Luces de la ciudad. Ya que muchas, si no todas, las películas de Chaplin tratan de representar la sociedad de acuerdo a su tiempo, haciendo una crítica social tras el humor y la moral, Amélie viene a ser lo mismo para la filmografía de Jeunet, siendo la representación máxima de la vida parisina del nuevo milenio, retocado con un aspecto mágico y con un positivismo incomparable atravesado por su trágico personaje que al final consigue lo que quiere tras su caridad.

“Al reírnos de Charlie nos estamos riendo en realidad de nosotros mismos por haber perdido nuestra inocencia” (Pina, 1957). Esto es cierto, ya que Chaplin llega a los límites de su imaginación para representar la suma de todos los hombres a través de un solo personaje que se mueve entre las calles y en donde cada situación representa una máscara de la sociedad que cada vez va declinando por las simples acciones del hombre. No hay ninguna situación en donde el espectador no se relacione con Charlot, ya sea en la increíble variedad de trabajos que atraviesa el personaje en todos los films, o el simple sentimiento que transmite cuando hace una torpeza tan inocente pero desastrosa.

Jeunet logra alcanzar el mismo nivel de ingenio con su personaje Bazil en Micmacs. Tal como Charlot (hasta se pudiera decir que Bazil está tomado totalmente del personaje chapliniano), Bazil es un hombre de la calle, un verdadero vagabundo que se gana la vida a través de diferentes trabajos y que tiene un gran don para entretener a la gente. Bazil no tiene ningún lugar seguro en donde dormir; cada noche encuentra refugio en donde pueda sin maldecir a la vida. Sus pequeños espectáculos callejeros, en donde no dice ni una palabra, hace de su espectador el más alegre y compasivo. Bazil es un personaje igual de trágico que Charlot, pero a pesar que tenga una bala atravesada en el cráneo no le importa la miseria.

Lo importante para él es simplemente vivir. Se podría considerar el clown de la época contemporánea, pero Bazil llega a mucho más que eso. En Micmacs, Jean-Pierre Jeunet hace una dura pero cómica crítica hacia el manejo del tráfico de armas que se vive hoy en día. Vengador de sus padres quienes fueron asesinados por armas, Bazil une fuerzas con un grupo excéntrico de vagabundos, cada uno con su peculiaridad, que viven en el basurero de la ciudad. El tapiz de personajes que Jeunet plasma en Micmacs podrían venir del mismo music-hall del que viene Chaplin. Usando siempre la misma vestimenta que los caracteriza, Bazil y sus amigos llegan al mismo nivel de comprensión que tiene Charlot: quiere cambiar el mundo, aunque su torpeza lo impide, pero aún así siempre lo logra en el más mínimo de los detalles, dejando siempre un nuevo pedacito de felicidad en alguna esquina.

Obviamente los personajes trágicos de Jeunet en Micmacs tendrán un final victorioso, en cambio Charlot siempre logra cambiar ya sea el aspecto de vida de mucha gente, o de una persona en particular, pero tristemente nunca de él. Simplemente se lo ve marchando y siguiendo su camino de vago a través de la ciudad después de su acto heroico, esperando encontrarse con alguna otra aventura.

Chaplin decía que “ (…) para el público, el contraste engendra el interés, y por eso me sirvo del contraste continuamente” (Pina, 1957). Chaplin busca que el espectador se identifique con su vagabundo, rodeándolo alrededor de una variedad de personajes igualmente identificables. Pero este contraste lo consigue resaltando a su personaje en un mundo burgués o simplemente incluyéndolo bajo un mundo que nunca va a llegar a alcanzar. En las películas de Jeunet, el personaje principal siempre va a resaltar en ese mundo de igual forma. Los antagonistas siempre suelen ser personajes de mayor poder, como por ejemplo en Micmacs, donde Bazil debe destruir a los dos traficantes de armas más poderosos de toda Francia.

En su obra, Jeunet logra que su personaje principal sea el único que resalta entre todo el caos en el que está metido. Este contraste se percibe evidentemente en Delicatessen, siendo Louison el único personaje lleno de vida y color que trata de alegrar la miserable vida de sus vecinos que viven bajo una irrealidad sombría. Cabe destacar que el cine de Jeunet, a diferencia de Chaplin, se aleja de la realidad, pero no de una forma fantástica. Jeunet lo exagera todo usando un lente gran angular, pero lo que le da verdaderamente vida a su obra son sus personajes que también resaltan por sus expresiones y su tendencia a ser muy exagerados pero muy callados. Chaplin, a pesar de utilizar una estética bastante realista pero sin embargo exagerada, también cree que la verdadera vida del film se encuentra en el personaje.

A Chaplin siempre le interesó la figura humana. Es por eso que todos sus films se basan en una filosofía de ‘personaje-actor’. Trata de poner el acento sobre el individuo.

Así es que desde sus comienzos, Chaplin crea un choque entre la comedia burlesca y su propia comedia, produciendo algo totalmente nuevo en el campo cinematográfico.

Lo que diferencia a Chaplin de otros comediantes contemporáneos de la época es su constante enriquecimiento del personaje. Este enriquecimiento se cumple en dos sentidos: por una parte, Chaplin-actor, en donde hace un uso expresivo total de su cuerpo; y por otra parte, Chaplin-creador de Carlitos, quien es dotado con cualidades humanas individuales. (Eisenstein, 1980)

La relación entre los dos directores es evidente. Jeunet escoge a sus actores cuidadosamente ya que le desea poner casi todo el acento sobre él. No es de pura casualidad que en todos sus films se incluya la figura de su actor fetiche Dominique Pinon (Louison en Delicatessen). Este actor llega a ser de alguna forma, el Charlot de Jeunet. Caracterizado por ser pequeño y tener una gran variedad de expresiones faciales que son finamente exageradas por el director, Pinon aparece en toda la obra de Jeunet siendo el personaje empático quien resalta por sus excentricidades y su físico.

Cabe resaltar también el uso de los objetos tanto por parte de Pinon como por los demás personajes en la paleta Jeunet.

A Chaplin,

los objetos le sirven a Charlot en sus famosos gags. Estos son a menudo de tal brevedad que sólo dejan estrictamente el tiempo necesario y suficiente para captarlos, sin que estén seguidos por un tiempo muerto en el relato que permitiría una reflexión. (Bazin, 2000)

Los objetos no le sirven a Charlot como le sirven al ser humano.

Es más, parece que siempre están en contra de él. Esto siempre lo ayuda a crear un gag más cómico. Jeunet logra hacer lo mismo, a pesar que su cine no se basa tanto en el gag, pero no cabe duda que algunas secuencias remiten a ese sentimiento del famoso gag. Por ejemplo, en Delicatessen el uso de los aparatos circenses de Louison lo ayuda a pintar las paredes de la forma más excéntrica, atándose con un elástico y deslizándose de atrás para delante, sosteniendo el broche que pinta la pared. Otro ejemplo es el colchón de la cama, en el que por sus resortes que rechinan agudamente logran crear una sinfonía memorable mientras el personaje se mueve alrededor del mismo. Es sorprendente como Jeunet refleja su personalidad infantil pero con un toque sumamente grotesco y torcido en toda su obra. Si no fuera por los interesantes inventos que se perciben en Micmacs, el personaje de Bazil no saldría victorioso. Al igual que Chaplin, Jeunet logra transmitir ese aire de ingenio utilizando diferentes objetos cotidianos (y no cotidianos) para crear los gags más inteligentes y modernos de hoy en día.

Finalmente, se puede concluir que existe una cierta evocación del personaje de Charlot en la obra de Jean-Pierre Jeunet.

Al igual que en expresiones y acciones, los personajes de Jeunet transmiten un aire único y refrescante de la misma manera que lo hace el vagabundo de Chaplin. Las personalidades trágicas y emociones de los personajes de Jeunet llegan a crear individuos igual de eternos que los de Charlot en el mundo chapliniano. Como lo hace Charlot, los personajes de Jeunet son el reflejo de la sociedad moderna de Francia, atravesando diferentes estilos de vida para así crear lo mismo que hace Chaplin: conectar al espectador con este personaje tan encantador y único.

Bibliografía

Eisenstein, S.M. El mundo de Charles Chaplin. Páginas 7-38. Centro Editor de América Latina S.A. Buenos Aires, Argentina. 1980.

Alsina Thevenet, Homero. Chaplin: Todo sobre un mito. Páginas 80- 97; 103-112. Editorial Briguesa. Barcelona, España. 1977.

Bazin, André. Charlie Chaplin. Páginas 15-31. Paidós. España. 2000.

Sadoul, Georges. Vida de Chaplin. Páginas 40-48; 54-62; 69-77. Fondo de Cultura Económica. Argentina. 1955.

Pina, Francisco. Charles Chaplin: Genio de la desventaja y de la ironía. Páginas 71-79; 107-136. Editorial Grijalbo. México, D.F. 1957.

Filmografía

• Charles Chaplin:

- Período Mutual (1916-1917)

The Vagabond (Charlot músico ambulante)

- Período First National (1918-1923)

A Dog’s Life (Vida de perro). 1918.

The Kid (El chico). 1921.

- Período United Artists (1923-1952)

The Circus (El circo). 1928.

City Lights (Luces de la ciudad). 1931.

• Jean-Pierre Jeunet:

Delicatessen (1991). Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro.

Le fabuleux destin d’Amélie Poulain (2001). Jean-Pierre Jeunet.

Micmacs a tiré-larigot (2009). Jean-Pierre Jeunet.


La evocación del personaje chapliniano en la obra de Jean-Pierre Jeunet fue publicado de la página 61 a página65 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº39

ver detalle e índice del libro